¡Tronco, ‘Historias del Kronen’ cumple 20 años!

Mañas

Se busca aro… para la oreja. (by Jong Ki Love)

Cuando los ratos de aburrimiento, de pereza existencial, se sublevan sin avisar te dejan la cabeza como un bombo. En menos de 48 horas, un señor de 72 años y otro de 43 me han provocado un subidón agotador. El más viejo me introdujo en un colocón de putas, hijos de puta, sedantes, cocaína y ambición difícil de describir. El crítico de cine Carlos Boyero decía en la radio que Martin Scorsese le había hecho sentir en la butaca el mismo descomunal pedo del protagonista (Leonardo DiCaprio) y sus tarados compinches en ‘El lobo de Wall Street’. Algo parecido sentí yo en el cine. Lo curioso es que pocas horas antes había estado releyendo partes de ‘Historias del Kronen’ –la iniciática novela del madrileño José Ángel Mañas publicada en 1994– y de nuevo, los sudores. Aquí los colgaos no eran broker norteamericanos, sino niñatos de la burguesía madrileña de los 90 a los que solo les quedaba el desencanto y la ciudad. Pero tanto unos personajes como otros vivían en una tormenta de farlopa, carecían de escrúpulos y sentimientos, llevaban al límite el momento que les había tocado vivir…

En febrero de 2014 se cumplen 20 años de la edición de ‘Historias del Kronen’ –finalista en 1994 del Premio Nadal– y la novela ha envejecido bastante bien. Da igual las veces que aparezca la palabra tronco (forma en que los tíos se dirigían entre ellos), que hayan desaparecido del argot juvenil mini (litro de cerveza), costo (hachís) o mai (porro) y que ahora se lleve más tomarse un cubo de aluminio lleno de botellines o plantar marihuana en la terraza. ‘Historias del Kronen’ sigue siendo una buena y entretenida novela que acaba, como no podía ser de otra manera, en drama.

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Portada de la primera edición de ‘Historias del Kronen’.

Me cuentan que tras dos décadas el libro sigue estando en las librerías (edición de bolsillo) y que todavía se venden alrededor de 500 ejemplares al año. Ya les gustaría a muchos vender medio millar de libros. El desencanto de aquellos jóvenes fiesteros tras la gloriosa década socialista no se ve obsoleta. Vale, en la madrileña Chueca ya no hay yonkis ni se va a comprar costo. Hoy hay gays y se puede pillar de todo. “Se pasó de un prado de jeringuillas a un barrio chiqui-guay-rosa”, como lo describe el escritor. Y Malasaña sigue siendo distrito rockero y escuela de la vida, aunque esto suene cursi. Los pijos-macarras que conducen la historia de Mañas no se citarían hoy en un bareto de los alrededores del barrio de Salamanca, probablemente lo hagan en el parking de una macrodiscoteca de la periferia.

Quedé con Mañas para charlar de la efeméride. Ya no lleva aro en la oreja, tiene el pelo blanco y está esmirriado –“sí, estoy muy delgado pero es de correr”, me dice. Y está contento, vive todavía de la escritura –el resto del tiempo lo pasa criando a sus dos hijos– y sabe que aquella novela que estuvo rondando su cabeza entre 1992 y 1993 –y cuyo manuscrito escribió en quince días– se merece un reconocimiento, el mismo que deberían tener la banda granadina Los Planetas, ese garito malasañero llamado Agapo o la siempre bella Cristina Rosenvinge.

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El autor, dos décadas después, en la librería 8 y medio de Madrid.

Como cuenta su colega Antonio Domínguez Leiva –los dos firmaron este verano en interviú un serial ilustrado que merecería llevarse a televisión–, la primera novela de Mañas transformó en literatura la “intrahistoria del desfase nocturno peninsular”, demuestra la maestría narrativa del autor y hoy todavía “sigue golpeándonos con su mezcla explosiva de transgresión, satira, sexo, violencia, jotabés, rayas, cerdas y amargura”. Y todo a pesar de que cuando se publicó a muchos popes de la intelectualidad les jodió el atrevimiento del joven novelista.

Hablando del lenguaje y la forma de narrar, Mañas es el mejor ejemplo de la novela-magnetofón, como diría el periodista Raúl del Pozo. El escritor paraba con sus amigos en un bar de la calle Francisco Silvela de Madrid que tenía un enorme cartel publicitario de la cerveza francesa Kronenbourg, y allí se empapó de todo y así lo transmitió. De aquel bar salió el título de ‘Historias del Kronen’. Intentaron cambiárselo porque sonaba a futurista, a Conan, y porque las cosas que decía que pasaban dentro de la cervecería no le iban a gustar demasiado al dueño aunque fuesen ficción. Allí Mañas observaba y participaba de los rituales de juventud.  “Creo que hoy el mismo libro no lo publicarían porque es más incorrecto de lo que parece, dirían que es sexista porque sus protagonistas utilizan la palabra ‘cerdas’ para referirse a las tías, por ejemplo’, admite el escritor.

Mañas se echa a reír cuando le pregunto cómo imagina que acabaron, veinte años después, Carlos –el universitario niño de papá que protagoniza Kronen y hace de narrador– y sus colegas. “No creo en segundas partes pero si lo pienso podría ser una especie de ‘Breaking Bad’ con Carlos en estado terminal y siendo igual de cabrón. El resto serían periodistas, abogados, con sus respectivas familias y que de vez en cuando se verían para ponerse rayas e ir de putas. Alguno habría palmado y poco más. Todo el mundo evoluciona y se hace un hueco a su medida, cada uno tendría el espacio social que le corresponde”.

