Pompeyo, el olvidado de la ‘doctrina Parot’

Muerte en Santa Cruz. By Jong Ki Love.

Muerte en Santa Cruz. By Jong Ki Love.

Él no tiene banderas que le aguarden a la puerta de la prisión de Puerto III (Cádiz), ni amigos que le ayuden a taparse el rostro, ni compañeros de juventud que se echen a la calle o brinden por su puesta en libertad. Aunque no figura en ninguna lista pública de terroristas de ETA, asesinos múltiples o violadores que se beneficiarán de la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a él también se le aplicó la ‘doctrina Parot’.

El almeriense Pompeyo Miranda Ruiz  solo tiene a su madre: Amalia, de 88 años, que vive en su piso de siempre en Almería. Este andaluz no fue un santo en su juventud. Su madre me contó hace casi una década que siendo crío entró en una juguetería y robó algunos juegos para los hijos de sus vecinos. “Era un chico sin maldad pero se perdió”. Luego llegaron los robos de coches, los primeros encontronazos con la Guardia Civil y los talegos. Así que decidió con poco más de 20 años buscar suerte en Sudamérica y olvidarse de todo. Acabó en Santa Cruz de la Sierra, importante ciudad industrial boliviana y, en aquella época, centro de operaciones para el tráfico de cocaína hacia Europa y EEUU. En el aeropuerto internacional de Viru Viru era muy sencillo encontrar agentes de paisano de la DEA norteamericana.

Pompeyo, tras su detención en Bolivia y Amalia, su madre. Archivo Interviú

Pompeyo, tras su detención en Bolivia y Amalia, su madre. Archivo Interviú

Pompeyo encontró trabajo pero también se topó con la cocaína y con la ciudadana norteamericana Gloey Wisseman, perteneciente a los denominados Cuerpos de Paz de Estados Unidos, una organización de voluntarios que operaba en toda Latinoamericana y que siempre estuvo bajo sospecha por su supuesta vinculación con la CIA y la DEA. Ella tenía 46 años, Pompeyo apenas 21. Se enamoraron en un tormentoso idilio que acabó el 13 de octubre de 1991 cuando el español, temeroso de que Gloey le estuviese utilizando para pasar información sobre personas vinculadas con el tráfico de drogas de Santa Cruz y en pleno cuelgue de coca, cogió una pistola que guardaba bajo la cama y le metió dos tiros en la cabeza. Después se deshizo del cadáver y huyó. El Ejército y la policía bolivianas pensaron que ese español que había matado a una ciudadana de Denver (Colorado) no podía andar muy lejos. Pompeyo era detenido pero antes del juicio logró evadirse del penal con otros presos. Agentes del FBI se desplazaron hasta Santa Cruz y pusieron precio a su cabeza. Arrestado de nuevo, fue juzgado y condenado a 30 años de prisión por asesinato.

Acabó en el penal cruceño de Palmasola, un recinto a modo de pueblo amurallado y donde cada preso vivía –y vive– según sus posibles. Los narcos tenían decentes casitas y una cuadrilla que les protegía. Los más tirados mascaban hojas de coca y dormían en el suelo. Pocas veces entraba el Ejército, solo cuando había altercados. Dentro manda el dinero y la ley del más fuerte. Aunque allí Pompeyo intentó salvar su alma con ayuda de la monja italiana Alexandra Carosone y de los libros (se llegó a leer Ulises de James Joyce), la suerte volvió a jugarle una mala pasada. En su misma celda metieron a Marcial Delgadillo, alias Papacho, el cabecilla de una sangrienta banda que asaltaba bancos y librecambistas. Dos personalidades fuertes con una leyenda negra detrás y en la misma celda. Él o el mafioso local. Solo podía quedar uno. Papacho apareció una mañana con la cabeza aplastada por un bloque de cemento. Pompeyo fue condenado a otros 15 años. Interviú les contó en 1999 todas las correrías del almeriense en el penal boliviano.

A la izquierda, Pompeyo con la monja italiana que le ayudó en la prisión boliviana de Palmasola, y cuando hizo la Primera Comunión. (Archivo Interviú)

A la izquierda, Pompeyo con la monja italiana que le ayudó en la prisión boliviana de Palmasola, y cuando hizo la Primera Comunión. (Archivo Interviú).

De acuerdo con las leyes penales bolivianas, las dos penas se cumplirían de forma paralela. Es decir, cada día de presidio computaría para las dos condenas con un máximo de 30 años de internamiento. Además, tendría la redención correspondiente. La mala fama del almeriense se acrecentó tanto que en las calles de Santa Cruz las madres recriminaban el mal comportamiento de sus hijos con la frase “eres más malo que Pompeyo”. Al mismo tiempo, las autoridades penitenciarias intentaban culparle de todo lo que ocurría dentro de Palmasola, pasó meses en el bote (celda de aislamiento) y los jalikatas (cabecillas) se la tenían jurada. En 1999, Pompeyo vio una pequeña luz al final de su túnel penitenciario. En virtud del Tratado firmado en 1990 entre España y Bolivia sobre transferencia de personas condenadas, el Gobierno de José María Aznar logró que varios reclusos, entre ellos Pompeyo, terminasen de cumplir su pena en cárceles españolas. La cercanía a su familia y las mejores condiciones penitenciarias facilitarían su reinserción social. Según el tratado de cumplimiento en el país de origen, la situación del condenado no podría verse agravada en España. Sería ilógico acogerse al cumplimiento de pena en el país de origen para sufrir una pena más gravosa.

