“La Movida fue el recreo del golpe del 23-F”

Portada de 'La Movida Modernosa' (La Felguera Editores)

Portada de ‘La Movida Modernosa’ (La Felguera Editores)

Están los anarquistas de salón, y los dinamiteros. Los que practicaban nudismo para llegar a la emancipación y los que salen en las películas de Ken Loach. Los anarcosindicalistas, los ilustrados y los primitivos, los Unabomber. Están los punkis y los que cabalgan en la cresta del fracaso… Y luego está José Luis Moreno-Ruiz, un tipo libérrimo y libertino (por atrevido e incrédulo) que se puso un guión entre sus dos apellidos para que no lo confundiesen con el empresario-productor televisivo al que unos albano-kosovares asaltaron en su casoplón.

El José Luis del que hablo aquí es una mezcla de todo lo anterior. También de ventrílocuo. Habla desde el estómago aunque le provoque indigestión. Periodista, traductor, músico, poeta y granada de mano con el seguro siempre a medio quitar, Moreno-Ruiz acaba de publicar ‘La Movida modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera Editores), una repasito sin compasión a aquella era que llevó a los altares a Felipe González y Pedro Almodóvar. También a Ouka Leele y a Bernardo Bonezzi. Entre otros.

Sus párrafos provocarán sarpullidos. Y a él lo acusarán de resentido, de querer joder la marrana, sobre todo a los que mandaban en la Radio Nacional de España (RNE), donde trabajó mucho durante años. La  Transición española siempre ha sido tabú, igual de intocable que la Movida madrileña. José Luis piensa que aquellos tiempos modernos fuerona pura farsa y teatrillo para beneficio de unos cuantos, de los de siempre.

Por si el PSOE no tuviese bastante con su presente zombificación, ahora llega este tipo de voz gruesa para poner a caer de un burro a los sociatas, término que se utilizaba despectivamente para referirse a los dirigentes socialistas que llegaron al poder en 1982. En más de 200 páginas, el autor relata episodios que apuntalan esa idea de que la modernidad surgida con la Movida en el Madrid de los 80 tuvo mucho de pantomima. Las historias que cuenta son delirantes (e hilarantes), hechos reales y de primera mano que entran de lleno en la desmitificación de ese fenómeno social y cultural.

A José Luis lo conocí en interviú. Entró en la sección de edición en el 92 y cuando coincidimos (finales de los 90) se dedicaba a escribir los relatos eróticos de la chica final, un clásico de la revista. Luego se marchó de emprendedor y no acabó bien la cosa. Ahora tiene 63 años y sigue siendo un provocador, lo necesita tanto como Hillary a Trump, o viceversa.

“El golpe de Estado de 1981 fue un reformatorio y la Movida fue la parte amable, el recreo de aquel reformatorio. Antes del golpe de Tejero había una efervescencia, la gente estaba entusiasmada. Ya en el 78-79 empieza el famoso desencanto tras la aprobación de la Constitución y los pactos de la Moncloa. La gente de la calle, la gente de izquierdas, y no solo en el País Vasco, Cataluña o Andalucía, también en los barrios de Madrid, tenía muchas expectativas, todo era creativo y lúdico, pero con la Constitución se empieza a refrenar todo, hay un vacío. En la izquierda de base la asunción por el PSOE y el PCE de la Monarquía y de la bandera bicolor tuvo un gran impacto. Con el golpe de Estado se acabó todo aquel ambiente. El levantamiento militar se hizo para acabar con ese entusiasmo y La Movida fue el recreo. Los del PSOE pensaron: ‘Ahora hay que darles a estos chicos más pan y más circo; el pan, más o menos lo tienen, y cuando entremos en la Comunidad Europea, habrá más pan, así que ahora vamos a darle a los chavales un poco de circo’”. Moreno-Ruiz dixit. Así, de carrerilla. Y hasta el café tiembla sobre la mesa.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

Si al autor la Movida le pilló de lleno, a mí me cogió de quinceañero. Por suerte, conocí la sala Rock-ola en sus últimos años de vida. Como un rito iniciático-satánico. Allí vi a un cantante un poco macarra cantando boca abajo colgado de unos tubos. Se llamaba Stiv Bators (líder de The lords of the new church). Y aluciné contemplando por primera vez a dos mujeres con las tetas al aire en público. Estaban sentadas en un sofá. Tan panchas. Entre la humareda y los botellines, allí estábamos mi colega y yo disfrutando del visionado cuando alguien nos dijo a grito pelado: “¡son tíos operados!”.  Nos dio igual. Mirar no hace daño.

Con eso y con el concierto de The Smiths en el Paseo de Camoens (1985) se acabó para mí La Movida. Moreno-Ruiz lo ve de otra manera: “La Movida, en total, había sido una especie de casting, una selección de personal en la que al cabo solo cupieron para el reparto de beneficios los enchufados, niños de familia bien, hijos de la casta y de la oligarquía cultural dominantes”, asegura en el libro. Frente a esta élite hubo una tropa de desarrapados venidos de barrios de la periferia, de capitales de provincia y de pueblos de toda España que se sumaron al desfile glamouroso y que al cabo del tiempo “quedarían en las cunetas del sida, en los pozos negros del desempleo o subempleo, y hasta en la mendicidad y el vagabundeo yonki”.

José Luis Moreno-Ruiz admite que esos tiempos modernos tuvieron algo bueno: “lo más divertido es que en esa época había muchas fiestas y se follaba muchísimo. Ibas a un sarao en el Bellas Artes y acababas en la cama con una cantante y una modistilla. Llegué a ligar con una modelo española muy importante sin saber cuál era mi poder de seducción. Nunca me lo he visto. Si fuese tío, no me gustaría. Como decía Groucho, no pertenecería a un club donde aceptaran a gente como yo. Si fuese tía, no me gustaría”.

Entre las obsesiones del autor están Felipe González. En el libro recupera un retrato sin edulcorar del ex presidente del Gobierno, “un híbrido luminoso entre José Sazatornil Saza y Javier Bardem: pura transubstanciación de la eternidad y de la etnicidad española en el consciente diario de la involución de las especies patrias”. Tampoco deja bien parados a Pedro Almodóvar y a la fotógrafa Ouka Lele. “Almodóvar dijo de sí mismo que era el emperador de la Movida cuando fue invitado al baile de la rosa en el Principado de Mónaco. El director dio un cambio drástico, de ‘Laberinto de pasiones’, una comedia mal hecha pero muy divertida, a ‘La ley del deseo’,  película donde comienza con la mariconería en el peor plan, era la continuación de la mafia rosa –ya sé que está muy feo hablar de estas cosas– que se venía dando desde primeros de los 70″. Me cuenta Moreno que cuando regresó a España para hacer la mili –había vivido en Puerto Rico, Nueva York y México– hubo pintores “que me hablaron de la mafia gay en las galerías de arte y editoriales… y en la radio. En RNE había en esa epoca hasta tres mafias rosas diferentes que ademas estaban enfrentadas entre sí, y luego había homosexuales trabajadores de la radio, que solo se dedicaban a trabajar y eran buenos compañeros, y que como no pertenecían a ninguna mafia les tenían machacados”. No os cuento más pero de su época en la radio pública guarda los mejores y peores recuerdos. Disfruta citando a Fernando Poblet, Javier Rioyo, Matías Antolín o Manolo Ferreras, el jefe en aquellos Tiempos Modernos de Radio3 donde él era uno más. Por ese programa pasaba todo dios movidil pero también había importantes reflexiones sobre el artificio y la modernidad. En el bando enemigo solo destaca un nombre: F. G. D. Los que lean su Movida modernosa sabrán quién y por qué.

Memorable es el capítulo dedicado a los lavabos del Palace. Año 1983. La revista La luna de Madrid monta un sarao en los salones del Hotel Palace con casi 3.000 invitados. En el cartel Loquillo y los Trogloditas, el jazz de Canal Street, las Vainica Doble y Golpes Bajos. Además de todos los modernos de Madrid había políticos liberales y socialistas municipales. Y periodistas. Y camellos. En los baños del Palace vio felaciones, muchachas con las bragas por las rodillas fumando con el coño y jaleadas por “cierto poeta muy afeminado y muy ligado a la Revista Poesía”; parejas de chico y chica, chico y chico o chica y chica apretándose todo los que les daban tras los cortinones de los pasillos del hotel… “corría la cocaína más que el agua en los lavabos”. Una periodista de sucesos le fue contando quiénes eran el resto de personajes, entre los que había confidentes, sirleros, descuideros y todo tipo de atracador.

