Diez minutos de viaje y un abecedario de la LSD

El día de la bicicleta (by Jong Ki Love).

El día de la bicicleta (by Jong Ki Love).

Hoy, 29 de abril, se cumplen siete años sin Albert Hofmann, el químico suizo que descubrió la dietilamida del ácido lisérgico, la LSD, la sustancia psiquedélica que pudo revolucionar la propia existencia del ser humano. O quizá la revolucionó y no nos hemos dado cuenta. Otro mes de abril –el de las flores– pero de 1943 alumbró su descubrimiento. La LSD fue droga de la contracultura, del verano del amor de 1967, de Woodstock. Fue la sustancia que quiso ser herramienta terapéutica, los tripis que disolvían tu ego, que provocaban alucinaciones, otra percepción de la realidad, que te puede llevar a un horrible viaje o a uno maravilloso. Antes de morir, Hofmann escribió una carta a Steve Jobs, el empresario y cofundador de Apple. Jobs había reconocido que la LSD transformó su vida igual que la marca de la manzana trastocó la nuestra. Y el químico, de 101 años, le pidió que luchase para que el ácido no fuera prohibido y pudiese ser retomado con fines médicos. Difícil misión. Las últimas voluntades nunca son fáciles de cumplir.

Para recordar a Hofmann os dejo un abecedario de la LSD construido tras leer el trabajo del escritor, traductor y licenciado en Filosofía Juan Carlos Ruiz Franco titulado Albert Hofmann. Vida y legado de un químico humanista (Ed. La Liebre de Marzo), publicado en enero de este año. La historia del químico, desde su infancia a su final con 102 años; su paso por los laboratorios Sandoz, su pensamiento, sus amistades, el legado ayuda a comprender el mismísimo devenir del ser humano durante el siglo XX. En diez minutos –el tiempo que tardarás en leerte este post– te podrás hacer una idea de quién fue Hofmann y de lo que significó su “hijo más problemático”. Los más curiosos tendrán que hacerse con el libro. Salud.

Portada de Albert Hofmann. Vida y legado de un químico humanista. Juan Carlos Ruiz Franco (Edit. La Liebre de Marzo).

Portada de Albert Hofmann. Vida y legado de un químico humanista. Juan Carlos Ruiz Franco (Edit. La Liebre de Marzo).

Autor. En realidad no sé mucho de Juan Carlos Ruiz Franco. Hace unos meses comí con él. Es un tipo educado y obsesivo que tiene una misión: traducir al castellano escritos imprescindibles sobre sustancias psiquedélicas. Además de este tributo a Hofmann, Ruiz Franco concluirá pronto la edición española de Pihkal y Tihkal, las obras cumbre de Alexander Shulgin, el farmacéutico y químico norteamericano que popularizó la MDMA (éxtasis) y que describió en esos dos libros cientos de psicotrópicos. Juan Carlos es licenciado en Filosofía, posgrado en Sociología y Nutrición Deportiva. Vive en Madrid

Bicicleta. Más de cuatro años pasaron entre que Albert Hofmann sintetiza por primera vez la dietilamida del ácido lisérgico hasta que un presentimiento le llevó a repetir. Fue justo cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Resulta “una paradoja que la futura droga de la paz y el amor naciera en medio de una contienda”, comenta el filósofo J. C. Ruiz. El azar se alió con el químico en 1943. El 16 de abril tuvo que dejar de trabajar en el laboratorio donde investigaba los efectos cardiotónicos del hongo ergot porque se sintió agitado y mareado. Vivió ensoñaciones y por su mente pasaron fantásticas imágenes. Tres días después planeó su primer viaje. A partir de entonces, el 19 de abril se conoce como ‘el día de la bicicleta’. El testimonio completo del propio Hofmann tras ingerir 170 microgramos de LSD aparece tal cual en el libro. Aquí un extracto: “Hablaba con dificultad. Al volver a casa en bicicleta mi estado comenzó a ser peligroso. Todo lo que había en mi campo de visión se movía y distorsionaba (…) A pesar de mi estado delirante y alterado, podía pensar con claridad durante breves momentos. (…) Tuve que sentarme en el sofá. Todo me daba vueltas y los muebles tomaban formas grotescas y amenazantes. La vecina ya no era la señora R., sino una bruja malévola (…) Cuando el médico llegó, ya había pasado la fase más aguda de la crisis. El miedo aminoró y dejó paso a un sentimiento de felicidad y gratitud (…) Surgían fantásticas imágenes caleidoscópicas (…) predominaban el azul y el verde (…) todas las percepciones acústicas se transformaban en sensaciones ópticas (…) Agotado, me dormí desde la una hasta las ocho de la mañana y desperté con la cabeza despejada. El desayuno me supo delicioso. Cuando salí al jardín, donde lucía el sol después de haber llovido, todo brillaba con una nueva luz (…)”.

