He visto a la Virgen

¡Ave María Puríssima! (by Jong Ki Love.

¡Ave María Puríssima! (by Jong Ki Love).

He quedado en un garito que tiene nombre de cantante mexicano de corridos. Cuentan las lenguas –las buenas y las malas– que allí las felaciones no se ven, se presienten. He quedado con una mujer que empieza vestida de luces y acaba con un body color perla y encaje. He quedado justo a la hora que juega el Madrid con la Juve para que no nos molesten. He quedado para beberme un cóctel que lleva naranjas chinas, licor de chile, pacharán, una base de coñac, un poquito de lima y un adorno de sirope de chile picante… Y he visto a la Virgen. Melena negra de pelo duro, sentada en el váter. Se arregla la peineta. Hace unos segundos yo había bajado impávido los escalones del bar canalla. Ella subió el color de sus labios…

Estamos en el José Alfredo, ese local de copas en los aledaños de la Gran Vía madrileña que nunca defrauda. Y la virgen es Julia de Castro, la voz y la transgresión de De La Puríssima, talentosa banda que mete un chute de jazz a cuplés y pasodobles, que actualiza un género olvidado, el de aquellas artistas de variedades de principio del siglo XX, esas mujeres españolas que eran conscientes de ser objeto y que inauguraron –sin saberlo– la difícil disciplina de la performance. El poderío compositivo de Julia está acompañado por Miguel Rodrigáñez, uno de los mejores contrabajistas del país, el pianista Juan Cruz Peñaloza y el batería Gonzalo Maestre.

En el váter del José Alfredo. Foto: Alberto Gayo

En el váter del José Alfredo. Foto: Alberto Gayo

Sí, Julia es lo más cercano a una Virgen que he tenido nunca a menos de un metro. Tiene 30 años y nació en Ávila. Es creyente, “muy creyente”, y no acepta bromas con la religión, “con todas las religiones”. Sus padres no eran devotos de seres sobrenaturales pero ella tuvo una educación teresiana, o eso dice. “No es fácil de explicar por qué soy así, siempre estuve en colegios laicos pero nunca me he desligado de mis creencias ni de mi ciudad. Orson Wells siempre decía que si buscase una ciudad para vivir o morir, esa ciudad sería Ávila, porque era muy fria, muy seca, muy extrema pero al mismo tiempo tenía algo muy mágico”.

La niña de provincias, la que estudiaba violín, se marchó a la capital para cursar Historia del Arte. “Acabaré este año, lo prometo”. Se lo está tomando con tranquilidad. Fue a parar a la Complutense y a dormir al Johnny, al Colegio Mayor San Juan Evangelista. Allí desvirgó su mente. “Vivir en el Johnny ha sido clave. Era secretaria del club de musica y jazz. Fue iniciático musicalmente. Venía de un lugar muy cerrado y me encontré dentro del colegio mayor más salvaje… Mi habitación era mixta, no te digo más. Dormía con un tío en dos metros cuadrados. Gorka se llamaba. Era un sitio anárquico donde las reglas no existían. Me sentí muy libre, empecé a hacer teatro allí, papeles muy pequeños, y me di cuenta que me gustaba mucho pero tenía que acabar el violín porque lo iba arrastrando. Paré con el teatro, acabé el violín y me metí en la Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático)”.

Escalón a escalón hasta el desenfreno final. Foto: Alberto Gayo.

Escalón a escalón hasta el desenfreno final. Foto: Alberto Gayo.