Para Moreno-Ruiz hubo una Movida oficial que fue controlada por el Ayuntamiento de Madrid y algunos ministerios del Gobierno del PSOE, que a través del pesebrismo y la subvención creó una casta moderna “de burgueses toscos y chulescos” que gobernó los negocios de la Movida con mano de hierro. Y duró hasta que se desinfló “el globo sonda hecho con un condón usado”, que es como definió la Movida el asturiano Fernando Poblet, otro de los compañeros de Moreno-Ruiz en RNE, fallecido en 2013. El mismo que dijo que “la posmodernidad es un cuento. Es más posmoderno, por ejemplo, Gómez de la Serna que todas las primas de Almodóvar juntas”.

En palabras de Moreno-Ruiz, cuando el globo empieza a pincharse hubo un trasvase de los movideros al mundo de los yuppies. Y sin disimulo. Habían descubierto el negocio de la posmodernidad. En el libro, el traductor asegura que el poder sociata “había convertido la Movida en una cuestión de Estado. Créase: eran tan difícil dar opiniones en contra, o medianamente sarcásticas, sobre todo aquello, como escribir un artículo pidiendo la República o la nacionalización de la Banca. La Movida era una imagen de marca, un marchamo como reclamo turístico”.

A ratos parece una vendetta con toques cómicos (y patéticos) –lo de los movideros pasándose todos al bando de la tauromaquia es antológico, tanto que hasta intentaron que los matadores saliesen vestidos de Agatha Ruiz de la Prada–, pero también da cierto repelús pensar que esos años, que se vendieron como la apoteosis de las ansias de libertad de los españoles, estuvieron siempre bajo control, que fue en realidad una lucha de clases entre la oligarquía cultural y lo que Moreno-Ruiz denomina “menesterosos”. “Fue una gran mascarada –explica– con intención política muy concreta y los ‘sociatas’ se lo montaron muy bien, el dinero entraba a espuertas y se lo hicieron muy bien. Al que sí valoro es a Narcís Serra, hizo una reforma militar total, fue implacable para quitarse a todo el facherío que había”.

Creo que voy a seguir soñando con que la Movida fue como La bola de cristal ¡Viva el mal! ¡Viva el capital! Si lo pienso de verdad, no fue tan bonito. En un mismo año, 1983, unos policías  mafiosos hicieron desaparecer a un delincuente común y una televisión pública cedió a las presiones de la caverna por la emisión de una canción punk que decía ‘Me gusta ser una zorra’. Barrionuevo ¿dónde está el Nani?

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“Hagan algo, nuestro dolor es ahora”

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

Todas las contraindicaciones, efectos secundarios y paradojas de esta nuestra realidad se me echaron ayer encima. Resulta que estuve escuchando a apasionados científicos –de aquí y de fuera– relatar sus años de investigación –algunos desde los 1964– para demostrar el potencial terapeútico del tetrahidrocannabinol (THC) y del cannabidiol (CBD), dos de los principios activos que se encuentran en una planta llamada cannabis sativa. Vamos, en la marihuana. Escuché también a médicos de atención primaria y urgencias destacar las mejorías de algunos de sus pacientes que combinaban fármacos convencionales con aceites de cannabis. Y me emocioné cuando salieron al estrado madres de niños con epilepsia refractaria que habían perdido la esperanza y la dignidad. Ellas contaron que aunque sus pequeños no se han curado, los extractos de cannabis han logrado disminuir la irritabilidad, que sean más empáticos y sufran menos convulsiones. Y no es una chorrada, estar un poco más sano, tener más calidad de vida y ser más persona no es una broma. Hasta me pareció conmovedor ver a todo un catedrático de Biología de una universidad pública confesar que la colitis ulcerosa que sufre no le dejaba vivir y que decidió probar con la marihuana, se automedicó y controló durante un año entero para acabar yendo muchas menos veces al baño, subiendo de peso y con menos dolor.

Después, cuando llegué a casa y me relajé de tanta charla, pensé en lo injusto que es todo. Investigadores de prestigio, facultativos de vocación, enfermos y familiares que sufren… todos juntos clamando para que se regule de una vez una sustancia que mejora la salud pública, para que haya más ensayos clínicos, para que haya un acceso universal, una información veraz y unos protocolos de dispensación… No piden el cielo. Si la planta no se llamase marihuana, no estaría escribiendo esto. La morfina y la codeina, por poner un ejemplo, se extraen de la amapola del opio, la misma adormidera con la que se produce la heroína, y nadie se queja. En otros países, empezando por EEUU, lo han entendido perfectamente pero aquí, en esta España en funciones, todavía no hay voluntad política. Para torcer esa cerrazón nació ayer el Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM). “Hagan algo, nuestro dolor es ahora”, insistían los pacientes presentes en el auditorio del CaixaForum Madrid. Y lo más curioso, la palabra porro apenas se citó un par de veces. No hacía falta. Claro que hay pacientes que fuman marihuana y que la compran en el mercado negro. No les queda otra. Del otro consumo, el de los adultos a los que le gustan los efectos de la marihuana, no se habló. Es otro debate aunque si el cannabis fuese legal, tampoco creo que estaría escribiendo esto. Paradojas, contraindicaciones, efectos secundarios.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo. Foto: David Calle.

No es el momento de explicar por qué el THC y el CBD se acoplan perfectamente a receptores cerebrales que tienen que ver con la actividad y la coordinación motora, el apetito, la memoria, los vómitos y la naúseas, el estrés o el dolor; ni cómo el organismo del ser humano y otros animales produce de forma natural sustancias similares a estas moléculas… cualquier duda la resuelven mejor los expertos de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC).

De la jornada de ayer me quedo con el testimonio del médico José Martínez Orgado, profesor en la Universidad Autónoma y responsable del Servicio de Neonatología del Hospital universitario San Carlos de Madrid. ¿Sabiáis que al año mueren en el mundo un millón de bebés por falta de oxígeno en el parto y otro millón tiene secuelas por el daño cerebral que provoca la asfixia neonatal? Pues bien, Martínez Orgado lleva casi un década investigando la eficacia del cannabidiol (CBD) –uno de los principios activos más conocidos de la marihuana por ser antioxidante, antiinflamatorio y con una toxicidad bajísima– en estos recién nacidos. Y le ha ido tan bien que en 2017 comenzará un ensayo clínico “de verdad”. Hasta el momento lo ha demostrado en ratones, ratas y cerdos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.
Foto: David Calle.

Martínez Orgado explicó que llegó al cannabis por azar, porque un compañero de la Complutense le dijo que los cannabinoides podrían valer para su investigación. La eficacia del CBD ya la ha probado el médico in vitro, donde ha visto cómo se reducía la muerte de células del cerebro de animales recién nacidos; también en vivo con roedores, donde disminuía el daño neurológico; y por último con cerdos neonatos, comprobando que el CBD aumentaba la actividad cerebral. “Hemos demostrado que el CBD influye muy positivamente en el cerebro, y también mejora la función arterial y respiratoria. No hay ninguna duda, este principio activo de la marihuana es uno de los más potentes antiinflamatorios y antioxidantes que existen y practicamente sin efectos secundarios. Los beneficios son muchos más que sus riesgos”.

La intención del doctor es que el CBD administrado de forma intravenosa pueda complementar el actual tratamiento para estos daños cerebrales. Ahora se usa la hipotermia, enfriar la temperatura del cuerpo, “pero sólo la hipotermia no está valiendo de mucho”, reconoce. Como los cannabinoides son sustancias grasas que no se disuelven en el agua, el responsable de Neonatología del Hospital San Carlos está colaborando con una empresa farmacéutica británica para producir un compuesto que se pueda administrar por vía intravenosa y que en breve estará listo para el ensayo clínico. Otra de las ventajas del principio activo de la marihuana es que se podría aplicar, “y funcionar”, dentro de las 18 horas después del nacimiento. Para intentar agilizar el ensayo, Martínez Orgado ha optado por negociar el comienzo del ensayo con la Food and Drugs Administration (FAD) de EEUU, que es más ágil que la European Medicines Agency (EMA). Habrá lesiones cerebrales que sean imposibles de mejorar pero el optimismo que mostró ayer en Madrid Martínez Orgado se contagió a todo el auditorio.

