“El Gallego”

En una calle de Madrid, cercana al parque del Retiro, los vecinos han rendido un espontáneo homenaje a “El Gallego”, un hombre que llevaba años viviendo en el mismo banco. Imagino que cualquiera de estas madrugadas “El Gallego” -cada vez más maltrecho, más empapado en alcohol- reventó. El caso es que los vecinos han bajado a su banco y le han dejado dos pequeños ramitos de flores -atados con mucha cinta adhesiva para que nadie se los lleve- y una pequeña dedicatoria.

El sencillo tributo a este hombre sin hogar -siempre en el mismo banco, como si eso le diera seguridad- se ha convertido en uno de los puntos de interés de los paseantes del bulevar. La gente se para y lee lo que se cuenta de él. Yo, por saber, ni siquiera sabía que éramos paisanos.

Sólo una vez ví renacer a “El Gallego”. Estaba aseado y caminaba sereno. En unos días, se había quitado años de encima. Me sorprendió. Pero no pudo ser.

En ciudades como Madrid, hay cientos de “gallegos” y “gallegas” ocupando las aceras con sus cartones. Pienso que cada vez más y no quiero tirar de estadísticas, sólo de lo que veo cuando camino por la ciudad.

Lo que a mí me conmueve es que todavía hay quien se compadece de la tremebunda vida de gentes como “El Gallego”, del que muchos otros huíamos cuando se ponía broncas y pesado. Lo que me emociona es que haya gente buena, capaz de dar el paso de acercarse a un hombre que ya se había dado de lado a sí mismo. Y llorar por él.

Tengo claro, clarísimo, que nadie nació para vivir en la calle. A la calle se llega por senderos tortuosos, por carencias demoledoras, por dolores muy profundos. Yo nunca he estado allí, por tanto hablo de lo que me han contado las personas sin hogar cuando he trabajado con ellas para escribir un reportaje o de lo que me explican quienes se preocupan para que, aún en la calle, tengan un mínimo bienestar. Cuentan que cuando vas, pocas veces vuelves. Dicen que a veces, no siempre, se consigue salir. Y se quejan, casi siempre, de que, a ojos de la sociedad, son invisibles. Que no importan a nadie.

A ese hombre apodado “Gallego” que desapareció del banco que ocupaba en una calle de Madrid, hay quien le echa de menos. Seguro que, de saberlo, hasta sería capaz de sonreír. Descansa “Gallego”.

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11 respuestas a “El Gallego”

  1. Carlos dijo:

    Gran post, me emociona saber que queda vida en las grandes ciudades y que haya gente que tenga los ojos afilados para verlo.

  2. elena dijo:

    Pues tanto como llenar el banco de flores…la verdad es que no. Por otra parte, no creo que estuviera muy cómodo en ese banco, los ultimos modelos que hacen bien pensados para que los indigentes no puedan tumbarse ya que la “tendencia” es quitarlos del medio, que no se vean como si de esta forma el problema desapareciera. Muy triste que si es cierto llevaba tanto en el mismo sitio no se ocupara nadie de procurarle otro tipo de alojamiento. Me parece muy descorazonador donde hemos llegados para conformarnos con que alguien que vive tirado en la calle tenga de vez en cuando un bocadillo, que no creo llegara a mas la “solidaridad” vecinal, mas aún en ese barrio.

  3. Andran dijo:

    En una sociedad individualista como lo es la nuestra, la presencia de indigentes en nuestras ciudades se ha vuelto una realidad que incomoda, por eso mucha gente opta por hacer como que no los ve, sin embargo eso no soluciona el problema.
    Deberían ser las administraciones quienes se preocuparan por velar por los más desfavorecidos de la sociedad, aquellos que nada tienen, y que, en la mayoría de los casos, ya nada esperan ayudándoles a rehacer su vida de alguna manera.
    Descansa en paz “Gallego”. Seguro que allá donde estés estarás mucho mejor que aquí.

  4. Hola Nieves, me alegra mucho que alguien haya tenido la sensibilidad de hacerse eco de esta historia. Te felicito. Yo veía al Gallego todos los días desde hace -al menos- ocho años. Cuando descubrí el ramo de flores escribí unas líneas, las imprimí en un folio y lo dejé pegado con celo en el banco. Copio y pego el texto, aquí, en este rincón de Internet, porque imagino que aquella hoja de papel se la habrá llevado el viento.

    “Vivía sin techo. No conocía su nombre y nunca cambié más de
    dos palabras. Siempre estaba en el mismo sitio, en el mismo
    banco del bulevar de Sainz de Baranda, a la altura del 35. Pero
    hoy ha cambiado el paisaje. Hoy he encontrado en su sitio
    un ramito de flores. Durante muchos años y casi a diario nos
    veíamos unos segundos, los justos en los que tardaba en pasar
    corriendo a su lado, ya sea de camino o de regreso del Retiro.
    Allí estaba. Siempre sonreía… pacífico, amable y perenne. A
    veces se le veía acompañado de una lata de cerveza, o un cartón
    de vino o apurando algún cigarrillo. Así ha consumido su libertad,
    así ha convivido con el frío, la canícula, la lluvia o la crisis.

