Brigitte, Pamela, Lluvia… y los animales

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Hay algunos aficionados taurinos que deberían comer menos carne roja y aprender a respirar. A mí no me ha ido mal. Lo dice el hijo de un carnicero –jubilado cuando llegó el euro– que todavía guarda aquel delantal de raya fina verdinegra como homenaje al tajo de madera y a las hachuelas de acero que fileteaban las piezas con una suavidad inigualable. Y lo digo por la reacción de unos pocos defensores de la llamada Fiesta Nacional ante la portada protagonizada por la actriz Lluvia Rojo en interviú. Le han dicho de todo, incluso puta, por afirmar que “en España seguimos a la cola en cuanto a derechos de los animales. Es el país donde más animales se abandonan, donde se ahorcan perros cuando ya no sirven para la caza, donde hay corridas de toros, un espectáculo terrible que pertenece a otra época y a otra mentalidad. Los toros tienen sus días contados, las nuevas mentalidades no aceptan la tortura de un animal hasta su muerte para la diversión de unos pocos”. ¿Y si fuera verdad?

No he abierto el gestor de este blog para montar el pollo. Lo más recomendable es ignorar la mala educación. Vengo para hablar de tres animalistas, tres mujeres que separadas por edad, lugar de procedencia y pensamiento, libran una batalla diaria en defensa de los derechos de los animales y en contra de la crueldad: Brigitte Bardot, Pamela Anderson y Lluvia Rojo. Las tres son actrices y las tres han sido portada de esta revista, que ahora cumple 40 años. La francesa pronto hará 82 y sigue con su fundación contra el maltrato. La norteamericana –a punto de los 50– participa en campañas de PETA y está muy preocupada por el Medio Ambiente. Y la Pili de Cuéntame, que este año cumplirá los 40, colabora con la Asociación para la Liberación y Bienestar Animal (ALBA), además de protagonizar campañas animalistas.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Nadie puede negar el amor que siente BB, uno de los mayores símbolos sexuales de la década de los 60, por los animales. Desde su fundación, creada a mediados de los 80, lo mismo se preocupa por una tétrica perrera del sur de España que pide que se prohiba por ley el sacrificio de caballos con objetivos alimenticios o exige la sedación de los corderos que sacrifican los musulmanes. Hasta Sea Sheperd, una de las organizaciones ecologistas más importantes del mundo, tiene un barco con su nombre. Es con el Islam con quien Bardot no termina de congeniar. Conocidas son sus declaraciones islamófobas y su apoyo al ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen. De hecho, ha sido condenada más de una vez por comentarios xenófobos.

interviú 1976.

interviú 1976.

De Pamela Anderson qué puede decirse. Desde siempre, la vigilante de la playa más famosa apoya activamente a PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales), el mayor grupo por los derechos de los animales en el mundo, con más de dos millones de miembros y que centra su activismo en protestar contra la cría intensiva de animales de granja, los experimentos con animales o el maltrato (las peleas de gallos o las corridas de toros).

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

La explosiva Anderson, que también preside una fundación, subastó el año pasado un baile con ella en Rusia para recaudar fondos destinados a proyectos ecologistas en aquel país. No hace mucho revolucionó la Asamblea Nacional francesa cuando fue invitada por una diputada gala para apoyar la prohibición de cebar a las ocas usadas en la producción de fuagrás. Su última iniciativa ha sido pedir menús veganos para las cárceles de varios estados de EEUU. La actriz, nacida en Canadá y vegana convencida, asegura que con esta medida se ahorrarían millones de dólares y mejoraría la salud de los reclusos.

Cuando nació Lluvia, jarreaba en Madrid. Fue en noviembre de 1976. Así eligieron sus padres el nombre. A los quince años, estudiando en Nueva York, se hizo vegetariana y ahí empezó su conciencia animalista y ecologista. En la entrevista que acompaña las fotos de interviú no pude incluir que Lluvia y Kevin (su chico) se dedican a llevar perros abandonados desde España a Alemania porque allí les tratan mejor. Tampoco os conté que fue una de los personajes conocidos que propuso al alcalde de Tordesillas (Valladolid) montar un festival de música para promocionar el pueblo y sustituir el lamentable espectáculo del Toro de la Vega. De la Asociación para la Libertad y el Bienestar Animal (ALBA), la actriz de Cuéntame se ha llevado a su casa, de acogida, una cerda vietnamita, Lucy. “La gente los abandona cuando no pueden con ellos. Su pulsión máxima es comer. Como son omnívoros y muy resistentes, sobreviven. Y cuando son abandonados se reproducen muy fácilmente”, me explicó.

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Quizá Lluvia sea la más comprometida políticamente de las tres. Desde hace años apoya publicamente al partido ecologista Equo, ahora en coalición con Unidos Podemos. “Si, soy ecologista total y me flipa la política pero la mediocridad de muchos políticos me da hasta grimilla, como a la mayoría de españoles. Estamos cansados y decepcionados. Eso no significa que no vaya a votar, porque siempre he votado. Quiero que esto cambie, apoyo a Equo porque me gusta, pero Podemos no”.

Pues ya está. A Brigitte, Pamela y Lluvia, los animales más bellos del mundo… con permiso de Ava Gardner, las tendrán siempre en interviú. Feliz semana. Si antes escuchásteis a la actriz con su grupo No band for Lluvia, aquí os dejo a Morrisey con Pamela en Earth is the loneliest planet.

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A propósito de El olivo (y la Memoria Histórica)

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

“La abuela también habla muchas veces de los olivos ¿verdad?”. En la pregunta subyace una duda razonable, sobre todo si se formula nada más acabar El olivo, la última y emotiva película de la directora Iciar Bollaín. Hija y padre hemos asistido a un bonito cuento sobre el amor a la tierra en época de becerros de oro pero me ha quedado la sensación –y tiene pinta de que a la niña también– de que los olivos que salen en el largometraje no son los mismos árboles de lo que habla la abuela.

El olivo reivindica la lucha y la obstinación por cuidar el suelo que nos ha visto crecer, por salvaguardar un patrimonio paisajístico frente a la apisonadora de la especulación. Ayuda a entender que el dinero no siempre lo es todo, que la naturaleza es terapéutica o que el entorno también es cultura. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad entenderá las razones del abuelo para evitar que arranquen su viejo olivo, ese que esconde siglos –dicen que estos árboles llevan con nosotros más de 3.000 años–, heladas, tiempos de sequía, juegos de niños y besos sombríos. Y muchos harían como Alma, su nieta. Viendo que su familia malvende el olivo y que su abuelo empieza a morir en vida, decide buscar el árbol allá donde esté, donde fue llevado a la fuerza. Piensa que solo el olivo puede curar a su abuelo. Al viejo le han arrancado de raíz su alma y Alma se arranca mechones de pelo porque no está conforme con su vida, necesita una reacción, algo que le haga sentir viva.

Hasta aquí la película de Bollaín. Ahora viajemos a los olivos de María, mi madre. Su visión del olivo no es tan bucólica. Sí tan expresiva como la de la película recién estrenada. María Bellido nació en 1936, el año de la guerra, en un pueblo de Jaén subido a una loma y rodeado hasta donde alcanza la vista por miles y miles de olivos. Su nombre, Porcuna, la Obulco romana, la Bulkuna de Al-Andalus.

El año que nació mi madre, el pueblo sufrió lo que otros muchos: bombardeos, destrucción y muerte. El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano quería tomar el pueblo y le debió costar. Allí lucharon brigadas internacionales, milicianos y tropas republicanas venidas de muchos puntos de España. Según las últimas investigaciones hubo 684 víctimas del franquismo en Porcuna entre asesinatos, represión política o muerte en combate.