Por estos recién nacidos y otros enfermos, que ven que los tratamiento farmacológicos más extendidos no terminan de funcionar, afectan negativamente a su calidad de vida o no son compatibles, no estaría mal que la clase política se pusiese cuanto antes manos a la obra para crear una regulación sobre el cannabis medicinal. Por si se les olvida, responsables del Observatorio ya han empezado reuniones con grupos parlamentarios (PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos), alcaldes de grandes ciudades y el Defensor del Pueblo. En breve presentarán también un anteproyecto de ley que haga del cannabis medicinal un principio activo “de acceso universal y que elimine el estigma social de estos pacientes”, explicó Cristina Sánchez, profesora de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense y miembro de la junta directiva del OECM.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Muchos enfermos con cáncer, dolor crónico o neuropático, esclerosis múltiple, epilepsia infantil, enfermedades digestivas inflamatorias como Crohn o la colitis ulcerosa, esquizofrenia, shock post traumático o daño cerebral por asfixia en el parto agradecerán a la clase política esa voluntad de cambiar las cosas que podría mejorar su salud. Pues eso, salud.

 

 

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Ecoporno vintage y poesía

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

El viento me ha dado unos más que sugerentes azotes este mes de agosto. El levante ha sido un niño mal criado y cansino, sobre todo en el sureste andaluz. No ha dejado de dar la brasa y a mí me ha vuelto loco. Menos mal que uno es previsor: llené la maleta con entretenimientos varios que tornasen la locura en un poco de sexo y poesía.

Antes de las vacaciones, Karmele y Juan me regalaron un ejemplar de Forbidden erotica. The Rotenberg Collection, uno de esos increíbles tochos de la editoral Taschen que tratan sobre tetas, coños, culos o pollas. El libro era un espectáculo: cientos de fotografías realizadas entre 1860 y 1960 de hombres y mujeres retratados haciendo felaciones, cunnilingus, tríos, orgías, fusiones en vertical y horizontal, la cuchara o la tijera, vestidos o disfrazados, mirando a cámara o no… Hay mujeres acariciándose y chupándose, tipos con rabo en alto y a la espera, muchas mamadas, algún que otro negro y alguna que otra escena entre hombres homosexuales. Mucho estilismo y atrezzo de la época.

Todas pertenecen al coleccionista Mark Rotenberg, que atesora más de 95.000 fotografías sicalípticas. Se nota que en la mayoría manda la mirada masculina y la fantasía del hombre heterosexual. Muchas de las modelos eran prostitutas, las mismas que luego posaban para los pintores y escultores de renombre. En aquel último tercio del siglo XIX se popularizó la tarjeta postal erótica. El porno ya no era solo para la aristocracia.

Pues bien, me quedé tan sorprendido con algunas de esas instantáneas que se me ocurrió fotocopiar medio centenar, pillar tijera y cúter, y siluetearlas sin saber que el viento, el bendito levante, iba a dotar de movimiento aquellas estampas . El resultado son estos collage-ecoporno-vintage que he venido en llamar follage. He subido a Twitter uno por cada día de agosto (en Facebook e Instagram no me atreví, por esos lares se esconden vigilantes malos). Para que nadie se los pierda, los he subido a una plataforma de vídeos. Aquí tenéis unos cuantos. Feliz follage.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El maestro, la memoria, el verano

Santos Ruano con sus alumnos, en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Santos Ruano con sus alumnos en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Los recuerdos de verano (de los veranos) pesan un quintal. Quedan adosados a uno para siempre. Sobre todo los de la adolescencia y juventud, los que tienen que ver con excitarse, sufrir, descubrir, sentir… También hay olores y sabores del estío imborrables. Besos mal dados (por ansiedad, vergüenza o ignorancia) y bailes malditos que se arrinconan en la lista de imágenes inconfesables. Al pasar los años solo quedarán algunas cartas y fotos, y la nostalgia de cuando no se vivía el presente, sino el instante.

Durante muchos años mis recuerdos estuvieron vinculados a Marchena, un pueblo del sureste sevillano. Cada verano, mi madre –andaluza de Jaén– nos llevaba allí, a casa de su hermana gemela (mi tía), para pasar de julio a septiembre. Lo siento pero ahora toca la retahíla de recuerdos: piscina municipal, sandwich de nata, caseta de feria, discos de Genesis, fútbol-chapa, Vespino, molletes, tomate Apis, calor (mucho calor), olor a aceite de almazara, cigarros aliñaos, el Madriles, las catalanas y el vasco, las tortas de manteca y el orazú (regaliz), la Manoli y la Vilches, el rock de Silvio, cine de verano, la manguera, el Sofá Club, los reservados del disco-pub Ratos Agradables, las resacas de Fino, las Zapico, la Merry… Y mis primos.

Hace muchos años que no paso por allí. Un día de estos tendré que enfrentarme a mis recuerdos. No sé cuántos quedarán. Mientras, he regresado mentalmente a Marchena por una historia real (y cercana) sobre memoria y verano. Mucho más importante, triste y cruel que los miles de recuerdos de un chico de finales de los años 70 y principios de los 80.

El 24 de agosto de 1936 –hoy hace justo 80 años– fue asesinado en Marchena el maestro Santos Ruano Mediavilla, un hombre de 39 años, “de conducta honrada que siempre trabajó por la enseñanza de los niños” (así constó en su expediente de depuración) y afiliado al PSOE. Aquel fue un verano de terror. No habían pasado muchas semanas desde el 18 de julio, día de la sublevación militar contra el gobierno legal republicano. Todo empezó en África pero Sevilla y otras zonas de Andalucía fueron las primeras en recibir la llegada de los nacionales. La represión inicial golpeó en todos los pueblos: desapariciones, asesinatos, humillaciones, vejaciones, depuraciones… En aquel negro verano del 36 fueron fusilados o asesinados más de 200 marcheneros. Los golpistas robaron los recuerdos veraniegos de muchísimas familias de Marchena para instaurar la desmemoria.

 

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Marchena tenía por entonces cerca de 20.000 habitantes. Santos Ruano (1897-1936) fue uno de los 60 maestros y maestras fusilados en la provincia de Sevilla tras el golpe militar. Según el historiador José María García Márquez, “la sangría que se produjo entre los maestros, con asesinatos en treinta y dos pueblos, tuvo un marcado cariz político. La persecución buscó su militancia política y sindical y, además, el carácter laico que, conforme a la ley, imprimieron muchos de ellos a la enseñanza en sus clases”. En mayo de 2016 se presentó Primaveras de Memoria. Marchena, 1936-2016 (Ed. Aconcagua), libro coral coordinado por Javier Gaviria Gil y que sirve de homenaje a las víctimas del fascismo en la localidad sevillana. El capítulo sobre el maestro Santos Ruano lo escribe su nieto Raúl Ruano Bellido, profesor de Historia en un instituto de Secundaria de Córdoba, doctor en Sociología y estudioso del anarquismo en nuestro país.

Raúl recuerda a su abuelo con una hermosa epístola dirigida al propio maestro asesinado. Ha hablado con quienes fueron alumnos, con sus amigos, ha recorrido las calles para imaginar su aula, ha recopilado documentación para que las puntadas sean certeras. Así sabemos que la clase de Santos Ruano estaba presidida por un esqueleto de gran tamaño, era luminosa y de grandes ventanales, y además de biblioteca y mapas había una radio, un proyector y un busto que le hizo su amigo el escultor José Montes, también asesinado el 24 de agosto de 1936. Al maestro le gustaba hacer salidas con sus alumnos todas las semanas, tenía una caligrafía pulcra (la misma que heredó su hijo Francisco), le gustaba el violín y las partituras… En 1931 formó parte de la lista del PSOE por el distrito primero de Marchena. Le votaron 255 vecinos. El maestro municipal pasó a ser síndico del primer ayuntamiento tricolor y miembro de Instrucción Pública. A Santos le importaba más el pulso del lenguaje que la ortografía. Era un defensor de los adjetivos porque llenaban de cualidades el mundo y con ellos podía concretarse una ética y una política. Los problemas sociales era sin duda lo que más le preocupaba. Estamos en tierra de jornaleros explotados, de oligarcas…

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

El nieto –”antes de haber nacido ya perdí a mi abuelo”– sostiene en el libro que debería existir una oficina de objetos perdidos reservada al verano de 1936. Allí estarían la máquina de escribir del maestro Ruano, su proyector y su violín. Su radio fue utilizada por un rojo perseguido por el franquismo que tuvo que esconderse en su propia casa. Usó el aparato como único vínculo con el mundo. Esa radio todavía funciona 80 años después gracias a las manos de Óscar, otro de sus nietos. Recuerdos de verano. De los que pesan un quintal durante generaciones.