Pompeyo llegó a su país natal en octubre de ese año. Se le aplicó el Codigo Penal de 1973 en cuanto a remisiones de pena y acumulación de las dos condenas en una sola. Su comportamiento fue intachable al principio. Durante todo este tiempo he mantenido decenas de conversaciones telefónicas con él en distintas cárceles. En más de una ocasión dio muestras de su buena fe y llegó a avisarme de posibles ajustes de cuentas entre presos, que en algún caso llegó a evitar.  Estando en prisión tuvo noticia de la muerte de su padre y de su hermana. No pudo acudir a ninguno de los dos entierros.

Pompeyo, tras su detención. Archivo Interviú

Pompeyo, tras su detención. Archivo Interviú

En 2010, Pompeyo Miranda recuperó la esperanza. De acuerdo con los cálculos realizados por la institución penitenciaria española y después de cumplir 8 años en Bolivia y 11 en España, su excarcelación quedó fijada para el 1 de agosto de ese año. El 29 de julio, dos días antes y cuando ya tenía su petate preparado para ir a ver a su madre, le llegó un auto judicial en el que el magistrado anulaba su libertad y le aplicaba la denominada ‘doctrina Parot’, establecida por el Tribunal Supremo en 2006 que buscaba alargar la estancia de los terroristas de ETA. O lo que es lo mismo, los beneficios no se aplicarían sobre el tope legal de 30 años de permanencia en prisión, sino individualmente para condena. De esta forma, una vez cumplida la pena más grave, se empezaría a cumplir la siguiente, y así sucesivamente, hasta llegar al límite de los 30 años, lo que alargaría la reclusión. En el caso de Pompeyo, nadie alzó la voz, nadie se quejó de que se agravaba la situación del condenado. El preso se vino abajo, mandó decenas de escritos que apenas tuvieron respuesta ni repercusión. Con la ley boliviana, que es en realidad la que tenía que haberse aplicado, Pompeyo ya estaría en la calle. Con la española, sin ‘doctrina Parot’, también.

Sí, Pompeyo Miranda Ruiz mató a dos personas en Bolivia. Según su testimonio, a ella en un arrebato y por miedo; y al mafioso, en defensa propia. No hay excusas ni justificación y por todo ello lleva 22 años encarcelado. No es menos cierto que legalmente y tras el fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ha invalidado la retroactividad de la ‘doctrina Parot’, Pompeyo –aunque no esté en las listas que aparecen en los medios estos días– debería también ser puesto en libertad. La semana pasada me contó que no tiene un euro, que necesita un abogado que simplemente le redacte el escrito para que la Audiencia Nacional se acuerde de él.

En agosto, aprovechando mis vacaciones sureñas, fui a verle a la prisión gaditana de Puerto III. Sus crímenes fueron terribles pero todavía creo que el fundamento del internamiento deber ser el reingreso en sociedad con garantías para los demás. Y son casi quince años recibiendo copia de sus escritos, hablando con su anciana madre –que no quiere morirse sin ver de nuevo a su hijo– y sabiendo de sus tristes vidas: una como alma en pena que ya tan solo tiene a su hijo preso, y el otro buscando un camino sin tocar la droga. No puedo poner la mano en el fuego pero estoy casi seguro que hace años que Miranda no es un peligro para el resto de conciudadanos. En el hall de entrada al centro penitencario, donde se entregan los paquetes y se identifican los visitantes, había mujeres gaditanas que llevan tatuada en el omóplato la foto de su bebé y que esperan deseosas ver a sus novios, hermanos o padres presos, la mayoría, por delitos relacionados con el trapicheo de drogas. También había mujeres vascas que acudían a un vis a vis con presos de ETA. Al final de las cabinas de comunicación estaba Pompeyo, un tipo delgado, sin apenas dientes sanos y con casi 50 años. Todavía conserva mirada de pillo. Desde hace tiempo se pregunta quién está interesado en que siga en prisión cuando ya tenía que estar libre. “Seguro que si aquella mujer no hubiese sido estadounidense no habrían ido tanto a por mí aquí y allí”. Al acabar la visita me confesó que más de una vez ha deseado estar en la prisión boliviana de Palmasola. Antes de despedirnos me pregunta si le he traído lo acordado. Le digo que sí: “unas zapatillas de deporte cómodas, un chándal que abrigue, unos calcetines y un par de interviús”.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Pompeyo, el olvidado de la ‘doctrina Parot’

  1. Alvaro dijo:

    No entiendo por que a esta persona se le aplica la Doctrina Parot, sinceramente, cuando no es terrorista. Ahora bien, eso de que necesite solo un escrito para la Audiencia Nacional, pero que no puede porque no tiene dinero para un abogado… creo entender que una persona sin recursos puede optar a uno de oficio, incluso en procesos penales… No obstante no entiendo tampoco que moleste tanto la supresión de la doctrina Parot para los miembros de ETA (que de los supuestos 600 en cárceles españolas no creo que haya ni un 10% que realmente pertenezcan a ETA, pero somos de gatillo fácil para realizar acusaciones de “pertenencia a banda armada”) y luego se desee con ansias para otros presos con delitos de sangre que nos caen “mejor”, como me da a entender el artículo. Pero de ser así, que lo dejen libre, que está en su derecho.