Volvamos al José Alfredo. Es el título de la canción que abre el disco de debut de De La Puríssima. Es su bar fetiche y el cóctel que compartimos lleva su nombre. “La primera vez que entré fue con mis músicos, hace cinco años. Yo salía mucho sola en la Universidad, no conectaba fácilmente, me iba al Junco –otro garito en la Plaza de Santa Bárbara para echarse unos bailes funkorros– y a otras salas. En Ávila tampoco encontraba mi sitio, y en el Johnny me lo pasé muy bien pero tampoco era mi sitio. Fue en la musica donde encontré mi hueco”. Una tarde se citó en el José Alfredo para hablar de videoclips con el director y guionista Eduardo Chapero-Jackson y con Bárbara Lennie, premio Goya a mejor actriz protagonista por Magical Girl. Mucho argentino había ese día en el garito: Pato, uno de los dueños, y Bárbara. “Ese día solo vimos una pareja en la barra. Bárbara me preguntó qué pasaba en ese local que todo el mundo hablaba bien. Se lo resumí con pocas palabras: ‘¿Te acuerdas de las dos personas que había en la barra ¿dónde crees que están ahora?’. Seguimos hablando y al ratito suben del baño totalmente acalorados. En el José Alfredo puedes verlo o no verlo, pero está sucediendo”. Esa colaboración ha germinado en el primer videoclip de la banda, que se presentará el 16 de junio en la Cineteca del Centro de Creación Matadero-Madrid. “Bárbara lo ha dado todo, se ha enrollado con dieciséis tipos en dos días de rodaje. Chapero-Jackson lo ha rodado en este bar. Aquí he aprendido a conocerme de verdad, a no tener miedo, a ir a muerte, a bajar al baño, a echar un polvo… el José Alfredo es eso. Pato es el mal con su voz de ultratumba y Ezequiel, el otro socio, parece el modosito… pero cuidado con él. Son el contrapunto, el diablo y el angelical”.

Sobre la barra del José Alfredo. Foto: Alberto Gayo

Sobre la barra del José Alfredo. Foto: Alberto Gayo

Julia decidió entonces conocer la naturaleza del hombre. Literal. De hecho, todas las canciones de su disco Virgen están vinculadas con historias de amor y sexo. Todas tienen trazas de realidad, de fantasía, de lujuria… Cada hombre es una isla que requiere exploración. Antes de empezar a componer estuvo un tiempo en Londres, en un intercambio interpretativo de la Resad. “Al volver tomé una decisión, quería abrirme. Venía de una educación muy selectiva, de un temor a lo masculino, de ser prudente, de elegir bien, de ser reservada, de no decir lo que sientes, de esperar a ser conquistada… Y de repente un día, cuando ya no podía más, dije: se acabó. A partir de ese momento, todo lo que venga lo voy a probar, sin filtros, hablo del amor y del sexo. No me puse límites, quería descubrirme y descubrí el beneficio de la música. Creo que los músicos somos la profesión que más folla, las personas que más follamos pero sin ningún tipo de duda. los actores no, jajajaja. Un músico se baja del escenario y elige. Te lo acaba de dar todo, se acaba de abrir el alma, y cuando baja, después de verle en carne viva, puede elegir lo que quiera“. Y es lo que hizo.

En su repertorio, que ofrecerá en directo los días 23 y 28 de mayo en el Teatro del Barrio, hay un Luca, “un tipo del que me enamoré totalmente. Es una oda a la masculinidad porque me encantan los hombres, todos”. Hay un rockero “de dientes amarillos, pantalones pitillo, con olor a whisky, cuarenta y tantos llevados con exceso”. Hay un Hércules que le da de comer, un “amor a primera vista que no escucha, no compara”. Hay un chapero y hay un bebé que le ha conquistado y con el que hace el amor en bata. Este bebé es su nuevo amor, el tipo que comparte sus alegrías hasta el día de hoy, según confiesa.

De La Puríssima en el Teatro del Barrio. Foto: Alberto Gayo.

De La Puríssima en el Teatro del Barrio. Foto: Alberto Gayo.