Lo curioso es que el maestro Santos Ruano no nació en Marchena, sino en el pueblo vallisoletano al que desde hace quince años acudo, al menos, una vez al mes por cuestiones familiares. Está en esa tierra de campos, de horizontes lejanos, donde se generan recuerdos veraniegos que también se adosan. Se llama Medina de Rioseco y allí también cundió la desmemoria tras el golpe franquista, en una zona donde no hubo frentes militares pero sí barbarie, vendetas, rencillas, odios, miseria. Los Montes Torozos, pertenecientes al municipio, sirvieron de lugar de ejecución y enterramiento ilegal. Las víctimas formaban parte de sacas que los sublevados fascistas iban haciendo por los pueblos de la comarca. El lugar se convirtió en una gran fosa común.

Historias como estas las hay por toda España. He escogido la del maestro porque lo asesinaron en verano, hace ahora 80 años, porque los recuerdos de esta estación siempre se adosan más de lo normal y porque los nietos de Santos Ruano son mis primos. Salud.

 

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Brigitte, Pamela, Lluvia… y los animales

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Hay algunos aficionados taurinos que deberían comer menos carne roja y aprender a respirar. A mí no me ha ido mal. Lo dice el hijo de un carnicero –jubilado cuando llegó el euro– que todavía guarda aquel delantal de raya fina verdinegra como homenaje al tajo de madera y a las hachuelas de acero que fileteaban las piezas con una suavidad inigualable. Y lo digo por la reacción de unos pocos defensores de la llamada Fiesta Nacional ante la portada protagonizada por la actriz Lluvia Rojo en interviú. Le han dicho de todo, incluso puta, por afirmar que “en España seguimos a la cola en cuanto a derechos de los animales. Es el país donde más animales se abandonan, donde se ahorcan perros cuando ya no sirven para la caza, donde hay corridas de toros, un espectáculo terrible que pertenece a otra época y a otra mentalidad. Los toros tienen sus días contados, las nuevas mentalidades no aceptan la tortura de un animal hasta su muerte para la diversión de unos pocos”. ¿Y si fuera verdad?

No he abierto el gestor de este blog para montar el pollo. Lo más recomendable es ignorar la mala educación. Vengo para hablar de tres animalistas, tres mujeres que separadas por edad, lugar de procedencia y pensamiento, libran una batalla diaria en defensa de los derechos de los animales y en contra de la crueldad: Brigitte Bardot, Pamela Anderson y Lluvia Rojo. Las tres son actrices y las tres han sido portada de esta revista, que ahora cumple 40 años. La francesa pronto hará 82 y sigue con su fundación contra el maltrato. La norteamericana –a punto de los 50– participa en campañas de PETA y está muy preocupada por el Medio Ambiente. Y la Pili de Cuéntame, que este año cumplirá los 40, colabora con la Asociación para la Liberación y Bienestar Animal (ALBA), además de protagonizar campañas animalistas.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Nadie puede negar el amor que siente BB, uno de los mayores símbolos sexuales de la década de los 60, por los animales. Desde su fundación, creada a mediados de los 80, lo mismo se preocupa por una tétrica perrera del sur de España que pide que se prohiba por ley el sacrificio de caballos con objetivos alimenticios o exige la sedación de los corderos que sacrifican los musulmanes. Hasta Sea Sheperd, una de las organizaciones ecologistas más importantes del mundo, tiene un barco con su nombre. Es con el Islam con quien Bardot no termina de congeniar. Conocidas son sus declaraciones islamófobas y su apoyo al ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen. De hecho, ha sido condenada más de una vez por comentarios xenófobos.

interviú 1976.

interviú 1976.

De Pamela Anderson qué puede decirse. Desde siempre, la vigilante de la playa más famosa apoya activamente a PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales), el mayor grupo por los derechos de los animales en el mundo, con más de dos millones de miembros y que centra su activismo en protestar contra la cría intensiva de animales de granja, los experimentos con animales o el maltrato (las peleas de gallos o las corridas de toros).

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

La explosiva Anderson, que también preside una fundación, subastó el año pasado un baile con ella en Rusia para recaudar fondos destinados a proyectos ecologistas en aquel país. No hace mucho revolucionó la Asamblea Nacional francesa cuando fue invitada por una diputada gala para apoyar la prohibición de cebar a las ocas usadas en la producción de fuagrás. Su última iniciativa ha sido pedir menús veganos para las cárceles de varios estados de EEUU. La actriz, nacida en Canadá y vegana convencida, asegura que con esta medida se ahorrarían millones de dólares y mejoraría la salud de los reclusos.

Cuando nació Lluvia, jarreaba en Madrid. Fue en noviembre de 1976. Así eligieron sus padres el nombre. A los quince años, estudiando en Nueva York, se hizo vegetariana y ahí empezó su conciencia animalista y ecologista. En la entrevista que acompaña las fotos de interviú no pude incluir que Lluvia y Kevin (su chico) se dedican a llevar perros abandonados desde España a Alemania porque allí les tratan mejor. Tampoco os conté que fue una de los personajes conocidos que propuso al alcalde de Tordesillas (Valladolid) montar un festival de música para promocionar el pueblo y sustituir el lamentable espectáculo del Toro de la Vega. De la Asociación para la Libertad y el Bienestar Animal (ALBA), la actriz de Cuéntame se ha llevado a su casa, de acogida, una cerda vietnamita, Lucy. “La gente los abandona cuando no pueden con ellos. Su pulsión máxima es comer. Como son omnívoros y muy resistentes, sobreviven. Y cuando son abandonados se reproducen muy fácilmente”, me explicó.

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Quizá Lluvia sea la más comprometida políticamente de las tres. Desde hace años apoya publicamente al partido ecologista Equo, ahora en coalición con Unidos Podemos. “Si, soy ecologista total y me flipa la política pero la mediocridad de muchos políticos me da hasta grimilla, como a la mayoría de españoles. Estamos cansados y decepcionados. Eso no significa que no vaya a votar, porque siempre he votado. Quiero que esto cambie, apoyo a Equo porque me gusta, pero Podemos no”.

Pues ya está. A Brigitte, Pamela y Lluvia, los animales más bellos del mundo… con permiso de Ava Gardner, las tendrán siempre en interviú. Feliz semana. Si antes escuchásteis a la actriz con su grupo No band for Lluvia, aquí os dejo a Morrisey con Pamela en Earth is the loneliest planet.

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A propósito de El olivo (y la Memoria Histórica)

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

“La abuela también habla muchas veces de los olivos ¿verdad?”. En la pregunta subyace una duda razonable, sobre todo si se formula nada más acabar El olivo, la última y emotiva película de la directora Iciar Bollaín. Hija y padre hemos asistido a un bonito cuento sobre el amor a la tierra en época de becerros de oro pero me ha quedado la sensación –y tiene pinta de que a la niña también– de que los olivos que salen en el largometraje no son los mismos árboles de lo que habla la abuela.

El olivo reivindica la lucha y la obstinación por cuidar el suelo que nos ha visto crecer, por salvaguardar un patrimonio paisajístico frente a la apisonadora de la especulación. Ayuda a entender que el dinero no siempre lo es todo, que la naturaleza es terapéutica o que el entorno también es cultura. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad entenderá las razones del abuelo para evitar que arranquen su viejo olivo, ese que esconde siglos –dicen que estos árboles llevan con nosotros más de 3.000 años–, heladas, tiempos de sequía, juegos de niños y besos sombríos. Y muchos harían como Alma, su nieta. Viendo que su familia malvende el olivo y que su abuelo empieza a morir en vida, decide buscar el árbol allá donde esté, donde fue llevado a la fuerza. Piensa que solo el olivo puede curar a su abuelo. Al viejo le han arrancado de raíz su alma y Alma se arranca mechones de pelo porque no está conforme con su vida, necesita una reacción, algo que le haga sentir viva.

Hasta aquí la película de Bollaín. Ahora viajemos a los olivos de María, mi madre. Su visión del olivo no es tan bucólica. Sí tan expresiva como la de la película recién estrenada. María Bellido nació en 1936, el año de la guerra, en un pueblo de Jaén subido a una loma y rodeado hasta donde alcanza la vista por miles y miles de olivos. Su nombre, Porcuna, la Obulco romana, la Bulkuna de Al-Andalus.