CIA. Acabada la contienda mundial, la CIA incluyó técnicas de control mental y  uso de drogas en busca de un suero de la verdad que frenase la expansión del comunismo. Lo bueno de la LSD es que no tenía sabor ni olor. Fundaciones-tapadera invirtieron mucho dinero en investigaciones para saberlo todo de esta sustancia. La inteligencia norteamericana pensó que los soviéticos habían comprado 50 millones de dosis y se apresuraron a adquirir todas las existencias que tuvieran los laboratorios suizos Sandoz, donde trabajaba Hofmann. La utilización de drogas se incorporó al proyecto MKUltra, un programa de investigación ilegal en el que se experimentó con seres humanos. En 1973 se ordenó la destrucción de la documentación y solo se salvaron 20.000 documentos. Se hicieron cientos de experimentos que sobrepasaron los límites de la ética y en muchos de ellos se utilizó LSD. Uno de los más famosos llevó a la muerte al doctor Frank Olson, al que se le suministró grandes dosis sin su conocimiento.

Divinorum. En los años 60 Hofmann quiso entender una droga ritual mexicana conocida como María Pastora. Los indios mazatecas exprimían las hojas para conseguir un jugo que usaban en ceremonias. El químico suizo lo probó y logró un “estado de hipersensibilidad y de experimentar con intensidad las cosas, pero sin que estuviera acompañado por alucinaciones”. En 1962 denominaron a esta especie Salvia Divinorum. Hofmann no consiguió en aquel momento identificar su principio activo. Veinte años después, el investigador mexicano Alfredo Ortega concluyó que la sustancia activa de la Salvia Divinorum pertenecía a la familia de los diterpenos. La llamó salvinorina. El escritor y químico Jonatham Ott ha asegurado que la salvinorina A es el enteógeno natural más potente.

Hofmann en su laboratorio.

Hofmann en su laboratorio.

España. Hofmann visitó España en 1952 para unas conferencias y fue cuándo se despertó aquí el interés por la LSD. Ramón Sarró, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Barcelona, fue de los investigadores españoles que decidió experimentar con ella. Minimizó sus peligros y llegó a decir que podía potenciar las facultades creadoras en personas muy imaginativas. En otro capítulo de Albert Hofmann, vida y legado de un químico humanista, Ruiz Franco repasa la actitud alarmista de la prensa española hacia la LSD en la mitad de la década de los 60; el cambio que hubo en los psiquiatras, que pasaron de verlo como un fármaco para estudiar la mente a una droga que puede llevar a la destrucción; y la visión de un psiconauta como Antonio Escohotado, que tuvo su primer contacto con el ácido gracias a unos americanos de la base aérea de Torrejón de Ardoz.

Famoso. En 2007, el diario británico The Telegraph hizo una encuesta entre 4.000 ciudadanos para que nombrasen a las diez personas vivas a las que considerasen genios en algún ámbito. De los cien más votados, Hofmann fue el mejor valorado junto con Tim Berners-Lee, físico y uno de los padres de internet. Por detrás del descubridor de la LSD estaban, entre otros, el empresario George Soros, Matt Groening (creador de Los Simpson) o Nelson Mandela. El quimicó aseguró: “No he sido yo el elegido, sino la LSD”.

Grant. A finales de los años 50, actores como Cary Grant, James Coburn o Jack Nicholson probaron LSD como herramienta terapeútica. Grant lo reconoció abiertamente y dijo que le ayudó a superar graves problemas personales y sentimentales después de haber probado el yoga, la hipnosis y otros enfoques místicos. Su esposa en aquel momento, Betsy Drake, fue quien le animó y en una clínica de Beverly Hills empezó su terapia. Tomó más de cien veces LSD y aseguró que le había servido para liberar tensión, conocerse mejor y controlar su alcoholismo.

Hongo. El ácido lisérgico es un componente del cornezuelo de centeno, también llamado ergot, un hongo que crece en los granos de los cereales de forma parásita. Como sus sustancias activas han ofrecido muchas posibilidades terapeúticas, el cornezuelo ocupa un lugar especial entre las drogas empleadas en medicina. Hay referencias en la antigua China, México, Grecia, Roma…

Infancia. Albert Hofmann nació el 11 de enero de 1906 en el pueblo de Baden (Cantón de Argovia, Suiza). Fue el mayor de cuatro hijos. Su padre era de familia católica; su madre, protestante luterana. De niño le encantaba pasear por bosques y prados. De allí le vino su amor por la naturaleza. En uno de esos paseos tuvo su primera experiencia mística: el sol entraba entre los árboles, los pájaros cantaban y de repente todo se le apareció con una luz muy clara, todo resplandecía y Albert sintió integrarse en el entorno. Fue inmensamente feliz.

