Adiós versos, viento, sexo… quedan los #follage

Vérsame, vérsame mucho.

Vérsame, vérsame mucho.

“Sobre su piel borrosa, / cuando pasen más años y al final estemos, / quiero aplastar los labios invocando / la imagen de su cuerpo / y de todos los cuerpos que una vez amé / aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo. / Para pedir la fuerza de poder vivir / sin belleza, sin fuerza y sin deseo, / mientras seguimos juntos / hasta morir en paz, los dos, / como dicen que mueren los que han amado” (Jaime Gil de Biedma)

Cuando coloqué el primer #follage nunca imaginé que me perturbaría la poesía y tampoco que más de un voyeur de la red del pajarito me mandaría un mensaje privado para decirme que se excitaba viendo a una pareja de papel moverse con el viento. Después de un año mezclando versos y sexo con tan solo las rachas de aire como animadoras involuntarias, he decidido fumarme un cigarrito. El de después. Han sido decenas de escenas ecoporno lanzadas para satisfacción propia y del personal. Algunas tuvieron miles de visionados. Pues sí. Durante este año he comprado mis primeros libros de poesía, otros me los han regalado y he descubierto a los clásicos y también el ingenio y talento de autores contemporáneos. Solo por eso han merecido la pena los #follage, collage entre ramas, agua y hojas.

 

Hace más de una década, el periodista Manuel Marlasca, por entonces en interviú, se descojonaba cuando me daba por repetir, en voz alta y en la redacción, que la gente necesitaba poesía. En un país como el nuestro, donde los iracundos mandan, los políticos son extraterrestres (y aburridos) y somos incapaces de sacar del olvido y las cunetas a miles de desaparecidos por la Guerra Civil, leer y escribir versos es la mejor terapia contra el estrés existencial.

Ya lo conté en otra ocasión, pero es de justicia repetirlo: los #follage no hubieran sido posibles sin una pareja de amigos: Karmele Aranburu y Juan Polanco. En junio de 2016 me regalaron ‘Forbidden erótica’, un tocho de Taschen con imágenes pornográficas en blanco y negro de finales del XIX y principios del XX, la conocida como colección Rotenberg. Porno paleolítico, dicen algunos. Un libro de gente follando, con ese barniz de estudio fotográfico antiguo. “A esto seguro que tú le sacas partido”, me dijeron. Muchos de los que posaron en aquellos tiempos haciendo mamadas, acariciándose el pubis, practicando posturas más creíbles que las del porno en internet, eran ciudadanos fuera de la ley: prostitutas, cabareteras, lumpen proletariado…

 

La hiperactividad generada por la genética se puso a funcionar. Silueteé con el cúter y la tijera medio centenar de esas fotos, las guardé en una carpeta y me fui hacia los campos de Níjar. La suerte meteorológica provocó que fuesen semanas de viento de Levante, de Poniente, de babor, de estribor. Un día puse una pareja en pleno éxtasis sexual sobre una rama y los toques de aire estimularon la escena. No hay sexo sin acompasamiento, sin compenetración en los sonidos, no hay sexo sin poesía aunque a veces sea un poema. Entonces busqué versos de autores renombrados para adornar la ilustración animada y subí una entrada a Twitter. Me vine arriba. Durante agosto coloqué uno al día, en Facebook e Instagram me advirtieron que la censura no los permitiría. Hubo publicaciones que se interesaron por este sexo vintage, empecé a charlar con poetas. Y personas que no se atrevían a compartir los tuit me mandaban mensajes privados animándome a seguir. Ahora llega el final. No me quedan páginas, sí me quedan versos; no me fío del tiempo ni del viento. Me he puesto melodramático pero me da pena terminar. Voy a echar de menos la mochila con una carpetilla donde iban resguardados los amantes. Unos buscan tornados y otros golpes de aire que hagan saltar la chispa del amor, del toqueteo, del polvo. Acabo dando las gracias a todos los que han seguido los #follage con entusiasmo, a los que se los han encontrado de rebote y a los que les ha hecho pasar unos segundos de satisfacción. Mil gracias y salud. Os dejo un vídeo que resume este año. No hay versos, solo doce minutos de pasión. Tampoco es tanto.

 

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Energy Control, 20 años a ambos lados de la raya

'A ambos lados de la raya'. Material sobre cocaína de Energy Control 1998.

‘A ambos lados de la raya’. Material sobre cocaína de Energy Control 1998.

El 20 de diciembre de 1997, Josep Rovira cumplía 30 años. Llegó a la discoteca Fellini, un local de música electrónica en plena Rambla barcelonesa –hoy desaparecida– con unos pocos compañeros entregados y unas mochilas llenas de folletos titulados Join the party. Una mesa, con material informativo y camisetas, una proyección de diapositivas y una performance casera dejaron sorprendidos a los fiesteros. En las viñetas de Join the party aparecían dibujados chavales de marcha, cada uno con sus pintas, durante un fin de semana de desparrame. Unos habían pillado pastillas de éxtasis, otros se iban a meter una raya de cocaína. Unos decían que no querían ponerse más, otros se pasaban de ansiosos. El cómic transcurría intercalando consejos básicos para reducir las peores secuelas del consumo, los síntomas de depresión y paranoia. “Hubo quien cogió el cómic y lo tiró al suelo. Descubrimos que la información no se puede entregar en mano, la gente tiene que cogerla libremente”, comenta Rovira. Nunca se le olvidará aquella primera noche. Era su cumpleaños.

Reportaje en interviú, 1998.

Reportaje en interviú, 1998.

En 2017 quien celebra aniversario es Energy Control (EC), colectivo creado hace veinte años por consumidores y no consumidores de drogas que buscaban rebajar los riesgos en el uso recreativo de sustancias psicoactivas. Eran los años del éxtasis a 1.000 pesetas. En las noches sin hora era más fácil confiar en el colega que en los anuncios televisivos de gusanos que se metían por la nariz. La prevención oficial no funcionaba, los códigos estaban muy alejados de la realidad. Hoy, dos décadas después, el modelo creado por Energy Control se reproduce en Portugal, Alemania, Bélgica, Colombia, México y Argentina. Siguen saliendo de noche a festivales, raves y discotecas pero EC ha evolucionado tanto que, a principios de este curso, sus expertos identificaron, en colaboración con el departamento de Química de la Universitat Jaume I de Castellón, una nueva sustancia psicoactiva en España: el clorofenil acetamida metilbutanamida. Hace veinte años, ni políticos ni instituciones se fiaban del todo de Energy Control. Hoy, su sistema de alerta, sus materiales de formación para prevenir y reducir daños y su conocimiento de la realidad nadie los cuestiona.

A Energy Control, a Josep, Tomeu, Carles, Eduardo, Mireia, Alejo, Fernando, Iván o Nuria, y a otros muchos, le debe interviú haber publicado información documentada sobre drogas durante dos décadas: más de setenta trabajos en los que se dio voz a consumidores, pequeños traficantes, agentes policiales, psicólogos, trabajadores sociales, médicos, científicos, políticos…

Reportaje en interviú, año 2000.

Reportaje en interviú, año 2000.