El año que nació mi madre, el pueblo sufrió lo que otros muchos: bombardeos, destrucción y muerte. El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano quería tomar el pueblo y le debió costar. Allí lucharon brigadas internacionales, milicianos y tropas republicanas venidas de muchos puntos de España. Según las últimas investigaciones hubo 684 víctimas del franquismo en Porcuna entre asesinatos, represión política o muerte en combate.

La posguerra no fue mejor. Mi abuelo trabajaba en una fábrica de aceite y mi abuela cuidaba de la prole. A María le cuesta recordar cuántos hermanos eran porque algunos murieron antes de ella ser consciente. “Cuando murió Juan con 20 años, de meningitis, quedamos vivos cinco. ¡Ay mi Juan, cómo tocaba la trompeta! Era una delicia escucharle”. Ella nunca ha perdido el humor. Eso y que tenía una hermana gemela le impide recordar aquella mierda de vida como algo horrible. “Muchos días solo teníamos para comer la monda de las patatas de otros. Las cogía mi madre y las freía”. Con más o menos 14 años, allá por el comienzo de la década de los 50, todos tenían que apañárselas para traer alguna perra gorda a casa. Entonces apareció el olivo. Los potentados de la zona contrataban a cuadrillas en enero y febrero para la primera recogida. Ella, sus hermanos y muchos otros vecinos pobres del pueblo se deslomaron en los olivares para echarse un bocado al estómago. Los olivos no eran suyos, la tierra no era de quien la trabajaba. Semanas después, cuando acaba la cosecha, les dejaban ir a la rebusca para encontrar aquellas aceitunas que se habían despistado. Esas se las quedaban para ellos o las vendían.

“Nos llevaban a un cortijo, donde vivíamos durante la recogida. Allí había camastros, una mesa y un fuego. Al amanecer nos atábamos un refajo a la falda y con la helada salíamos hacia los olivos. Los hombres vareaban el árbol y las mujeres, de rodillas y sin guantes, separábamos las ramas de las aceitunas. Metíamos las olivas en un gran cesto de mimbre con dos asas y las llevábamos al carro. A la hora de comer, un trozo de pan con aceite y bacalao crudo, y por la tarde toda la cuadrilla se iba al cortijo”. María recuerda que serían unas seis personas por árbol. Con 79 años todavía se pone de gatas para enseñarme la posición en la que se pasaban horas y horas bajo el olivo.

Para ella, para cientos de miles de andaluces, el olivo era supervivencia, la única forma de sobrevivir si no eras de familia terrateniente y no tenías estudios. O eras de los perdedores. En aquel tiempo y para aquellas gentes el apego a la tierra no existía. El futuro estaba en marcharse del sitio que les vio nacer. El olivo, entonces, ya no es reivindicación cultural, ecológica, emocional. Es Memoria Histórica.

Me he animado a escribir este episodio porque el otro día compartí un precioso rato con Nieves Concostrina, Jesús Pozo, Tamara Crespo y Fidel Raso en Urueña, la villa de los libros, un pequeño pueblo vallisoletano salpicado de cultura y librerías. Allí, Nieves, la periodista que conocí en Diario 16, presentó su novela Antonia (La esfera de los libros), un viaje catártico al pasado de su madre, una analfabeta funcional como la mía (y a mucha honra) que supo sacar como nadie a sus hijos adelante entre la miseria de la posguerra española. Concostrina dijo que la historia de su madre es como la de miles de mujeres de aquel momento de la historia de España, todas igual de importantes y merecedoras de no ser olvidadas. Pues eso ¡a vivir! Os dejo el trailer de la película de Bollaín.

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Cinco días de mayo, cuatro gatos

En recuerdo del 15M (Foto: Alberto Gayo).

Recordar que tengo que escribir del 15M.
(Foto: Alberto Gayo)

Quiero pensar que todos los que estuvieron en la Puerta del Sol de Madrid aquellos días de mayo de 2011 son hoy mejores ciudadanos. No digo con esto que los que no lo hicieron sean peores, pero algo ocurrió en aquella plaza, algo despertó entre las fachadas, adoquines y kioscos del lugar más emblemático de la ciudad. Cuando llegué a la redacción de interviú tras las primeras noches de acampada, alguien con reputado criterio me dijo: “¡Tiene pinta de que la protesta acabará pronto, son cuatro gatos, cuatro antisistema!”. Intenté explicar a mi compañero lo mismo que le conté a mi pareja casi un mes antes, el 7 de abril. Era por la tarde, desde el balcón de nuestro piso en Lavapiés escuché follón en la plaza de Antón Martín, parada obligada en cualquier manifestación ciudadana por el centro de Madrid. Bajé sin arreglar y de repente observé que los lemas coreados, el perfil de los participantes y los motivos de aquella convocatoria no eran los de casi siempre: “En esa manifestación no hay banderas de sindicatos, no hay hoces y martillos, hay chavales de todo tipo, critican a los banqueros, al PSOE y al PP por igual y se hacen llamar Juventud sin futuro. Algo está sucediendo”, le dije. Creo que ese día comenzó el 15M.

Mis dotes de visionario suelen estar bajo mínimo. Y mira que ser vecino de uno de los barrios más castizos, multicultural y combativo de la capital agudiza el sónar mental. Por eso, cuando se produjo la movilización ciudadana en mayo yo no vi solo “cuatro gatos antisistema” en la Puerta del Sol. Había algo más entre aquella masa de cabezas.

De joven gritaba 'El arte ha muerto, todo es Dadá'. Hoy detengo jóvenes sin futuro. ¡¡Qué arte tengo!! [Manifestación plaza de Antón Martín, Madrid. 7 de abril de 2011]. By Jong Ki Love

De joven gritaba ‘El arte ha muerto, todo es Dadá’. Hoy detengo jóvenes sin futuro. ¡¡Qué arte tengo!! [Manifestación plaza de Antón Martín, Madrid. 7 de abril de 2011]. By Jong Ki Love

En esos cinco días de mayo que pasé por la Puerta del Sol conocí a vecinos de La Latina que se alternaban cada semana para preparar un guiso a la anciana discapacitada del piso de abajo, ya sin fuerzas para salir. Saludé a jubilados que colaboraban en un huerto urbano junto a Embajadores. Descubrí a estudiantes que tras la discusión se cruzaban miradas que no sé en qué acabaron. Reconocí al fontanero del barrio de mis padres hablando en un corrillo sobre los problemas de los autónomos. Sentí que algún activista de izquierdas pisaba las calles nuevamente para tranquilizar la conciencia. Me tomé latas de cerveza con otros periodistas con la misma intuición. Coincidí con madres del colegio –socialistas, liberales, ácratas… había de todo– que desprendían nervios. Vi a técnicos de sonido y músicos de segunda fila aportando material e instrumentos para un concierto improvisado. Me crucé con mi vecino, el que bajaba a dar gritos contra un desahucio de otro vecino. Quedé con una de mis hermanas, la enfermera de hospital público de la periferia. Y hablé por teléfono con mis padres porque era imposible cruzar la plaza, y más con setenta y pico años… Claro que todo el mundo estaba indignado (pero era una indignación que transmitía buen rollo). Juro que no pasé del par de birras callejeras por día. Los presentes estaban mosqueados con los bancos, los corruptos y con esa forma de democracia que veían insuficiente y contaminada. También escuché muchos comentarios de autocrítica: ¿por qué no hemos protestado antes?

Desde que los micrófonos se derritieron por la desinformación, ahora pulso el ritmo de la calle con un cornete. [Manifestación Democracia Real Ya, calle de Alcalá, Madrid. 15 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Desde que los micrófonos se derritieron por la desinformación, ahora pulso el ritmo de la calle con un cornete.
[Manifestación Democracia Real Ya, calle de Alcalá, Madrid. 15 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Confieso que estuve de miranda (soy curioso profesional), de oyente y también participando con mi presencia. No cogí el micrófono, no clavé un tablón, no dormí al raso (vivía al lado y nunca me gustaron los sacos de acampada, no puedo moverme a mis anchas) pero algo caló. Esta semana he leído el reportaje de mi compañera Esther Ortega en el que repasa dónde están algunos de aquellos primeros indignados que se quedaron en Sol a dormir.

