La Doctora Glas en un jardín tan extraño

Doctora Glas con el dedo en la boca.

Doctora Glas con el dedo en la boca (Foto TresSotomayor).

El sol de invierno se prepara para cerrar la mirilla. Nos hemos refugiado en el Jardín Botánico de Madrid huyendo de lugares comunes. Las plantas parecen calladas en esta época. Aquí estoy, persiguiendo un enigma, intentando descifrar a una mujer de 25 años a la que le gusta abrirse las venas en público. Una chica que cada vez que abre la boca en Twitter provoca un cortocircuito en los cuadriculados, en los que no ensanchan el alma, en los macromachistas y en los micromachistas, pero también en lo que ella denomina “la caverna feminista”. En realidad, a todos nos provoca chispas. Se llama Loola Pérez pero es conocida como Doctora Glas. Y es de Murcia.

Loola es una de las activistas feministas más prolíficas dentro y fuera de las redes sociales. Una Pepita Grilla que no encaja en la doctrina oficial. Presidenta de la asociación Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia 8 de marzo y miembro de la junta directiva de la Federación de Mujeres Jóvenes, dirige en su tierra un proyecto para prevenir la violencia de género y educar a los jóvenes en lo afectivo y en lo sexual, y es colaboradora habitual de Código Nuevo, una web para milenials. La Doctora Glas acaba de publicar Suicida (no profesional) busca puente (Luhu Editorial), su primera novela, que más bien parece la autobiografía de unos años intensos… No sé si a su pesar.

En las manos de esta graduada en Filosofía cayó hace unos años Doktor Glas, de Hjalmar Söderberg. La mujer de un clérigo que siente repulsión por su marido acude a un médico para que le firme un certificado de esterilidad y así evitar tener relaciones sexuales con su esposo. De aquí cogió su seudónimo Lola. “Me gustó mucho la estrategia de la mujer para no tener que follar más con su marido y así empoderarse. Si había un doctor ¿por qué no una Doctora Glas?”.

La Doctora Glas suda.

La Doctora Glas te mira (Foto: TresSotomayor).

Últimamente he conocido a mujeres que son un torrente de palabras. Son impacientes, coquetas, directas y están renovando el mensaje feminista. En este grupo incluyo a la periodista Celia Blanco, a la prostituta Natalia Ferrari, a la actriz porno Amarna Miller y, por supuesto, a la Doctora Glas. Son la avanzadilla española del feminismo pro sexo, ese que defiende la libertad sexual como arma frente al machismo.

En el imponente físico de Loola está marcada su filosofía de vida. Versos de la poeta norteamericana Sylvia Plath decoran su costado. “Me gusta mucho, habla de cosas trangresoras en el espacio doméstico”. Y pronto llegará a su piel otro tatuaje, un camafeo con un fondo de cerebro y unas piernas de pin-up en su interior. Y dos palabras: feminista bitch. Así, sin complejos.

Confiesa que de pequeña era una niña repelente –“creo que todavía lo soy”– a la que le costaba hablar en público. Se puso a estudiar Historia y los profesores le convencieron de que su vocación era la filosofía. “Para mí aprender a hablar en público ha sido una conquista feminista porque a las mujeres no se nos educa para que controlemos el espacio público, se nos domestica; y no se nos hace tímidas, pero sí miedosas. Como mujer se me educó socialmente en el colegio para que fuese insegura”.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid (Foto: Alberto Gayo).

En la escuela le interesaban más los poemas de Gloria Fuertes que los de García Lorca, “siempre buscaba libros donde la protagonista fuese una mujer aventurera que rompiese moldes. Y con 15 años leí ‘Travesuras de la niña mala’, de Vargas Llosa. Tomé conciencia de ser mujer desde que tengo memoria”, explica.

Loola ha cambiado mil veces de corte y de color de pelo. “Me costó mucho aceptarme, estar cómoda conmigo misma. He convivido con el machismo, también en casa, donde el machismo parece más benevolente pero donde es más peligroso porque se cuela disfrazado de paternalismo y valores tradicionales”. Necesita un café con leche muy caliente. Es el momento de acudir al confesionario: “El día que Melendi se cortó sus rastas, el cantante dejó de existir para mí. Era una loca de Melendi, una súper fan. Era como Kurt Cobain pero marca Hacendado”. Todos tenemos errores de juventud.

Esta chica grande, que conoció a su primer amor por Messenger a los 15 años, tuvo una lesión en la rodilla. Cogió peso. Un par de años antes le habían detectado en el instituto bulimia, un grave trastorno alimentario que ha conformado también su forma de ser. “Me derivaron a Salud Mental y hasta hace poco más de dos meses he estado yendo por allí”. Los síntomas se mezclaban con los de la anorexia. No estaba a gusto consigo misma pero tampoco con el mundo.

