Revolución de 1917, amor dadá y anarcafeminismo

Desnudo de Mina Loy, 1905.

Desnudo de Mina Loy, 1905.

Si hace cien años, en febrero de 1917, Vladímir Ilich Uliánov Lenin se hubiera quedado tranquilo en su cuchitril de Zurich y hubiese bajado todas las noches al Cabaret Voltaire –a unos pocos portales de su casa en la calle Spiegelgasse, donde el movimiento Dadá se empeñaba en hacer saltar todo por los aires– hoy podríamos estar hablando de otro estado de las cosas interplanetario. Pero no, cogió un tren y se piró a su tierra fría y salvaje para hacer triunfar la Revolución bolchevique. Convirtió a todos en comunistas, en rojos, cuando podía haberlos transformado a todos en negros. Y de aquella demolición podría haber surgido una alternativa al capital más ilógica, sí, pero más divertida y demoledora. ¡Vaya usted a saber! A lo mejor no existiríamos ninguno. O a lo mejor la Antiunión de Antirepúblicas Antisocialistas Antisoviéticas, la cuádruple A, hubiera hecho frente al fascismo, a la Triple A y, luego, al Capitalismo de manera más eficaz.

Si se hubiese tomado en el cabaret dadaísta unos cuantos vodkas o unos chupitos de absenta, se hubiese echado unos bailes africanos o peleado a guantazo limpio con alguno de los artistas que por allí penaban, la revolución podría haber sido otra. Hubiera cogido otro tren y les habría explicado a los parias rusos que otro mundo era posible. Demasiados hubiera.

Lenin, antes y después de la Revolución rusa.

Lenin, antes y después de la Revolución rusa.

El profesor Dominique Noguez, en su Lenin Dadá (editorial Península), explica que en 1916 y durante varios meses, Lenin se codeó en la ciudad suiza con los primeros dadaístas. La por entonces compañera del revolucionario, Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya, confiesa que a Lenin le gustaba la farra o al menos se ponía tontón con las canciones populares rusas. “Nos quedamos en Zurich, donde la vida era mucho más animada”, explica Krúpskaya. De hecho, en el Cabaret Voltaire se llegaron a organizar veladas rusas en las que participaba un tipo bajito con bombín, como recordó el dadaísta Hugo Ball. ¿Sería Lenin? En esos días, Zurich estaba llena de desertores, anarquistas, bandidos y artistas de medio mundo. Ana Muiña, en Mina Loy. Futurismo Dadá Surrealismo (ed. La linterna sorda), explica que mientras Lenin se documentaba y escribía en Zurich ‘El imperialismo, fase superior del capitalismo’, tuvo contacto con el inicial nihilismo dadaísta y sus espectáculos nocturnos. “Tanto Hugo Ball como Marcel Janco –dos de los fundadores del Dadá– afirman en sus memorias que la pareja famosa acudía al local [Cabaret Voltaire] de incógnito, pues aunque el grupo dadaísta conocía su identidad, no podían revelarlo porque el cabaret empezó a ser frecuentado por espías y policías que iban a controlar a los artistas”.

Lenin y Krúpskaya estuvieron en Zurich entre febrero de 1916 y abril de 1917. Cuentan que Lenin jugaba al ajedrez con el poeta Tristan Tzara, autor del primer manifesto dadaísta, y que el ruso tocaba en el local melodías folk rusas y declamaba fragmentos humorísticos de Chéjov. “El encuentro de la pareja con sus vecinos del cabaret se produjo a través del responsable de la Juventud Internacional Comunista, que tenía la base en Zurich”. Lo cuenta Krúpskaya en sus memorias y lo recoge Ana Muiña en la introducción del libro sobre la poeta, pintora y actriz Mina Gertrude Lowy Bryan, conocida como Mina Loy, una de esas mujeres dadaístas que fue solapada y escondida por la historia y sus propios compañeros.

Resumen de esta primera parte: el caos y la destrucción –que sí eran principios dadaístas– los aplicó Lenin (y los suyos) a la perfección y no solo contra aristócratas y enemigos del bolchevismo, también contra muchos anarquistas, según cuenta Noguez. Así que al final triunfó el comunismo en Rusia y el dadaísmo se quedó como movimiento subversivo underground, como los punkis de hace cien años.

Mina Loy (Ed. La linterna sorda) y Cartas de amor a Mina Loy (Ed. Periféricas)

Mina Loy (Ed. La linterna sorda) y Cartas de amor a Mina Loy (Ed. Periféricas)

En este texto utópico-distópico es imprescindible incluir la figura de Mina Loy, la subversión y la insumisión hecha mujer. El libro editado por La linterna sorda es una joya para entender quién y cómo era Mina. Vuelvo a los hubiera o hubiese. Si Lenin hubiese conocido a esta poeta, la revolución rusa no solo sería dadaísta, también feminista. La inglesa Mina Loy –nació en Londres en 1882– se movió en aquel principio de siglo XX buscando eliminar prejuicios, “fue una de las pioneras en romper los roles tradicionales femeninos victorianos. Comenzaron a hablar, desde las distintas expresiones artísticas, de sí mismas como mujeres y sobre las problemáticas que les importaban a ellas: la sexualidad femenina, el cuerpo, el parto… Hubo un movimiento importantísimo a finales del XIX y principios del XX que fue el de la libertad sexual y el amor libre, promovido por mujeres y hombres que componían un sector del movimiento anarquista y socialista revolucionario, no compartido por todos sus miembros”, me cuenta la librera y poeta Ana Cibeira, una de las estudiosas de la obra y vida de Mina Loy.

Retratos de Mina Loy.

Retratos de Mina Loy.

Esta autora todoterreno, y su concepto “demolición absoluta”, apostó por un cambio en el punto de partida simbólico en el tratamiento de los grandes temas que afectaban a las condiciones materiales de la vida de las mujeres. “El deseo ocuparía un lugar central y serviría como estrategia emancipatoria, no como un valor en sí mismo que preserva la virtud como ideal social; el sexo se vería con naturalidad y no como tabú; la monogamia, la infidelidad y los celos serían revisados a la luz de la dependencia femenina y el privilegio masculino; y la maternidad sería reivindicada como un derecho que todas, solteras y casadas, podrían tener”, explica Cibeira en el libro. Por ello, se incorpora a Mina Loy en el feminismo de la diferencia, en el anarcafeminismo, y no tanto en la primera ola del sufragismo.

Le pido a Ana que profundice un poco en esas ideas de Mina Loy y de otras mujeres de hace cien años: “El feminismo inicial era muy heterogéneo. De una parte estaba compuesto por mujeres más moderadas que aspiraban al derecho al voto de las mujeres, decantándose sólo por el sufragismo reformista; y de otra, colectivos de mujeres más radicales que aspiraban a la emancipación completa de las mujeres en todos los planos vitales: familia, educación, trabajo, procreación, sexualidad, en el plano emocional, sentimental, social, económico… Por tanto, reclamaban la abolición absoluta de los sistemas democráticos burgueses para que la mujer libre pudiera nacer con plenitud”.

Mina Loy y Djuna Barnes, fotografiadas en Niza (Francia) en 1972 por Natalie Clifford Barney.

Mina Loy y Djuna Barnes, fotografiadas en Niza (Francia) en 1972 por Natalie Clifford Barney.

Mina Loy llegó a redactar de su puño y letra el ‘Feminist Manifesto’ en noviembre de 1914. En vida nunca llegó a editarse y, en castellano, es la primera vez que se publica de la mano de La linterna sorda. Es una réplica al Manifiesto Futurista de Marinetti. Este vanguardista veía a las mujeres inferiores y Loy hizo una declaración subversiva frente al predominio masculino. Escrito en verso libre (sin puntuación) y con una composición tipográfica dinámica, plantea propuestas revolucionarias. Aquí reproduzco, tal cual lo escribió, alguna de sus declaraciones del manifiesto:

“Y si de verdad deseáis encontrar vuestro sitio sin menoscabo –sed Valientes y comenzad negando ese patético grito de guerra disparatado La mujer es igual al hombre– ¡NO lo es!”. “El primer engaño que os conviene demoler es la división de las mujeres en dos clases –la amante, y la madre Cualquier mujer madura y equilibrada sabe que es mentira. La naturalez ha dotado a la mujer completa de la facultad para expresarse a través de todas sus funciones –sin restricciones”. “(…) no hay nada impuro en el sexo –excepto en la disposición mental hacia él– constituirá una regeneración social incalculable y más vasta de lo que puede imaginar nuestra generación”.

Mina Loy y Peggy Guggenheim en París, 1926.

Mina Loy y Peggy Guggenheim en París, 1926.

La escritora, poeta, pintora, actriz, diseñadora e inventora estuvo en “todas las salsas artísticas y culturales de las llamadas vanguardias de entreguerras”, comenta Ana Cibeira. Se marchó de Londres cuando tenía 17 años para estudiar arte en Munich, se unió al Futurismo en Italia y al al Dadá en Nueva York, y luego al Surrealismo en París. Mina Loy tuvo una relación amorosa y loca con Arthur Cravan (el poeta, boxeador y agitador dadaísta que era sobrino de Oscar Wilde). Anarquista y antimilitarista –le buscaban por desertor–, Cravan conoció a Loy en EEUU. Se casaron y Mina tuvo una hija con él. Anteriormente ya había estado casada y había sido madre de otra niña. En 1929 le preguntaron en una entrevista para The Little Review cuál había sido el momento más feliz de su vida. Mina Loy respondió: “Cada momento que pasé con Arthur Cravan. El más triste: todos los demás”. Períferica editó en 2012 las cartas de amor que Cravan envió a Loy en 1917 y que demuestran que estaba por sus huesos hasta la extenuación. El poeta gigante dadaísta desapareció en 1918 a bordo de una barca en el Golfo de México. Mina nunca más supo de él.