"Tomad mi palo, ya me darán mi zanahoria". [Puerta del Sol, Madrid. 18-M]. By  Jong Ki Love

“Tomad mi palo, ya me darán mi zanahoria”.
[Puerta del Sol, Madrid, 18 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Pablo, por ejemplo, se fue a Rojava (Siria) para apoyar la revolución kurda desarrollando allí un proyecto de fertilización natural; Sonia, periodista, sigue participando en la defensa de sus vecinos de Carabanchel a través de la Asamblea Popular; Miguel, uno de los fundadores de la organización que convocó aquella protesta del 15M, trabaja hoy para una empresa privada y también imparte talleres para niños; Fabio, una de las caras más visibles de la acampada, está centrado en su agenda de comunicación después de participar en el partido del exsocialista Alberto Sotillos; Jon se retiró de la primera línea de Democracia Real Ya, acabó la carrera de Arquitectura y combina su activismo con una empresa. Son solo unos pocos casos. Luego están los listos de la clase, los que hoy ocupan escaños parlamentarios, sillones de concejal o tribunas periodísticas. A ellos les hemos visto crecer como al protagonista de El show de Truman. Aquel 15M era de la gente anónima. Y todo bajo la atenta mirada de la actriz Paz Vega, la chica L’Oreal que vigilaba los movimientos desde su atalaya publicitaria.

Me ordenaron acabar con la revuelta antes de tiempo. Ahora es tarde para apretar el gatillo. [Puerta del Sol de Madrid, 19 de mayo de 2011]. By  Jong Ki Love.

Me ordenaron acabar con la revuelta antes de tiempo. Ahora es tarde para apretar el gatillo.
[Puerta del Sol de Madrid, 19 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love.

¿Qué ha quedado de aquella movilización social? Desencanto, alguna desilusión, otra forma de ver la realidad –quizá lo más importante–, seguro que muchos proyectos de colaboración  (culturales, sociales, vecinales…) y mil planes. Como me dijo en una entrevista la cantante y actriz Najwa Nimri (sí, la mala malísima de las presas de Vis a vis que ya no lo es tanto): “Ya no creo en las revoluciones, solo en la individual, en que la solución será por contagio. Tú cambias de forma de actuar sin decir nada y la gente se contagia. Solo la imaginación provoca el acontecimiento. La imaginación no es una vía, es la única alternativa”. Pues eso, imaginación al poder. Con este texto hago memoria de aquellos cinco días de mayo y de aquellos cuatro gatos. Lo que pasó después cada cual lo vive, lo bendice o lo maldice a su manera.

Con un factor de protección 50 los tertulianos se hacen más llevaderos y no dejan marca [Acampada Puerta del Sol, Madrid. 22 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love]

Con un factor de protección 50 los tertulianos se hacen más llevaderos y no dejan marca
[Acampada Puerta del Sol, Madrid. 22 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love]

Dos cosas para acabar, el texto está ilustrado con micropoemas visuales realizados por Jong Ki Love el 7 de abril y los días 15, 18, 19 y 22 de mayo. Fuímos inseparables. Y la reportera de interviú Esther Ortega (@Esther_Ortega) tiene muchas fotos del 15M y las movilizaciones posteriores. Dice que las subirá a Twitter a partir de este fin de semana. Salud. P.D. Un abrazo grande para Carlos Torres. Como diría Loquillo, siempre libre.

 

 

 

 

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Nicho 666

En el cementerio (by JongKiLove)

En el cementerio (by JongKiLove)

Todos los personajes y situaciones descritos a continuación son reales. Estaba deseando empezar así un texto. Soy básicamente empírico y no suelo inventarme nada. Lo que paso a relatar a continuación entraría en el género del cuento breve de suspense basado en hechos verídicos. Ocurrió el pasado 23 de abril hacia las 12,30 de la mañana en Madrid. Era uno de esos días fríos y soleados que acabaría en nublado y luego en lluvioso.

–¿Quieres que vayamos en bici hasta el cementerio de la Almudena?

–¿Al cementerio?

–Sí, es como una ciudad. Entran hasta los autobuses de la EMT. En vez de barrios con edificios llenos de vivos, hay calles con miles y miles de muertos bajo tierra. No es un sitio feo, hay muchas flores y se ve el cielo todo el tiempo.

–Vale, me llevo el móvil para hacer fotos.

–Cogemos unas pipas y un libro y nos sentamos un rato allí. No creo que hoy haya mucha gente.

A mi hija –y a muchos más críos de su edad– le atraen sobremanera los zombis, las heroínas que luchan en mundos distópicos, en planetas destrozados por el egoísmo humano. Por un lado no quiere tener pesadillas pero es una yonqui del terror: solo se va a la cama si antes ha escuchado desde el pasillo la sintonía de inicio de The Walking Dead. Sabe que no puede ver todavía esta serie. Disfruta con que le haga un resumen al día siguiente.

–Coge la gorra y el abrigo, y vámonos.

Unos cuantos kilómetros y repechos después llegamos a la Puerta de O’Donnell de la Almudena. El paisaje lo dice todo. Dos o tres grandes kioscos de flores flanquean la entrada. Muchos nichos, muchas lápidas, algún panteón. Caminos que suben, que zigzaguean, carreteras asfaltadas que llevan a los distintos sectores del camposanto. Poco público. Los autobuses públicos llevan a algún viudo, a alguna hija que se quedó sin madre antes de tiempo, a alguna familia venida de fuera que tardará en encontrar a su ser querido.

Hay bancos y también pequeñas áreas con césped. Un descansito no viene mal. La peque se ha llevado un libro de la saga de ‘Los juegos del hambre’. Más que leer, mira por encima del libro a su alrededor. Pensará que está sentada sobre una legión de restos humanos. O quizá para tranquilizarse imagina la segunda parte del Thriller de Michael Jackson. Mi elección es lo nuevo de José Ángel Mañas, ‘Todos iremos al paraíso’. Tengo que llamar un día de estos al autor de Kronen, uno de los protagonistas de su novela recién estrenada es un “periodista en un semanario de gran tirada, asentado desde la época de la Transición” que llega a subdirector, “sin vocación y sed de triunfo pero perspicaz y atento a la realidad”. No he seguido leyendo porque me he asustado.

Al rato, pillamos las bicis y nos damos un garbeo por el interior del muro perimétrico, el que está junto a la entrada de la Puerta de O’Donnell. Es una subida pronunciada. Nos bajamos y vamos andando con la bicicleta a cuestas. Los nichos, más pequeños de lo que creía, están numerados de arriba a abajo. Si no recuerdo mal hay cinco o seis por fila.

–Papá, ¿qué nombre pondrá en el número 666?

–¡Hostias, es verdad! (el improperio lo he soltado sin querer y le vuelvo a repetir que hay que hablar sin tacos, que para malhablado ya estoy yo).

El corazón se acelera mientras nos acercamos al número de la bestia. 661, 662, 663, 664, 665 y…

–¡Hosti papá, mira! (ella quita la a final y así parece mejor vocablo. No le reprocho nada porque lo que hemos visto merecía una exclamación de ese calado).

Allí, en el nicho 666, situado a ras de suelo no hay nombre, no hay nada, solo el 666 grabado sobre un cuadrado de cemento liso. Muchas de las hornacinas que rodean al 666 tiene flores de plástico de esas que con el tiempo pierden el color y se quedan desaboridas.

–Papá, todos son niños que se murieron.

Joder, la gran mayoría de sepulturas son de niños que murieron en 1959. Uff, el 666 vacío y a su alrededor restos de personas que no llegaron a la mayoría de edad. Los dos nos quedamos en silencio, leyendo nombres y apellidos. A los minutos, cogimos las bicis y salimos pitando de la Almudena. Ahí lo dejo para quien quiera investigar: la sed de triunfo hoy la tengo saciada. La de padre, la de periodista…

Nicho 666, cementerio de la Almudena. Foto: Alberto Gayo.

Nicho 666, cementerio de la Almudena. Foto: Alberto Gayo.

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Una paja en defensa de Luna Miguel

El dedo (by Alberto Gayo).

El dedo (by Alberto Gayo).

Hace más o menos un mes, Luna Miguel (1990), periodista y poeta, vio como Facebook borraba su perfil tras promocionar en la red social su último libro, titulado El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina (Capitán Swing), un trabajo breve, a ratos autobiográfico, y sin más pretensión que la de divulgar lo sano de tener un espacio propio en el que refugiarse: el amor en solitario. El dedo de Luna debió escocer y provocar un cortocircuito en algún tirano de lo políticamente correcto, obispo metomentodo, ultra que se mata a pajas sin disfrutarlas o en algún tontodelculo.