Jünger. Si hubo un pensador que logró irradiar con su obra y su personalidad a Albert Hofmann fue el escritor alemán Ernst Jünger. En 1947, el químico le localizó y comenzaron un intercambio epistolar centrado en cuestiones filosóficas. Ni Hofmann sabía que Jünger había experimentado con mescalina ni éste que el suizo trabajaba con la LSD. Se conocieron personalmente en Suiza y poco después, en 1951, el escritor alemán se prestó a un ensayo con ácido y música de Mozart de fondo. Hofmann le dio una dosis pequeña y todo quedó en una experiencia estética con colores vivos y luces esenciales.

Ken Kesey. El periodista norteamericano se ofreció voluntario en 1959 como asistente y cobaya de los experimentos de la CIA con drogas psiquedélicas. Después escribió Alguien voló sobre el nido del cuco. Kesey se convenció de que los pacientes psiquiátricos no están locos sino que tienen conductas que no están consideradas normales y que por eso se les recluye. Después le dio un arrebato triposo y decidió atravesar EEUU en un autobús protohippie repartiendo LSD a todo el que se lo pedía.

LSD. La dietilamida de ácido lisérgico (LSD-25) fue, además de una droga alucinógena, una herramienta en psicoterapia. Al principio se buscó en esta sustancia, de toxicidad muy baja y nula potencia adictiva, una manera de comprender mejor la enfermedad mental ya que la experiencia tenía similitudes con los procesos psicóticos. Luego, incluso se usó en terapias contra el alcoholismo o para vencer la resistencia de los pacientes y poder llegar a sus recuerdos más traumáticos. Hay una posible aplicación que resulta más que atractiva, la de ayudar al ‘bien morir’. Si Aldous Huxley, el escritor de Un mundo feliz, decidió cuando estaba enfermo terminal de cáncer que su mujer le inyectara LSD para irse en paz –los médicos y las enfermeras dijeron que era la muerte más serena y bella que habían presenciado–, en la actualidad el psiquiatra norteamericano Richard Yensen piensa lo mismo: la LSD ayudaría a enfermos graves en sus últimos días. Cuando los analgésicos no funcionan, el ácido puede hacer desaparecer el dolor y mejorar su actitud hacia la muerte. De hecho, en Suiza y tras la muerte de Hofmann se autorizó su uso para algunos enfermos terminales.

Muerte. El 29 de abril de 2008 moría Albert Hofmann de un infarto de miocardio en su casa suiza. Tenía 102 años. Se mantuvo lúcido hasta el final. Aquella mañana, el químico llamó a una amiga suya que se había quedado a dormir y le dijo que sentía frío: “Ahora tengo que morir”. El libro de Ruiz Franco incluye el obituario que le dedicó el escritor Fernando Sánchez Dragó. “¿Químico Hofmann, a palo seco? Él solía definirse así, con humildad socrática, pero era un alquimista que encontró la piedra filosofal”.

Naturaleza. La verdadera religión del químico era conocer y entender el universo mediante la contemplación y el estudio de la Naturaleza. Por eso quiso ser químico. Se reconocía cristiano pero más cercano a los místicos. A esa experiencia mística de superar la división entre sujeto y el mundo podía llegarse por la iluminación, la meditación o el consumo de drogas psiquedélicas… Hofmann creía que así rechazaríamos la explotación de la naturaleza y cuidaríamos el Medio Ambiente.

Hofmann, por Robert Venosa.

Hofmann, por Robert Venosa.

Ott. El escritor, químico y etnobotánico norteamericano Jonathan Ott es el encargado de escribir el prólogo de Albert Hofmann, vida y legado de un químico humanista (Ed. La liebre de marzo). Asegura que esta obra funciona como una biografía con más detalles de los conocidos, como un cuidado repaso de su pensamiento filosófico y como un homenaje al descubridor de la LSD escrito con un estilo literario ameno y asequible…  El colaborador de Hofmann da un notable alto al trabajo del filósofo español.

Psiquiatría. Hasta el año 1965, entre 30.000 y 40.000 pacientes psiquiátricos recibieron LSD y se realizaron unos 2.000 estudios, se publicaron decenas de libros y se celebraron conferencias internacionales. Como dijeron los doctores Hoffer y Osmond, dos de los mayores expertos en las aplicaciones terapéuticas de la LSD: “Cuando Albert Hofmann experimentó accidentalmente lo que la dietilamida del ácido lisérgico puede hacer a personas normales, inició una revolución en el pensamiento psiquiátrico que aún no ha finalizado”.

