Adiós versos, viento, sexo… quedan los #follage

Vérsame, vérsame mucho.

Vérsame, vérsame mucho.

“Sobre su piel borrosa, / cuando pasen más años y al final estemos, / quiero aplastar los labios invocando / la imagen de su cuerpo / y de todos los cuerpos que una vez amé / aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo. / Para pedir la fuerza de poder vivir / sin belleza, sin fuerza y sin deseo, / mientras seguimos juntos / hasta morir en paz, los dos, / como dicen que mueren los que han amado” (Jaime Gil de Biedma)

Cuando coloqué el primer #follage nunca imaginé que me perturbaría la poesía y tampoco que más de un voyeur de la red del pajarito me mandaría un mensaje privado para decirme que se excitaba viendo a una pareja de papel moverse con el viento. Después de un año mezclando versos y sexo con tan solo las rachas de aire como animadoras involuntarias, he decidido fumarme un cigarrito. El de después. Han sido decenas de escenas ecoporno lanzadas para satisfacción propia y del personal. Algunas tuvieron miles de visionados. Pues sí. Durante este año he comprado mis primeros libros de poesía, otros me los han regalado y he descubierto a los clásicos y también el ingenio y talento de autores contemporáneos. Solo por eso han merecido la pena los #follage, collage entre ramas, agua y hojas.

 

Hace más de una década, el periodista Manuel Marlasca, por entonces en interviú, se descojonaba cuando me daba por repetir, en voz alta y en la redacción, que la gente necesitaba poesía. En un país como el nuestro, donde los iracundos mandan, los políticos son extraterrestres (y aburridos) y somos incapaces de sacar del olvido y las cunetas a miles de desaparecidos por la Guerra Civil, leer y escribir versos es la mejor terapia contra el estrés existencial.

Ya lo conté en otra ocasión, pero es de justicia repetirlo: los #follage no hubieran sido posibles sin una pareja de amigos: Karmele Aranburu y Juan Polanco. En junio de 2016 me regalaron ‘Forbidden erótica’, un tocho de Taschen con imágenes pornográficas en blanco y negro de finales del XIX y principios del XX, la conocida como colección Rotenberg. Porno paleolítico, dicen algunos. Un libro de gente follando, con ese barniz de estudio fotográfico antiguo. “A esto seguro que tú le sacas partido”, me dijeron. Muchos de los que posaron en aquellos tiempos haciendo mamadas, acariciándose el pubis, practicando posturas más creíbles que las del porno en internet, eran ciudadanos fuera de la ley: prostitutas, cabareteras, lumpen proletariado…

 

La hiperactividad generada por la genética se puso a funcionar. Silueteé con el cúter y la tijera medio centenar de esas fotos, las guardé en una carpeta y me fui hacia los campos de Níjar. La suerte meteorológica provocó que fuesen semanas de viento de Levante, de Poniente, de babor, de estribor. Un día puse una pareja en pleno éxtasis sexual sobre una rama y los toques de aire estimularon la escena. No hay sexo sin acompasamiento, sin compenetración en los sonidos, no hay sexo sin poesía aunque a veces sea un poema. Entonces busqué versos de autores renombrados para adornar la ilustración animada y subí una entrada a Twitter. Me vine arriba. Durante agosto coloqué uno al día, en Facebook e Instagram me advirtieron que la censura no los permitiría. Hubo publicaciones que se interesaron por este sexo vintage, empecé a charlar con poetas. Y personas que no se atrevían a compartir los tuit me mandaban mensajes privados animándome a seguir. Ahora llega el final. No me quedan páginas, sí me quedan versos; no me fío del tiempo ni del viento. Me he puesto melodramático pero me da pena terminar. Voy a echar de menos la mochila con una carpetilla donde iban resguardados los amantes. Unos buscan tornados y otros golpes de aire que hagan saltar la chispa del amor, del toqueteo, del polvo. Acabo dando las gracias a todos los que han seguido los #follage con entusiasmo, a los que se los han encontrado de rebote y a los que les ha hecho pasar unos segundos de satisfacción. Mil gracias y salud. Os dejo un vídeo que resume este año. No hay versos, solo doce minutos de pasión. Tampoco es tanto.

 

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Una respuesta a Adiós versos, viento, sexo… quedan los #follage

  1. xxx dijo:

    Muy buen comentario, me encantan este tipo de información.
    Saludos.

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