Le quiero contar a Luna un episodio ocurrido en este país cuando ella todavía no había nacido. Muestra que la España de hoy quema demasiado y retrocede en libertades a un ritmo que da miedito. Solo soy el mensajero porque a mí me lo ha contado La Txurri, que es de Bilbao y lo vivió en sus carnes en el curso 1986-87, cuando tenía poco más de 16 años.

Estamos en el instituto público Gabriel Aresti de la capital vizcaína. Era conocido como el Txurdinaga femenino, un centro ubicado entre un área de reciente construcción, Txurdinaga, y la barriada obrera de Otxarkoaga. Aquel no era el Bilbao del Guggenheim, la ría no estaba limpia y no había ni un runner. Era el Bilbao de la contaminación, el rock radical y las manifas (había más protestas que días lectivos). “En el insti había profesores muy comprometidos con la realidad social y política, y estaban muy cercanos al alumnado. Entre ellos destacaba María José, la profesora de Ética”. Raquel me explica que esa mujer de cuarenta y pico años lucía la estética de la época en un Bilbao muy movido: pelo corto y pañuelo palestino. “A todos se nos quedó grabada aquella clase de educación sexual”.

“Todos sabemos cómo se masturba un hombre, cómo se hace una paja. Ahora vamos a estudiar cómo lo hace una mujer”. Así empezó la clase María José. Antes de darle al play hizo una advertencia: si alguien no quiere estar presente porque pueda sentirse ofendido o incómodo, puede abandonar el aula. “Se hizo un silencio sepulcral, alguno se movió inquieto en su mesa, hubo miradas de sorpresa pero nadie abandonó la clase. Puso en marcha el proyector y de repente apareció la imagen de una camilla de masaje con un cuerpo de mujer sobre ella. No se veía la cara.Todos pensamos de inmediato que la mujer del vídeo era la profe. La escena era muy científica, fondo blanco y una mujer que comienza a masturbarse hasta que se corre. Jamás había visto correrse a una chica así. Nos quedamos todos en shock. Realmente no nos sorprendió la masturbación sino la manera de correrse. A esa edad, una chica ya sabía más o menos cómo era su cuerpo pero los tíos no tenían ni idea”, me explica. Ese era uno de los objetivos: decirle a las chicas lo importante de descubrir y conocer su cuerpo, su sexualidad, y a los chicos que no fuesen tan catetos, que supiesen cómo tocar a una chica. “Algunos se quedaron perplejos, con una sensación de sorpresa similar a cuando ves por primera vez La naranja mecánica. No se lo esperaban. María José les dijo que no se asustasen, que la mecánica de la masturbación era esa y que tanto chavalas como chavales debían saber que las mujeres también se hacen pajas y que hay que saber hacerlas”.

Como es normal, hubo alumnos que describieron lo ocurrido en la clase de Ética y padres que pusieron el grito en el cielo. “No tantos pero sí los suficientes como para convocar una reunión en el colegio con la profesora. Mi madre me contó, sin mucho detalle, las explicaciones de la profesora y me trajo un libreto con fotocopias bajo el título ‘La nueva era del clítoris’, un conjunto de dibujos sencillos que desarrollaban la idea de María José de que la mujer debe conocer a la perfección su cuerpo”. El revuelo pasó y “para la mayoría de nosotras fue esclarecedor. Sentimos que podíamos hablar con libertad de estas cosas, que una mujer puede disfrutar, y debe disfrutar, con un dedo. Y también nos reímos mucho, claro”.

Puede que Raquel no retuviese el listado completo de ríos y afluentes de España –quizá solo le enseñaron los del País Vasco– pero nunca se le olvidó que con 16 años alguien les dijo –a ellas y ellos– que masturbarse no es malo, no es tabú, no es pecado. Siempre he pensado que es más importante saberse al dedillo los mecanismos del placer, propios y ajenos, que los detalles de la batalla de Bailén.

Imágenes subidas a las redes por Luna Miguel que provocaron el cierre de su perfil.

Imágenes subidas a las redes por Luna Miguel que provocaron el cierre de su perfil.

Luna Miguel no ha pretendido en 2016 dar una clase magistral con sus breves apuntes, solo recordar que no se debe sentir vergüenza por el propio cuerpo, que la masturbación también es amor, y meditación, y salud (mental y física). Pues ni por esas, va la red social de la libertad planetaria y le cierra su perfil. Aunque solo sea para contrarrestar la contrarreforma os recomiendo la lectura de El dedo. Allí encontrarás la historia de Betty Dodson, la autoproclamada ‘gurú de la masturbación femenina’, sexóloga y artista que busca desde hace décadas demostrar que la educación sexual es fundamental para ser más libres, para querernos más y querer más a los demás. En uno de sus experimentos, Dodson reunía a pacientes de todas las edades a las que les invitaba a desnudarse y sentarse con las piernas abiertas frente a un espejo redondo. Todas las mujeres parecían llevarse sorpresas: “algunas no sabían para qué servían algunos de sus pliegues, varios de sus agujeros. Otras nunca había acariciado su clítoris directamente. Y otras, incluso, era la primera vez que se atrevían a introducirse ciertos aparatos que Dodson les facilitaba. En resumen, Dodson ha visto pasar por su consulta a cientos de mujeres que durante toda su vida no fueron capaces de preguntarse qué es aquello que tenían entre sus piernas o para que servía más allá de para dar placer a sus parejas, hacer sus necesidades o parir a sus hijos”, comenta Luna.

En los apuntes de la periodista también se dan cita mujeres como América Valenzuela (periodista y divulgadora científica), Marisol Salanova (filósofa y editora), Sara Uribe (poeta mexicana) o Amarna Miller (actriz porno y escritora), que responden a preguntas sobre la masturbación femenina. No faltan relatos de ficción, una encuesta a hombres y algunos toques entre la autobiografía y la confesión.

Para relajar la lectura, Luna Miguel admite que vio por primera vez un coño abierto en una librería de viejo de Almería. Fue a fijarse en la portada de un disco de la banda madrileña de hardcore A palo seko, en cuya carátula aparecía Heidi (sí, Heidi) metiendo su dedito en su vagina. Tenía poco más de ocho años y “ya había descubierto la masturbación anterioridad y ya la había practicado en absoluto secreto, de modo que sabía de sobra qué quería decir aquella postura de Heidi: como dirían los chicos de mi colegio, la niña de las montañas se estaba haciendo un dedillo”. Después de Heidi llegó Bola de Dragón, cómic “en el que varios personajes aparecían desnudos”; pero  fue un libro de la biblioteca de sus padres el que le hizo estremecer: El erotismo en el arte. De todos los artistas que se mencionaban, Luna se quedó con Balthus. Era todavía pequeña. Conforme fue creciendo, confiesa, “llegaron el Hentai, los vídeos de páginas cutres de internet, los primeros canales de porno gratis, la literatura erótica, los consoladores “e incluso a veces, pero solo a veces, la imaginación”.

Cuando Luna descubrió cositas. Portada de A Palo Seko y pintura de Balthus.

Cuando Luna descubrió cositas. Portada de A Palo Seko y pintura de Balthus.

Luna Miguel entra en el confesionario para dejarle a todos los lectores clarito  que le va más el invierno que el verano, su cama a otras partes de la casa, y el móvil antes que el ordenador si quiere ver algo de porno… Y termina diciendo que no suele tardar más de 20 minutos. En menos de una hora os habréis leído El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina. Lo tengo guardado, junto con otras joyitas del arte, el sexo y la música, en la biblioteca. Espero que mi hija de 11 años los vaya descubriendo poco a poco.

[P.d. Seguro que Luna Miguel no ha leído este microtexto, un homenaje encriptado a su dedo que le hicimos el otro dia en interviú. Aquí te lo dejo]

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La nevera de Monedero

 

V de Monedero. Foto: Pablo Vázquez.

V de Monedero. Foto: Pablo Vázquez.

¿Recordáis a Rick Deckard en Blade Runner buscando pistas de los replicantes? En su apartamento tenía una máquina con la que analizaba fotografías hasta el más mínimo detalle. Amplió una de ellas, la cuadriculó, se metió en los reflejos de los espejos y… encontró a Zhora, la replicante que trabajaba de stripper con una serpiente. Deckard solo tiene un objetivo, darle caza. La escena de los dos en el camerino del club del alterne no se olvida fácilmente. Él se hace pasar por inspector mientras ella (Joannna Cassidy) se ducha y se seca la melena. El desenlace no tiene vuelta de hoja (nadie del Ministerio del Tiempo ha tenido la valentía de viajar al 2019 y salvar a Zhora). Se inicia una persecución, una orgía de cristales rotos dentro de una galería comercial. El cuerpo sin vida de Zhora.