Mina Loy y Arthur Cravan, un 'amour fou'.

Mina Loy y Arthur Cravan, un ‘amour fou’.

Loy regresó con sus hijas a Nueva York en 1936 y se instaló en uno de los barrios más pobres de Manhattan. “Escribió poemas y realizó collage de arte povera, interesándose por el padecer de los vagabundos. Murió en Aspen (Colorado) a los 83 años”, explica Ana Cibeira. Entre sus versos destacan los de Parto, considerado como uno de los primeros poemas donde se plasma la experiencia física del parto narrado por una embarazada.

The coat-stand, fotografía de Man Ray.

The coat-stand, fotografía de Man Ray.

Gracias a pequeñas editoriales como La linterna sorda se están rescatando textos rompedores escritos por personas transgresoras que han sido infravalorados en los últimos cien o ciento cincuenta años. Por ejemplo, los de Mina Loy. En Nueva York coincidió con otras artistas libres como Emma Goldman, la periodista Louisse Bryant, la activista feminista Mabel Dodge Duhan o Isadora Duncan, entre muchas otras vanguardistas.

Valentine de Saint-Point posa para el fotógrafo Alphonse Mucha, 1906.

Valentine de Saint-Point posa para el fotógrafo Alphonse Mucha, 1906.

Como reconoce Ana Muiña, investigadora en la Historia Social y grafista, muchas de ellas utilizaron su propio cuerpo como herramienta de reafirmación y como elemento visual narrativo. “Las imágenes de mujeres desnudas del Dadaísmo y del Surrealismo son bellísimas, estereotipdas y ambivalentes: muestran uno de los mayores estereotipos que hay, el sexo, y también fueron un medio de expresión de rebeldía contra la moral sexual imperante, el cuerpo indómito como afirmación desinhibida de lo natural”. Un cuerpo que hoy ya no subvierte ni escandaliza.

Para acabar, una reflexión que Valentine de Saint-Point incluyó en su Manifiesto de la Mujer Futurista –que también servía de respuesta a Marinetti–: “La humanidad es mediocre. La mayoría de las mujeres no son ni superiores ni inferiores a la mayoría de los hombres. Somos iguales. Ambos merecemos el mismo desprecio”. Salud.

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La Doctora Glas en un jardín tan extraño

Doctora Glas con el dedo en la boca.

Doctora Glas con el dedo en la boca (Foto TresSotomayor).

El sol de invierno se prepara para cerrar la mirilla. Nos hemos refugiado en el Jardín Botánico de Madrid huyendo de lugares comunes. Las plantas parecen calladas en esta época. Aquí estoy, persiguiendo un enigma, intentando descifrar a una mujer de 25 años a la que le gusta abrirse las venas en público. Una chica que cada vez que abre la boca en Twitter provoca un cortocircuito en los cuadriculados, en los que no ensanchan el alma, en los macromachistas y en los micromachistas, pero también en lo que ella denomina “la caverna feminista”. En realidad, a todos nos provoca chispas. Se llama Loola Pérez pero es conocida como Doctora Glas. Y es de Murcia.

Loola es una de las activistas feministas más prolíficas dentro y fuera de las redes sociales. Una Pepita Grilla que no encaja en la doctrina oficial. Presidenta de la asociación Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia 8 de marzo y miembro de la junta directiva de la Federación de Mujeres Jóvenes, dirige en su tierra un proyecto para prevenir la violencia de género y educar a los jóvenes en lo afectivo y en lo sexual, y es colaboradora habitual de Código Nuevo, una web para milenials. La Doctora Glas acaba de publicar Suicida (no profesional) busca puente (Luhu Editorial), su primera novela, que más bien parece la autobiografía de unos años intensos… No sé si a su pesar.

En las manos de esta graduada en Filosofía cayó hace unos años Doktor Glas, de Hjalmar Söderberg. La mujer de un clérigo que siente repulsión por su marido acude a un médico para que le firme un certificado de esterilidad y así evitar tener relaciones sexuales con su esposo. De aquí cogió su seudónimo Lola. “Me gustó mucho la estrategia de la mujer para no tener que follar más con su marido y así empoderarse. Si había un doctor ¿por qué no una Doctora Glas?”.

La Doctora Glas suda.

La Doctora Glas te mira (Foto: TresSotomayor).

Últimamente he conocido a mujeres que son un torrente de palabras. Son impacientes, coquetas, directas y están renovando el mensaje feminista. En este grupo incluyo a la periodista Celia Blanco, a la prostituta Natalia Ferrari, a la actriz porno Amarna Miller y, por supuesto, a la Doctora Glas. Son la avanzadilla española del feminismo pro sexo, ese que defiende la libertad sexual como arma frente al machismo.

En el imponente físico de Loola está marcada su filosofía de vida. Versos de la poeta norteamericana Sylvia Plath decoran su costado. “Me gusta mucho, habla de cosas trangresoras en el espacio doméstico”. Y pronto llegará a su piel otro tatuaje, un camafeo con un fondo de cerebro y unas piernas de pin-up en su interior. Y dos palabras: feminista bitch. Así, sin complejos.

Confiesa que de pequeña era una niña repelente –“creo que todavía lo soy”– a la que le costaba hablar en público. Se puso a estudiar Historia y los profesores le convencieron de que su vocación era la filosofía. “Para mí aprender a hablar en público ha sido una conquista feminista porque a las mujeres no se nos educa para que controlemos el espacio público, se nos domestica; y no se nos hace tímidas, pero sí miedosas. Como mujer se me educó socialmente en el colegio para que fuese insegura”.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid (Foto: Alberto Gayo).

En la escuela le interesaban más los poemas de Gloria Fuertes que los de García Lorca, “siempre buscaba libros donde la protagonista fuese una mujer aventurera que rompiese moldes. Y con 15 años leí ‘Travesuras de la niña mala’, de Vargas Llosa. Tomé conciencia de ser mujer desde que tengo memoria”, explica.

Loola ha cambiado mil veces de corte y de color de pelo. “Me costó mucho aceptarme, estar cómoda conmigo misma. He convivido con el machismo, también en casa, donde el machismo parece más benevolente pero donde es más peligroso porque se cuela disfrazado de paternalismo y valores tradicionales”. Necesita un café con leche muy caliente. Es el momento de acudir al confesionario: “El día que Melendi se cortó sus rastas, el cantante dejó de existir para mí. Era una loca de Melendi, una súper fan. Era como Kurt Cobain pero marca Hacendado”. Todos tenemos errores de juventud.

Esta chica grande, que conoció a su primer amor por Messenger a los 15 años, tuvo una lesión en la rodilla. Cogió peso. Un par de años antes le habían detectado en el instituto bulimia, un grave trastorno alimentario que ha conformado también su forma de ser. “Me derivaron a Salud Mental y hasta hace poco más de dos meses he estado yendo por allí”. Los síntomas se mezclaban con los de la anorexia. No estaba a gusto consigo misma pero tampoco con el mundo.

“Empecé a tirar la comida, a escupirla, a vomitar, a beber mucho agua, a hacer dietas irresponsables, empezaron las autolesiones, me ataba cinturones a la barriga hasta que me hacía heridas. Para mí era una salida, una liberación de situaciones que no podía controlar”. El trastorno le afectó al estado de ánimo, al sexo. “No era capaz de seducir, de hacer determinadas posturas. Si estás mal contigo, influye en cómo te expresas”.

Aprovecho que habla de sexo para volver al confesionario. Reconoce que le ponen los tíos que se parecen entre sí, “es como si me enrollase con el mismo tío siendo personas diferentes”. Recuerda cuando se coló en el instituto un verano para hacerlo con su amor platónico en medio del patio del recreo. “Estuvo bien pero mi picaron muchos mosquitos”.

Doctora Glas desde arriba.

Doctora Glas desde arriba (Foto: Alberto Gayo).

En la sanidad pública le tocó un psicólogo horroroso, que en lugar de preguntarle por qué hacía dieta padeciendo bulimia, le preguntaba por sus relaciones sexuales. Con 17 empezó a trabajar en un bar y una noche, cuando hacía caja, su jefe le encerró en la cocina e intentó besarla. “Estuve espabilada y le dije que era menor y que se estaba metiendo en un problema”. A los 18 años firmó el alta voluntaria pero ella misma sabía que no estaba curada. Su madre la vigilaba. La bulimia vino de la autoexigencia, de querer siempre ser la mejor en todo, de su afán por supervisar todo de forma obsesiva. “Necesité quitarme la culpa, entender que aquella niña no era culpable”. Entonces volvió a terapia con una psicóloga que le abrió las puertas de la autopercepción.

En Suicida (no profesional) busca puente está su vida camuflada de ficción. “Vamos a decir mejor que es una novela con tintes biográficos que le va a servir a mucha gente que ha pasado tiempo en bucle, personas que se han descubierto después de pasar por situaciones muy extremas que nadie huele o ve. Pero sobre todo está dedicado a esas personas que son capaces de darse una segunda oportunidad”. Es una historia que se lee fácil, que entremezcla píldoras de poesía deslenguada con capítulos no aptos para cardíacos. Es una novela de iniciación para jóvenes que se puede leer de forma lineal o a saltos.

Este encuentro entre un periodista de interviú y la Doctora Glas tiene una explicación: en diciembre me envió un mensaje agradeciendo que hubiese compartido uno de sus escritos sobre suicidios inducidos. En ese momento me confesó que era lectora habitual de interviú. Me resultó muy agradable que una mujer veinteañera disfrutase con el periodismo de siempre y con el erotismo de ayer y de hoy. Así que decidimos echar unas horas juntos en uno de sus viajes a Madrid, viajes de trabajo en los que debate formas de luchar contra la violencia de género.