Principios de los años 90. Estamos en el Centre d’Atenció i Seguiment (CAS) de Sants, en Barcelona. Por allí pasan a diario personas con consumo problemático de alcohol y heroína, pero también chicos que se han pasado todo el fin de semana dándole a las pastis y que empiezan a tener malos rollos. Las pastillas de éxtasis son noticia en los medios de comunicación. La música electrónica, las fiestas clandestinas en edificios abandonados y las discotecas multitudinarias están en el punto de mira. Las rutas de tráfico de MDMA (metilendioximetanfetamina), el principio activo del éxtasis, todavía son pequeñas. Algunos cogían un coche, se marchaban a Holanda y venían cargados con las pastillas de colores. “El adicto al éxtasis no era como la persona enganchada al alcohol o el caballo, se comportaban de otra manera, hacían una vida normal entre semana y luego el fin de semana se comían el mundo. Necesitábamos información, saber cuándo la cosa se iba de las manos, cómo manejar la sustancia”. Josep Rovira era terapeuta de la Asociación por el Bienestar y el Desarrollo (ABD), encargada de gestionar el CAS de Sants. Un día apareció por allí Tomeu, un chaval de 22 años que tenía un problema por una multa por consumo. Su familia estaba preocupada. Tomeu era un buen estudiante y no tenía desórdenes de conducta. Tomeu y Josep charlaron, buscaron información sobre estas nuevas sustancias psicoactivas. Todo lo que encontraban eran mensajes alarmistas. “Los consumidores jóvenes no se reconocían en las noticias”, me explica Josep. En esas apareció un educador de Santa Colomá de Gramenet (Barcelona), Carles Sedó, un experto en drogas desde los años 80. Entre los tres formaron el embrión de Energy Control. Se fijaron en la gente de Lifeline Project, un grupo de Manchester (Reino Unido) que trabajaba con los propios consumidores, y decidieron moverse, buscar consumidores y no consumidores interesados en conocer de verdad los placeres y riesgos de la MDMA.

Reportaje en interviú, año 1999.

Reportaje en interviú, año 1999.

En junio de 1997, durante un encuentro en el propio CAS, se plantea presentar un proyecto al Plan Nacional sobre Drogas (PND) para atender a una población joven que mayoritariamente toma drogas de síntesis. “Debatimos mucho y Tomeu empezó a combinar palabras, barajamos muchas pero Energy y Control fue la más acertada”. El objetivo era claro: reducir los riesgos de drogarse mediante una comunicación positiva frente al ‘Di no a las drogas’ de las campañas oficiales, reconocimiento del consumo y de la libertad de las personas para tomar decisiones, información sobre los riesgos, también sobre los placeres. Y así llegó el Join the party y la discoteca Fellini.

Durante todo 1998 hicieron decenas de intervenciones en discotecas, fiestas rave y festivales. Explicaban qué tipo de droga eran el éxtasis, recomendaban beber agua porque la fusión baile y pastilla provocaba deshidratación, descansar y no mezclar con alcohol. Pero los chavales empezaron a preguntar qué se estaban metiendo en la boca, qué llevaba dentro aquella pastilla. Los responsables de Energy Control aprendieron a manejar el Test reactivo de Marquis, un sencillo método para identificar compuestos químicos. Un miembro de Médicos del Mundo les echó una mano. El tenderete de EC se llenaba en cada salida nocturna. Consumidores y pequeños camellos hacían cola para saber si las pastis tenían MDMA o les habían dado gato por liebre. El fiestero conocía lo que tenía en el bolsillo y Energy Control lograba informantes, datos, experiencias…

Reportaje en interviú, año 2001.

Reportaje en interviú, año 2001.

En 1999, con alguna pequeña subvención que les otorgó, con cautela, la Diputación de Barcelona y el Plan Nacional sobre Drogas, iniciaron la campaña ‘A ambos lados de la raya’. De nuevo un comic. “Para dañar menos las fosas nasales (hemorragias y congestión), altérnalas y evita las piedras de la cocaína, no compartas el rulo (el tubito para esnifar la raya)”, “Si tú consumes, respeta la libertad de quien decide no hacerlo”, “Sé consciente de que los efectos de la coca se acaban, querer continuar ‘subiendo’ puede provocar un efecto de ‘bajada’ más fuerte”, “Cuando estés mal o tengas una mala época, no consumas”, “Ten en cuenta el día siguiente”… Estos eran los mensajes y se armó la marimorena. Por un lado, los jóvenes entendieron perfectamente el mensaje pero hubo prensa conservadora que título la noticia de forma alarmista: “ONG enseña cómo consumir cocaína con dinero del Plan Nacional sobre Drogas”. “interviú jugó un papel muy importante en ese momento, supo explicar de una forma diferente una temática de la que no había mucha información. Aparecieron otras fuentes en el mundo de las drogas al margen de las clásicas policiales u oficiales. Y nosotros no nos quedamos en un proyecto underground, generamos una tensión al sistema pero desde dentro del propio sistema”, comenta Josep.

Campañas de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

Campañas de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

El siguiente paso fue un acuerdo de colaboración con el Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques (IMIM) de Barcelona. Expertos y científicos como Rafael de la Torre, Magì Farré o Jordi Camí llevaban tiempo investigando los efectos y repercusiones del consumo de éxtasis. Su interacción con Energy Control benefició a los dos colectivos, el científico y el de los consumidores. Las analíticas de sustancias mejoraron con el IMIM. Interviú llegó a un acuerdo con la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid para entregar muestras de la droga que se consumía en las calles y poblados de venta, los llamados hipermercados de la droga. La Agencia disponía así de datos actualizados de sustancias y esta revista publicaba monográficos sobre cannabis, éxtasis, cocaína, ketamina…

Colectivos como Hegoak y AiLaket se sumaron en Navarra y País Vasco, respectivamente, al modus operandi de Energy Control, que ya tenía delegaciones en Baleares, Madrid o Andalucía. España se había convertido en un país pionero en la reducción de daños. A la par, la política prohibicionista de los Estados comenzó a hacer aguas: miles de millones de dólares y euros de presupuesto no conseguían bajar los niveles de consumo y la oferta, si cabe, era mayor. El narcotráfico generaba violencia y sufrimiento, la política de las grandes potencias, también. Y de repente llegan unos iluminados y dicen: “señores, las drogas nos acompañan desde el comienzo de los tiempos, siempre habrá personas que decidan drogarse ¿por qué no aliviamos los problemas que conlleva su consumo? ¿por qué no les decimos la verdad?”.

“Es posible estar más educados en estos temas. Esta educación defiende su salud y sus opciones de consumo. La población es cada vez más competente en su propia gestión de los placeres y los riesgos, podemos reducir los riesgos del consumo aunque los Estados no quieran. La gente va por delante de las políticas”, explica Josep Rovira. Hoy, todo ayuntamiento importante tiene en cuenta la reducción de daños y la influencia de aquel proyecto nacido hace veinte años ha llegado a las altas esferas de las políticas antidroga.

Reportaje en interviú, año 2002.

Reportaje en interviú, año 2002.

En la actualidad, la oferta de ocio, de música, de drogas se ha ampliado. Los avances tecnológicos han permitido que se desarrollen cientos de Nuevas Sustancias de Síntesis (NSN), drogas creadas en laboratorio en las últimas décadas de cuyos efectos en los humanos se conoce muy poco. “Este es el principal reto para la Salud Pública, las administraciones y para nosotros. En nuestra biblioteca ya hay más de 200.000 sustancias identificadas”. Quien habla es Nuria Calzada, coordinadora estatal de Energy Control. Entró en el colectivo hace 17 años, con 22, y es una especialista en esas nuevas drogas de síntesis, las que se venden por Internet o en la Deepweb y se paga en bitcoin. Junto con el doctor Fernando Caudevilla, Nuria fue la impulsora de un sistema de análisis de sustancias que ahora mismo funciona a nivel internacional. Y el Sistema Español de Alerta Temprana (SEAT), coordinado por el Plan Nacional sobre Drogas, les debe mucho. En mayo pasado, el SEAT advertía de la circulación en territorio español de un estimulante denominado ALFA-PVP, conocido como Flakka, cuyo consumo puede producir efectos perniciosos para la salud, incluyendo intoxicaciones graves e incluso la muerte. En apariencia un polvo blanco, una gominola, un líquido o unos comprimidos con el logo de Lacoste, Playboy o Homer Simpson. Energy Control está detrás del descubrimiento y la identificación.