El momento clave para el nacimiento de la banda fue el encontronazo entre Julia de Castro y el contrabajista Miguel Rodrigáñez. Fue a verla al proyecto fin de carrera de la Resad. Participaba en una obra de teatro sobre el atleta negro Jesse Owens, el mismo que puso rabioso a Hitler en las Olimpiadas de 1936 en Berlín al dejar en la estacada a los atletas blancos y las tesis sobre la superioridad de la raza aria. “En la fiesta que hubo tras la representación, llegué yo, toda niñita, y le dije a Miguel que me encantaría cantar con él. No me hizo mucho caso pero al volver de Nueva York me salió un bolo para cantar yo no tenía ningún proyecto preparado. Lo único que tenía claro es que me debía acompañar un contrabajo. Llegué a su casa y canté un par de standard de jazz, dejó el contrabajo en el suelo y me dijo: ‘Hacemos lo que quieras ¿qué quieres?’. En ese momento le planteé hacer canción napolitana pero Miguel me quitó la idea. No podíamos aportar nada, pero al cuplé sí”.

¿Y por qué el cuplé? El cuplé es canción española, un género puramente español, esa canción ligera de estrofas breves y estribillo pegadizo. El cuplé es picardía, erotismo, provocación. Y Julia ha encontrado un traje ceñido a su medida. Hubo una segunda generación de cupletistas (Olga Ramos, Sara Montiel…) pero ella busca la raíz hace más de un siglo. Raquel Meller, of course.  “Tienes que interpretar muy bien, no importa que cantes bien o mal, importa que estés muy buena, que hables muy bien y que comuniques muy bien. Si encma metes músicos de escándalo y cantas bien, pues aparece De La Puríssima”.

¡Torera, torera!. Foto: Alberto Gayo.

¡Torera, torera!. Foto: Alberto Gayo.

El cuplé –relata Julia de Castro– era salvaje, muchas cupletistas eran prostitutas o se acababan casando con clientes. El público era exclusivamente masculino. “Es paradójico, ahora mis mejores fans son mujeres. Se cantaba en salas de variedades hasta 1936. No eran solo canciones, eran creaciones, una especie de performance. “Esas mujeres eran un fenómeno social, lo que ocurría en las capitales se transmitía a las ciudades de provincias y a los pueblos a través de las salas de variedades. Las mujeres sabían perfectamente que se estaban exponiendo y que la finalidad era que esos espectadores volviesen a casa y tuviesen unas ganas tremendas de echar un polvo o se hiciesen una paja con banda sonora incorporada. Es muy bonito”.

Al principio las mujeres de esos espectadores hombres estaban indignadísimas por la llegada de las cupletistas a la ciudad. “Todo cambia cuando vuelve a casa el marido supercachondo y se ponen a follar como locos. Todos contentos. La cupletista crea excitación. Del concierto de De La Puríssima se sale de una manera, con ganas de respirar, de abrirte, de tocarte…”.

De La Puríssima ha tirado por los cuplés sicalípticos (eróticos, libidinosos…). Con su repertorio quiere revolucionar un género casi muerto. “No hago cabaret ni burlesque, tan de moda, yo hago teatro de variedades. Un día me enfadé mucho estando en París, así que me puse a cantar La violetera delante del Moulin Rouge. Eran las tres de la tarde, empecé a repartir flores y a decir que yo me meo en el cabaret. Me bajé las bragas y meé”. Aquí está la prueba.

Si tenéis ocasión no os perdáis a este grupo. Y menos a su protagonista desnudando el alma. “Soy así, mis pelos son así, mis pechos son así. Es algo incuestionable, soy yo y es mío”. Y atentos a la versión que hace de El relicario. Para mear y no echar gota. Por no hablaros de los cuchillos que vuelan hacia su cuerpo. Puro cuplé.

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3 respuestas a He visto a la Virgen

  1. Gracias por la recomendación, la próxima semana allí estaré!!! Un abrazo!

  2. Pablo Martin dijo:

    Enorme tu y enorme De La Purissima!!!!
    Vi una actuacion suya en un club de Tirso de Molina y quede prendado.
    Bravísimo.
    Pablo

  3. agario dijo:

    very blog thanks admin

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