La posguerra no fue mejor. Mi abuelo trabajaba en una fábrica de aceite y mi abuela cuidaba de la prole. A María le cuesta recordar cuántos hermanos eran porque algunos murieron antes de ella ser consciente. “Cuando murió Juan con 20 años, de meningitis, quedamos vivos cinco. ¡Ay mi Juan, cómo tocaba la trompeta! Era una delicia escucharle”. Ella nunca ha perdido el humor. Eso y que tenía una hermana gemela le impide recordar aquella mierda de vida como algo horrible. “Muchos días solo teníamos para comer la monda de las patatas de otros. Las cogía mi madre y las freía”. Con más o menos 14 años, allá por el comienzo de la década de los 50, todos tenían que apañárselas para traer alguna perra gorda a casa. Entonces apareció el olivo. Los potentados de la zona contrataban a cuadrillas en enero y febrero para la primera recogida. Ella, sus hermanos y muchos otros vecinos pobres del pueblo se deslomaron en los olivares para echarse un bocado al estómago. Los olivos no eran suyos, la tierra no era de quien la trabajaba. Semanas después, cuando acaba la cosecha, les dejaban ir a la rebusca para encontrar aquellas aceitunas que se habían despistado. Esas se las quedaban para ellos o las vendían.

“Nos llevaban a un cortijo, donde vivíamos durante la recogida. Allí había camastros, una mesa y un fuego. Al amanecer nos atábamos un refajo a la falda y con la helada salíamos hacia los olivos. Los hombres vareaban el árbol y las mujeres, de rodillas y sin guantes, separábamos las ramas de las aceitunas. Metíamos las olivas en un gran cesto de mimbre con dos asas y las llevábamos al carro. A la hora de comer, un trozo de pan con aceite y bacalao crudo, y por la tarde toda la cuadrilla se iba al cortijo”. María recuerda que serían unas seis personas por árbol. Con 79 años todavía se pone de gatas para enseñarme la posición en la que se pasaban horas y horas bajo el olivo.

Para ella, para cientos de miles de andaluces, el olivo era supervivencia, la única forma de sobrevivir si no eras de familia terrateniente y no tenías estudios. O eras de los perdedores. En aquel tiempo y para aquellas gentes el apego a la tierra no existía. El futuro estaba en marcharse del sitio que les vio nacer. El olivo, entonces, ya no es reivindicación cultural, ecológica, emocional. Es Memoria Histórica.

Me he animado a escribir este episodio porque el otro día compartí un precioso rato con Nieves Concostrina, Jesús Pozo, Tamara Crespo y Fidel Raso en Urueña, la villa de los libros, un pequeño pueblo vallisoletano salpicado de cultura y librerías. Allí, Nieves, la periodista que conocí en Diario 16, presentó su novela Antonia (La esfera de los libros), un viaje catártico al pasado de su madre, una analfabeta funcional como la mía (y a mucha honra) que supo sacar como nadie a sus hijos adelante entre la miseria de la posguerra española. Concostrina dijo que la historia de su madre es como la de miles de mujeres de aquel momento de la historia de España, todas igual de importantes y merecedoras de no ser olvidadas. Pues eso ¡a vivir! Os dejo el trailer de la película de Bollaín.

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Cinco días de mayo, cuatro gatos

En recuerdo del 15M (Foto: Alberto Gayo).

Recordar que tengo que escribir del 15M.
(Foto: Alberto Gayo)

Quiero pensar que todos los que estuvieron en la Puerta del Sol de Madrid aquellos días de mayo de 2011 son hoy mejores ciudadanos. No digo con esto que los que no lo hicieron sean peores, pero algo ocurrió en aquella plaza, algo despertó entre las fachadas, adoquines y kioscos del lugar más emblemático de la ciudad. Cuando llegué a la redacción de interviú tras las primeras noches de acampada, alguien con reputado criterio me dijo: “¡Tiene pinta de que la protesta acabará pronto, son cuatro gatos, cuatro antisistema!”. Intenté explicar a mi compañero lo mismo que le conté a mi pareja casi un mes antes, el 7 de abril. Era por la tarde, desde el balcón de nuestro piso en Lavapiés escuché follón en la plaza de Antón Martín, parada obligada en cualquier manifestación ciudadana por el centro de Madrid. Bajé sin arreglar y de repente observé que los lemas coreados, el perfil de los participantes y los motivos de aquella convocatoria no eran los de casi siempre: “En esa manifestación no hay banderas de sindicatos, no hay hoces y martillos, hay chavales de todo tipo, critican a los banqueros, al PSOE y al PP por igual y se hacen llamar Juventud sin futuro. Algo está sucediendo”, le dije. Creo que ese día comenzó el 15M.

Mis dotes de visionario suelen estar bajo mínimo. Y mira que ser vecino de uno de los barrios más castizos, multicultural y combativo de la capital agudiza el sónar mental. Por eso, cuando se produjo la movilización ciudadana en mayo yo no vi solo “cuatro gatos antisistema” en la Puerta del Sol. Había algo más entre aquella masa de cabezas.

De joven gritaba 'El arte ha muerto, todo es Dadá'. Hoy detengo jóvenes sin futuro. ¡¡Qué arte tengo!! [Manifestación plaza de Antón Martín, Madrid. 7 de abril de 2011]. By Jong Ki Love

De joven gritaba ‘El arte ha muerto, todo es Dadá’. Hoy detengo jóvenes sin futuro. ¡¡Qué arte tengo!! [Manifestación plaza de Antón Martín, Madrid. 7 de abril de 2011]. By Jong Ki Love

En esos cinco días de mayo que pasé por la Puerta del Sol conocí a vecinos de La Latina que se alternaban cada semana para preparar un guiso a la anciana discapacitada del piso de abajo, ya sin fuerzas para salir. Saludé a jubilados que colaboraban en un huerto urbano junto a Embajadores. Descubrí a estudiantes que tras la discusión se cruzaban miradas que no sé en qué acabaron. Reconocí al fontanero del barrio de mis padres hablando en un corrillo sobre los problemas de los autónomos. Sentí que algún activista de izquierdas pisaba las calles nuevamente para tranquilizar la conciencia. Me tomé latas de cerveza con otros periodistas con la misma intuición. Coincidí con madres del colegio –socialistas, liberales, ácratas… había de todo– que desprendían nervios. Vi a técnicos de sonido y músicos de segunda fila aportando material e instrumentos para un concierto improvisado. Me crucé con mi vecino, el que bajaba a dar gritos contra un desahucio de otro vecino. Quedé con una de mis hermanas, la enfermera de hospital público de la periferia. Y hablé por teléfono con mis padres porque era imposible cruzar la plaza, y más con setenta y pico años… Claro que todo el mundo estaba indignado (pero era una indignación que transmitía buen rollo). Juro que no pasé del par de birras callejeras por día. Los presentes estaban mosqueados con los bancos, los corruptos y con esa forma de democracia que veían insuficiente y contaminada. También escuché muchos comentarios de autocrítica: ¿por qué no hemos protestado antes?

Desde que los micrófonos se derritieron por la desinformación, ahora pulso el ritmo de la calle con un cornete. [Manifestación Democracia Real Ya, calle de Alcalá, Madrid. 15 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Desde que los micrófonos se derritieron por la desinformación, ahora pulso el ritmo de la calle con un cornete.
[Manifestación Democracia Real Ya, calle de Alcalá, Madrid. 15 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Confieso que estuve de miranda (soy curioso profesional), de oyente y también participando con mi presencia. No cogí el micrófono, no clavé un tablón, no dormí al raso (vivía al lado y nunca me gustaron los sacos de acampada, no puedo moverme a mis anchas) pero algo caló. Esta semana he leído el reportaje de mi compañera Esther Ortega en el que repasa dónde están algunos de aquellos primeros indignados que se quedaron en Sol a dormir.

"Tomad mi palo, ya me darán mi zanahoria". [Puerta del Sol, Madrid. 18-M]. By  Jong Ki Love

“Tomad mi palo, ya me darán mi zanahoria”.
[Puerta del Sol, Madrid, 18 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love

Pablo, por ejemplo, se fue a Rojava (Siria) para apoyar la revolución kurda desarrollando allí un proyecto de fertilización natural; Sonia, periodista, sigue participando en la defensa de sus vecinos de Carabanchel a través de la Asamblea Popular; Miguel, uno de los fundadores de la organización que convocó aquella protesta del 15M, trabaja hoy para una empresa privada y también imparte talleres para niños; Fabio, una de las caras más visibles de la acampada, está centrado en su agenda de comunicación después de participar en el partido del exsocialista Alberto Sotillos; Jon se retiró de la primera línea de Democracia Real Ya, acabó la carrera de Arquitectura y combina su activismo con una empresa. Son solo unos pocos casos. Luego están los listos de la clase, los que hoy ocupan escaños parlamentarios, sillones de concejal o tribunas periodísticas. A ellos les hemos visto crecer como al protagonista de El show de Truman. Aquel 15M era de la gente anónima. Y todo bajo la atenta mirada de la actriz Paz Vega, la chica L’Oreal que vigilaba los movimientos desde su atalaya publicitaria.