Me cuenta que hace poco se dio un garbeo nocturno por Malasaña, donde se desarrolla gran parte de su primera novela, “y el barrio está prácticamente igual. El cambio de verdad se produjo a mediados de los 90 con la música electrónica, cambiaron los hábitos nocturnos”. Mañas cree que aquella década, con la irrupción de los grupos indies (en el plano internacional no deja de citar a Sonic Youth y Nirvana; y en el nacional, a Los Planetas, Australian Blonde y El inquilino comunista), con la nueva forma de diversión nocturna y la masificación de la noche, “la gente salía cada vez más joven, su actitud se hizo más agresiva por el tipo de drogas que se consumían… el costo (hachís) se quedó como viejuno porque llegaron la cocaína y las pastillas de éxtasis. Si querías quedar bien no podías invitar a un porro. Yo lo percibí com  una nueva Movida, algo parecido, un momento de intensidad. Fue una época más oscura, cínica y agresiva. Un punto de rabia que no se buscaba tanto en los 80”. Era cuando empezaba el cine de Tarantino, el de Daniel Calparsoro aquí.

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‘La novela del no hay futuro’, así tituló la revista Ajoblanco un reportaje sobre la novela de Mañas.

A principios de los 90, Mañas salía mucho, pasó de turismo por la Facultad de Historia y en el verano de 1992 logró un texto que a él le parecía que podía funcionar. No sabía qué hacer y mirando una revista se enteró de la convocatoria del Premio Nadal. Aprovechó un viaje de su padre a Barcelona, le dio la copia mecanografiada de 200 páginas para que la entregase en la editorial. Y de repente ¡¡boom!!, finalista de una edición que ganó Rosa Regás. Las malas o buenas lenguas dicen que el jurado estuvo a punto de sublevarse y que Mañas casi se aúpa con el galardón. Como no contó nada a nadie, la mayoría de sus amigos y compañeros de correrías nocturnas dejaron de hablarle. Vale, había retazos autobiográficos pero a nadie llamó por su nombre. “Muchos se sintieron aludidos y no me esperaba ciertas posturas. No importa, vivo por capítulos, cierro y abro puertas”.

El éxito le pilló sin entrenamiento, tenía 22 años y de golpe y porrazo entró en un mundo cuyos códigos desconocía. “Me encontré firmando un contrato sin tener ni puta idea de lo que firmaba. Una persona me aconsejó que no les cediese los derechos audiovisuales, y menos mal”. Y menos mal porque la película dirigida por Montxo Armendáriz fue muy bien acogida. “Gané dinero en aquella época. Salió en febrero de 1994 y fue un éxito instantáneo, en tres meses había vendido 40.000 ejemplares. Y encima en el 95 llega la película. Hasta la fecha, según las cuentas de los editores, se han vendido alrededor de 400.000 ejemplares. Ahora, esas cifras son una barbaridad”.

Lo bueno de dar en el clavo con su primera novela es que le ha permitido dedicarse a escribir novelas, “unas mejores y otras peores. ‘Historias del Kronen’ no es mi mejor novela pero tiene mérito para ser la primera, el otro día volví a ojearla y tiene el mérito de que es convincente, en cuatro frases tú te lo crees, estás dentro, eso que parece sencillo no es nada fácil. Los barbarismos y sus errores son sus virtudes”, explica.

Después de Kronen llegaron Lucía Etxebarría, Pedro Maestre y muchos otros escritores jóvenes en los que clavaban sus ojos las editoriales, “incluso Juan Manuel de Prada se puede decir que se aprovechó del éxito de mi novela. El pensó: ‘si estos son el rock de la literatura, yo soy la auténtica literatura’, y yendo a la contra le salió bien”. A finales de los 90, Mañas entró en crisis personal, regaló todos sus discos de vinilo a su hermano, “estaba hasta los cojones y  corté totalmente”.

En 2014, José Antel Mañas escribe otra novela además de un libro de encargo sobre el Madrid del siglo XVII –“me he dado cuenta que todo lo que hago tiene como hilo conector la ciudad de Madrid”–, tiene escrito un libro de política-ficción situado en el Madrid de 2036… aunque lo que realmente le está perturbando es no poder celebrar como se merece el cumpleaños de sus ‘Historias del Kronen’. Al margen de la editorial Planeta está preparando una edición conmemorativa con ilustraciones y otros extras, y participará en un documental sobre esa época.

Decía el profesor Fernando Valls al reseñar ‘La trabajadora’, nueva novela de Elvira Navarro –una historia que retrata las peripecias de dos mujeres, una teleoperadora y la otra correctora de una editorial, que viven precariamente en la periferia de Madrid– que “todo lo cual vale como prueba de la necesidad que tenemos de leer otro tipo de historias, contadas de manera distinta y protagonizadas por personajes diferentes que llevan vidas de hoy, como ocurre en esta inteligente novela”. Esas palabras hubieran servido hace veinte años para describir ‘Historias del Kronen’. Feliz cumpleaños.

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Una respuesta a ¡Tronco, ‘Historias del Kronen’ cumple 20 años!

  1. alejoalberdi dijo:

    “acaba, como no podía ser de otra manera, en drama”

    Claro, como “Pregúntale a Alicia”, novela de calidad similar a esta. Ya se sabe que los drogotas no tienen sentimientos, ni fe, ni esperanza, ni caridad

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