“Empecé a tirar la comida, a escupirla, a vomitar, a beber mucho agua, a hacer dietas irresponsables, empezaron las autolesiones, me ataba cinturones a la barriga hasta que me hacía heridas. Para mí era una salida, una liberación de situaciones que no podía controlar”. El trastorno le afectó al estado de ánimo, al sexo. “No era capaz de seducir, de hacer determinadas posturas. Si estás mal contigo, influye en cómo te expresas”.

Aprovecho que habla de sexo para volver al confesionario. Reconoce que le ponen los tíos que se parecen entre sí, “es como si me enrollase con el mismo tío siendo personas diferentes”. Recuerda cuando se coló en el instituto un verano para hacerlo con su amor platónico en medio del patio del recreo. “Estuvo bien pero mi picaron muchos mosquitos”.

Doctora Glas desde arriba.

Doctora Glas desde arriba (Foto: Alberto Gayo).

En la sanidad pública le tocó un psicólogo horroroso, que en lugar de preguntarle por qué hacía dieta padeciendo bulimia, le preguntaba por sus relaciones sexuales. Con 17 empezó a trabajar en un bar y una noche, cuando hacía caja, su jefe le encerró en la cocina e intentó besarla. “Estuve espabilada y le dije que era menor y que se estaba metiendo en un problema”. A los 18 años firmó el alta voluntaria pero ella misma sabía que no estaba curada. Su madre la vigilaba. La bulimia vino de la autoexigencia, de querer siempre ser la mejor en todo, de su afán por supervisar todo de forma obsesiva. “Necesité quitarme la culpa, entender que aquella niña no era culpable”. Entonces volvió a terapia con una psicóloga que le abrió las puertas de la autopercepción.

En Suicida (no profesional) busca puente está su vida camuflada de ficción. “Vamos a decir mejor que es una novela con tintes biográficos que le va a servir a mucha gente que ha pasado tiempo en bucle, personas que se han descubierto después de pasar por situaciones muy extremas que nadie huele o ve. Pero sobre todo está dedicado a esas personas que son capaces de darse una segunda oportunidad”. Es una historia que se lee fácil, que entremezcla píldoras de poesía deslenguada con capítulos no aptos para cardíacos. Es una novela de iniciación para jóvenes que se puede leer de forma lineal o a saltos.

Este encuentro entre un periodista de interviú y la Doctora Glas tiene una explicación: en diciembre me envió un mensaje agradeciendo que hubiese compartido uno de sus escritos sobre suicidios inducidos. En ese momento me confesó que era lectora habitual de interviú. Me resultó muy agradable que una mujer veinteañera disfrutase con el periodismo de siempre y con el erotismo de ayer y de hoy. Así que decidimos echar unas horas juntos en uno de sus viajes a Madrid, viajes de trabajo en los que debate formas de luchar contra la violencia de género.

Doctora Glas lianta.

Doctora Glas lianta.

“Que algunas feministas se metan con interviú es una bobería, hay un grupo dentro del feminismo que no sabe comprender qué significa el deseo, el erotismo, la belleza, el cuerpo, la expresión del cuerpo. No es capaz de hacer clic, y ve todo desnudo de una mujer, toda expresión sexual de una mujer, como un ejercicio de explotación o cosificacion. Les diría que se animasen a salir en portada”, explica Loola.

Vuelta a la plaza de las confesiones, esta vez para hablar de fantasías… y de su cuerpo. “Mi boca es lo que más me gusta. Porque es bonita estéticamente porque me encanta el sexo oral. Representa mi parte política y erótica”.

Es tan lianta que le siguió el juego al cantante Nacho Vegas y al final acabó en casa del músico para travestirse. Él de la doctora y ella del rockero. Y Twitter andan las pruebas. Fantasía cumplida. Aunque tiene un par de ellas pendientes: “que me pongan pinzas en los pezones y volver a liarme con mi ex porque nunca me corrí con él”. Arte puro.

Loola Pérez se mueve por ese feminismo que está en los márgenes pero que pide paso con las luces largas dadas. “EEUU me gusta mucho, allí hay contrastes, el feminismo pro sexo es el que más me convence porque pone el foco en la sexualidad, que en España, viniendo de tradición católica y de la dictadura, no hemos vivido con naturalidad”. Últimamente se ha metido en una cruzada donde tiene las de perder ¿o quizá no? Es de las que piensa que el feminismo hegemónico, “el que tiene el poder, los sillones y algunos medios a su favor”, no está concienciando a los hombres lo suficiente, “y los hombres juegan un papel fundamental en la lucha feminista. Me preocupa que cierto feminismo imponga un pensamiento único, dogmático y excluyente. Agradezco a esas mujeres que lucharon por unos derechos que yo ahora puedo disfrutar pero también es importante conocer el contexto y saber lo que implica un relevo, no solo de posición, también de ideas”.