Reportaje en interviú, año 1999.

Reportaje en interviú, año 1999.

“En la última reunión de UNGASS (asamblea de la ONU para el problema de las drogas), el año pasado en Nueva York, un reverendo de El Salvador dedicado a la prevención no se lo podía creer cuando nos conoció; en otro encuentro en Kuala Lumpur, el doctor Caudevilla era presentado como una estrella. Nadie es profeta en su tierra”, dice Nuria. Como ella admite, la colaboración con la comunidad científica, el poder tratarse de tú a tú, viene del trabajo en la noche, de joven a joven, de igual a igual. Es fruto de aquella noche de 1997 y de las cientos de noches que vinieron después. “Cada semana se puede sintetizar una droga nueva y por eso debemos salir los fines de semana. Nuestro sueño sería que EC no existiese, que se adaptase a un contexto de drogas reguladas, donde los menores estuviesen protegidos y el consumidor también. Pero mientras la política internacional sea prohibicionista, Energy Control seguirá intentando conocer qué ocurre en las calles”.

Resumir 20 años de trabajo no es fácil. Seguro que la gente de Energy Control sabrá celebrar su cumpleaños como merece. A mí, personalmente, me abristeis la mente a un mundo que desconocía. Gracias Josep.

 

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Rodalquilarte, Carmen de Burgos y la muñeca chochona

La muñeca chochona y el perro piloto. Alberto Gayo

La muñeca chochona y el perro piloto. Alberto Gayo

No hay recuerdos como los de la niñez. Se engastan en el corazón, en los huesos, en la memoria. Cuando la escritora y periodista Carmen de Burgos (1867-1932) escribió el prólogo para Los inadaptados, su primera novela, se acordó de ese valle de Rodalquilar que meció su cuna, “la bella tierra mora enclavada al límite de Europa” que moldeó su espíritu y lo hizo bravo. En aquel valle primitivo y salvaje, la almeriense ansió los ideales de Justicia y Humanidad “entre la amargura de las tristezas y el dolor ajeno”. Allí cuajó “la llama de su sol en olas de arte y rebeldía”.

Ciento cincuenta años después de su nacimiento, las olas de arte toman esta aldea del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, del pueblo de las minas de oro y los piratas del norte de África, por segundo año consecutivo. Y lo hacen en homenaje a las pitas, la resistencia hecha planta, y a Carmen de Burgos, resistente por naturaleza.Obras en las fachadas de Rodalquilar. Foto: Rafa Márquez y Chema Artero (ideal.es)

Obras en las fachadas de Rodalquilar. Foto: Rafa Márquez y Chema Artero (ideal.es)

A principios de mayo se inauguró en el poblado almeriense la segunda edición del proyecto Rodalquilarte. Las obras de 91 artistas, ligados de una u otra forma a esta zona del Mediterráneo, se expondrán hasta el año que viene en las fachadas de comercios y viviendas para disfrute del vecindario y del visitante. Un museo al aire libre que debe su éxito a la pintora Encarna Morales. Ella y el fotógrafo Antonio Montes echaban de menos el arte en las calles. Lo intentaron hace años pero cuentan que el sol y el viento hacían imposible exhibir a la intemperie obras originales. Para evitar el desgaste idearon ampliar en lonas plásticas las imágenes de los artistas y atornillarlas a las paredes exteriores de las edificaciones de Rodalquilar (171 habitantes, según el INE 2014).

Encarna Morales (izquierda) durante la presentación de Rodalquilarte.

Encarna Morales (izquierda) durante la presentación de Rodalquilarte.

Vuelvo a Carmen de Burgos: “Rodalquilar forma un semicírculo de tierra labrada y verdeante, con algo de apariencia de anfiteatro. Las roquizas montañas alzan sus muros como si quisieran abrigarlo y defenderlo de la vulgaridad de la vida civilizada, adurmiéndolo en sus abruptos senos de piedra”. En ese paraje, hace unos cuantos años, dejaron su impronta en las abandonadas casas de los mineros algunos pintores callejeros. Entre ellos el Dr. Hofmann. Street art en mitad de la nada más hermosa. Siempre pensé que aquellas construcciones eran un lugar ideal para artesanos, para olvidados, para desertores del progreso y la rutina. Siguen allí, desmoronándose. Una pena que nadie haya querido convertirlas en un Cabaret Voltaire en medio del desierto.

Conocí a Encarna Morales el pasado verano gracias a Jesús Pozo y Nieves Concostrina. Le enseñé mis collage en Las Negras y me ofreció participar en esta segunda edición de Rodalquilarte. Un privilegio. Esta zona del sureste lleva transformándome más de una década y participar en un movimiento artístico como Rodalquilarte me ha hecho feliz.

Un hombre observa una obra de Rodalquilarte. Foto: Rafa Márquez y Chema Artero (ideal.es).

Un hombre observa una obra de Rodalquilarte. Foto: Rafa Márquez y Chema Artero (ideal.es).

Y en eso que llegaron la muñeca chochona y el perro piloto. Dos recuerdos de mi infancia de barraca de feria que ahora, hechos lona, pueden verse en uno de los callejones de Rodalquilar. Nunca me fueron los peluches de la tómbola, prefería las botellitas de licor o las navajitas semiplateás. Era más fácil hacerse el guay así que llevando bajo el brazo un ser inerte. Me parecía un espectáculo tétrico ver colgados, a merced del aire polvoriento, decenas de muñecos con cara de triste devenir. Sí, eran de muchos colores. Y de lejos, la barraca parecía un espacio de jolgorio y buena suerte. Allí, los niños gritaban, el vendedor de boletos o de plomillos para la escopeta también gritaba ¡la muñeca chochona! ¡el perro piloto!. Allí colgados, como bandidos, esperaban los peluches el fatal desenlace. O la liberación. No sé qué pensarían ellos. No sé qué era mejor. Que siguiesen viviendo al ritmo de los feriantes o fuesen adoptados por una familia que pronto los abandonaría en un contenedor, probablemente sucios y mutilados. Quizá alguno todavía decoré el dormitorio de un adulto incapaz de deshacerse de los recuerdos de infancia.

Esta es mi aportación a la segunda edición de arte al aire libre Rodalquilarte.

Esta es mi aportación a la segunda edición de arte al aire libre Rodalquilarte.

Si atravesáis el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, echad un rato en Rodalquilar. Mejor serenar el alma con una alhambrita fría y un poco de arte. Hasta pronto.

[Dedicado a Magda, Ana y Eva]

 

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Soy un padre del siglo XXI y mi hijo fuma porros

Una china, un dilema. Foto: Alberto Gayo.

Una china, un dilema. Foto: Alberto Gayo.

En la banda sonora de los que hoy somos padres y madres de adolescentes resuenan los cuatro millones de rayas de Los Planetas, el exilio en el lavabo de Estopa, los camellos que no fían a Extremoduro, eso que hace volar a Fangoria o la china que sacaba el tron de los Ska-P. Canciones sobre drogas siempre se han escrito.

Los hijos nacidos con el final del siglo XX y el inicio del XXI, esos que tienen entre 12 y 20 años, deberían ser chicos y chicas privilegiados, tendrían que tener la oportunidad de hablar con sus padres sobre drogas de una forma sincera, normal. No quiere decir que esta tesitura se esté produciendo en cada familia en este mismo instante pero las posibilidades son mucho mayores que hace una, dos o tres décadas.