Doctora Glas lianta.

Doctora Glas lianta.

“Que algunas feministas se metan con interviú es una bobería, hay un grupo dentro del feminismo que no sabe comprender qué significa el deseo, el erotismo, la belleza, el cuerpo, la expresión del cuerpo. No es capaz de hacer clic, y ve todo desnudo de una mujer, toda expresión sexual de una mujer, como un ejercicio de explotación o cosificacion. Les diría que se animasen a salir en portada”, explica Loola.

Vuelta a la plaza de las confesiones, esta vez para hablar de fantasías… y de su cuerpo. “Mi boca es lo que más me gusta. Porque es bonita estéticamente porque me encanta el sexo oral. Representa mi parte política y erótica”.

Es tan lianta que le siguió el juego al cantante Nacho Vegas y al final acabó en casa del músico para travestirse. Él de la doctora y ella del rockero. Y Twitter andan las pruebas. Fantasía cumplida. Aunque tiene un par de ellas pendientes: “que me pongan pinzas en los pezones y volver a liarme con mi ex porque nunca me corrí con él”. Arte puro.

Loola Pérez se mueve por ese feminismo que está en los márgenes pero que pide paso con las luces largas dadas. “EEUU me gusta mucho, allí hay contrastes, el feminismo pro sexo es el que más me convence porque pone el foco en la sexualidad, que en España, viniendo de tradición católica y de la dictadura, no hemos vivido con naturalidad”. Últimamente se ha metido en una cruzada donde tiene las de perder ¿o quizá no? Es de las que piensa que el feminismo hegemónico, “el que tiene el poder, los sillones y algunos medios a su favor”, no está concienciando a los hombres lo suficiente, “y los hombres juegan un papel fundamental en la lucha feminista. Me preocupa que cierto feminismo imponga un pensamiento único, dogmático y excluyente. Agradezco a esas mujeres que lucharon por unos derechos que yo ahora puedo disfrutar pero también es importante conocer el contexto y saber lo que implica un relevo, no solo de posición, también de ideas”.

Vale. Como argumento para no tirar la toalla me parece correcto pero Doctora, mójese un poco más ¡por la Virgen!

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Por ejemplo, Barbijaputa –alias de guerra de otra de las feministas más activas en Twitter, que colabora habitualmente con eldiario.es– es un altavoz importante “pero su pensamiento, que es muy fácil de absorber pero que nadie cuestiona, es muy culpabilizador y no ayuda a que los hombres tomen conciencia del problema. Muchas veces no es capaz de enfrentarse al enemigo y convierte en enemigas a mujeres transgresoras. Barbijaputa es totalmente prescindible. No me gustan las feministas que van repartiendo carnés de feminismo. No entienden que no somos mejores que ellas pero sí distintas. Se está creando la sensación de que todas somos yonquis del feminismo, pero ese es un feminismo de pin, un feminismo de consumo. Y eso es peligroso. Parece una etiqueta y eso no puede ser”. Loola se ha quedado a gusto. Yo no me atrevería a meter a Barbijaputa en lo que ella denomina ‘caverna feminista’ pero bueno, ella sabrá.

El caso de Cristina Pedroche y su vestido con transparencias para dar la bienvenida al 2017 es uno de los casos que más le dolió a la Doctora Glas. “A mí Pedroche me da igual pero que sea el blanco de las críticas porque se pone lo que le sale del puto coño me parece injusto. Toda mujer tiene el derecho a vestir como quiera, en la tele, que es un espectáculo, o por la calle”. Loola cree que en la actualidad conviven dos miradas feministas, una renovadora y otra arcaica “que a veces procede de forma misógina. No puede ser que una presentadora se ponga un vestido con transparencias y digan que es una imposición machista o que le digan a una actriz porno que no puede ser feminista. La carnicera de la esquina, la limpiadora o la ama de casa también pueden serlo. Es como decir que todos los hombres son violadores en potencia. Una socialización machista no lleva a que te conviertas en un machista y en un violador. Hay que separar lo que es un machista de un violador porque si lo juntamos estamos dando la sensación de que somos una yonquis del feminismo”.

Doctora Glas de perfil.

Doctora Glas de perfil.

Amante del cibersexo y bisexual, esta bloguera y escritora tiene claro lo que quiere ser de mayor: “un peligro para la gente estúpida”. Para conseguirlo, no para de leer, a feministas de aquí pero sobre todo de allá, del otro lado del Atlántico; y también a poetas.

La otra faceta de Loola Pérez es la de servir a su comunidad, a los más jóvenes. Ahora trabaja en prevención de la violencia machista con chavales de instituto en Murcia. “Las chicas que tienen relaciones sexuales siguen siendo tratadas como putas o ninfómanas, y los chicos han sido socializados para tener el control de la situación, para hacer ver que son el puto amo en la cama y luego no tienen conocimiento del placer sexual de las mujeres. Pasa en la adolescencia, en la juventud y también en la edad adulta. Solo se arregla con educación sexual, desde primaria. Y si me apuras, desde infantil pero adaptando los conocimientos a la edad y a cada persona”. Su próximo objetivo, un máster en sexología “aunque sería una antisexóloga que incluiría la perspectiva de género y criticaría esa institución sexológica que parte de mitos y prejuicios, que todavía se pregunta si existe el punto G”.

Les recomiendo sus reflexiones sobre la menstruación, ese tabú que constituye “uno de tantos mecanismos patriarcales para minar la confianza en sí mismas de aquellas personas que socialmente son tipificadas como ‘mujeres’”, según explica en su blog. Pero también habla de prostitución, de gestación subrogada…

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Anochece en Madrid. Loola me acompaña a hacer uno de mis #follage #collage y luego se irá a preparar su intervención en la Federación de Mujeres Jóvenes. Adiós Doctora, me quedo en este jardín tan extraño leyendo una des las notas al margen de su libro Suicida (no profesional) busca puente“No hay amor verdadero / Existe la afinidad / y el polvo de tu vida / La ternura con la que besas / mis rodillas / Las personas correctas /con pasados no pluscuamperfectos / Las piezas de puzzle / Los proyectos vitales / que tensan una misma cuerda.

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Los fantasmas de la matanza de Atocha

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Volveremos a escuchar sus nombres: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado de Antonio y Ángel Rodríguez Leal. Reconoceremos, quizá con más fuerza este año por eso de que han pasado cuarenta, que aquellos trabajadores del despacho de abogados laboralistas del número 55 de la calle Atocha de Madrid fueron unos mártires de una democracia que aún no se había estrenado. El próximo 24 de enero se cumplirán cuatro décadas de la matanza fascista. Se han escrito libros y rodado películas… Pero algo no va bien si siguen existiendo fantasmas. Y no hablo ni de zombis ni de conspiraciones. Estos fantasmas están vivos y coleando (o no). Saben cómo esconderse. Los espectros son los tres pistoleros ultraderechistas que llamaron a la puerta y abatieron sin compasión a los jóvenes letrados y trabajadores del despacho. Muy poco sabemos de lo que hacen Fernando Lerdo de Tejada, José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá, los autores materiales detenidos. Huyeron o se ocultan en el anonimato o a miles de kilómetros. Uno de estos fantasmas ni siquiera pudo ser juzgado. Los otros dos, por ahí andan.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

¿Seguirá García Juliá dando tumbos por Brasil, Paraguay o Bolivia? ¿Vivirá con miedo a que otro narcotraficante lo quite de en medio? ¿habrá vuelto a España? Me gustaría saber cómo es la cara de Lerdo de Tejada cuatro décadas después. Participó en la matanza con 23 años, ahora tendrá 63. También cuentan que está en Sudamérica, como aquellos nazis que huían de sus cazadores. ¿Y qué será del tercer fantasma, de Fernández Cerrá? Si no ha muerto, tendrá 71 años y seguro que todavía conserva su acento almeriense. Uno de ellos (Lerdo de Tejada) no fue sentenciado porque escapó antes del juicio y a otro (García Juliá) le quedan más de dosmil días de prisión para estar en paz con la Justicia. Ninguno de los condenados ha pagado un solo euro de indemnización. Legalmente me figuro que todo estará prescrito.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

Pensar en conspiraciones y complicidades no aporta tranquilidad. Pero tampoco sosiega el tufillo de dejadez en la persecución de un caso con tanto significado en la Transición española. La abogada Dolores González Ruiz, una de las supervivientes de la matanza, fallecida hace poco más de un año, me dijo en 1999, cuando descubrimos el paradero de García Juliá en Bolivia, que “después de los hechos no hubo interés en ningún grupo político por esclarecer lo sucedido”.

En 1990, un informe reservado del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad (CESIS), organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia, implicó en la matanza de Atocha al fascista italiano nacionalizado español Carlo Cicuttini, refugiado en nuestro país desde 1972 y relacionado con la red Gladio de la OTAN y la CIA. Las pruebas contenidas en el informe, desvelado por El País, no fueron tenidas en cuenta por la Audiencia Nacional durante el juicio celebrado en 1980 contra los tres ultras españoles. Seis años antes, el diario italiano Il Messagero ya habló de esta conexión italiana. Nadie quiso seguir la pista.

Cicuttini, miembro del neofascista Movimiento Social Italiano (MSI) y dirigente del grupo terrorista Ordine Nuovo, fue condenado a cadena perpetua por el atentado de Peteano, en mayo de 1972, en el que murieron tres policías. Italia pidió a España su extradición en 1983 y 1986 y las dos veces fue rechazada por la Audiencia Nacional. Otra vez el tufillo. Cicuttini murió en 2010.