Vale. Como argumento para no tirar la toalla me parece correcto pero Doctora, mójese un poco más ¡por la Virgen!

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Por ejemplo, Barbijaputa –alias de guerra de otra de las feministas más activas en Twitter, que colabora habitualmente con eldiario.es– es un altavoz importante “pero su pensamiento, que es muy fácil de absorber pero que nadie cuestiona, es muy culpabilizador y no ayuda a que los hombres tomen conciencia del problema. Muchas veces no es capaz de enfrentarse al enemigo y convierte en enemigas a mujeres transgresoras. Barbijaputa es totalmente prescindible. No me gustan las feministas que van repartiendo carnés de feminismo. No entienden que no somos mejores que ellas pero sí distintas. Se está creando la sensación de que todas somos yonquis del feminismo, pero ese es un feminismo de pin, un feminismo de consumo. Y eso es peligroso. Parece una etiqueta y eso no puede ser”. Loola se ha quedado a gusto. Yo no me atrevería a meter a Barbijaputa en lo que ella denomina ‘caverna feminista’ pero bueno, ella sabrá.

El caso de Cristina Pedroche y su vestido con transparencias para dar la bienvenida al 2017 es uno de los casos que más le dolió a la Doctora Glas. “A mí Pedroche me da igual pero que sea el blanco de las críticas porque se pone lo que le sale del puto coño me parece injusto. Toda mujer tiene el derecho a vestir como quiera, en la tele, que es un espectáculo, o por la calle”. Loola cree que en la actualidad conviven dos miradas feministas, una renovadora y otra arcaica “que a veces procede de forma misógina. No puede ser que una presentadora se ponga un vestido con transparencias y digan que es una imposición machista o que le digan a una actriz porno que no puede ser feminista. La carnicera de la esquina, la limpiadora o la ama de casa también pueden serlo. Es como decir que todos los hombres son violadores en potencia. Una socialización machista no lleva a que te conviertas en un machista y en un violador. Hay que separar lo que es un machista de un violador porque si lo juntamos estamos dando la sensación de que somos una yonquis del feminismo”.

Doctora Glas de perfil.

Doctora Glas de perfil.

Amante del cibersexo y bisexual, esta bloguera y escritora tiene claro lo que quiere ser de mayor: “un peligro para la gente estúpida”. Para conseguirlo, no para de leer, a feministas de aquí pero sobre todo de allá, del otro lado del Atlántico; y también a poetas.

La otra faceta de Loola Pérez es la de servir a su comunidad, a los más jóvenes. Ahora trabaja en prevención de la violencia machista con chavales de instituto en Murcia. “Las chicas que tienen relaciones sexuales siguen siendo tratadas como putas o ninfómanas, y los chicos han sido socializados para tener el control de la situación, para hacer ver que son el puto amo en la cama y luego no tienen conocimiento del placer sexual de las mujeres. Pasa en la adolescencia, en la juventud y también en la edad adulta. Solo se arregla con educación sexual, desde primaria. Y si me apuras, desde infantil pero adaptando los conocimientos a la edad y a cada persona”. Su próximo objetivo, un máster en sexología “aunque sería una antisexóloga que incluiría la perspectiva de género y criticaría esa institución sexológica que parte de mitos y prejuicios, que todavía se pregunta si existe el punto G”.

Les recomiendo sus reflexiones sobre la menstruación, ese tabú que constituye “uno de tantos mecanismos patriarcales para minar la confianza en sí mismas de aquellas personas que socialmente son tipificadas como ‘mujeres’”, según explica en su blog. Pero también habla de prostitución, de gestación subrogada…

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Anochece en Madrid. Loola me acompaña a hacer uno de mis #follage #collage y luego se irá a preparar su intervención en la Federación de Mujeres Jóvenes. Adiós Doctora, me quedo en este jardín tan extraño leyendo una des las notas al margen de su libro Suicida (no profesional) busca puente“No hay amor verdadero / Existe la afinidad / y el polvo de tu vida / La ternura con la que besas / mis rodillas / Las personas correctas /con pasados no pluscuamperfectos / Las piezas de puzzle / Los proyectos vitales / que tensan una misma cuerda.

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Una respuesta a La Doctora Glas en un jardín tan extraño

  1. Muy bueno el articulo, me lo he leído dos veces!!

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