
El santero Ramón. Foto: Eva Peñuela.
Tenía preparado un post de esos que te salen de un tirón pero me urge acudir a otro asunto relacionado con un reportaje que publiqué hace unos días. El del santero Ramón, hasta hace poco responsable del cuidado del santuario de la Virgen de Cortes en Alcaraz, Albacete, de la que es muy devoto el ex presidente del Congreso, José Bono. El político es de los que cada año va en peregrinación al santuario, que queda cerca de su pueblo natal, Salobre, también en Albacete. Cuando era el mandamás de Castilla-La Mancha, acudió para dar las gracias a la Señora por las fuerzas que le había dado en la campaña electoral. “La Virgen de Cortes es el hilo conductor de toda la comarca”, llegó a decir en una ocasión.
A lo que vamos. Las prisas por publicar este post vienen dadas porque me llaman desde Alcaraz y me cuentan que la Real Archicofradía que rige los designios del lugar está amedrentando a las personas que aparecieron en el artículo.
Vamos a situar la historia, empezando por lo que yo viví en esa localidad. Ramón cuidaba el santuario de la Virgen en el más amplio sentido de la palabra: limpieza, mantenimiento y, por supuesto, chapuzas varias. Así durante casi quince años. Hasta que, cuando pidió una mejora en sus condiciones laborales, hará cosa de cuatro años, se puso en el punto de mira de la Real e Ilustre Archicofradía de la Virgen de Cortes, formada por unos señores muy devotos/as, según ellos mismos hacen saber. Esta institución es la que decidió hace unas semanas despedir a Ramón. Dicen que no atendía bien sus labores. Afinando, que era un “vago” y un “borracho”. Ramón, agraviado, denunció su despido.

Santuario de Nuestra Señora de Cortes. Foto: Eva Peñuela.
Con estos elementos, allá que nos fuimos Eva Peñuela, fotógrafa, y servidora a reportajear la historia del polémico despido. En el santuario hice lo que se llama trabajo de campo. Recabé lo que decían unos y otros sobre la marcha forzada del santero. También los dimes y diretes sobre la Archicofradía. Muchos y variados. Es más, voy a dejar en el tintero algunas cosas que me hicieron saber que, por insólitas, ni me atrevo a reproducir. Además, me tomé un café, paseé bajo la lluvia, admiré la serranía, compré estampas de la Virgen…En fin, esas cosas que tanto se echan de menos cuando estás todo el día metida dentro de una redacción y tu único horizonte es la vista del ordenador de enfrente.
Transcurría la mañana tranquila en el santuario cuando, como muy acelerado, llegó el presidente de la Archicofradía. Alguien, por lo bajini, me chivó quien era. Un hombre llamado Javier Navarro. Me dirigí a él. Pero, pronto, me dí cuenta de que estaba de malas. Vamos, que no le gustaba nuestra presencia. Intenté, por activa y por pasiva, hablar con el susodicho. Pero se escapaba de mí. Ni me miraba. Bueno, sí. Sólo me miró para, con muy malos modos, decirme que me prohibía citar su nombre. Momento tensión. Yo, erre que erre.
-“Javier, por favor, ¿podría pararse y hablar un momento conmigo?”, “Javier, escuche, solo quiero saber qué pasa con el despido de Ramón”, “Javier sería bueno que dieran su versión sobre lo ocurrido”…
Y tal y tal y tal. Nada. Cero. Seguía huyendo enfurruñado. La escena fue un poco de traca. Nunca se me dio semejante caso. Yo le perseguía por una esquina. Él, se escapaba por la otra. Para mostrarme su desprecio, cuando le hablaba, me ignoraba. Don de gentes, desde luego, no tenía. En cuanto salí del santuario para dirigirme al pueblo supe que la noticia de que dos reporteras de Interviú estaban en Alcaraz corría como la polvora. También intuí que mil ojos nos miraban por todas las esquinas aunque, en una mañana fría y fea, todos parecían escondidos en sus casas. Ya en el pueblo quise hablar con algún otro responsable de la archicofradía. Por teléfono, porque nadie quiso verme. Móvil en ristre, llamé a unos y otros.
-”Pero, verán ustedes, que ya que estoy en el pueblo me gustaría que contrastásemos esta información. Les estoy dando la oportunidad de hablar. Estaré en Alcaraz todo el día. Les dejo mi teléfono…”, repetía yo.
Nada. Cero. Lo intenté con el secretario de la cofradía…Corregiré algo. Me escribe José Plaza Bázquez, que se presenta como abogado de la Archicofradía. Me dice que es “absolutamente falso” que yo intentara contactar con él. Lo aclaro. Viene a decir que me hubiera atendido. Lo aclaro porque así me lo pide. También le aclaro a él que a mí me facilitaron el teléfono de una persona que me dijeron era el abogado y nunca respondió a mis mensajes. Lo intenté también con el párroco de Alcaraz de quien he de decir que, aunque tampoco quiso verme, al menos me atendió con cortesía. Se remitieron a un comunicado que nunca llegaron a mandarme -sí a los medios locales- en el que justificaban su silencio diciendo que el tema del santero era privado y no había que darle publicidad. Quise también que hablase la alcaldesa. Confié en que al ser una chica joven, al menos estaría dispuesta a explicar qué sucedía en el pueblo. Me equivoqué. Quien más quien menos, en Alcaraz, tiene algún vínculo con la Archicofradía. Solo el obispado de Albacete respondió a esta revista cuando se le pidió su colaboración.