¿Y qué se sabe de los tres ultras españoles que participaron en la matanza? Viajemos por un instante al 24 de enero de 1977: José Fernández Cerrá se ha juntado con sus compinches en la cafetería Nilo, situada cerca de la Plaza de España, para tomar cañas, alguna copa de coñac y preparar el escarmiento, tal y como relatan Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte en La matanza de Atocha (La Esfera). Hablan de Joaquín Navarro, el supuesto blanco de su acción. El sindicalista de CCOO es uno de los líderes de la huelga del transporte de ese mes de enero. Navarro es peleón, tiene quemados a los dirigentes del franquista Sindicato del Transporte, sobre todo al responsable en Madrid, Francisco Albadalejo. Éste decide que hay que darle un susto. Para llevarlo a cabo contacta con José Fernández Cerrá, un tipo fuerte y sin estudios natural de Almería. Tiene 31 años y le va la violencia, el rollo facha. Es vendedor de libros –aunque la cultura no le interesa mucho– y se excita cuando se pone la camisa azul para ir de machaca a algún acto de Fuerza Nueva o Falange. Fernández Cerrá fue condenado a 193 años por la matanza de la calle Atocha. Cumplió 15 años y en 1992 salió con la condicional. Se le ha vinculado con empresas de seguridad y construcción en la provincia de Alicante pero no hay fotos, ni un dato, no se sabe nada de él. Una imagen en blanco y negro de la época es el único testimonio para la historia.

En el bar Nilo, Fernández Cerrá está acompañado de un chaval de 23 años apellidado Lerdo de Tejada. Es un pijo madrileño con tierras en El Toboso (Toledo). Vive de las rentas familiares, lo de estudiar y trabajar no van con él. Eso sí, se le llena la boca con las palabras España y patria… y con las razias contra los rojos. El dirigente ultra Blas Piñar fue testigo en la boda de su hermano Luis Augusto. Estando en prisión a la espera de juicio, un juez le dio un permiso de fin de semana y sabiendo la que le iba a caer, aprovechó para huir a Sudamérica. Brasil parece su último destino. Actualmente tendrá 63 años, podría ser su vecino en La Manga del Mar menor o ser empresario en Salvador de Bahía. Su delito prescribió en 1997, 20 años después de la matanza. No se consideró acción terrorista, lo que hubiera cambiado el tiempo de prescripción.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

El tercer pistolero que se encuentra en la cafetería aquella noche de enero de 1977, con una pistola cargada y escondida, es Carlos García Julía, hijo de un comandante de Artillería. Trabaja en una bodega, afiliado primero a Fuerza Nueva y luego a Falange de las JONS, es de misa diaria  y “no se deja llevar por la lujuria”, tal y como destacó el párroco de una iglesia de Ópera cercana a su domicilio. En el despacho de los abogados sacó toda su cobardía para acribillar por la espalda a las víctimas.

A Carlos García Juliá lo tuve enfrente, a menos de diez metros, en abril de 1999. Ni se enteró. Fue dentro de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia). Gracias a la información de otro preso español, pudimos localizar y fotografiar al ultraderechista, condenado por narcotráfico en el país sudamericano. Allí estaba el falangista. Era el interno nº 8981, había engordado pero mantenía esa cara de niñato repelente. Se hacía acompañar de unos cuantos presos que servían de comparsa y protección, entre ellos algunos conocidos narcos de esa zona. Era un tipo de rutina diaria. La prisión boliviana es como un pueblo amurallado. En el interior las normas las ponen los internos. Hay clases dependiendo de la plata que tengas. En 1999 los soldados y policías se encargaban de la vigilancia exterior. Dentro había tiendas, boliches, campos de fútbol, callejuelas…

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Por aquel entonces, cuando el fotógrafo de interviú Fernando Abizanda le cazó una mañana soleada en uno de los patios de la cárcel, García Juliá llevaba cinco años fuera de España. En 1979, antes del juicio por el asesinato de los abogados, intentó fugarse de la cárcel de Ciudad Real. No lo consiguió. En 1980 le cayeron 193 años de prisión por la matanza y en 1994 convenció a un juez español para que le dejase vivir en Paraguay “una vida honrada en libertad”, según rezaba el auto judicial. Se habían forzado los beneficios penitenciarios y pocos se enteraron de su libertad condicional: se dictó en 1991 y se mantuvo oculta casi un año. El periódico Diario16 fue quien finalmente informó de la resolución. Poco después se marchaba a Sudamérica.

El ferviente católico y falangista volvería a incumplir el octavo mandamiento de la ley de Dios. Se hizo pasar por psicólogo, por empleado de naviera. Dos años después de dejar España fue detenido como jefe de una red de narcotraficantes que introducía cocaína en Europa y EEUU vía Bolivía. Al ser apresado dijo: “Esto me lo ha preparado la Embajada española porque soy muy famoso en España, porque maté a comunistas, maté a cinco”. Un policía antinarcóticos explicó a un periódico de Santa Cruz que el ultra se dedicaba también a captar a menores de edad de familias pobres para prostituirlas.

Para Interpol, García Juliá estaba en ese momento en busca y captura, le faltaban por cumplir 3.855 días de cárcel por los asesinatos de la calle Atocha. En 1998 intentó fugarse de la cárcel boliviana por un túnel que había encargado construir. Su oronda figura truncó sus planes. No cupo por el conducto. Cuando interviú desveló su paradero y su situación procesal, el fiscal de la Audiencia Nacional Ignacio Gordillo dictó un auto de reingreso en prisión, lo que activó una petición de extradición. El Gobierno español tardó dos años, desde que interviú informó de su localización, en reclamar a Bolivia la entrega del ultra. El Gobierno de José María Aznar no actuó con diligencia y García Juliá aprovechó la libertad provisional que le concedió un juez boliviano para cruzar la frontera con Brasil. Se esfumó.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Parece que a los autores materiales de la matanza de Atocha les ha resultado muy fácil fugarse, conseguir permisos y libertades condicionales, escapar a países lejanos, obtener beneficios…

A las 21,45 horas del 24 de enero de 1977, la joven letrada Manuela Carmena acabó su trabajo en el despacho del número 55 de la calle Atocha y se fue. En la calle se encontró a Javier Sauquillo y Lola González, tomaron un café y Carmena se fue al número 49 donde tenía una reunión. Allí estaba José María Mohedano. Se salvaron por poco. Al rato oyeron muchas sirenas. Se asomaron al balcón y vieron mucha policía en el portal. Al salir, algunos vecinos les dijeron: “Iros, iros corriendo, os van a matar a todos. Han matado a vuestros compañeros”. Subieron al despacho y allí vieron las colchonetas manchadas de sangre. A Carmena le tocó localizar al decano de los abogados madrileños, Antonio Pedrol Rius, para sondear la respuesta del Colegio ante la matanza: “Te prometo que los cadáveres de los compañeros saldrán del Colegio de Abogados, pase lo que pase”, le dijo Pedrol. Estamos en 1977, no habían pasado ni dos años desde la muerte del dictador. La despedida fue multitudinaria.

“Es importante recordar aquellas muertes, pero también la vida que llevábamos: Éramos extraordinariamente felices en aquel despacho (…) Esas personas habrían envejecido con nosotros, habrían vivido la democracia; y no están aquí porque alguien decidió quitarles la vida. Pero tuvimos la suerte de abrir un camino para que hoy haya otros que seguimos intentando hacer de este mundo un mundo más justo”. Eso lo dijo Manuela Carmena, la actual alcaldesa de Madrid.

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La única bandera son sus bragas negras

Puede ser que sea que estoy harto de ver / lo que quiera que sea lo que vea. / Puede ser que esté cansado de mirar / y no ver más que anuncios de mierda. / Yo, a mi manera, / alejado, a su lado, / de todas las reglas; / que en este tejado / la única bandera / son sus bragas negras“.

No sé por qué he acabado citando a Robe Iniesta para comenzar este texto. Imagino que la poesía del extremeño dispara al cerebro y no te convierte en zombi. Imagino un corazón en el que solo ondea esa prenda interior. Imagino unos pies descalzos y unas bragas de algodón semitransparentes alejándose por el pasillo mientras intento abrir los ojos… Aquí las únicas bragas negras que verán serán las de Chenoa.

Todavía hay algunos maleducados –muy pocos– que me sueltan frases del tipo “¡Qué suerte tienes, tío, todo el día viendo tetas y culos!”. Les lanzo un rayo láser con la mirada y sanseacabó. Hace décadas había lectores que pensaban que la redacción de interviú era una pasarela de mujeres en topless dando vueltas entre las mesas de los redactores. Qué le vamos a hacer.

Bueno, esta entrada es mi homenaje anual a esas personas que contribuyen a agrandar El Cuarto de las Maravillas de esta santa casa: LOS FOTÓGRAFOS. He elegido las mejores 20 fotos publicadas en 2016, según mis gusto personal, que no tiene que ver tanto (o no solo) con tetas y culos y sí con la actitud, el concepto, la calidad artística o la historia que cuenta la imagen. Más de quince profesionales de la fotografía erótica y de moda, con sus respectivos equipos de estilistas, maquilladores, peluqueros y creadores de vídeo, han colaborado este año con interviú. A todos les doy las gracias por su trabajo. En esta selección hay fotos de Joan Crisol, Sandra Torralba, Mai Oltra, Xenia Lau, Alberto Bernárdez, Jorge Ogalla, Isaac Morell, Fátima Sanz, Cindy Kape, Rai Robledo, Víctor Cucart, Luis Sens y Fernando Sánchez Alonso. No están todos los que son pero son ellos y ellas los que han dado en el clavo de lo que para mí debe ser un tesoro del erotismo, el morbo y la sensualidad. Es un lujazo tener cada vez más fotógrafas trabajando en interviú. Como en todo, las mujeres ven las cosas de otra manera. Felices fiestas y salud.