Por primera vez, los hombres y mujeres que desarrollan el rol de padres y madres de niños y adolescentes han tenido un mayor conocimiento de las sustancias psicoactivas, han sido testigos de la normalización del consumo de la marihuana y el hachís, han visto convertirse en realidad –en España todavía no– propuestas reguladoras, conocen los placeres y riesgos de fumar un porro, comerse un éxtasis o meterse una raya. Y bastantes de ellos fueron (o son) consumidores recreativos de drogas, han ido a pillar, han analizado una pasti en un festival de música o conocen de primera mano lo que es deshidratarse por un atracón de MDMA, un amarillo de hachís, o un bajón tras pasarse con la coca.

Los padres de antes solo tuvieron contacto con el tabaco y el alcohol. El resto de drogas era tabú. La incorporación de ex policonsumidores de fin de semana no problemáticos (o sensatos) al papel de progenitores no es garantía de nada pero podría ayudar a una relación distinta con las drogas… y, sobre todo, con nuestros hijos.

De esta tesis parte (o a esta conclusión llega) el trabajo de David Pere Martínez Oró ‘Del tabú a la normalización. Familias, comunicación y prevención del consumo de drogas’ (Edicions Bellaterra, 2016), un texto más que recomendable para esos padres que a pesar de haber probado más de un psicoactivo en su juventud (o en la actualidad) se sienten confundidos –o alarmados– cuando llega el momento de hablar de drogas con sus hijos. Este doctor en Psicología Social, coordinador de la Unidad de Políticas de Drogas de la Universidad Autónoma de Barcelona y antropólogo en el Medical Anthropology Research Center de la Universidad Rovira y Virgili examina mediante entrevistas las diferentes miradas de las familias después de constatar que entre 1994 y 2008 se está produciendo un proceso de normalización. ¿Por qué? porque hoy los padres son aquellos que se drogaron en discotecas, en rutas de insomnio, en raves y afters, en festivales y conciertos, en fiestas caseras.

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Os dejo esta reflexión textual de David Pere: “La crisis de las subprime, la burbuja inmobiliaria, el rescate de los bancos hizo ver a la población que el estado del bienestar ya no sería nunca igual: precariedad laboral, reducción de los salarios, exclusión, pobreza energética, paro, los estudios ya no garantizan nada. El miedo mezclado con el pesimismo se permeabiliza en los hijos. El bienestar está en casa, la emancipación se retrasa, desahucios, corrupción, recortes… en la cuestión de las drogas también estamos en un interregno, estamos asistiendo a los estertores del prohibicionismo, el fracaso de la guerra contras las drogas, que ni ha limitado el acceso ni ha erradicado el tráfico. Algunos expertos siguen hablando del monstruo de la droga y no se han dado cuenta de que la mayoría de jóvenes han desplazado su ritual de paso de las drogas hacia las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y el consumo de productos cargados simbólicamente. En unos años los riesgos de los psicoactivos serán vestigios del pasado”.

No va desencaminado. Cualquier padre de adolescente está hoy mucho más preocupado por si su hijo pasa demasiado tiempo con el móvil, la tableta o frente al ordenador que por si se ha fumado un canuto. Muchos temen el acoso de un novio controlador a través del Whatsapp, de las fotos que una hija sube a Instagram, del youtuber que se ha convertido en consejero particular o del vídeo porno que consume su vástago. Antes, las familias eran el mejor aliado del prohibicionismo, “hoy pueden serlo de la normalización en el consumo de drogas”.

Hagamos un poco de historia. Antes de los 80, los padres eran los últimos en conocer el idilio de sus hijos con las drogas. El día que el consumo se convertía en adicción o llamaba la policía a casa, ellos se enteraban. “La prevención basada en el silencio no valía de nada. Algunos padres vieron la adicción como una deshonra y les echaban de casa. Otros esperaron a que los hurtos y las mentiras se hiciesen insoportables. Y solo unos pocos les cuidó en todo momento”, relata este psicólogo social.

En los 80 aparecieron las madres coraje y los proyectos de desintoxicación. La heroína campaba a su antojo. Las madres organizadas fueron las primeras en darse cuenta de que el problema no era solo de sus hijos y de los camellos, había una compleja red de poderes fácticos que impedía una solución. “Los hombres estuvieron ausentes y a esas madres les sirvió para liberarse del machismo casero. La adicción y el desenganche también era una lucha de clases. Los pobres tenían más facilidad de engancharse porque tenían menos oportunidades socio-laborales y menos posibilidades de desengancharse porque no tenían dinero para comunidades terapéuticas privadas (donde se usaba una alegal metadona). Los pobres cayeron en manos de sectas”. Algunos expertos se dieron cuenta entonces de que una prevención centrada en la confianza, los valores y la comunicación eran más eficaces que el manido ‘no a la droga’ de campañas publicitarias sostenidas con dinero público.

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Y llegó la crisis tras los fastos del 92. Paro, ansiedad, trabajos precarios, efímeros. Las mujeres, agobiadas, posponían la maternidad, los padres delegaban, estaban más ausentes buscándose la vida con varios trabajos. “La individualización acarrea la perdida de los valores comunitarios (solidaridad, respeto, colaboración…), todos competimos contra todos. Menos comunicación con los hijos”, explica el autor de ‘Del tabú a la normalización’. Aumentó el ocio nocturno, los jóvenes no tenían motivación ni anhelos políticos. La fiesta de fin de semana y los psicoactivos son lo único importante para olvidar los días laborables. “Conceptualizaron las drogas como cualquier otro bien de consumo, usando drogas que intensificaban los fines de semana: cocaína, speed, MDMA… y se desvinculan del mundo sórdido de la heroína.. Disminuyó la alarma, se cogió distancia con lo marginal y a la vez  se tenía más fácil acceso a las sustancias. Los consumidores evalúan los riesgos y cumplen con sus obligaciones cotidianas, solo algunos tienen problemas”.

Es el momento en que todas las personas en contacto con las drogas (consuman o no) abandonan el tremendismo y se apuntan a la normalización. Sin embargo, las políticas oficiales de drogas no cambian, se siguen centrando en el ‘di no’. Volvió a ser ineficaz. Llegó el botellón, un amplio catálogo de sustancias de síntesis, la difusión del cannabis, la apertura de clubes de marihuana, y también hay información más veraz, surgen colectivos que reducen los daños que provoca el consumo, instituciones que realizan estudios serios. Las ciudades y pueblos incorporan planes de prevención, se consolidan las evidencias científicas sobre el potencial terapéutico de algunas drogas…

Hoy día, el alcohol de fin de semana sigue, entre semana no tanto, ha descendido el consumo de cannabis pero es mucho más visible: hay ferias, más clubes, publicaciones, aplicaciones para el movil… hasta la forma de comprar ha variado, no hace falta tener contacto con un camello, existe la otra web, la profunda. Los adolescentes no se sienten tan atraídos hacia los estimulantes, el ritual de paso ya no son las drogas, son las tecnologías. Los padres siguen viendo que hay un peligro y lo siguen viviendo con inquietud. “Ahora, la prevención tiene que ver con reconocer los consumos moderados, respetar la voluntad de consumir, aceptar la compatibilidad entre normalizar consumos y la excelencia educativa, empoderar al progenitor…”, resume David Pere.

Es el momento de la comunicación entre aquellos padres que consumieron o consumen y unos hijos que tienen de todo a su disposición. Tal y como ha analizado el autor, conviven cuatro posiciones de los padres hacia las drogas:

Hegemónica: Nunca se han drogado y rechazan cualquier contacto con los estupefacientes. La droga es tabú y para lograr que no la prueben, los mensajes se centran solo en las consecuencias funestas. “Restringen compañías y dinero, controlan movimientos”, admite David.