    Siempre nos saludábamos. Le alzaba la mano y me correspondía.
    Se tocaba su visera o me mostraba su pulgar hacia arriba.
    Una vez me aplaudió como hacen los que vitorean a los
    ciclistas, yo le guiñaba un ojo o le deseaba un buen día. “Dale
    campeón”, “gracias, jefe”, eso era todo nuestro diálogo”. Nos
    cruzábamos las miradas y ya estaba todo dicho.

    Junto al ramo de flores también alguien ha puesto un cartel y así
    he descubierto que le llamaban Gallego. La tristeza de la escena
    es conmovedora. El mobiliario urbano también tiene corazón.
    Ahora su asiento es un humilde templo, con su foto (él sonriente
    bajo una gorrilla de la Selección) y con algunas palabras escritas
    desde el aprecio más profundo.

    A partir de ahora, cuando a diario pase corriendo junto al banco
    huérfano, buscaré su ausencia en lo más alto. Apuesto a que nos
    esperará en otro barrio, donde tampoco necesitará un techo.
    Descansa en paz, amigo.

  5. La Loba dijo:

    Gracias por compartir , una noticia muy triste , dificil no llorar..
    Por Málaga desalojaron cientos de personas en tiendas de campaña, barriada el Bulto cerca del puerto…solo les queda irse donde, no los vean, al monte.

    Triste mundo de abundancia, en riquezas y maravillas como en desastres…demasiado egoismo.

  6. Antonio Pantello dijo:

    Tanto cariño que tenian al “gallego” que las flores y las notas las ponen en otro banco dande solía estar. El gallego tenía nombre para sus conocidos desgraciadamente los paseantes ni lo saben ni se me voy a molestar a decirselo, han tenido varios años desde que llegó y al principio hablaba con todo el mundo.
    Pr cierto no es Salamanca es el distrito de Retiro junto al parque del mismo nombre. Allí paraba durante el día en la puerta del supermercado para ayudar, hablar, molestar, descansar, beber, filosofar o saludar. Vivir es decir dormir era más vien en los parques de 12 de octubre o en la casa ocupada cerca de la parte posterior del hospital de la Beata.
    Majo buen viaje.

  7. Pedro del Hierro dijo:

    Me sofocaban las lagrimas leyendo el post. Pasaba yo tambien a menudo dejando de lado al “Gallego” en el banco, ojos rojos llenos de sangre te miraban rodeados de barba negra. Por fuera parecia un animal cercado y asustado. Daba susto a los niños. Pero se veia que por dentro era un alma desesperada. Y a veces me pregunto si algún día cayeré o tropeceré y acabaré como el “Gallego”. Parece imposible, pero seguro que es más facil que masticar un chicle. Lo triste es que el “Gallego” nace cuando ya está muerto, como los grandes de nuestra tan injusta sociedad.

  8. Virginia dijo:

    Me ha emocionado este post. Antes trabajaba cerca de Cibeles y tenía que cruzar por el subterráneo de Banco de España. A la gente le daba miedo cruzar por allí, yo pasaba y hablaba con varios indigentes que dormían allí. En invierno, más de una vez veías a un señor con bata y a la policía, con la horrible sensación de que a Félix, Juan, Miguel… no volvería a verlos. Es muy triste que esta gente muera sin que a nadie les importe. Al menos, en el caso que nos cuentas, “Gallego” dejó huella en más de una persona.

  9. Alfred dijo:

    una lástima que tengan tan mala fama los indigentes por culpa de gente que se hace pasar por indigente

  10. JESUS,EL CHICO DE LA GUITARRA dijo:

    Yo le conocía bien.era una gran y débil persona a la que le comió la vida.siempre lloraba mientras le cantaba canciones,mientras íba Yo de terraza en terraza cantando otras tantas.jamas se metía con nadie si acaso pedía un cigarrillo,y de tan bueno que era,la buena gente le regalaba mas de lo que no pedía,le gustaba(y como es él) de. Perales un beso y una flor,y lo poco que tenía lo compartía(pobrecito mi Gallegogallego!!!maldito alcohol.
    Cuantas veces me lloró lo muy triste q estaba,y lo mal que le trataban algunoos….Gallego descansa en paz pirque todas las heridas que te hicieron y tuviste,se curarán en tu cielo.Yo tambien fuí a aquel banco con mi vela mi cd y algunas canciones,las cuales canté despues,en el sitio exacto donde murió.QUE DIOS TE BENDIGA

  11. Eva dijo:

    Es cierto, daba susto a los niños, tal vez por su mirada inyectada en sangre, por su poblada barba o por su hablar alcoholizado, pero siempre que pasaba con mis hijos (y me consta que con los de otra amiga también lo hacía) les decía “haced caso a vuestra madre si no queréis acabar como yo”.
    A mí nunca me pidió nada. A mi marido, sólo un cigarro de vez en cuando.
    A veces estaba “pasado”, pero jamás dio problemas.
    El día que murió me enteré de que le llamaban Gallego.
    Y todavía le echo en falta. Siento no haberte dedicado más tiempo.
    Descansa en paz.

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