Natalia Ferrari.  Foto: Mai Oltra

Natalia Ferrari.
Foto: Mai Oltra

Mayka Álvarez.  Foto: Sandra Torralba

Mayka Álvarez.
Foto: Sandra Torralba

Paula González.  Foto: Joan Crisol.

Paula González.
Foto: Joan Crisol.

Caroli Dilli.  Foto: Sandra Torralba.

Caroli Dilli.
Foto: Sandra Torralba.

Patri Camgirl.  Foto: Rai Robledo.

Patri Camgirl.
Foto: Rai Robledo.

Samira.  Foto: Fátima Sanz.

Samira.
Foto: Fátima Sanz.

Venus O'Hara.  Foto: Sandra Torralba.

Venus O’Hara.
Foto: Sandra Torralba.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Lluvia Rojo.  Foto: Víctor Cucart.

Lluvia Rojo.
Foto: Víctor Cucart.

Jennifer Lara.  Foto: Okinawa Producc.

Jennifer Lara.
Foto: Okinawa Producc.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Raffaella Modugno. Foto: Cindy Kape.

Raffaella Modugno.
Foto: Cindy Kape.

Ana Anginas. Foto: Jorge Ogalla.

Ana Anginas.
Foto: Jorge Ogalla.

Lucía Rubio. Foto: Luis Sens.

Lucía Rubio.
Foto: Luis Sens.

Amarna Miller. Foto: Xenia Lau.

Amarna Miller.
Foto: Xenia Lau.

Ana María Dae. Foto: Sandra Torralba.

Ana María Dae.
Foto: Sandra Torralba.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Mireia Pairó. Foto: Fernando  Sánchez.

Mireia Pairó.
Foto: Fernando Sánchez.

Cristina Rodríguez. Foto: Isaac Morell.

Cristina Rodríguez.
Foto: Isaac Morell.

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Senderos de gloria en El Retiro

En El Retiro hay una montaña mágica. Artificial y mágica. Para amantes, pandilleros, curiosos, melancólicos… Para suicidas no vale. No tiene suficiente altura. Y desde hace años para nadie, solo para furtivos. Es conocida como la Montaña de los gatos (aquí explican su historia). En el parque más bonito del planeta hay un trozo de terreno vedado al disfrute público.

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Alberto Gayo)

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Foto: Alberto Gayo)

El otro día me colé al amanecer por sus estrechos senderos y la descubrí salvaje, con la hierba creciendo entre las traviesas redondas que hacen de peldaños. Hay pinos, bambúes, cedros y palmeras; ruscos, mahonias y bojs. Y me quedo corto porque no tengo ni idea de botánica. Dos leones de caliza esperan que la cascada de agua vuelva a ponerse en marcha. Y es mágica porque debajo se abre una cueva para el arte. También cerrada. Y en lo más alto, una estructura de hormigón con forma de búnker redondo. Desde allí se divisa la torre neomudéjar de la Casa Árabe. Y si te giras, la Torre de Valencia te clava su altura. Hace años que una valla metálica impide el paso y años que está cerrada su sala de exposiciones. Duele.

Búnker con tags de grafiteros. (Alberto Gayo)

Búnker con tags de grafiteros. (Foto: Alberto Gayo)

El Ayuntamiento de Madrid ha prometido rehabilitar la zona de exposiciones y parece que va para largo. Los que hemos crecido en el parque rechazamos que la Montaña de los gatos permanezca invisible al ciudadano. La valla metálica está puesta hace años, antes de que llegase Manuela Carmena. Tiene toda la pinta de que no es prioridad para las autoridades. Seguro que habrá argumentos para explicar por qué permanece cerrada. Yo no los sé.

Una valla recorre todo el perímetro. (Foto: Alberto Gayo)

Una valla recorre todo el perímetro.
(Foto: Alberto Gayo)

Los rincones casi secretos de los parques tendrían que ser patrimonio inmaterial contra la soledad, el estrés y también retiro para antisociales o enamorados. La llaman montaña pero es un montículo. Queda mejor ‘capricho’. Cuando el rey Fernando VII recuperó el trono y volvió a España tras la expulsión de los franceses decidió recuperar El Retiro, convertido entonces en fortificación y base militar.

El muy listo dedicó una zona solo para él y los suyos. Lo denominó ‘reservado’ y era una importante extensión que daba a las que hoy son la calle de Alcalá y la avenida de Menéndez Pelayo. Allí levantó ‘caprichos’, pequeñas edificaciones de divertimento y relax al estilo Versalles, como la Casita del Pescador, la cúpula de lo que hoy es Florida Park, la Casa de Vacas o la Montaña Artificial. Otros fueron demolidos. Donde hoy está el búnker de la ‘montaña de los gatos’ antes había un templete con unas vistas más que relajantes.

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua (Foto: Alberto Gayo)

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua.
(Foto: Alberto Gayo)

Lo nuestro de adolescentes era menos poético. Aquella montaña era la colina inexpugnable de Senderos de gloria, la película de Stanley Kubrick sobre las miserias de cualquier guerra.

En mi infancia, al pie de la montaña había un bando controlando los caminos de acceso y con los bolsillos llenos de castañas pilongas. Arriba, en el búker y tras los arbustos, los últimos de Filipinas. Si te tocaba tomar la cima solo era cuestión de tener paciencia. Si te tocaba defenderla, solo valían la puntería y las piernas. Cuando se te acababa la munición solo valía correr, saltar, recibir algún castañazo y cubrirte la cara. En aquellos años, cuando se libraba una batalla, daba la impresión de que la montaña artificial era tuya, de que cualquier cuerpo en movimiento era el enemigo. No había runners y los visitantes se hacían invisibles. Los de abajo avanzaban poco a poco. En lo alto había que resistir pero no dejarse coger.

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Guardabas un par de castañas para la huida y sálvese quien pueda. El corazón te golpeaba cada vez más rápido. Sabías que si te acorralaban arriba te caería una lluvia de castañas que te haría llorar. Si levantas las manos, castañazo; si pides una tregua, castañazo; si intentas negociar, castañazo. Solo queda correr. Entonces la montaña se agrandaba. En pocos minutos estarías abajo, maltrecho o a salvo, pensando en volver a pillar munición, en tomar otra vez la cima.

Un lugar casi secreto. (Alberto Gayo)

Un lugar casi secreto. (Foto: Alberto Gayo)

Después, con los años, la montaña se transformaba en lugar de seducción, de vacile, de litronas, de sexo sin cópula, del llanto y las explicaciones. Incluso del deporte. Por favor, abran ya al público los senderos de la Montaña Artificial. Y cuando inauguren de nuevo la sala de exposiciones, acuérdense de mí. Salud

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Alberto Gayo)

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Foto: Alberto Gayo)

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Cuando hicimos el canelo

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Dieciséis años han pasado y todavía me jode en lo más jondo. En agosto del año 2.000 publiqué en interviú junto con el entonces compañero de andanzas Manuel Marlasca los detalles de una investigación pionera en el mundo: unos científicos españoles pensaban que la MDMA (la 3,4-metilendioximetanfetamina), el principio activo del éxtasis, podía ayudar a mujeres víctimas de una violación a superar el miedo, la angustia y la ansiedad, a minimizar ese estrés postraumático conocido como PTSD que sufren más del 60 por ciento de las personas víctimas de un asalto sexual. Los jóvenes investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid consiguieron todos los permisos necesarios para utilizar MDMA como herramienta terapeútica con 30 mujeres agredidas sexualmente que se habían prestado voluntariamente y que habían pasado un riguroso examen médico. La mayoría sufría parálisis emocional, baja autoestima y depresión. Revivían continuamente la trágica experiencia y la ansiedad les carcomía. La idea era administrar dosis de entre 50 y 150 miligramos de éxtasis (sustancia que fomenta la empatía) en un contexto terapéutico y seguro (un hospital) para saber qué dosis podía romper esa reexperimentación descontrolada y angustiosa del suceso y eliminar el miedo a tener vinculación con lugares o personas que le pudiesen recordar la agresión. “Hay que evitar que el paciente escape, tiene que aprender a afrontar ese trauma, a contarlo sin que le produzca ansiedad y en eso puedo ayudar la MDMA”, me explicó José Carlos Bouso, el responsable del ensayo.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

España tenía la oportunidad de adelantarse en el tratamiento del estrés postraumático, desorden que no solo afecta a víctimas de violencia sexual, también a personas que han sufrido un atentado terrorista, a supervivientes de catástrofes naturales, a militares que han vivido el infierno de un conflicto armado… Como siempre, los políticos no estuvieron a la altura e hicieron el canelo. Es hablarles de sustancias fiscalizadas, de drogas y la altura de miras baja hasta el semisótano. Voluntad política para hacerse fotos siempre hay. Voluntad para avanzar en el estado del bienestar, más bien poca. Pues bien, dos años después de iniciado el ensayo –que tenía el visto bueno del comité ético del Hospital La Paz (Madrid) y de la Agencia Española del Medicamento– todo se fue al traste. Hubo presiones al gerente del centro para que no cediese las instalaciones y se dijo que el investigador principal, el psiquiatra Pedro Sopelana, no supervisó bien el proyecto. La Agencia Antidroga de Madrid puso pegas a la MDMA usada y al perfil de las mujeres participantes. José Carlos Bouso se vino abajo. “Lo que me da pena es que a personas con un trastorno crónico se les niegue la posibilidad de encontrar un alivio a su sufrimiento. Es preocupante que los poderes sean incapaces de distinguir entre consumo lúdico y el potencial terapéutico de sustancias como la MDMA, el cannabis o la ketamina”, explicó a interviú. Los científicos españoles que tratan de averiguar la capacidad de los principios activos de drogas ilegales para aliviar dolencias son muy valorados por el resto de colegas a nivel mundial pero se encuentran con la cerrazón mental de algunas autoridades sanitarias, médicas y políticas.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