Tolerante: Padres que no se han drogado pero presentan mayores niveles de tolerancia. “Saben que el tabú, la alarma y el miedo enmarañan la prevención”. Para que haya más comunicación, aumentan la tolerancia. Buscan evitar el contacto de sus hijos con las drogas pero si empiezan los consumos, no lo convierten en un conflicto familiar.

Precavida: Padres que aunque consumieron en su juventud, entienden el fenómeno desde el tremendismo. Piensan que sus experiencias son locuras de juventud, son más ávidos a la hora de detectar consumos. “La comunicación es endeble y cuando se produce, tienden al conflicto”.

Transformadora: Padres y madres que toman drogas. Adoptaron la normalización para entender la complejidad de los consumos y normalizan sustancias dependiendo de os criterios de toxicidad y peligrosidad. Ven el cannabis menos peligroso y buscan la abstinencia en otras sustancias. “Buenos niveles preventivos y de comunicación”.

En resumen, la inmensa mayoría de los padres y madres entienden las drogas como potencialmente peligrosas y creen que sus hijos evitarán riesgos si se mantienen abstinentes. Solo una minoría de familias transformadoras liberales considera que el uso de psicoactivos aporta experiencias vitales imposibles de conseguir mediante otra vías y recomienda a sus hijos que cuando sean adultos experimenten en un contexto adecuado y con información.

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Con el tabaco ya hay camino ganado. Las evidencias sobre su nocividad, la legislación y los esfuerzos preventivos han provocado un descenso del numero de fumadores. Cada vez menos adolescentes se incorporan al hábito del humo del cigarro. Los padres fumadores señalan el error de su adicción y lo entienden como un mal ejemplo. Sobre el alcohol, los niños han visto beber a sus padres desde pequeños, está presente en la práctica totalidad de los hogares y muchos padres beben en presencia de sus hijos sin reparos.

Respecto al cannabis, los padres hegemónicos o precavidos lo consideran menos peligroso que la heroína o la cocaína, y entienden que la marihuana es una sustancia frontera entre lo blando y lo duro. Si los padres son fumadores optan por esconderse o hablar más de la cuenta. David Pere recomienda que “es mejor explicarlo de forma pedagógica, ofreciendo información veraz para despejar dudas, es la vía más sensata. No hace falta hablar de la experiencia personal. Sí debe haber dialogo donde se muestren los efectos y riesgos interpelando a la responsabilidad de los hijos, igual que al hablar de conducir, montar a caballo o esquiar…”. Si se fuma cannabis en casa, llegará un momento en que aunque lo escondamos, el adolescente lo sabrá y si no encontramos tiempo para dar explicaciones o dar la opinión sobre los porros, “los jóvenes pueden tomar el silencio como fuente de legitimidad y decidir que ‘si vosotros fumáis, yo también’. Debe ofrecerse información antes de cualquier contacto con el cannabis”.

Todo hace ver que la clave es la comunicación pero “hablar no es comunicar y mucho menos prevenir. Si por hablar solo entendemos las arengas antidroga, no servirá de nada. Hay que invitar a la reflexión, no parecer policías; hablar sin tabú ni pudor elimina los elementos morbosos, hablar de placeres y de riesgos. Entre la disyuntiva de informar para empoderar u omitir la información para evitar la atracción, hay que optar por la primera”.

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El problema es que en muchas familias resulta complicado hablar de drogas, sexualidad, conflicto entre iguales. No pongamos la excusa de que estamos cansados –aunque lo estemos– o de que el tiempo que estamos juntos en casa cada uno está con su móvil u ordenador. Hay que hablar y comunicar. “También de la música hip-hop, del reguetón, de los youtubers o de los realities. Si mostramos desprecio hacia sus preferencias, nos distanciaremos simbólicamente”, advierte este psicólogo.

Ser padres no solo nos cambia, es además muy difícil. Pero hay estilos y estilos. Están los que aplican una fórmula democrática de control sin despotismo, de permitir tomar decisiones y mostrar interés por las actividades de los adolescentes. Los expertos dicen que éstos obtienen mejores resultados y presentan mayor resilencia para superar adversidades. La mujer adquiere mayor protagonismo y se camina hacia un posconsumismo donde se pone coto a los excesos.

Los hay autoritarios que educan sin afecto y sin comunicación abierta, no entienden las necesidades de los adolescentes, estimulan la dependencia hacia el adulto y ponen normas muy estrictas y castigos severos. “Suele ejercer la autoridad solo el padre, representarían un tercio de las familias españolas”.

Los indulgentes ejercen un escaso, si no nulo, ejercicio de la autoridad y control. Muestran un amor incondicional sin demanda de responsabilidad. Puede haber más comunicación, diálogo y afecto, pero también más sobreprotección y agobios porque fomenta el yo como centro de todo. Expertos dicen que consiguen mejor rendimiento académico, incluso superior al democratico. Pero el padre-amigo puede generar adolescentes mal criados.

Y los hay negligentes e indiferentes que pueden provocar carencias, fracaso, baja autoestima e impulsividad. Y también desbordados o divergentes, capaces de ejercer un excesivo control y otras veces llegan a ignorar a sus hijos.

Cuando fui padre, un colega me dijo: “la vida te cambiará pero si consigues mantener un mínimo sentido común, todo será más fácil”. ¿Y qué es el sentido común cuando tu hijo da su primera calada a un porro? David Pere, que algo sabe de esto, establece unos mandamientos: Fuera estereotipos y juicios morales a la hora de anallizar consumos de drogas, drogarse es una acción que entraña riesgos como otras tantas practicas sociales, pero asumir riesgos sin conocerlos es potencialmente más peligroso; debido a la desigualdad social, las drogas seguirán generando problemas. Potenciemos la abstención mediante información verosímil, fomentemos el consumo sensato, la responsabilidad y el autocontrol, expliquemos los placeres y riesgos de forma sincera, desterremos la atracción por lo prohibido y desmontemos los mitos sobre el consumo, fortalezcamos la igualdad de género y no criminalicemos ni estigmaticemos al consumidor.

Ahora ¡a sufrir y a sentirse orgulloso! Gracias David, tendrían que ponerte una calle.

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Revolución de 1917, amor dadá y anarcafeminismo

Desnudo de Mina Loy, 1905.

Desnudo de Mina Loy, 1905.

Si hace cien años, en febrero de 1917, Vladímir Ilich Uliánov Lenin se hubiera quedado tranquilo en su cuchitril de Zurich y hubiese bajado todas las noches al Cabaret Voltaire –a unos pocos portales de su casa en la calle Spiegelgasse, donde el movimiento Dadá se empeñaba en hacer saltar todo por los aires– hoy podríamos estar hablando de otro estado de las cosas interplanetario. Pero no, cogió un tren y se piró a su tierra fría y salvaje para hacer triunfar la Revolución bolchevique. Convirtió a todos en comunistas, en rojos, cuando podía haberlos transformado a todos en negros. Y de aquella demolición podría haber surgido una alternativa al capital más ilógica, sí, pero más divertida y demoledora. ¡Vaya usted a saber! A lo mejor no existiríamos ninguno. O a lo mejor la Antiunión de Antirepúblicas Antisocialistas Antisoviéticas, la cuádruple A, hubiera hecho frente al fascismo, a la Triple A y, luego, al Capitalismo de manera más eficaz.

Si se hubiese tomado en el cabaret dadaísta unos cuantos vodkas o unos chupitos de absenta, se hubiese echado unos bailes africanos o peleado a guantazo limpio con alguno de los artistas que por allí penaban, la revolución podría haber sido otra. Hubiera cogido otro tren y les habría explicado a los parias rusos que otro mundo era posible. Demasiados hubiera.

Lenin, antes y después de la Revolución rusa.

Lenin, antes y después de la Revolución rusa.