Me ordenaron acabar con la revuelta antes de tiempo. Ahora es tarde para apretar el gatillo. [Puerta del Sol de Madrid, 19 de mayo de 2011]. By  Jong Ki Love.

Me ordenaron acabar con la revuelta antes de tiempo. Ahora es tarde para apretar el gatillo.
[Puerta del Sol de Madrid, 19 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love.

¿Qué ha quedado de aquella movilización social? Desencanto, alguna desilusión, otra forma de ver la realidad –quizá lo más importante–, seguro que muchos proyectos de colaboración  (culturales, sociales, vecinales…) y mil planes. Como me dijo en una entrevista la cantante y actriz Najwa Nimri (sí, la mala malísima de las presas de Vis a vis que ya no lo es tanto): “Ya no creo en las revoluciones, solo en la individual, en que la solución será por contagio. Tú cambias de forma de actuar sin decir nada y la gente se contagia. Solo la imaginación provoca el acontecimiento. La imaginación no es una vía, es la única alternativa”. Pues eso, imaginación al poder. Con este texto hago memoria de aquellos cinco días de mayo y de aquellos cuatro gatos. Lo que pasó después cada cual lo vive, lo bendice o lo maldice a su manera.

Con un factor de protección 50 los tertulianos se hacen más llevaderos y no dejan marca [Acampada Puerta del Sol, Madrid. 22 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love]

Con un factor de protección 50 los tertulianos se hacen más llevaderos y no dejan marca
[Acampada Puerta del Sol, Madrid. 22 de mayo de 2011]. By Jong Ki Love]

Dos cosas para acabar, el texto está ilustrado con micropoemas visuales realizados por Jong Ki Love el 7 de abril y los días 15, 18, 19 y 22 de mayo. Fuímos inseparables. Y la reportera de interviú Esther Ortega (@Esther_Ortega) tiene muchas fotos del 15M y las movilizaciones posteriores. Dice que las subirá a Twitter a partir de este fin de semana. Salud. P.D. Un abrazo grande para Carlos Torres. Como diría Loquillo, siempre libre.

 

 

 

 

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Nicho 666

En el cementerio (by JongKiLove)

En el cementerio (by JongKiLove)

Todos los personajes y situaciones descritos a continuación son reales. Estaba deseando empezar así un texto. Soy básicamente empírico y no suelo inventarme nada. Lo que paso a relatar a continuación entraría en el género del cuento breve de suspense basado en hechos verídicos. Ocurrió el pasado 23 de abril hacia las 12,30 de la mañana en Madrid. Era uno de esos días fríos y soleados que acabaría en nublado y luego en lluvioso.

–¿Quieres que vayamos en bici hasta el cementerio de la Almudena?

–¿Al cementerio?

–Sí, es como una ciudad. Entran hasta los autobuses de la EMT. En vez de barrios con edificios llenos de vivos, hay calles con miles y miles de muertos bajo tierra. No es un sitio feo, hay muchas flores y se ve el cielo todo el tiempo.

–Vale, me llevo el móvil para hacer fotos.

–Cogemos unas pipas y un libro y nos sentamos un rato allí. No creo que hoy haya mucha gente.

A mi hija –y a muchos más críos de su edad– le atraen sobremanera los zombis, las heroínas que luchan en mundos distópicos, en planetas destrozados por el egoísmo humano. Por un lado no quiere tener pesadillas pero es una yonqui del terror: solo se va a la cama si antes ha escuchado desde el pasillo la sintonía de inicio de The Walking Dead. Sabe que no puede ver todavía esta serie. Disfruta con que le haga un resumen al día siguiente.

–Coge la gorra y el abrigo, y vámonos.

Unos cuantos kilómetros y repechos después llegamos a la Puerta de O’Donnell de la Almudena. El paisaje lo dice todo. Dos o tres grandes kioscos de flores flanquean la entrada. Muchos nichos, muchas lápidas, algún panteón. Caminos que suben, que zigzaguean, carreteras asfaltadas que llevan a los distintos sectores del camposanto. Poco público. Los autobuses públicos llevan a algún viudo, a alguna hija que se quedó sin madre antes de tiempo, a alguna familia venida de fuera que tardará en encontrar a su ser querido.

Hay bancos y también pequeñas áreas con césped. Un descansito no viene mal. La peque se ha llevado un libro de la saga de ‘Los juegos del hambre’. Más que leer, mira por encima del libro a su alrededor. Pensará que está sentada sobre una legión de restos humanos. O quizá para tranquilizarse imagina la segunda parte del Thriller de Michael Jackson. Mi elección es lo nuevo de José Ángel Mañas, ‘Todos iremos al paraíso’. Tengo que llamar un día de estos al autor de Kronen, uno de los protagonistas de su novela recién estrenada es un “periodista en un semanario de gran tirada, asentado desde la época de la Transición” que llega a subdirector, “sin vocación y sed de triunfo pero perspicaz y atento a la realidad”. No he seguido leyendo porque me he asustado.

Al rato, pillamos las bicis y nos damos un garbeo por el interior del muro perimétrico, el que está junto a la entrada de la Puerta de O’Donnell. Es una subida pronunciada. Nos bajamos y vamos andando con la bicicleta a cuestas. Los nichos, más pequeños de lo que creía, están numerados de arriba a abajo. Si no recuerdo mal hay cinco o seis por fila.

–Papá, ¿qué nombre pondrá en el número 666?

–¡Hostias, es verdad! (el improperio lo he soltado sin querer y le vuelvo a repetir que hay que hablar sin tacos, que para malhablado ya estoy yo).

El corazón se acelera mientras nos acercamos al número de la bestia. 661, 662, 663, 664, 665 y…

–¡Hosti papá, mira! (ella quita la a final y así parece mejor vocablo. No le reprocho nada porque lo que hemos visto merecía una exclamación de ese calado).

Allí, en el nicho 666, situado a ras de suelo no hay nombre, no hay nada, solo el 666 grabado sobre un cuadrado de cemento liso. Muchas de las hornacinas que rodean al 666 tiene flores de plástico de esas que con el tiempo pierden el color y se quedan desaboridas.

–Papá, todos son niños que se murieron.

Joder, la gran mayoría de sepulturas son de niños que murieron en 1959. Uff, el 666 vacío y a su alrededor restos de personas que no llegaron a la mayoría de edad. Los dos nos quedamos en silencio, leyendo nombres y apellidos. A los minutos, cogimos las bicis y salimos pitando de la Almudena. Ahí lo dejo para quien quiera investigar: la sed de triunfo hoy la tengo saciada. La de padre, la de periodista…

Nicho 666, cementerio de la Almudena. Foto: Alberto Gayo.

Nicho 666, cementerio de la Almudena. Foto: Alberto Gayo.

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Una paja en defensa de Luna Miguel

El dedo (by Alberto Gayo).

El dedo (by Alberto Gayo).

Hace más o menos un mes, Luna Miguel (1990), periodista y poeta, vio como Facebook borraba su perfil tras promocionar en la red social su último libro, titulado El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina (Capitán Swing), un trabajo breve, a ratos autobiográfico, y sin más pretensión que la de divulgar lo sano de tener un espacio propio en el que refugiarse: el amor en solitario. El dedo de Luna debió escocer y provocar un cortocircuito en algún tirano de lo políticamente correcto, obispo metomentodo, ultra que se mata a pajas sin disfrutarlas o en algún tontodelculo.

Le quiero contar a Luna un episodio ocurrido en este país cuando ella todavía no había nacido. Muestra que la España de hoy quema demasiado y retrocede en libertades a un ritmo que da miedito. Solo soy el mensajero porque a mí me lo ha contado La Txurri, que es de Bilbao y lo vivió en sus carnes en el curso 1986-87, cuando tenía poco más de 16 años.