Han transcurrido dieciséis años y Bouso ahora es psicólogo y doctor en Farmacología, experto en psicofarmacología y en las propiedades terapéuticas de drogas entactógenas, psicodélicas y cannabis. Actualmente dirige los proyectos científicos de la Fundación ICEERS, donde analiza los efectos terapéuticos de la ayahuasca, las propiedades medicinales del cannabis y los potenciales beneficios anti-adictivos de la ibogaína. Él se quedó si su ensayo pero seguro que ayudó a otros a intentarlo. En 2011 conté en interviú que un grupo de soldados estadounidenses destinados en Iraq y Afganistán iban a iniciar una psicoterapia con éxtasis para aliviar el trastorno postraumático con el que regresaron del frente.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Pues bien, el pasado lunes 5 de diciembre leí con alegría (y rabia) que el Gobierno estadounidense había aprobado un estudio de las terapias con éxtasis para veteranos de las guerras de Iraq y Afganistán. El soldado Jonathan Lubecky, de 40 años, le contó a un periodista de El País que había probado de todo para sacar de su cabeza todos los demonios del frente bélico, que tomaba 42 pastillas diarias pero que el estrés no desaparecía. Sirvió un año en Irak y tras probar de todo participó en un estudio con éxtasis: “Me cambió la vida. Si no hubiese seguido ese tratamiento, me habría matado a mí mismo. Antes, había tenido cinco intentos de suicidio”. Gracias a la MDMA vio las cosas de otra manera, salió adelante, pudo trabajar, se graduó en la universidad y se casó. A diferencia de lo que ocurrió en España, el Gobierno norteamericano ha aprobado un estudio final con éxtasis. Si todo va bien, la Agencia de Medicamentos de Estados Unidos podría autorizar en 2021 la MDMA como fármaco legal contra el estrés postraumático y aliviar así a miles de personas. Hace más de quince años en España hicimos el primo. Lo hacemos tantas veces que suele tener un nombre: Marca España.

 

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“La Movida fue el recreo del golpe del 23-F”

Portada de 'La Movida Modernosa' (La Felguera Editores)

Portada de ‘La Movida Modernosa’ (La Felguera Editores)

Están los anarquistas de salón, y los dinamiteros. Los que practicaban nudismo para llegar a la emancipación y los que salen en las películas de Ken Loach. Los anarcosindicalistas, los ilustrados y los primitivos, los Unabomber. Están los punkis y los que cabalgan en la cresta del fracaso… Y luego está José Luis Moreno-Ruiz, un tipo libérrimo y libertino (por atrevido e incrédulo) que se puso un guión entre sus dos apellidos para que no lo confundiesen con el empresario-productor televisivo al que unos albano-kosovares asaltaron en su casoplón.

El José Luis del que hablo aquí es una mezcla de todo lo anterior. También de ventrílocuo. Habla desde el estómago aunque le provoque indigestión. Periodista, traductor, músico, poeta y granada de mano con el seguro siempre a medio quitar, Moreno-Ruiz acaba de publicar ‘La Movida modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera Editores), una repasito sin compasión a aquella era que llevó a los altares a Felipe González y Pedro Almodóvar. También a Ouka Leele y a Bernardo Bonezzi. Entre otros.

Sus párrafos provocarán sarpullidos. Y a él lo acusarán de resentido, de querer joder la marrana, sobre todo a los que mandaban en la Radio Nacional de España (RNE), donde trabajó mucho durante años. La  Transición española siempre ha sido tabú, igual de intocable que la Movida madrileña. José Luis piensa que aquellos tiempos modernos fuerona pura farsa y teatrillo para beneficio de unos cuantos, de los de siempre.

Por si el PSOE no tuviese bastante con su presente zombificación, ahora llega este tipo de voz gruesa para poner a caer de un burro a los sociatas, término que se utilizaba despectivamente para referirse a los dirigentes socialistas que llegaron al poder en 1982. En más de 200 páginas, el autor relata episodios que apuntalan esa idea de que la modernidad surgida con la Movida en el Madrid de los 80 tuvo mucho de pantomima. Las historias que cuenta son delirantes (e hilarantes), hechos reales y de primera mano que entran de lleno en la desmitificación de ese fenómeno social y cultural.

A José Luis lo conocí en interviú. Entró en la sección de edición en el 92 y cuando coincidimos (finales de los 90) se dedicaba a escribir los relatos eróticos de la chica final, un clásico de la revista. Luego se marchó de emprendedor y no acabó bien la cosa. Ahora tiene 63 años y sigue siendo un provocador, lo necesita tanto como Hillary a Trump, o viceversa.

“El golpe de Estado de 1981 fue un reformatorio y la Movida fue la parte amable, el recreo de aquel reformatorio. Antes del golpe de Tejero había una efervescencia, la gente estaba entusiasmada. Ya en el 78-79 empieza el famoso desencanto tras la aprobación de la Constitución y los pactos de la Moncloa. La gente de la calle, la gente de izquierdas, y no solo en el País Vasco, Cataluña o Andalucía, también en los barrios de Madrid, tenía muchas expectativas, todo era creativo y lúdico, pero con la Constitución se empieza a refrenar todo, hay un vacío. En la izquierda de base la asunción por el PSOE y el PCE de la Monarquía y de la bandera bicolor tuvo un gran impacto. Con el golpe de Estado se acabó todo aquel ambiente. El levantamiento militar se hizo para acabar con ese entusiasmo y La Movida fue el recreo. Los del PSOE pensaron: ‘Ahora hay que darles a estos chicos más pan y más circo; el pan, más o menos lo tienen, y cuando entremos en la Comunidad Europea, habrá más pan, así que ahora vamos a darle a los chavales un poco de circo’”. Moreno-Ruiz dixit. Así, de carrerilla. Y hasta el café tiembla sobre la mesa.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

Si al autor la Movida le pilló de lleno, a mí me cogió de quinceañero. Por suerte, conocí la sala Rock-ola en sus últimos años de vida. Como un rito iniciático-satánico. Allí vi a un cantante un poco macarra cantando boca abajo colgado de unos tubos. Se llamaba Stiv Bators (líder de The lords of the new church). Y aluciné contemplando por primera vez a dos mujeres con las tetas al aire en público. Estaban sentadas en un sofá. Tan panchas. Entre la humareda y los botellines, allí estábamos mi colega y yo disfrutando del visionado cuando alguien nos dijo a grito pelado: “¡son tíos operados!”.  Nos dio igual. Mirar no hace daño.

Con eso y con el concierto de The Smiths en el Paseo de Camoens (1985) se acabó para mí La Movida. Moreno-Ruiz lo ve de otra manera: “La Movida, en total, había sido una especie de casting, una selección de personal en la que al cabo solo cupieron para el reparto de beneficios los enchufados, niños de familia bien, hijos de la casta y de la oligarquía cultural dominantes”, asegura en el libro. Frente a esta élite hubo una tropa de desarrapados venidos de barrios de la periferia, de capitales de provincia y de pueblos de toda España que se sumaron al desfile glamouroso y que al cabo del tiempo “quedarían en las cunetas del sida, en los pozos negros del desempleo o subempleo, y hasta en la mendicidad y el vagabundeo yonki”.

José Luis Moreno-Ruiz admite que esos tiempos modernos tuvieron algo bueno: “lo más divertido es que en esa época había muchas fiestas y se follaba muchísimo. Ibas a un sarao en el Bellas Artes y acababas en la cama con una cantante y una modistilla. Llegué a ligar con una modelo española muy importante sin saber cuál era mi poder de seducción. Nunca me lo he visto. Si fuese tío, no me gustaría. Como decía Groucho, no pertenecería a un club donde aceptaran a gente como yo. Si fuese tía, no me gustaría”.

Entre las obsesiones del autor están Felipe González. En el libro recupera un retrato sin edulcorar del ex presidente del Gobierno, “un híbrido luminoso entre José Sazatornil Saza y Javier Bardem: pura transubstanciación de la eternidad y de la etnicidad española en el consciente diario de la involución de las especies patrias”. Tampoco deja bien parados a Pedro Almodóvar y a la fotógrafa Ouka Lele. “Almodóvar dijo de sí mismo que era el emperador de la Movida cuando fue invitado al baile de la rosa en el Principado de Mónaco. El director dio un cambio drástico, de ‘Laberinto de pasiones’, una comedia mal hecha pero muy divertida, a ‘La ley del deseo’,  película donde comienza con la mariconería en el peor plan, era la continuación de la mafia rosa –ya sé que está muy feo hablar de estas cosas– que se venía dando desde primeros de los 70″. Me cuenta Moreno que cuando regresó a España para hacer la mili –había vivido en Puerto Rico, Nueva York y México– hubo pintores “que me hablaron de la mafia gay en las galerías de arte y editoriales… y en la radio. En RNE había en esa epoca hasta tres mafias rosas diferentes que ademas estaban enfrentadas entre sí, y luego había homosexuales trabajadores de la radio, que solo se dedicaban a trabajar y eran buenos compañeros, y que como no pertenecían a ninguna mafia les tenían machacados”. No os cuento más pero de su época en la radio pública guarda los mejores y peores recuerdos. Disfruta citando a Fernando Poblet, Javier Rioyo, Matías Antolín o Manolo Ferreras, el jefe en aquellos Tiempos Modernos de Radio3 donde él era uno más. Por ese programa pasaba todo dios movidil pero también había importantes reflexiones sobre el artificio y la modernidad. En el bando enemigo solo destaca un nombre: F. G. D. Los que lean su Movida modernosa sabrán quién y por qué.