Iglesia del Santuario. Foto: Eva Peñuela.
El reportaje quedó con la versión del santero Ramón y su familia, los únicos que nos acogieron e invitaron a comer –por cierto un ajo con harina de chuparse los dedos- en un pueblo dónde, voy a ser sincera, tuve sensación de ser ‘persona non grata’.
Ahora me cuentan que esa Archicofradía que tan hostil se mostró conmigo está amedrentando a cuantos aparecieron en el artículo. La peor parte se la está llevando Pedro, que lleva el bar del santuario, porque se le ocurrió hacer un comentario relativo a que, si como en muchos otros puntos de España, Hacienda investigara ese santuario -el año pasado ingresó casi 400.000 euros, según sus cuentas públicas- se encontraría con sorpresas. Por ese comentario, a Pedro llevan días persiguiéndole. Le han dicho que, para asegurar algo así, hay que tener pruebas. Y, claro, ¿quién tiene pruebas de ese tipo de transacciones?. Pedro está preocupado. El bar es su único sustento.
El comentario de Pedro tiene su aquel. En Cortes hay peregrinos tan agradecidos que, a modo de donativo, llevan sobres repletitos de dinero. La Virgen, cuentan allí, tiene dos cuentas. Una a plazo fijo con 120.000 euros. Interviú ha preguntado en Hacienda qué tipo de control existe sobre el ingreso de dinero en este tipo de instituciones y en concreto se ha interesado por el santuario de Cortes. Sin entrar en detalles sobre Cortes, desde Hacienda explican que existen procedimientos para controlar a los “donatarios” -quienes reciben las donaciones, en este caso la Archicofradía- de este tipo de instituciones y recuerdan que también los lugares santos están sometidos a inspecciones. Asimismo, señalan que, desde finales de año, está prohibido el pago en efectivo de más de 2.500 euros. Lo digo por lo de los sobres. Que a mí me han susurrado que en Cortes hay peregrinos muy, muy generososos. Ummmmm.
Pero los tentáculos de la cofradía van más allá. A la chica que tiene la tienda de souvenirs de la Virgen -que sólo puede abrir durante la semana, cuando no va mucha gente, porque los días grandes, cuando los peregrinos acuden en masa, la obligan a cerrar para abrir el local que regenta la archicofradía y que es el que ingresa buenos dineros- llevan días sin servirle género. Cuando llama para pedir artículos, no le contestan. Si la chica no tiene souvenirs para vender, no podrá pagar el dinero que debe a la Archicofradía por quedarse con el local. Es la venganza por aparecer en Interviú.
Me dicen que, incluso, en un foro de Internet sobre Alcaraz, se ha suplantado la identidad de la hija del santero, menor de edad, y por su boca se han vertido todo tipo de calumnias e injurias contra su padre. Ese tema ya está en la Fiscalía. Hay a quien también han abucheado en público por dejarse ver en esta revista. La cosa pinta fea.

Vista del santuario. Foto: Eva Peñuela.
No sé porqué no me extraña lo que me cuentan desde Alcaraz. Salí de allí con mal sabor de boca. Lo que empezó siendo un post costumbrista acaba siendo un post de tono más serio. No sé si la alcaldesa, el párroco, el obispo de Albacete o el mismo Bono, pero alguien debería poner orden en el santo lugar porque lo que está sucediendo no es ni medianamente normal y la Virgen, desde luego, no tiene la culpa de nada. Está claro que algunos cofrades -no quiero meter a todos en el mismo saco- están inquietos. Ellos sabrán por qué. Aquí estaremos atentos. Por si nos da para hacer otro reportaje.