Estamos en el instituto público Gabriel Aresti de la capital vizcaína. Era conocido como el Txurdinaga femenino, un centro ubicado entre un área de reciente construcción, Txurdinaga, y la barriada obrera de Otxarkoaga. Aquel no era el Bilbao del Guggenheim, la ría no estaba limpia y no había ni un runner. Era el Bilbao de la contaminación, el rock radical y las manifas (había más protestas que días lectivos). “En el insti había profesores muy comprometidos con la realidad social y política, y estaban muy cercanos al alumnado. Entre ellos destacaba María José, la profesora de Ética”. Raquel me explica que esa mujer de cuarenta y pico años lucía la estética de la época en un Bilbao muy movido: pelo corto y pañuelo palestino. “A todos se nos quedó grabada aquella clase de educación sexual”.

“Todos sabemos cómo se masturba un hombre, cómo se hace una paja. Ahora vamos a estudiar cómo lo hace una mujer”. Así empezó la clase María José. Antes de darle al play hizo una advertencia: si alguien no quiere estar presente porque pueda sentirse ofendido o incómodo, puede abandonar el aula. “Se hizo un silencio sepulcral, alguno se movió inquieto en su mesa, hubo miradas de sorpresa pero nadie abandonó la clase. Puso en marcha el proyector y de repente apareció la imagen de una camilla de masaje con un cuerpo de mujer sobre ella. No se veía la cara.Todos pensamos de inmediato que la mujer del vídeo era la profe. La escena era muy científica, fondo blanco y una mujer que comienza a masturbarse hasta que se corre. Jamás había visto correrse a una chica así. Nos quedamos todos en shock. Realmente no nos sorprendió la masturbación sino la manera de correrse. A esa edad, una chica ya sabía más o menos cómo era su cuerpo pero los tíos no tenían ni idea”, me explica. Ese era uno de los objetivos: decirle a las chicas lo importante de descubrir y conocer su cuerpo, su sexualidad, y a los chicos que no fuesen tan catetos, que supiesen cómo tocar a una chica. “Algunos se quedaron perplejos, con una sensación de sorpresa similar a cuando ves por primera vez La naranja mecánica. No se lo esperaban. María José les dijo que no se asustasen, que la mecánica de la masturbación era esa y que tanto chavalas como chavales debían saber que las mujeres también se hacen pajas y que hay que saber hacerlas”.

Como es normal, hubo alumnos que describieron lo ocurrido en la clase de Ética y padres que pusieron el grito en el cielo. “No tantos pero sí los suficientes como para convocar una reunión en el colegio con la profesora. Mi madre me contó, sin mucho detalle, las explicaciones de la profesora y me trajo un libreto con fotocopias bajo el título ‘La nueva era del clítoris’, un conjunto de dibujos sencillos que desarrollaban la idea de María José de que la mujer debe conocer a la perfección su cuerpo”. El revuelo pasó y “para la mayoría de nosotras fue esclarecedor. Sentimos que podíamos hablar con libertad de estas cosas, que una mujer puede disfrutar, y debe disfrutar, con un dedo. Y también nos reímos mucho, claro”.

Puede que Raquel no retuviese el listado completo de ríos y afluentes de España –quizá solo le enseñaron los del País Vasco– pero nunca se le olvidó que con 16 años alguien les dijo –a ellas y ellos– que masturbarse no es malo, no es tabú, no es pecado. Siempre he pensado que es más importante saberse al dedillo los mecanismos del placer, propios y ajenos, que los detalles de la batalla de Bailén.

Imágenes subidas a las redes por Luna Miguel que provocaron el cierre de su perfil.

Imágenes subidas a las redes por Luna Miguel que provocaron el cierre de su perfil.

Luna Miguel no ha pretendido en 2016 dar una clase magistral con sus breves apuntes, solo recordar que no se debe sentir vergüenza por el propio cuerpo, que la masturbación también es amor, y meditación, y salud (mental y física). Pues ni por esas, va la red social de la libertad planetaria y le cierra su perfil. Aunque solo sea para contrarrestar la contrarreforma os recomiendo la lectura de El dedo. Allí encontrarás la historia de Betty Dodson, la autoproclamada ‘gurú de la masturbación femenina’, sexóloga y artista que busca desde hace décadas demostrar que la educación sexual es fundamental para ser más libres, para querernos más y querer más a los demás. En uno de sus experimentos, Dodson reunía a pacientes de todas las edades a las que les invitaba a desnudarse y sentarse con las piernas abiertas frente a un espejo redondo. Todas las mujeres parecían llevarse sorpresas: “algunas no sabían para qué servían algunos de sus pliegues, varios de sus agujeros. Otras nunca había acariciado su clítoris directamente. Y otras, incluso, era la primera vez que se atrevían a introducirse ciertos aparatos que Dodson les facilitaba. En resumen, Dodson ha visto pasar por su consulta a cientos de mujeres que durante toda su vida no fueron capaces de preguntarse qué es aquello que tenían entre sus piernas o para que servía más allá de para dar placer a sus parejas, hacer sus necesidades o parir a sus hijos”, comenta Luna.

En los apuntes de la periodista también se dan cita mujeres como América Valenzuela (periodista y divulgadora científica), Marisol Salanova (filósofa y editora), Sara Uribe (poeta mexicana) o Amarna Miller (actriz porno y escritora), que responden a preguntas sobre la masturbación femenina. No faltan relatos de ficción, una encuesta a hombres y algunos toques entre la autobiografía y la confesión.

Para relajar la lectura, Luna Miguel admite que vio por primera vez un coño abierto en una librería de viejo de Almería. Fue a fijarse en la portada de un disco de la banda madrileña de hardcore A palo seko, en cuya carátula aparecía Heidi (sí, Heidi) metiendo su dedito en su vagina. Tenía poco más de ocho años y “ya había descubierto la masturbación anterioridad y ya la había practicado en absoluto secreto, de modo que sabía de sobra qué quería decir aquella postura de Heidi: como dirían los chicos de mi colegio, la niña de las montañas se estaba haciendo un dedillo”. Después de Heidi llegó Bola de Dragón, cómic “en el que varios personajes aparecían desnudos”; pero  fue un libro de la biblioteca de sus padres el que le hizo estremecer: El erotismo en el arte. De todos los artistas que se mencionaban, Luna se quedó con Balthus. Era todavía pequeña. Conforme fue creciendo, confiesa, “llegaron el Hentai, los vídeos de páginas cutres de internet, los primeros canales de porno gratis, la literatura erótica, los consoladores “e incluso a veces, pero solo a veces, la imaginación”.

Cuando Luna descubrió cositas. Portada de A Palo Seko y pintura de Balthus.

Cuando Luna descubrió cositas. Portada de A Palo Seko y pintura de Balthus.

Luna Miguel entra en el confesionario para dejarle a todos los lectores clarito  que le va más el invierno que el verano, su cama a otras partes de la casa, y el móvil antes que el ordenador si quiere ver algo de porno… Y termina diciendo que no suele tardar más de 20 minutos. En menos de una hora os habréis leído El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina. Lo tengo guardado, junto con otras joyitas del arte, el sexo y la música, en la biblioteca. Espero que mi hija de 11 años los vaya descubriendo poco a poco.

[P.d. Seguro que Luna Miguel no ha leído este microtexto, un homenaje encriptado a su dedo que le hicimos el otro dia en interviú. Aquí te lo dejo]

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La nevera de Monedero

 

V de Monedero. Foto: Pablo Vázquez.

V de Monedero. Foto: Pablo Vázquez.

¿Recordáis a Rick Deckard en Blade Runner buscando pistas de los replicantes? En su apartamento tenía una máquina con la que analizaba fotografías hasta el más mínimo detalle. Amplió una de ellas, la cuadriculó, se metió en los reflejos de los espejos y… encontró a Zhora, la replicante que trabajaba de stripper con una serpiente. Deckard solo tiene un objetivo, darle caza. La escena de los dos en el camerino del club del alterne no se olvida fácilmente. Él se hace pasar por inspector mientras ella (Joannna Cassidy) se ducha y se seca la melena. El desenlace no tiene vuelta de hoja (nadie del Ministerio del Tiempo ha tenido la valentía de viajar al 2019 y salvar a Zhora). Se inicia una persecución, una orgía de cristales rotos dentro de una galería comercial. El cuerpo sin vida de Zhora.