Memorable es el capítulo dedicado a los lavabos del Palace. Año 1983. La revista La luna de Madrid monta un sarao en los salones del Hotel Palace con casi 3.000 invitados. En el cartel Loquillo y los Trogloditas, el jazz de Canal Street, las Vainica Doble y Golpes Bajos. Además de todos los modernos de Madrid había políticos liberales y socialistas municipales. Y periodistas. Y camellos. En los baños del Palace vio felaciones, muchachas con las bragas por las rodillas fumando con el coño y jaleadas por “cierto poeta muy afeminado y muy ligado a la Revista Poesía”; parejas de chico y chica, chico y chico o chica y chica apretándose todo los que les daban tras los cortinones de los pasillos del hotel… “corría la cocaína más que el agua en los lavabos”. Una periodista de sucesos le fue contando quiénes eran el resto de personajes, entre los que había confidentes, sirleros, descuideros y todo tipo de atracador.

Para Moreno-Ruiz hubo una Movida oficial que fue controlada por el Ayuntamiento de Madrid y algunos ministerios del Gobierno del PSOE, que a través del pesebrismo y la subvención creó una casta moderna “de burgueses toscos y chulescos” que gobernó los negocios de la Movida con mano de hierro. Y duró hasta que se desinfló “el globo sonda hecho con un condón usado”, que es como definió la Movida el asturiano Fernando Poblet, otro de los compañeros de Moreno-Ruiz en RNE, fallecido en 2013. El mismo que dijo que “la posmodernidad es un cuento. Es más posmoderno, por ejemplo, Gómez de la Serna que todas las primas de Almodóvar juntas”.

En palabras de Moreno-Ruiz, cuando el globo empieza a pincharse hubo un trasvase de los movideros al mundo de los yuppies. Y sin disimulo. Habían descubierto el negocio de la posmodernidad. En el libro, el traductor asegura que el poder sociata “había convertido la Movida en una cuestión de Estado. Créase: eran tan difícil dar opiniones en contra, o medianamente sarcásticas, sobre todo aquello, como escribir un artículo pidiendo la República o la nacionalización de la Banca. La Movida era una imagen de marca, un marchamo como reclamo turístico”.

A ratos parece una vendetta con toques cómicos (y patéticos) –lo de los movideros pasándose todos al bando de la tauromaquia es antológico, tanto que hasta intentaron que los matadores saliesen vestidos de Agatha Ruiz de la Prada–, pero también da cierto repelús pensar que esos años, que se vendieron como la apoteosis de las ansias de libertad de los españoles, estuvieron siempre bajo control, que fue en realidad una lucha de clases entre la oligarquía cultural y lo que Moreno-Ruiz denomina “menesterosos”. “Fue una gran mascarada –explica– con intención política muy concreta y los ‘sociatas’ se lo montaron muy bien, el dinero entraba a espuertas y se lo hicieron muy bien. Al que sí valoro es a Narcís Serra, hizo una reforma militar total, fue implacable para quitarse a todo el facherío que había”.

Creo que voy a seguir soñando con que la Movida fue como La bola de cristal ¡Viva el mal! ¡Viva el capital! Si lo pienso de verdad, no fue tan bonito. En un mismo año, 1983, unos policías  mafiosos hicieron desaparecer a un delincuente común y una televisión pública cedió a las presiones de la caverna por la emisión de una canción punk que decía ‘Me gusta ser una zorra’. Barrionuevo ¿dónde está el Nani?

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“Hagan algo, nuestro dolor es ahora”

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

Todas las contraindicaciones, efectos secundarios y paradojas de esta nuestra realidad se me echaron ayer encima. Resulta que estuve escuchando a apasionados científicos –de aquí y de fuera– relatar sus años de investigación –algunos desde los 1964– para demostrar el potencial terapeútico del tetrahidrocannabinol (THC) y del cannabidiol (CBD), dos de los principios activos que se encuentran en una planta llamada cannabis sativa. Vamos, en la marihuana. Escuché también a médicos de atención primaria y urgencias destacar las mejorías de algunos de sus pacientes que combinaban fármacos convencionales con aceites de cannabis. Y me emocioné cuando salieron al estrado madres de niños con epilepsia refractaria que habían perdido la esperanza y la dignidad. Ellas contaron que aunque sus pequeños no se han curado, los extractos de cannabis han logrado disminuir la irritabilidad, que sean más empáticos y sufran menos convulsiones. Y no es una chorrada, estar un poco más sano, tener más calidad de vida y ser más persona no es una broma. Hasta me pareció conmovedor ver a todo un catedrático de Biología de una universidad pública confesar que la colitis ulcerosa que sufre no le dejaba vivir y que decidió probar con la marihuana, se automedicó y controló durante un año entero para acabar yendo muchas menos veces al baño, subiendo de peso y con menos dolor.

Después, cuando llegué a casa y me relajé de tanta charla, pensé en lo injusto que es todo. Investigadores de prestigio, facultativos de vocación, enfermos y familiares que sufren… todos juntos clamando para que se regule de una vez una sustancia que mejora la salud pública, para que haya más ensayos clínicos, para que haya un acceso universal, una información veraz y unos protocolos de dispensación… No piden el cielo. Si la planta no se llamase marihuana, no estaría escribiendo esto. La morfina y la codeina, por poner un ejemplo, se extraen de la amapola del opio, la misma adormidera con la que se produce la heroína, y nadie se queja. En otros países, empezando por EEUU, lo han entendido perfectamente pero aquí, en esta España en funciones, todavía no hay voluntad política. Para torcer esa cerrazón nació ayer el Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM). “Hagan algo, nuestro dolor es ahora”, insistían los pacientes presentes en el auditorio del CaixaForum Madrid. Y lo más curioso, la palabra porro apenas se citó un par de veces. No hacía falta. Claro que hay pacientes que fuman marihuana y que la compran en el mercado negro. No les queda otra. Del otro consumo, el de los adultos a los que le gustan los efectos de la marihuana, no se habló. Es otro debate aunque si el cannabis fuese legal, tampoco creo que estaría escribiendo esto. Paradojas, contraindicaciones, efectos secundarios.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo. Foto: David Calle.

No es el momento de explicar por qué el THC y el CBD se acoplan perfectamente a receptores cerebrales que tienen que ver con la actividad y la coordinación motora, el apetito, la memoria, los vómitos y la naúseas, el estrés o el dolor; ni cómo el organismo del ser humano y otros animales produce de forma natural sustancias similares a estas moléculas… cualquier duda la resuelven mejor los expertos de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC).

De la jornada de ayer me quedo con el testimonio del médico José Martínez Orgado, profesor en la Universidad Autónoma y responsable del Servicio de Neonatología del Hospital universitario San Carlos de Madrid. ¿Sabiáis que al año mueren en el mundo un millón de bebés por falta de oxígeno en el parto y otro millón tiene secuelas por el daño cerebral que provoca la asfixia neonatal? Pues bien, Martínez Orgado lleva casi un década investigando la eficacia del cannabidiol (CBD) –uno de los principios activos más conocidos de la marihuana por ser antioxidante, antiinflamatorio y con una toxicidad bajísima– en estos recién nacidos. Y le ha ido tan bien que en 2017 comenzará un ensayo clínico “de verdad”. Hasta el momento lo ha demostrado en ratones, ratas y cerdos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.
Foto: David Calle.

Martínez Orgado explicó que llegó al cannabis por azar, porque un compañero de la Complutense le dijo que los cannabinoides podrían valer para su investigación. La eficacia del CBD ya la ha probado el médico in vitro, donde ha visto cómo se reducía la muerte de células del cerebro de animales recién nacidos; también en vivo con roedores, donde disminuía el daño neurológico; y por último con cerdos neonatos, comprobando que el CBD aumentaba la actividad cerebral. “Hemos demostrado que el CBD influye muy positivamente en el cerebro, y también mejora la función arterial y respiratoria. No hay ninguna duda, este principio activo de la marihuana es uno de los más potentes antiinflamatorios y antioxidantes que existen y practicamente sin efectos secundarios. Los beneficios son muchos más que sus riesgos”.

La intención del doctor es que el CBD administrado de forma intravenosa pueda complementar el actual tratamiento para estos daños cerebrales. Ahora se usa la hipotermia, enfriar la temperatura del cuerpo, “pero sólo la hipotermia no está valiendo de mucho”, reconoce. Como los cannabinoides son sustancias grasas que no se disuelven en el agua, el responsable de Neonatología del Hospital San Carlos está colaborando con una empresa farmacéutica británica para producir un compuesto que se pueda administrar por vía intravenosa y que en breve estará listo para el ensayo clínico. Otra de las ventajas del principio activo de la marihuana es que se podría aplicar, “y funcionar”, dentro de las 18 horas después del nacimiento. Para intentar agilizar el ensayo, Martínez Orgado ha optado por negociar el comienzo del ensayo con la Food and Drugs Administration (FAD) de EEUU, que es más ágil que la European Medicines Agency (EMA). Habrá lesiones cerebrales que sean imposibles de mejorar pero el optimismo que mostró ayer en Madrid Martínez Orgado se contagió a todo el auditorio.