El profesor Dominique Noguez, en su Lenin Dadá (editorial Península), explica que en 1916 y durante varios meses, Lenin se codeó en la ciudad suiza con los primeros dadaístas. La por entonces compañera del revolucionario, Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya, confiesa que a Lenin le gustaba la farra o al menos se ponía tontón con las canciones populares rusas. “Nos quedamos en Zurich, donde la vida era mucho más animada”, explica Krúpskaya. De hecho, en el Cabaret Voltaire se llegaron a organizar veladas rusas en las que participaba un tipo bajito con bombín, como recordó el dadaísta Hugo Ball. ¿Sería Lenin? En esos días, Zurich estaba llena de desertores, anarquistas, bandidos y artistas de medio mundo. Ana Muiña, en Mina Loy. Futurismo Dadá Surrealismo (ed. La linterna sorda), explica que mientras Lenin se documentaba y escribía en Zurich ‘El imperialismo, fase superior del capitalismo’, tuvo contacto con el inicial nihilismo dadaísta y sus espectáculos nocturnos. “Tanto Hugo Ball como Marcel Janco –dos de los fundadores del Dadá– afirman en sus memorias que la pareja famosa acudía al local [Cabaret Voltaire] de incógnito, pues aunque el grupo dadaísta conocía su identidad, no podían revelarlo porque el cabaret empezó a ser frecuentado por espías y policías que iban a controlar a los artistas”.

Lenin y Krúpskaya estuvieron en Zurich entre febrero de 1916 y abril de 1917. Cuentan que Lenin jugaba al ajedrez con el poeta Tristan Tzara, autor del primer manifesto dadaísta, y que el ruso tocaba en el local melodías folk rusas y declamaba fragmentos humorísticos de Chéjov. “El encuentro de la pareja con sus vecinos del cabaret se produjo a través del responsable de la Juventud Internacional Comunista, que tenía la base en Zurich”. Lo cuenta Krúpskaya en sus memorias y lo recoge Ana Muiña en la introducción del libro sobre la poeta, pintora y actriz Mina Gertrude Lowy Bryan, conocida como Mina Loy, una de esas mujeres dadaístas que fue solapada y escondida por la historia y sus propios compañeros.

Resumen de esta primera parte: el caos y la destrucción –que sí eran principios dadaístas– los aplicó Lenin (y los suyos) a la perfección y no solo contra aristócratas y enemigos del bolchevismo, también contra muchos anarquistas, según cuenta Noguez. Así que al final triunfó el comunismo en Rusia y el dadaísmo se quedó como movimiento subversivo underground, como los punkis de hace cien años.

Mina Loy (Ed. La linterna sorda) y Cartas de amor a Mina Loy (Ed. Periféricas)

Mina Loy (Ed. La linterna sorda) y Cartas de amor a Mina Loy (Ed. Periféricas)

En este texto utópico-distópico es imprescindible incluir la figura de Mina Loy, la subversión y la insumisión hecha mujer. El libro editado por La linterna sorda es una joya para entender quién y cómo era Mina. Vuelvo a los hubiera o hubiese. Si Lenin hubiese conocido a esta poeta, la revolución rusa no solo sería dadaísta, también feminista. La inglesa Mina Loy –nació en Londres en 1882– se movió en aquel principio de siglo XX buscando eliminar prejuicios, “fue una de las pioneras en romper los roles tradicionales femeninos victorianos. Comenzaron a hablar, desde las distintas expresiones artísticas, de sí mismas como mujeres y sobre las problemáticas que les importaban a ellas: la sexualidad femenina, el cuerpo, el parto… Hubo un movimiento importantísimo a finales del XIX y principios del XX que fue el de la libertad sexual y el amor libre, promovido por mujeres y hombres que componían un sector del movimiento anarquista y socialista revolucionario, no compartido por todos sus miembros”, me cuenta la librera y poeta Ana Cibeira, una de las estudiosas de la obra y vida de Mina Loy.

Retratos de Mina Loy.

Retratos de Mina Loy.

Esta autora todoterreno, y su concepto “demolición absoluta”, apostó por un cambio en el punto de partida simbólico en el tratamiento de los grandes temas que afectaban a las condiciones materiales de la vida de las mujeres. “El deseo ocuparía un lugar central y serviría como estrategia emancipatoria, no como un valor en sí mismo que preserva la virtud como ideal social; el sexo se vería con naturalidad y no como tabú; la monogamia, la infidelidad y los celos serían revisados a la luz de la dependencia femenina y el privilegio masculino; y la maternidad sería reivindicada como un derecho que todas, solteras y casadas, podrían tener”, explica Cibeira en el libro. Por ello, se incorpora a Mina Loy en el feminismo de la diferencia, en el anarcafeminismo, y no tanto en la primera ola del sufragismo.

Le pido a Ana que profundice un poco en esas ideas de Mina Loy y de otras mujeres de hace cien años: “El feminismo inicial era muy heterogéneo. De una parte estaba compuesto por mujeres más moderadas que aspiraban al derecho al voto de las mujeres, decantándose sólo por el sufragismo reformista; y de otra, colectivos de mujeres más radicales que aspiraban a la emancipación completa de las mujeres en todos los planos vitales: familia, educación, trabajo, procreación, sexualidad, en el plano emocional, sentimental, social, económico… Por tanto, reclamaban la abolición absoluta de los sistemas democráticos burgueses para que la mujer libre pudiera nacer con plenitud”.

Mina Loy y Djuna Barnes, fotografiadas en Niza (Francia) en 1972 por Natalie Clifford Barney.

Mina Loy y Djuna Barnes, fotografiadas en Niza (Francia) en 1972 por Natalie Clifford Barney.

Mina Loy llegó a redactar de su puño y letra el ‘Feminist Manifesto’ en noviembre de 1914. En vida nunca llegó a editarse y, en castellano, es la primera vez que se publica de la mano de La linterna sorda. Es una réplica al Manifiesto Futurista de Marinetti. Este vanguardista veía a las mujeres inferiores y Loy hizo una declaración subversiva frente al predominio masculino. Escrito en verso libre (sin puntuación) y con una composición tipográfica dinámica, plantea propuestas revolucionarias. Aquí reproduzco, tal cual lo escribió, alguna de sus declaraciones del manifiesto:

“Y si de verdad deseáis encontrar vuestro sitio sin menoscabo –sed Valientes y comenzad negando ese patético grito de guerra disparatado La mujer es igual al hombre– ¡NO lo es!”. “El primer engaño que os conviene demoler es la división de las mujeres en dos clases –la amante, y la madre Cualquier mujer madura y equilibrada sabe que es mentira. La naturalez ha dotado a la mujer completa de la facultad para expresarse a través de todas sus funciones –sin restricciones”. “(…) no hay nada impuro en el sexo –excepto en la disposición mental hacia él– constituirá una regeneración social incalculable y más vasta de lo que puede imaginar nuestra generación”.

Mina Loy y Peggy Guggenheim en París, 1926.

Mina Loy y Peggy Guggenheim en París, 1926.

La escritora, poeta, pintora, actriz, diseñadora e inventora estuvo en “todas las salsas artísticas y culturales de las llamadas vanguardias de entreguerras”, comenta Ana Cibeira. Se marchó de Londres cuando tenía 17 años para estudiar arte en Munich, se unió al Futurismo en Italia y al al Dadá en Nueva York, y luego al Surrealismo en París. Mina Loy tuvo una relación amorosa y loca con Arthur Cravan (el poeta, boxeador y agitador dadaísta que era sobrino de Oscar Wilde). Anarquista y antimilitarista –le buscaban por desertor–, Cravan conoció a Loy en EEUU. Se casaron y Mina tuvo una hija con él. Anteriormente ya había estado casada y había sido madre de otra niña. En 1929 le preguntaron en una entrevista para The Little Review cuál había sido el momento más feliz de su vida. Mina Loy respondió: “Cada momento que pasé con Arthur Cravan. El más triste: todos los demás”. Períferica editó en 2012 las cartas de amor que Cravan envió a Loy en 1917 y que demuestran que estaba por sus huesos hasta la extenuación. El poeta gigante dadaísta desapareció en 1918 a bordo de una barca en el Golfo de México. Mina nunca más supo de él.