Me centro. El lunes, repasando las fotos de la entrevista que le hizo el escritor Juan José Millás, colaborador semanal de interviú a Juan Carlos Monedero, conciencia crítica y fundador de Podemos, me fijé en una de las instantáneas del fotógrafo Pabló Vázquez. El entrevistado se sitúa a la izquierda y tiene pinta de dar la chapa sin parar. A la derecha, el entrevisador, libreta en mano, parece que intenta repreguntarle o pedirle alguna aclaración ante la “pulsión dialéctica” de Monedero. Arriba, una lámpara de techo que parece de Ikea (la modelo T0704) pero no me atrevo a asegurarlo, y en el centro una nevera marca Liebherr, modelo Premiun Biofresh (más o menos entre 700 y 800 pavos en cualquier tienda de electrodomésticos). No penséis mal, solo pretendo aprender del gran Millás, de los análisis de imágenes que hace para el suplemento dominical de un diario nacional. El escritor tiene talento, arte y mala leche y en pocas líneas realiza un escáner psicológico de un instante. Yo soy más básico y voy a ampliar con la lupa del Photoshop (en plan Blade Runner) lo que Monedero tiene pegado en la puerta de la nevera de su casa en un intento por definir al personaje. Espero que Monedero no se moleste por cotillear en su frigorífico. Lo importante es lo que haya dentro.
Los imanes e imágenes de una nevera describen a la perfección cómo somos. En la mía hay una chapa del  ‘No a la guerra’ –la tiene media España–, y un imán del Yes we can con la cara de Obama –la tiene la otra mitad, o quizás la misma mitad de España–. Estos dos objetos decorativos son fijos porque si consigo arrancarlos me llevo media puerta del frigorífico. También tengo un calendario, una lista de alimentos que nos sientan bien a los que allí vivimos, recortes sobre el centenario del Cabaret Voltaire, una foto en la que estamos Alaska, Mario, la Txurri y yo,  fotomatones familiares, pegatinas de animales sagrados hindúes que me trajo un buen amigo de un viaje iniciático. Ah, y un imán blandito con el teléfono del japo más cercano. Hecha la confesión y después de abrir en canal mi preciada intimidad familiar, paso a enumerar el medio centenar de cosas que tiene pegadas Juan Carlos Monedero en la suya. De hecho, voy a hacer un listado completo ya que tiene la puerta petada de mensajes que le definirían así: hombre blanco heterosexual, intelectual de izquierdas, fan de Hugo Pratt y con un sentido del humor tirando a mediocre.

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Monedero, en su cocina, durante la entrevista que le hizo Millás. Foto: Pablo Vázquez.

Los detalles, a continuación. La parte ideológica ocupa bastante en la puerta del frigorífico. Tira de clásicos como el Che Guevara: foto del comandante con el puro en los labios, Homer Simpson disfrazado del guerrillero con el lema ‘Cerveza o muerte ¡Venceremos! y un recorte con el Che en la selva vestido de verde oliva. También tiene otro de Hugo Chávez disfrazado como El Chavo del 8, personaje de una comedia televisiva que ha triunfado durante décadas en muchos países latinoamericanos. No podían faltar las chapas de Nunca Máis (tiene dos) y las referencias al bando republicano en la Guerra Civil: imán de homenaje a las Brigadas Internacionales, de la República tricolor, del rostro de Miguel Hernández con la fecha de su nacimiento y su muerte en prisión, de un poster de los años 30 con la frase ‘Aquí está Madrid pero nunca será del fascismo’ y otro con la fecha 1937 y el eslógan ‘Honor y gloria a los defensores del pueblo’. No se olvida Monedero de la revolución de 1934 en Asturias, del cartel que pintó Joan Miró pidiendo ayuda para la Segunda República a Europa ni de los milicianos y el ‘No pasarán’. Vamos, que parece que se ha comprado el kit completo de imanes en TodoRojo.com. Se me olvidaba el retrato de Lenin. Monedero se acuerda también del sufrimiento de los judios durante el Tercer Reich y tiene en grande, en la parte de arriba de su nevera, una foto de unos soldados nazis sacando a una familia judía del gueto de Varsovia para ser deportados.

Si pasamos a la parte intelectual, el fundador de Podemos tiene presente en la puerta de su frigorífico a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis que dijo aquello de “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”; a Nicolás Maquiavelo, teórico político que escribió El Príncipe, en un retrato del manierista Santi di Tito. Durante la entrevista con Millás, Juan Carlos Monedero anuncia que va a reconstruirse como intelectual comprometido y pone como ejemplo a Manuel Vázquez Montalbán, el periodista y escritor fallecido en 2003. Es fan total del que fuera colaborador de esta revista y en su frigorífico ha colocado una foto donde se ve a Vázquez Montalbán cubriendo la primera conferencia de prensa de Santiago Carrillo en España tras la muerte del dictador Francisco Franco. Dentro de este apartado voy a incluir una pizarrita que tiene pegada con la palabra gallow (horca en inglés) y un dibujito de una soga (que lo explique él).

En cuanto al toque humorístico estaba cantado que Monedero tendría alguna referencia  a los hermanos Marx en la nevera. Además, ha pegado un pequeño imán de Calvin (uno de los personajes de las tiras Calvin and Hobbes) y un Homer Simpson en calzoncillos con camiseta de Supermán y sentado en su sofá. Lo que no me esperaba (y tampoco sé por qué) era un adhesivo con el lema ‘Warning, choking hazard’ (algo así como ‘Atención, peligro de asfixia’) bajo un dibujo de una chica haciéndole una mamada a un chico.

Esta pegatina podría estar también en el apartado más picarón de la nevera del profesor universitario, donde Monedero incorpora una foto en blanco y negro, que podría ser del fotógrafo Helmut Newton, pero que no he podido confirmar después de una extensa búsqueda en Google. En ella se ve unas preciosas y largas piernas de mujer con unas medias de encaje en el muslo. La protagonista se sujeta los glúteos con las manos. También encontramos una foto de una mujer muy bonita de rasgos asiáticos, y en topless, que a pesar de mi profesión, tampoco he sido capaz de identificar.

Se nota que Monedero es un loco de Hugo Pratt, el historietista italiano que creó Cortó Maltés: en el refrigerador hay salpicadas chapas e imanes del marinero, una fotocopia de un estudio de desnudos y un retrato de Pandora, personaje de La balada del mar salado, todos del dibujante de Rímini.

La parte viajera la ventila el ex dirigente de Podemos con algún souvenir (no sé si comprado por él o regalado): imán de San Petersburgo, Nueva York y São Paulo, foto aérea de Manhattan e imagen del puente de Brooklyn, y un plano de Berlín. Aquí añado un muñeco de una mujer andina sobre una chapa que reza ‘Stop the War Against Women!’ y un rótulo del Paseo de las Cobijadas, calle de Vejer de la Frontera Cádiz, según me indica un buscador en internet.

Como curiosidad, hay una pegatina imantada de ‘Bruce, fighting spirit’, la biografía sobre Bruce Lee, el famoso artista marcial, que escribió Bruce Thomas en 1994, y una secuencia de El club de la lucha, donde aparece un escultural Brad Pitt magullado junto con sus coleguitas. Varias mariposas sobrevuelan la puerta del frigorífico, una página culinaria y palabras sueltas con las que Monedero forma frases ilegibles hasta con la lupa del Photoshop. Creo ver también un retrato de Ramón Gómez de la Serna pero tengo mis dudas y un recorte donde se ve en primer plano al actor Edgard G. Robinson, acusado de comunista durante la Caza de Brujas en EEUU.