Química. En el año 1947, los laboratorios Sandoz comercializaron la LSD con el nombre Delysid. El prospecto incluía dos aplicaciones: facilitación de la terapia psicoanalítica y estudio de la psicosis. También había un apartado de precauciones: “los trastornos mentales pueden ser intensificados y se necesita especial precaución en sujetos con tendencias suicidas”. Los efectos mentales pueden revertirse rápidamente con la administración de 50 mg. de clorpromazina.

Albert Hofmann en 2006.

Albert Hofmann en 2006.

Revolución. Muchos de los iconos de la contracultura norteamericana de los años 60 tomaron LSD. Músicos y escritores propagaron sus parabienes y la revolución hippie dio buena cuenta del ácido. Percibir el mundo de otra manera, potenciar la creatividad o mejorar la personalidad situaban a los tripis en el centro de una revolución. Para Timothy Leary, el escritor, psicólogo e investigador, la experiencia con LSD provocaría que el individuo observase con claridad la inutilidad de las convenciones sociales y le conduciría a una revolución individual que acabaría en una revolución social. No ocurrió.

Sandoz. Los Laboratorios Sandoz de Basilea decidieron a principios del siglo XX realizar una política de expansión en investigación farmacológica. En la primavera de 1929 se incorporó un estudiante, doctor en Farmacia y Ciencias Naturales con 23 años. Su nombre, Albert Hofmann. Su primera investigación en la empresa se centró en las propiedades cardiotónicas de la planta escila para tratar el debilitamiento del miocardio.

Cartón secante conmemorativo del descubrimiento de la LSD.

Cartón secante conmemorativo del descubrimiento de la LSD.

Tripis. No viene en el libro de Ruiz Franco pero es obligado recordar que el nombre común más utilizado en nuestro país para designar esta droga alucinógena fue tripi. Vamos, de trip (viaje). Palabras como cartón, micropunto o ajo han sido otras denominaciones populares de la LSD.

Universidad. Hofmann flipaba con la naturaleza y encima no tenía pasta para salir. Logró una beca en la Universidad de Zurich y compaginó la carrera con el trabajo en una fábrica. Fue asistente para impartir clases a estudiantes de Medicina y en su investigación doctoral logró describir por primera vez la estructura de la quitina. El hallazgo solo le costó tres meses y su investigación fue cum laude. “Las experiencias místicas de mi niñez, en las que veía la naturaleza transformarse de modo mágico, habían hecho surgir en mí cuestiones concernientes a la esencia del mundo material exterior, y la química era la ciencia que podía ayudarme en esta tarea”, dijo el joven Hofmann cuando se decidió a estudiar la carrera de Química.

Verano del Amor y Woodstock. Año 1967, decenas de miles de personas se reunieron pacificamente en las principales ciudades de EEUU. Comunas, sexo libre, arte y… LSD y marihuana. Dos años después se celebró el famoso festival de rock de Woodstock: casi medio millón de personas disfrutaron de tres días de música, sexo y drogas sin fin. Y un mensaje: no a la guerra de Vietnam. “La LSD simbolizaba el espíritu de rebelión, estimulaba el inconformismo y el descontento”, explica Ruiz Franco. Pero aquellos días solo fueron el principio de su prohibición.

Zurich. Siendo un adolescente, Albert Hofmann recibió la mejor de las noticias: su padrino, fundador de la fábrica de maquinaria Kühni, hizo de mecenas pagando el coste de la escuela privada Minerva, en Zurich, donde estaba la Universidad de sus sueños. Le gustaba la Literatura y la Historia pero decidió, en 1925 y para sorpresa de su familia y amigos, estudiar Química. Menos mal.

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6 respuestas a Diez minutos de viaje y un abecedario de la LSD

  1. Phenethylamin dijo:

    Bonito articulo y muy bueno recordar uno de los hombres mas grandes
    de nuestro tiempo moderno.
    Pero hay un pequeno error: La obra de Alex Grey muestra Alexander (Sasha) Shulgin y su esposa Ann – un otro grande quimico y pionero de sustancias psicoactivas que fallecio el ano pasado. La Molécula que lleva en las manos representa MDMA, lo que Shulgin “redescubrio” en los anos 50.

  2. Alberto Sánchez dijo:

    Excelentes letras. Muy buena información. Sabrás donde conseguir el libro en México? Felicidades!

  3. Gracias por la info, la mayoría nos quedamos en la barrera de la vulgaridad psicotrópica. Un abrazo!

  4. agario dijo:

    very blog thanks admin

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