Mina Loy y Arthur Cravan, un 'amour fou'.

Mina Loy y Arthur Cravan, un ‘amour fou’.

Loy regresó con sus hijas a Nueva York en 1936 y se instaló en uno de los barrios más pobres de Manhattan. “Escribió poemas y realizó collage de arte povera, interesándose por el padecer de los vagabundos. Murió en Aspen (Colorado) a los 83 años”, explica Ana Cibeira. Entre sus versos destacan los de Parto, considerado como uno de los primeros poemas donde se plasma la experiencia física del parto narrado por una embarazada.

The coat-stand, fotografía de Man Ray.

The coat-stand, fotografía de Man Ray.

Gracias a pequeñas editoriales como La linterna sorda se están rescatando textos rompedores escritos por personas transgresoras que han sido infravalorados en los últimos cien o ciento cincuenta años. Por ejemplo, los de Mina Loy. En Nueva York coincidió con otras artistas libres como Emma Goldman, la periodista Louisse Bryant, la activista feminista Mabel Dodge Duhan o Isadora Duncan, entre muchas otras vanguardistas.

Valentine de Saint-Point posa para el fotógrafo Alphonse Mucha, 1906.

Valentine de Saint-Point posa para el fotógrafo Alphonse Mucha, 1906.

Como reconoce Ana Muiña, investigadora en la Historia Social y grafista, muchas de ellas utilizaron su propio cuerpo como herramienta de reafirmación y como elemento visual narrativo. “Las imágenes de mujeres desnudas del Dadaísmo y del Surrealismo son bellísimas, estereotipdas y ambivalentes: muestran uno de los mayores estereotipos que hay, el sexo, y también fueron un medio de expresión de rebeldía contra la moral sexual imperante, el cuerpo indómito como afirmación desinhibida de lo natural”. Un cuerpo que hoy ya no subvierte ni escandaliza.

Para acabar, una reflexión que Valentine de Saint-Point incluyó en su Manifiesto de la Mujer Futurista –que también servía de respuesta a Marinetti–: “La humanidad es mediocre. La mayoría de las mujeres no son ni superiores ni inferiores a la mayoría de los hombres. Somos iguales. Ambos merecemos el mismo desprecio”. Salud.

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La Doctora Glas en un jardín tan extraño

Doctora Glas con el dedo en la boca.

Doctora Glas con el dedo en la boca (Foto TresSotomayor).

El sol de invierno se prepara para cerrar la mirilla. Nos hemos refugiado en el Jardín Botánico de Madrid huyendo de lugares comunes. Las plantas parecen calladas en esta época. Aquí estoy, persiguiendo un enigma, intentando descifrar a una mujer de 25 años a la que le gusta abrirse las venas en público. Una chica que cada vez que abre la boca en Twitter provoca un cortocircuito en los cuadriculados, en los que no ensanchan el alma, en los macromachistas y en los micromachistas, pero también en lo que ella denomina “la caverna feminista”. En realidad, a todos nos provoca chispas. Se llama Loola Pérez pero es conocida como Doctora Glas. Y es de Murcia.

Loola es una de las activistas feministas más prolíficas dentro y fuera de las redes sociales. Una Pepita Grilla que no encaja en la doctrina oficial. Presidenta de la asociación Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia 8 de marzo y miembro de la junta directiva de la Federación de Mujeres Jóvenes, dirige en su tierra un proyecto para prevenir la violencia de género y educar a los jóvenes en lo afectivo y en lo sexual, y es colaboradora habitual de Código Nuevo, una web para milenials. La Doctora Glas acaba de publicar Suicida (no profesional) busca puente (Luhu Editorial), su primera novela, que más bien parece la autobiografía de unos años intensos… No sé si a su pesar.

En las manos de esta graduada en Filosofía cayó hace unos años Doktor Glas, de Hjalmar Söderberg. La mujer de un clérigo que siente repulsión por su marido acude a un médico para que le firme un certificado de esterilidad y así evitar tener relaciones sexuales con su esposo. De aquí cogió su seudónimo Lola. “Me gustó mucho la estrategia de la mujer para no tener que follar más con su marido y así empoderarse. Si había un doctor ¿por qué no una Doctora Glas?”.

La Doctora Glas suda.

La Doctora Glas te mira (Foto: TresSotomayor).

Últimamente he conocido a mujeres que son un torrente de palabras. Son impacientes, coquetas, directas y están renovando el mensaje feminista. En este grupo incluyo a la periodista Celia Blanco, a la prostituta Natalia Ferrari, a la actriz porno Amarna Miller y, por supuesto, a la Doctora Glas. Son la avanzadilla española del feminismo pro sexo, ese que defiende la libertad sexual como arma frente al machismo.

En el imponente físico de Loola está marcada su filosofía de vida. Versos de la poeta norteamericana Sylvia Plath decoran su costado. “Me gusta mucho, habla de cosas trangresoras en el espacio doméstico”. Y pronto llegará a su piel otro tatuaje, un camafeo con un fondo de cerebro y unas piernas de pin-up en su interior. Y dos palabras: feminista bitch. Así, sin complejos.

Confiesa que de pequeña era una niña repelente –“creo que todavía lo soy”– a la que le costaba hablar en público. Se puso a estudiar Historia y los profesores le convencieron de que su vocación era la filosofía. “Para mí aprender a hablar en público ha sido una conquista feminista porque a las mujeres no se nos educa para que controlemos el espacio público, se nos domestica; y no se nos hace tímidas, pero sí miedosas. Como mujer se me educó socialmente en el colegio para que fuese insegura”.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid.

Doctora Glas en el Jardín Botánico de Madrid (Foto: Alberto Gayo).

En la escuela le interesaban más los poemas de Gloria Fuertes que los de García Lorca, “siempre buscaba libros donde la protagonista fuese una mujer aventurera que rompiese moldes. Y con 15 años leí ‘Travesuras de la niña mala’, de Vargas Llosa. Tomé conciencia de ser mujer desde que tengo memoria”, explica.

Loola ha cambiado mil veces de corte y de color de pelo. “Me costó mucho aceptarme, estar cómoda conmigo misma. He convivido con el machismo, también en casa, donde el machismo parece más benevolente pero donde es más peligroso porque se cuela disfrazado de paternalismo y valores tradicionales”. Necesita un café con leche muy caliente. Es el momento de acudir al confesionario: “El día que Melendi se cortó sus rastas, el cantante dejó de existir para mí. Era una loca de Melendi, una súper fan. Era como Kurt Cobain pero marca Hacendado”. Todos tenemos errores de juventud.

Esta chica grande, que conoció a su primer amor por Messenger a los 15 años, tuvo una lesión en la rodilla. Cogió peso. Un par de años antes le habían detectado en el instituto bulimia, un grave trastorno alimentario que ha conformado también su forma de ser. “Me derivaron a Salud Mental y hasta hace poco más de dos meses he estado yendo por allí”. Los síntomas se mezclaban con los de la anorexia. No estaba a gusto consigo misma pero tampoco con el mundo.

“Empecé a tirar la comida, a escupirla, a vomitar, a beber mucho agua, a hacer dietas irresponsables, empezaron las autolesiones, me ataba cinturones a la barriga hasta que me hacía heridas. Para mí era una salida, una liberación de situaciones que no podía controlar”. El trastorno le afectó al estado de ánimo, al sexo. “No era capaz de seducir, de hacer determinadas posturas. Si estás mal contigo, influye en cómo te expresas”.