Le agradezco personalmente a Juan Carlos Monedero que se haya dejado fotografiar en su cocina, y estoy pensando en empezar un serial –En tu nevera o en la mía, lo llamaré– analizando cómo decoran personajes televisivos su electrodoméstico. Estoy deseando que me den luz verde Celia Villalobos, Eduardo Inda, Begoña Villacís, Jordi Évole y Falete. Salud y ¡a vivir! (Y compren interviú, esta semana estamos sembraos).

 

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La mirilla y las doce apóstoles de 2015

La mirilla. Foto de Alberto Gayo.

En el momento de los buenos deseos, las enmiendas, los planes y las fantasías, he girado la cabeza hacia el 2015 para escribir una carta de agradecimiento a las 57 mujeres (y un hombre) que fueron portada de interviú. Gracias. En estos doce meses he visto desde la mirilla a “reinas del crepúsculo” y “chicas aturdidas”, que decía el poeta surrealista Louis Aragon; y también labios perfectos que brillaban más allá de la oscuridad, pechos que construían sombras nítidas y piernas qus soportaban con glamour las perrerías del día a día. He escuchado historias íntimas, y muchas veces citar la palabra amor (con un ‘des’ delante o un ‘ío’ detrás). He conocido actrices, modelos, concursantes, oftalmólogas, cantantes, tertulianas, artistas, políticas, bailarinas, estudiantes y deportistas… Despechadas, generosas, fiesteras, toconas  y tímidas… todas con estrella. He hablado con chicas que todavía no saben hacia dónde tirar, que te llaman nada más acabar la operación de cirugía estética, que lo ven todo con gafas de sol. Y he compartido ratos con auténticas poetisas de la resistencia, que siempre sonrien, que cuando se pintan con carmín o se colocan una horquilla funden las bombillas del camerino. Estoy seguro que todas se lo pasaron muy bien con el equipo de interviú. Hubo una que no le había dicho a sus padres que iba a salir en portada. El día que pusieron la revista en el kiosco, vio de lejos a su progenitor comprar cuatro ejemplares para alardear en el barrio.

Desde aquí otro abrazo fin-de-año para David Arnanz, responsable de gran parte de las portadas. Con él he compartido las mieles y los sinsabores, semana tras semana, de esa parte tan importante para interviú que son las sesiones fotográficas. Otro abrazo a los que piensan que nos hemos tirado el último año viviendo en un sofá de escai en la mansión de la lujuria viendo fotografiar a txurris espectaculares o en una tumbona junto a la piscina de un chalé de La Finca mientras hacían los shooting. Ojalá pero no. Nos hubiera encantado ser dos crápulas en medio del camarote de las hermanas Marx pero esa ensoñación se aleja de la realidad. Nos lo pasamos bien porque se trabaja con mujeres divertidas y entregadas y con profesionales (fotógrafos, estilistas, maquilladores, peluqueros…) de la imagen pero no olvidéis, son más de 50 portadas al año.

Aprovecho también para felicitar a esos fotógrafos y fotógrafas –cada vez tenemos más mujeres al mando de las sesiones– que han estado con nosotros en 2015. Ha sido un año duro (y recortao, que diría Mariano) para todos. Espero que el 16 vaya mejor.

Dicen que Jesús eligió a sus discípulos para que propagaran hasta el infinito, y más allá, las enseñanzas del maestro. Pues bien, las doce apóstoles que yo he escogido para ilustrar el último post del año han escenificado de maravilla lo que es interviú (bueno, su parte erótico-festiva): poderío, deseo, provocación, desafío, fuerza, morbo, sensualidad… Me callo ya que seguro que estaís deseando ver las fotos más bonitas de 2015 (según mi criterio). Pinchando en cada una podréis descargar toda su sesión. Y si queréis ver las exclusivas, las imágenes más impactantes, las entrevistas más incorrectas y los reportajes más cañeros, el resumen del año lo tenéis en el número de esta semana.

Julia de Castro, cantante del grupo De La Purissima. Fotos: Diana Kunst.

Julia

 

Lola, concursante de Supervivientes. Fotos: Alberto Bernárdez.

lola

 

Claudia, concursante de QQCCMH. Fotos: Sandra Torralba.

Claudia

 

María Sánchez, concursante de GH. Fotos: Joan Crisol.

Maria

 

Carolina Abril, actriz porno. Fotos: Joan Crisol.

carolina

 

Elisa De Panicis, concursante de Supervivientes. Fotos: Nacho Casado.

Elisa

 

Paula González, ganadora GH15. Fotos: Alberto Bernárdez.

Paula

 

Aguasantas, concursante de GHVip. Fotos: Jesús U. Solís.

aguasantas

 

Raquel Méndez, Miss Cannabis. Fotos: Sandra Torralba.

Raquel

 

Miriam Benoit, actriz. Fotos: Fátima Sanz.

miriam

 

Chari Lojo, concursante GH y GHVip. Fotos: Sandra Torralba.

Chari

 

Tracy Coll, concursante de MYHYV. Fotos: Joan Crisol.

Tracy

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Si hoy no canta Fiti ¿quién nos va a cantar?

Fiti se hace una foto con Steisy en la fiesta interviú nº 2.000.

Fiti se hace una foto con Steisy en la fiesta interviú nº 2.000.

Ahora nos dirán que la vida continúa, que hay que ser fuerte ¡Una mierda! Y nos diremos a nosotros mismos que se ha ido uno de los últimos reporteros de los de verdad, de los antes, de esos que se exceden en casi todo ¡y una mierda! Hoy no me vale ningún consejo, ni los bienintencionados ni los que se hacen por compromiso. Hoy se ha muerto Juan Luis Álvarez –todos le conocemos como Fiti– en un bar mientras tomaba café y eso es una de las mayores putadas que le podía pasar a esta redacción.

Desde que entré en interviú en 1998 es el día más triste que he vivido aquí (y no es el primer compañero al que tenemos que despedir). Sobra hablar de lo buen periodista que ha sido. Ahí están sus cientos de exclusivas como reportero de investigación, sus cientos de sucesos bien escritos, sus historias de denuncia a las que no le faltaban ni un detalle. Qué más da ya. Llevo años compartiendo con él espacio y barra de bar, canciones y botellines de Mahou, desahogos, malos rollos, risas y confidencias de reportero. Desde que hemos anunciado su muerte ya son varios los ex trabajadores que me han enviado mensajes de condolencia recordando que Fiti era la alegría de la huerta de una redacción machacada en los últimos años por las pequeñas miserias internas y los grandes recortes de una crisis que te va haciendo un descreído de esta profesión. Pero ahí estaba Fiti, ese tipo que no sabía (o no quería) pronunciar bien términos como Facebook, que amenizaba las tardes de los jueves con canciones protesta setenteras sacadas del Youtube, pero siempre dando razones para seguir creyendo en el periodismo como única barricada contra los abusos y las corruptelas, contra los miserables.

En los últimos dos años he pasado mucho tiempo con David Arnanz y Fiti en el bar Avenida (el que está junto a interviú en este maldito polígono del norte de Madrid). Cuando me refiero a mucho tiempo hablo de tomar un botijo a mediodía cuando el jaleo de la redacción nos dejaba un respiro. Allí hicimos terapia, allí nos contó que había hecho cálculos para jubilarse porque, aunque era joven (58 años) y  no lo decía, estaba cansado de este periodismo en tiempos de crisis, allí despotricaba contra el pasteleo independentista catalán, contra las subvenciones a dedo a los amiguetes, contra Gallardón, contra los advenedizos, allí recordaba batallas y calculaba el siguiente tramo del Camino de Santiago.

Ya no quiero hablar más porque estoy seguro de que mis compañeros, sus compañeros, le van a rendir el homenaje que se merece en textos mucho más sentidos que este.

Os dejo la letra (y al final el vídeo) de esta canción de Enemigos como despedida. Él lo entenderá… desde el mar (de Huelva o de Asturias). Adiós Fiti.