Por estos recién nacidos y otros enfermos, que ven que los tratamiento farmacológicos más extendidos no terminan de funcionar, afectan negativamente a su calidad de vida o no son compatibles, no estaría mal que la clase política se pusiese cuanto antes manos a la obra para crear una regulación sobre el cannabis medicinal. Por si se les olvida, responsables del Observatorio ya han empezado reuniones con grupos parlamentarios (PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos), alcaldes de grandes ciudades y el Defensor del Pueblo. En breve presentarán también un anteproyecto de ley que haga del cannabis medicinal un principio activo “de acceso universal y que elimine el estigma social de estos pacientes”, explicó Cristina Sánchez, profesora de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense y miembro de la junta directiva del OECM.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Muchos enfermos con cáncer, dolor crónico o neuropático, esclerosis múltiple, epilepsia infantil, enfermedades digestivas inflamatorias como Crohn o la colitis ulcerosa, esquizofrenia, shock post traumático o daño cerebral por asfixia en el parto agradecerán a la clase política esa voluntad de cambiar las cosas que podría mejorar su salud. Pues eso, salud.

 

 

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Ecoporno vintage y poesía

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

El viento me ha dado unos más que sugerentes azotes este mes de agosto. El levante ha sido un niño mal criado y cansino, sobre todo en el sureste andaluz. No ha dejado de dar la brasa y a mí me ha vuelto loco. Menos mal que uno es previsor: llené la maleta con entretenimientos varios que tornasen la locura en un poco de sexo y poesía.

Antes de las vacaciones, Karmele y Juan me regalaron un ejemplar de Forbidden erotica. The Rotenberg Collection, uno de esos increíbles tochos de la editoral Taschen que tratan sobre tetas, coños, culos o pollas. El libro era un espectáculo: cientos de fotografías realizadas entre 1860 y 1960 de hombres y mujeres retratados haciendo felaciones, cunnilingus, tríos, orgías, fusiones en vertical y horizontal, la cuchara o la tijera, vestidos o disfrazados, mirando a cámara o no… Hay mujeres acariciándose y chupándose, tipos con rabo en alto y a la espera, muchas mamadas, algún que otro negro y alguna que otra escena entre hombres homosexuales. Mucho estilismo y atrezzo de la época.

Todas pertenecen al coleccionista Mark Rotenberg, que atesora más de 95.000 fotografías sicalípticas. Se nota que en la mayoría manda la mirada masculina y la fantasía del hombre heterosexual. Muchas de las modelos eran prostitutas, las mismas que luego posaban para los pintores y escultores de renombre. En aquel último tercio del siglo XIX se popularizó la tarjeta postal erótica. El porno ya no era solo para la aristocracia.

Pues bien, me quedé tan sorprendido con algunas de esas instantáneas que se me ocurrió fotocopiar medio centenar, pillar tijera y cúter, y siluetearlas sin saber que el viento, el bendito levante, iba a dotar de movimiento aquellas estampas . El resultado son estos collage-ecoporno-vintage que he venido en llamar follage. He subido a Twitter uno por cada día de agosto (en Facebook e Instagram no me atreví, por esos lares se esconden vigilantes malos). Para que nadie se los pierda, los he subido a una plataforma de vídeos. Aquí tenéis unos cuantos. Feliz follage.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El maestro, la memoria, el verano

Santos Ruano con sus alumnos, en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Santos Ruano con sus alumnos en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Los recuerdos de verano (de los veranos) pesan un quintal. Quedan adosados a uno para siempre. Sobre todo los de la adolescencia y juventud, los que tienen que ver con excitarse, sufrir, descubrir, sentir… También hay olores y sabores del estío imborrables. Besos mal dados (por ansiedad, vergüenza o ignorancia) y bailes malditos que se arrinconan en la lista de imágenes inconfesables. Al pasar los años solo quedarán algunas cartas y fotos, y la nostalgia de cuando no se vivía el presente, sino el instante.

Durante muchos años mis recuerdos estuvieron vinculados a Marchena, un pueblo del sureste sevillano. Cada verano, mi madre –andaluza de Jaén– nos llevaba allí, a casa de su hermana gemela (mi tía), para pasar de julio a septiembre. Lo siento pero ahora toca la retahíla de recuerdos: piscina municipal, sandwich de nata, caseta de feria, discos de Genesis, fútbol-chapa, Vespino, molletes, tomate Apis, calor (mucho calor), olor a aceite de almazara, cigarros aliñaos, el Madriles, las catalanas y el vasco, las tortas de manteca y el orazú (regaliz), la Manoli y la Vilches, el rock de Silvio, cine de verano, la manguera, el Sofá Club, los reservados del disco-pub Ratos Agradables, las resacas de Fino, las Zapico, la Merry… Y mis primos.

Hace muchos años que no paso por allí. Un día de estos tendré que enfrentarme a mis recuerdos. No sé cuántos quedarán. Mientras, he regresado mentalmente a Marchena por una historia real (y cercana) sobre memoria y verano. Mucho más importante, triste y cruel que los miles de recuerdos de un chico de finales de los años 70 y principios de los 80.

El 24 de agosto de 1936 –hoy hace justo 80 años– fue asesinado en Marchena el maestro Santos Ruano Mediavilla, un hombre de 39 años, “de conducta honrada que siempre trabajó por la enseñanza de los niños” (así constó en su expediente de depuración) y afiliado al PSOE. Aquel fue un verano de terror. No habían pasado muchas semanas desde el 18 de julio, día de la sublevación militar contra el gobierno legal republicano. Todo empezó en África pero Sevilla y otras zonas de Andalucía fueron las primeras en recibir la llegada de los nacionales. La represión inicial golpeó en todos los pueblos: desapariciones, asesinatos, humillaciones, vejaciones, depuraciones… En aquel negro verano del 36 fueron fusilados o asesinados más de 200 marcheneros. Los golpistas robaron los recuerdos veraniegos de muchísimas familias de Marchena para instaurar la desmemoria.

 

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Marchena tenía por entonces cerca de 20.000 habitantes. Santos Ruano (1897-1936) fue uno de los 60 maestros y maestras fusilados en la provincia de Sevilla tras el golpe militar. Según el historiador José María García Márquez, “la sangría que se produjo entre los maestros, con asesinatos en treinta y dos pueblos, tuvo un marcado cariz político. La persecución buscó su militancia política y sindical y, además, el carácter laico que, conforme a la ley, imprimieron muchos de ellos a la enseñanza en sus clases”. En mayo de 2016 se presentó Primaveras de Memoria. Marchena, 1936-2016 (Ed. Aconcagua), libro coral coordinado por Javier Gaviria Gil y que sirve de homenaje a las víctimas del fascismo en la localidad sevillana. El capítulo sobre el maestro Santos Ruano lo escribe su nieto Raúl Ruano Bellido, profesor de Historia en un instituto de Secundaria de Córdoba, doctor en Sociología y estudioso del anarquismo en nuestro país.

Raúl recuerda a su abuelo con una hermosa epístola dirigida al propio maestro asesinado. Ha hablado con quienes fueron alumnos, con sus amigos, ha recorrido las calles para imaginar su aula, ha recopilado documentación para que las puntadas sean certeras. Así sabemos que la clase de Santos Ruano estaba presidida por un esqueleto de gran tamaño, era luminosa y de grandes ventanales, y además de biblioteca y mapas había una radio, un proyector y un busto que le hizo su amigo el escultor José Montes, también asesinado el 24 de agosto de 1936. Al maestro le gustaba hacer salidas con sus alumnos todas las semanas, tenía una caligrafía pulcra (la misma que heredó su hijo Francisco), le gustaba el violín y las partituras… En 1931 formó parte de la lista del PSOE por el distrito primero de Marchena. Le votaron 255 vecinos. El maestro municipal pasó a ser síndico del primer ayuntamiento tricolor y miembro de Instrucción Pública. A Santos le importaba más el pulso del lenguaje que la ortografía. Era un defensor de los adjetivos porque llenaban de cualidades el mundo y con ellos podía concretarse una ética y una política. Los problemas sociales era sin duda lo que más le preocupaba. Estamos en tierra de jornaleros explotados, de oligarcas…

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

El nieto –”antes de haber nacido ya perdí a mi abuelo”– sostiene en el libro que debería existir una oficina de objetos perdidos reservada al verano de 1936. Allí estarían la máquina de escribir del maestro Ruano, su proyector y su violín. Su radio fue utilizada por un rojo perseguido por el franquismo que tuvo que esconderse en su propia casa. Usó el aparato como único vínculo con el mundo. Esa radio todavía funciona 80 años después gracias a las manos de Óscar, otro de sus nietos. Recuerdos de verano. De los que pesan un quintal durante generaciones.

Lo curioso es que el maestro Santos Ruano no nació en Marchena, sino en el pueblo vallisoletano al que desde hace quince años acudo, al menos, una vez al mes por cuestiones familiares. Está en esa tierra de campos, de horizontes lejanos, donde se generan recuerdos veraniegos que también se adosan. Se llama Medina de Rioseco y allí también cundió la desmemoria tras el golpe franquista, en una zona donde no hubo frentes militares pero sí barbarie, vendetas, rencillas, odios, miseria. Los Montes Torozos, pertenecientes al municipio, sirvieron de lugar de ejecución y enterramiento ilegal. Las víctimas formaban parte de sacas que los sublevados fascistas iban haciendo por los pueblos de la comarca. El lugar se convirtió en una gran fosa común.

Historias como estas las hay por toda España. He escogido la del maestro porque lo asesinaron en verano, hace ahora 80 años, porque los recuerdos de esta estación siempre se adosan más de lo normal y porque los nietos de Santos Ruano son mis primos. Salud.

 

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