Me centro. El lunes, repasando las fotos de la entrevista que le hizo el escritor Juan José Millás, colaborador semanal de interviú a Juan Carlos Monedero, conciencia crítica y fundador de Podemos, me fijé en una de las instantáneas del fotógrafo Pabló Vázquez. El entrevistado se sitúa a la izquierda y tiene pinta de dar la chapa sin parar. A la derecha, el entrevisador, libreta en mano, parece que intenta repreguntarle o pedirle alguna aclaración ante la “pulsión dialéctica” de Monedero. Arriba, una lámpara de techo que parece de Ikea (la modelo T0704) pero no me atrevo a asegurarlo, y en el centro una nevera marca Liebherr, modelo Premiun Biofresh (más o menos entre 700 y 800 pavos en cualquier tienda de electrodomésticos). No penséis mal, solo pretendo aprender del gran Millás, de los análisis de imágenes que hace para el suplemento dominical de un diario nacional. El escritor tiene talento, arte y mala leche y en pocas líneas realiza un escáner psicológico de un instante. Yo soy más básico y voy a ampliar con la lupa del Photoshop (en plan Blade Runner) lo que Monedero tiene pegado en la puerta de la nevera de su casa en un intento por definir al personaje. Espero que Monedero no se moleste por cotillear en su frigorífico. Lo importante es lo que haya dentro.
Los imanes e imágenes de una nevera describen a la perfección cómo somos. En la mía hay una chapa del  ‘No a la guerra’ –la tiene media España–, y un imán del Yes we can con la cara de Obama –la tiene la otra mitad, o quizás la misma mitad de España–. Estos dos objetos decorativos son fijos porque si consigo arrancarlos me llevo media puerta del frigorífico. También tengo un calendario, una lista de alimentos que nos sientan bien a los que allí vivimos, recortes sobre el centenario del Cabaret Voltaire, una foto en la que estamos Alaska, Mario, la Txurri y yo,  fotomatones familiares, pegatinas de animales sagrados hindúes que me trajo un buen amigo de un viaje iniciático. Ah, y un imán blandito con el teléfono del japo más cercano. Hecha la confesión y después de abrir en canal mi preciada intimidad familiar, paso a enumerar el medio centenar de cosas que tiene pegadas Juan Carlos Monedero en la suya. De hecho, voy a hacer un listado completo ya que tiene la puerta petada de mensajes que le definirían así: hombre blanco heterosexual, intelectual de izquierdas, fan de Hugo Pratt y con un sentido del humor tirando a mediocre.

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Monedero, en su cocina, durante la entrevista que le hizo Millás. Foto: Pablo Vázquez.

Los detalles, a continuación. La parte ideológica ocupa bastante en la puerta del frigorífico. Tira de clásicos como el Che Guevara: foto del comandante con el puro en los labios, Homer Simpson disfrazado del guerrillero con el lema ‘Cerveza o muerte ¡Venceremos! y un recorte con el Che en la selva vestido de verde oliva. También tiene otro de Hugo Chávez disfrazado como El Chavo del 8, personaje de una comedia televisiva que ha triunfado durante décadas en muchos países latinoamericanos. No podían faltar las chapas de Nunca Máis (tiene dos) y las referencias al bando republicano en la Guerra Civil: imán de homenaje a las Brigadas Internacionales, de la República tricolor, del rostro de Miguel Hernández con la fecha de su nacimiento y su muerte en prisión, de un poster de los años 30 con la frase ‘Aquí está Madrid pero nunca será del fascismo’ y otro con la fecha 1937 y el eslógan ‘Honor y gloria a los defensores del pueblo’. No se olvida Monedero de la revolución de 1934 en Asturias, del cartel que pintó Joan Miró pidiendo ayuda para la Segunda República a Europa ni de los milicianos y el ‘No pasarán’. Vamos, que parece que se ha comprado el kit completo de imanes en TodoRojo.com. Se me olvidaba el retrato de Lenin. Monedero se acuerda también del sufrimiento de los judios durante el Tercer Reich y tiene en grande, en la parte de arriba de su nevera, una foto de unos soldados nazis sacando a una familia judía del gueto de Varsovia para ser deportados.

Si pasamos a la parte intelectual, el fundador de Podemos tiene presente en la puerta de su frigorífico a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis que dijo aquello de “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”; a Nicolás Maquiavelo, teórico político que escribió El Príncipe, en un retrato del manierista Santi di Tito. Durante la entrevista con Millás, Juan Carlos Monedero anuncia que va a reconstruirse como intelectual comprometido y pone como ejemplo a Manuel Vázquez Montalbán, el periodista y escritor fallecido en 2003. Es fan total del que fuera colaborador de esta revista y en su frigorífico ha colocado una foto donde se ve a Vázquez Montalbán cubriendo la primera conferencia de prensa de Santiago Carrillo en España tras la muerte del dictador Francisco Franco. Dentro de este apartado voy a incluir una pizarrita que tiene pegada con la palabra gallow (horca en inglés) y un dibujito de una soga (que lo explique él).

En cuanto al toque humorístico estaba cantado que Monedero tendría alguna referencia  a los hermanos Marx en la nevera. Además, ha pegado un pequeño imán de Calvin (uno de los personajes de las tiras Calvin and Hobbes) y un Homer Simpson en calzoncillos con camiseta de Supermán y sentado en su sofá. Lo que no me esperaba (y tampoco sé por qué) era un adhesivo con el lema ‘Warning, choking hazard’ (algo así como ‘Atención, peligro de asfixia’) bajo un dibujo de una chica haciéndole una mamada a un chico.

Esta pegatina podría estar también en el apartado más picarón de la nevera del profesor universitario, donde Monedero incorpora una foto en blanco y negro, que podría ser del fotógrafo Helmut Newton, pero que no he podido confirmar después de una extensa búsqueda en Google. En ella se ve unas preciosas y largas piernas de mujer con unas medias de encaje en el muslo. La protagonista se sujeta los glúteos con las manos. También encontramos una foto de una mujer muy bonita de rasgos asiáticos, y en topless, que a pesar de mi profesión, tampoco he sido capaz de identificar.

Se nota que Monedero es un loco de Hugo Pratt, el historietista italiano que creó Cortó Maltés: en el refrigerador hay salpicadas chapas e imanes del marinero, una fotocopia de un estudio de desnudos y un retrato de Pandora, personaje de La balada del mar salado, todos del dibujante de Rímini.

La parte viajera la ventila el ex dirigente de Podemos con algún souvenir (no sé si comprado por él o regalado): imán de San Petersburgo, Nueva York y São Paulo, foto aérea de Manhattan e imagen del puente de Brooklyn, y un plano de Berlín. Aquí añado un muñeco de una mujer andina sobre una chapa que reza ‘Stop the War Against Women!’ y un rótulo del Paseo de las Cobijadas, calle de Vejer de la Frontera Cádiz, según me indica un buscador en internet.

Como curiosidad, hay una pegatina imantada de ‘Bruce, fighting spirit’, la biografía sobre Bruce Lee, el famoso artista marcial, que escribió Bruce Thomas en 1994, y una secuencia de El club de la lucha, donde aparece un escultural Brad Pitt magullado junto con sus coleguitas. Varias mariposas sobrevuelan la puerta del frigorífico, una página culinaria y palabras sueltas con las que Monedero forma frases ilegibles hasta con la lupa del Photoshop. Creo ver también un retrato de Ramón Gómez de la Serna pero tengo mis dudas y un recorte donde se ve en primer plano al actor Edgard G. Robinson, acusado de comunista durante la Caza de Brujas en EEUU.

Le agradezco personalmente a Juan Carlos Monedero que se haya dejado fotografiar en su cocina, y estoy pensando en empezar un serial –En tu nevera o en la mía, lo llamaré– analizando cómo decoran personajes televisivos su electrodoméstico. Estoy deseando que me den luz verde Celia Villalobos, Eduardo Inda, Begoña Villacís, Jordi Évole y Falete. Salud y ¡a vivir! (Y compren interviú, esta semana estamos sembraos).

 

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