Me ha dicho Fiti / que hoy no va a cantar,  / se le habrán quitao las ganas, / que no va a cantar más ná. / Si hoy no canta el Fiti  / ¿quién nos va a cantar?  / ¡Ay, Fiti, coño! / ¿Quién nos va a cantar más ná? / Esto es lo que me ha dicho, / me lo ha dicho desde el mar. / Y me ha dicho el Fiti / que aún tiene sed / y que aún le queda el capricho / de montar un bar. / ¡Ay, Fiti!, los bichos que hay en el mar / no toman cañas ni con pincho, / y tú quieres montar un bar, / en el fondo del mar… / …¡cómo vas a montar un bar!  / Y me ha dicho el Fiti  / que allí también / hace falta mucho dinero / para montar un bar. / Y me ha dicho que usemos / la puerta de atrás, /y bien mirao, yo lo prefiero. /Para variar, un bar en el fondo del mar. / Sopita de sal, ahora picas más. / punta del sol, / amante del viento, / fosa común. /¡Vomítalo! / Estrecho, no hay derecho ni hay reloj, / vomítalo. / Guardián de la espuma salpimientá / ¿o es que no tienes bastante / con su dolor? / Shoshito del mundo, ¿que más quieres tú? / El día en que sus cenizas canten / no será por ti, por ti no. Me ha dicho el Fiti  / que hoy no va a cantar, / se le habrán quitao las ganas, / que no va a cantar más ná. / Si hoy no canta el Fiti / ¿quién nos va a cantar? / ¡Ay, Fiti, coño!
¿Quién nos va a cantar más ná?

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[P.D. Para justificar la foto que acompaña este texto tengo que explicaros que Fiti, casi todas las semanas, se acercaba a ver qué chica llevábamos en portada. Puedo decir que le gustaban más las fotos del final de la revista, las de la sección Chica Max. En la fiesta donde celebramos el número 2.000 de interviú no paró hasta que le presenté a Steisy, una concursante de Mujeres y Hombres y Viceversa. No sabía quién era realmente pero le hizo gracia inmortalizarse al lado de un pibonazo]

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Las heces de Franco

Pintándole el bigote al Caudillo. (by Jong Ki Love)

Pintándole bigote al Caudillo. (by Jong Ki Love)

Franco murió el 20 de noviembre de 1975 pero pudo haber dejado este mundo en los últimos días de julio de 1974 y no por la acción armada de un grupo antifranquista o una bala perdida durante una jornada de caza. El dictador estaba ya muy enfermo ese verano, algunos médicos comentaron que se moría y otros avisaron de que el caudillo sufría cáncer de colon. A pesar de todo, el anciano militar se vino arriba y apareció paseando por la Ciudad Sanitaria Provincial ‘Francisco Franco’ enfundado en un pijama, con un batín de terciopelo y los pies desnudos metidos en unos zapatones. Las radiografías fueron ocultadas y donde los especialistas vieron un “adenocarcinoma de colon sigma” –un cáncer–, el cardiólogo Cristóbal Martínez Bordiú (yerno del generalísimo) diagnosticó una “pequeña estrechez de colon” y se lo llevó de vuelta al palacio del Pardo.

interviú (revista que salió al kiosco solo seis meses después de muerto Franco) publicó en exclusiva las radiografías secretas que demostraban que el hombre que mandó en España cuarenta años tenía cáncer y que todo se tapó en un intento de controlar los últimos meses del dictador. La información apareció en los 80.

El 24 de julio de 1974, el estado de salud de Franco era de extrema gravedad, tenía una intensa hemorragia por el recto. “La sangre fluía continuadamente por el ano, a la vez que sufría pequeños vómitos de sangre”, explicaron los especialistas. Los doctores Hidaldo Huertas, Ramiro Ribera, Franco Manera y Ortega Núñez se alarmaron y decidieron practicar un enema de bario para poder localizar la hemorragia. El reportaje de interviú describía perfectamente el ambiente en el hospital: “(…) en la sala de exploraciones radiológicas esperaban unos quince médicos la llegada del caudillo; diez, por lo menos, nada tenían que hacer allí. Algunos fumando gruesos puros que inundaban de humo la estancia”. Un miembro del séquito tuvo que decirles que dejaran de fumar y una enfermera se arrojó sobre Franco y lo cubrió de besos.

Reportajes publicados por interviú.

Reportajes publicados por interviú.

En la preparación del enema estuvieron presentes hasta 30 personas (médicos, radiólogos, cirujanos, enfermeras, auxiliares, seguridad, séquito y médicos espectadores). Franco debió flipar con el espectáculo mientras esperaba a que le introdujesen una cánula por el ano para inyectarle una mezcla de bario y agua, y así poder sacar las placas. Todos coincidieron en que Franco era un buen paciente, dócil, que se dejaba hacer. Un año después, en noviembre de 1975, el militar también se portó estoicamente durante su agonía en el Hospital La Paz. Así se lo ha reconocido en exclusiva a la periodista de interviú Nieves Salinas una de las diez enfermeras que atendió al militar (esta información y otros reportajes los puedes leer completos en el suplemento especial de 68 páginas que acompaña a la revista esta semana).

Volvamos a julio de 1974. Tras 30 radiografías, el yernísimo (y marqués de Villaverde) quitó importancia al diagnóstico de cáncer de colon y no dejó que le hicieran una exploración rectal para obtener una biopsia. El marqués trasladó rápidamente a Franco al Pardo pero los rumores sobre el cáncer del dictador se convirtieron en un secreto a voces en el Hospital Francisco Franco. Todos sabíamos lo del cáncer”, confesó una enfermera a interviú en 1983. Los radiólogos consultados por esta revista no tenían dudas: la lesión era compatible con un cáncer en un 99,9 por ciento. Las radiografías desaparecieron y no se volvió a hablar hasta la exclusiva de interviú. Los especialistas confesaron que ese cáncer pudo precipitar la tromboflebitis por la que Franco fue ingresado en noviembre de 1975 en el Hospital La Paz. Que aquel “adenocarcinoma de colon sigma” pudo extenderse hasta otros órganos. Aquel anciano de 82 años murió pasadas las 5 de la madrugada del 20N de 1975 por un paro cardiaco como final de un shock tóxico por peritonitis.

Departamento de Radiología de la Ciudad Sanitaria 'Francisco Franco' donde se atendió al militar.

Departamento de Radiología de la Ciudad Sanitaria ‘Francisco Franco’ donde se atendió al militar.

“El ambiente [en la ciudad sanitaria] era más político que médico. Algunos solo buscaban aprovecharse de la situación y no fueron todos los que manipularon la verdad, sino los que hacían más política que medicina. Villaverde, que no estaba en Madrid cuando ingresó Franco en la clínica, cambió todo a su regreso de Filipinas y creo muchas tensiones entre los médicos. Negó la existencia del cáncer y se llevó al enfermo sin permitir que se le hiciera la biopsia. Ni que el cáncer fuera suyo, o fuera un cáncer de Estado”, explicaron fuentes médicas.

interviú consiguió aquellos informes y radiografías que se habían mantenido en secreto. En la parte superior estaban escritas las iniciales S.E.F.F.B (Su Excelencia Francisco Franco Bahamonde). La historia, con radiografías incluidas, fue publicada en tres partes. Los lectores pudieron ver el intestino delgado, la pala ilíaca, el sigma colon y hasta las heces del hombre que en 1939 provocó la guerra civil en España. Lo de ‘Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel‘ es otra historia.

Radiografía e interpretación de Franco.

Radiografía e interpretación del estado interno de Francisco Franco.

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La rumba os hará libres

Luces y sombras de Rumba Tres.

Luces y sombras de Rumba Tres.

¿Quién salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena? (El niño yuntero, Miguel Hernández).

No soy capaz de describir el vacío que supone ver a un niño sufrir. El sufrimiento de los que empiezan a vivir (y a morir) casi al mismo tiempo. De los ahogados que huyen de las guerras, de esos que destrozan sus dedos en cadenas textiles o recogen la siembra de tierras humilladas. De aquellos que son acosados en una escuela o desesperan en una cama de hospital sin entender nada. Esta historia también va de chiquillos, de unos que se llevaron muchas hostias. Pero va, sobre todo, de la música como remedio de muchos males.