    • El mico de l'anís dijo:

      “No entiendo por que a esta persona se le aplica la Doctrina Parot, sinceramente, cuando no es terrorista”.

      La ley debe ser igual para todos. Precisamente, lo que ha dicho el tribunal europeo es que no se puede pervertir la interpretación de las normas para ensañarse con quien al poder le dé la gana.
      ¿A santo de qué hay que castigar de una manera especial a los “terroristas” vascos (Galindo, Barrionuevo, Vera y Amedo no parecen contar aquí como terroristas)?¿Porque se encuentran en el extremo político opuesto a PP/PSOE?¿Porque los objetivos de sus acciones son los poderosos, al contrario de lo que ocurre con los terroristas financieros, a quienes nadie para los pies?
      Pues no. “Terrorista”, carterista o violador, el delincuente debe cumplir su condena con todas las consecuencias y derechos que la ley dicte.

      • Alvaro dijo:

        No, no, si estoy de acuerdo con lo que dices, es más, me parece totalmente vergonzoso que por ser alguien supuestamente “terrorista” se le aplique una ampliación de la condena sólo “porque son de la ETA”, de una manera realmente muy dudosa y así sin más “porque me da la gana”. Pero es que esta persona no tiene nada que ver “con la ETA” ni con agrupación terrorista alguna y sin embargo, supuestamente, se le aplica esta “doctrina” que creía que era destinada sólo a grupos terroristas.

        • El mico de l'anís dijo:

          Pues compartimos las dudas. Debe de ser que unos son unos delincuentes y los otros son unos (voz tétrica, imitando a un fantasma) delincueeeeenteeeeees.

  2. José A. Mañas dijo:

    Muy buen artículo.

  3. kikivac dijo:

    Pompeyo Miranda Ruiz es un ángel a simple vista; cuando charla con alguien da la impresión de ser una persona tranquila y extremadamente atenta con los demás, pero su comportamiento es engañoso. Cuando la violencia se apoderaba de él no tenía límites. Así ocurrió con Gloey Wisseman, a la que luego de matarla, la cortó en pedacitos y quemó sus restos en un turril.
    Recuperó la serenidad en la cárcel de Palmasola y un día, al sentirse amenazado por un recluso que lo intimidaba, le destrozó la cabeza con un cascote mientras dormía, sin piedad ni remordimientos.

  4. Jesus dijo:

    Soy boliviano, conocí a Pompeyo Miranda en la cárcel y era un tipo mayormente tranquilo, pero a la vez muy violento cuando perdía la calma. Además era bastante cínico y nunca demostró arrepentimiento por sus crímenes. En Palmasola también hirió a otros reclusos. No me atrevo a decir si en 22 años ha cambiado, pero tengo mis serias dudas.

  5. Rudy dijo:

    Lo conocí personalmente durante un motín de presos en Santa Cruz de la Sierra y lo habia visto varias veces en bares junto a conocidos en común. No tenía idea que estaba en España. Siempre tuvo fama de violento. En Bolivia y en la China, pero puede que haya apredindo la lección con el pasar de los años.

  6. paco dijo:

    Pompeyo….yo confió en ti

  7. TonyBaretta dijo:

    En España somos asi, aunque se trate de una bestia parda, como está en la cárcel ya nos parece bueno y nos cae bien, y seguro que nunca mas volverá a hacer fechorías, pobrecito él. Como bien han dicho en comentarios anteriores dos bolivianos que le conocieron, les extraña mucho que aquél tipo tan violento haya cambiado. Pues acaba de ser detenido (21/07/16) despues de asaltar una joyeria a punta de escopeta y efectuar disparos contra el dueño aunque por suerte salió ileso. Pero seguro que va a cambiar. Por eso en general en España nunca podremos llegar a ser un pais serio y siempre nos la daran en la misma mejilla. Por eso aqui quien hace 7º arte ensalza al delincuente y demoniza al policia (al contrario que cualquier pais civilizado donde la mayoría de historias ensalzan la justicia y juzgan al delincuente). “No puedo poner la mano en el fuego pero estoy casi seguro que hace años que Miranda no es un peligro para el resto de conciudadanos” Menos mal que no la pusiste, Alberto Gayo, te hubieras achicharrado, como nos achicharramos un dia si y otro tambien en este pais por ese buenismo glpyas del que hacemos gala cada vez que tenemos ocasión, porque es politicamente incorrecto decir que Pompeyo Miranda es un asesino despiadado y violento y lo será hasta el día que muera.

  8. Valentín dijo:

    Yo fui al colegio con Pompello, era un gran chamo vall

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current day month ye@r *