Los protagonistas de este texto –Pere, Joan y Pepe– encontraron el martillo que destrozó sus cadenas en una guitarra. Alegría y fiesta como terapia. Hace días un amigo me puso en contacto con los directores de un documental que se estrena en breve sobre la historia de Rumba Tres, trío de rumba muy conocido en los 60 y 70 del siglo pasado. ‘Rumba Tres, de ida y vuelta’ homenajea a esos tres chicos que sufrieron la miseria de la posguerra, que luego triunfaron por medio mundo y que, como casi siempre, cayeron en el olvido. El docu relata el desparrame del éxito, el placer de cumplir una misión en la vida, el gozo que provoca la rumba… y la amargura de una infancia a merced de unos desalmados que deberían haberse podrido en el infierno. La primera imagen confunde: un plato de garbanzos pochos y caldosos con gusanos y un mendrugo de pan sobre una mesa. Pero más adelante, cuando llegamos al capítulo dedicado a la infancia que vivieron Pere y Joan Capdevila, dos de los Rumba Tres, todo se entiende.

Poco después de salir de 'La Prote' montaron un grupo para presentarse a concursos musicales.

Poco después de salir de ‘La Prote’ montaron un grupo para presentarse a concursos musicales.

“No sé, no sé, no sé no sé que tienen tus ojitos, que me vuelven loco”. Antes de los hit, de las grupos, las giras internacionales y los discos de oro, Pere y Joan estuvieron unos pocos años en uno de los lugares más siniestros de la Cataluña de posguerra. Su padre era un invalido de guerra sin posibilidad de progreso. Un día de los años 50 los metió en la Protección de Menores (conocida como ‘La Prote’) del barrio de Poble Nou de Barcelona. En aquel edificio de la calle Wad-Ras acabaron los niños de nadie, hijos de republicanos, de mutilados; incluso menores que habían nacido en zona roja y no habían rellenado su declaración en castellano. “Era una prisión de niños donde nos hacían de todo. Comíamos pieles de naranja, había gusanos en los platos del rancho y chinches en las camas. Yo me comía la pasta de dientes como si fuese una golosina”, confiesa Pere Capdevila en el documental. Después se convirtió en la alegría de la huerta, en el cantante de Rumba Tres. “De allí muchos no salieron bien, salieron con odio”. Él mismo reconoce que los tres años que permaneció allí encerrado –dejó La Prote con 9 años– le afectaron a su intelecto, a su memoria, “muevo continuamente los brazos y las piernas” y tiene la personalidad trastocada “por la puta Prote. Hubiera necesitado psicólogos y psiquiatras”. Ya famoso, las injusticias le sublevaban. Una noche vio como un chucho se calaba por la lluvia a las puertas de un bar. Diluviaba y el perro no se movía. Pere entró al establecimiento, preguntó por el dueño del animal y parece que se lió a guantazos.

Comentan las investigadoras Elena Ràfols, María Verdú y Neus García Ràfols en su estudio ‘Las instituciones de protección de menores y benéficas: centros de menores femeninos de Barcelona y provincia (1939-1959)’ que al finalizar la guerra civil miles de niños y niñas se encontraron sin familia porque se habían quedado huérfanos, tenían los padres en la prisión, en el exilio o habían sido abandonados. En La Prote llegó a haber más de 800 menores de 3 a 13 años, balas perdidas que en muchos casos se transformarían en perturbados o delincuentes. Almacenados allí como en un campo de concentración, la norma eran “los castigos gratuitos y la crueldad. Los premios, generalmente, solo buscaban la competitividad y las envidias entre los internos”. Allí pegaban, humillaban… y todo bajo el control manipulador de religiosos que siempre negaron lo evidente, el maltrato. “Hambre y frío son los elementos presentes en el recuerdo de todos los niños que fueron internados en algún centro de este tipo y explican cómo se peleaban por las cáscaras de patata y de fruta”, comentan las investigadoras. Desnutrición, raquitismo y enfermedades. Sin agua caliente en las duchas. El Estado franquista y la Iglesia convirtieron estas instituciones para la protección de los menores en centros de represión, control y reeducación de los chavales.

Rumba Tres se coló en todos los hogares con canciones que rezumaban fiesta.

Rumba Tres se coló en todos los hogares con canciones que rezumaban fiesta.

A pesar de la tragedia, Pere, Joan y Pepe –al que su padre le compró una guitarra para que se la trajeran los Reyes Magos cuando tenía 7 años– encontraron en la música, en los escenarios, su salvación, su venganza. “Yo no quiero ser mala hierba, que no, que no, que no”, cantaban. Y todo gracias a ese padre que un día tuvo que abandonarlos en La Prote. Al salir fue el primero en luchar para que los tres mocosos cumplieran su sueño de cantar y divertir(se). Paradojas de la vida de posguerra. Por esa razón, ninguno de los tres deja pasar un día sin acordarse de sus progenitores.

La principal virtud del documental firmado por Joan Capdevila (hijo de Joan el rumbero) y David Casademunt es que saca del olvido un trío clave en la música popular española y que lo hace de una forma muy entretenida, tragicómica. No suele ser tarea agradecida recuperar la memoria de unos músicos. Aquellas cintas de Rumba Tres sonaban en la cocina mientras la madre pelaba papas, en el radiocassette del coche durante esos viajes interminables de verano, en las fiestas de los pueblos, en los guateques caseros. “Rumba Tres fueron los pioneros en llevar lo popular al escenario”, explica Lolita Flores en la película. “Transmitían la alegría de vivir”, cuentan los Estopa. José Mota los compara con The Rolling Stones “en vitalidad y fuerza”. En esta era en la que hacemos cachitos de todo es obligado hablar de esos tres chicos que salían a escena con pajarita y peinados imposibles (en plan Jackson Five de la rumba catalana) en la última etapa del franquismo. Hasta el célebre Peret reconoce que “cantaban mejor que yo. Su canción ‘Ya no te puedo querer’ es uno de los mejores temas de la rumba catalana de todos los tiempos”.

El trío llegó a hacer más de 300 conciertos en un año y visitó decenas de países.

El trío llegó a hacer más de 300 conciertos en un año y visitó decenas de países.

Tuvieron audiencias millonarias, viajaron por todo el mundo –hasta 300 conciertos en un año–, vendieron discos sin parar, tocaron ante 30.000 personas en Washington y Houston; las fans se los comían en Venezuela, Ecuador o México. Y encima fueron los reyes del descontrol, el ligoteo y las peleas. Donde no hay imágenes, Capdevila y Casademunt han sabido recrearlas con escenas de ficción: memorable la pelea en una discoteca a puñetazo limpio o aquella seguidora que se sacó una teta para que se la firmasen los de Rumba Tres. Camerinos a rebosar, sujetadores voladores que salían del público como palomas al viento. Hubo una fan que se presentó en casa de uno de los rumberos y le dijo a su mujer que estaba allí para llevarse a su marido. De repente, una caja con botellas de agua vacías cayó desde la ventana y casi hay una desgracia. El capítulo dedicado a sus mujeres es digno de mención: por un lado sus ojos no querían ver para que los corazones no sufriesen y por otro, la familia era el único amarre.

Todavía hoy siguen haciendo actuaciones. Han pasado más de 40 años de sus éxitos.

Todavía hoy siguen haciendo actuaciones. Han pasado más de 40 años de sus éxitos.

En un país sudamericano, durante una conferencia de prensa hasta la bandera, alguien les preguntó sobre la droga. Pere cogió el micrófono y dijo: “No se dejen comer el coco por la droga”. Las mujeres presentes, estupefactas, no podían creer lo que estaban oyendo. El cantante de Rumba Tres no sabía que allí coco era sinónimo de coño.

De las limusinas y los guardaespaldas pasaron al olvido. Llegó el pop y el rock y ellos decidieron quedarse en Cataluña y no coger el vuelo a EEUU. Rocio Jurado ya les había buscado una mansión en Miami. Perdieron ese y otros trenes pero ahí siguen Pepe Sardaña y Joan y Pepe Capdevila, dispuestos a cantar para quien quiera escucharles. “Pasamos de ser un objeto dominado –en referencia a su paso por La Protea darnos cuenta que la música nos daba fuerza moral, a sentir que cuando subíamos a un escenario éramos nosotros los que dominábamos, pero para que la gente se lo pasase bien”. ¡Viva la rumba catalana! ¡Bravo por la música!

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