Aprovecho que habla de sexo para volver al confesionario. Reconoce que le ponen los tíos que se parecen entre sí, “es como si me enrollase con el mismo tío siendo personas diferentes”. Recuerda cuando se coló en el instituto un verano para hacerlo con su amor platónico en medio del patio del recreo. “Estuvo bien pero mi picaron muchos mosquitos”.

Doctora Glas desde arriba.

Doctora Glas desde arriba (Foto: Alberto Gayo).

En la sanidad pública le tocó un psicólogo horroroso, que en lugar de preguntarle por qué hacía dieta padeciendo bulimia, le preguntaba por sus relaciones sexuales. Con 17 empezó a trabajar en un bar y una noche, cuando hacía caja, su jefe le encerró en la cocina e intentó besarla. “Estuve espabilada y le dije que era menor y que se estaba metiendo en un problema”. A los 18 años firmó el alta voluntaria pero ella misma sabía que no estaba curada. Su madre la vigilaba. La bulimia vino de la autoexigencia, de querer siempre ser la mejor en todo, de su afán por supervisar todo de forma obsesiva. “Necesité quitarme la culpa, entender que aquella niña no era culpable”. Entonces volvió a terapia con una psicóloga que le abrió las puertas de la autopercepción.

En Suicida (no profesional) busca puente está su vida camuflada de ficción. “Vamos a decir mejor que es una novela con tintes biográficos que le va a servir a mucha gente que ha pasado tiempo en bucle, personas que se han descubierto después de pasar por situaciones muy extremas que nadie huele o ve. Pero sobre todo está dedicado a esas personas que son capaces de darse una segunda oportunidad”. Es una historia que se lee fácil, que entremezcla píldoras de poesía deslenguada con capítulos no aptos para cardíacos. Es una novela de iniciación para jóvenes que se puede leer de forma lineal o a saltos.

Este encuentro entre un periodista de interviú y la Doctora Glas tiene una explicación: en diciembre me envió un mensaje agradeciendo que hubiese compartido uno de sus escritos sobre suicidios inducidos. En ese momento me confesó que era lectora habitual de interviú. Me resultó muy agradable que una mujer veinteañera disfrutase con el periodismo de siempre y con el erotismo de ayer y de hoy. Así que decidimos echar unas horas juntos en uno de sus viajes a Madrid, viajes de trabajo en los que debate formas de luchar contra la violencia de género.

Doctora Glas lianta.

Doctora Glas lianta.

“Que algunas feministas se metan con interviú es una bobería, hay un grupo dentro del feminismo que no sabe comprender qué significa el deseo, el erotismo, la belleza, el cuerpo, la expresión del cuerpo. No es capaz de hacer clic, y ve todo desnudo de una mujer, toda expresión sexual de una mujer, como un ejercicio de explotación o cosificacion. Les diría que se animasen a salir en portada”, explica Loola.

Vuelta a la plaza de las confesiones, esta vez para hablar de fantasías… y de su cuerpo. “Mi boca es lo que más me gusta. Porque es bonita estéticamente porque me encanta el sexo oral. Representa mi parte política y erótica”.

Es tan lianta que le siguió el juego al cantante Nacho Vegas y al final acabó en casa del músico para travestirse. Él de la doctora y ella del rockero. Y Twitter andan las pruebas. Fantasía cumplida. Aunque tiene un par de ellas pendientes: “que me pongan pinzas en los pezones y volver a liarme con mi ex porque nunca me corrí con él”. Arte puro.

Loola Pérez se mueve por ese feminismo que está en los márgenes pero que pide paso con las luces largas dadas. “EEUU me gusta mucho, allí hay contrastes, el feminismo pro sexo es el que más me convence porque pone el foco en la sexualidad, que en España, viniendo de tradición católica y de la dictadura, no hemos vivido con naturalidad”. Últimamente se ha metido en una cruzada donde tiene las de perder ¿o quizá no? Es de las que piensa que el feminismo hegemónico, “el que tiene el poder, los sillones y algunos medios a su favor”, no está concienciando a los hombres lo suficiente, “y los hombres juegan un papel fundamental en la lucha feminista. Me preocupa que cierto feminismo imponga un pensamiento único, dogmático y excluyente. Agradezco a esas mujeres que lucharon por unos derechos que yo ahora puedo disfrutar pero también es importante conocer el contexto y saber lo que implica un relevo, no solo de posición, también de ideas”.

Vale. Como argumento para no tirar la toalla me parece correcto pero Doctora, mójese un poco más ¡por la Virgen!

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Portada del libro de Doctora Glas y tatuaje con versos de Sylvia Plath que tiene en su costado.

Por ejemplo, Barbijaputa –alias de guerra de otra de las feministas más activas en Twitter, que colabora habitualmente con eldiario.es– es un altavoz importante “pero su pensamiento, que es muy fácil de absorber pero que nadie cuestiona, es muy culpabilizador y no ayuda a que los hombres tomen conciencia del problema. Muchas veces no es capaz de enfrentarse al enemigo y convierte en enemigas a mujeres transgresoras. Barbijaputa es totalmente prescindible. No me gustan las feministas que van repartiendo carnés de feminismo. No entienden que no somos mejores que ellas pero sí distintas. Se está creando la sensación de que todas somos yonquis del feminismo, pero ese es un feminismo de pin, un feminismo de consumo. Y eso es peligroso. Parece una etiqueta y eso no puede ser”. Loola se ha quedado a gusto. Yo no me atrevería a meter a Barbijaputa en lo que ella denomina ‘caverna feminista’ pero bueno, ella sabrá.

El caso de Cristina Pedroche y su vestido con transparencias para dar la bienvenida al 2017 es uno de los casos que más le dolió a la Doctora Glas. “A mí Pedroche me da igual pero que sea el blanco de las críticas porque se pone lo que le sale del puto coño me parece injusto. Toda mujer tiene el derecho a vestir como quiera, en la tele, que es un espectáculo, o por la calle”. Loola cree que en la actualidad conviven dos miradas feministas, una renovadora y otra arcaica “que a veces procede de forma misógina. No puede ser que una presentadora se ponga un vestido con transparencias y digan que es una imposición machista o que le digan a una actriz porno que no puede ser feminista. La carnicera de la esquina, la limpiadora o la ama de casa también pueden serlo. Es como decir que todos los hombres son violadores en potencia. Una socialización machista no lleva a que te conviertas en un machista y en un violador. Hay que separar lo que es un machista de un violador porque si lo juntamos estamos dando la sensación de que somos una yonquis del feminismo”.

Doctora Glas de perfil.

Doctora Glas de perfil.

Amante del cibersexo y bisexual, esta bloguera y escritora tiene claro lo que quiere ser de mayor: “un peligro para la gente estúpida”. Para conseguirlo, no para de leer, a feministas de aquí pero sobre todo de allá, del otro lado del Atlántico; y también a poetas.

La otra faceta de Loola Pérez es la de servir a su comunidad, a los más jóvenes. Ahora trabaja en prevención de la violencia machista con chavales de instituto en Murcia. “Las chicas que tienen relaciones sexuales siguen siendo tratadas como putas o ninfómanas, y los chicos han sido socializados para tener el control de la situación, para hacer ver que son el puto amo en la cama y luego no tienen conocimiento del placer sexual de las mujeres. Pasa en la adolescencia, en la juventud y también en la edad adulta. Solo se arregla con educación sexual, desde primaria. Y si me apuras, desde infantil pero adaptando los conocimientos a la edad y a cada persona”. Su próximo objetivo, un máster en sexología “aunque sería una antisexóloga que incluiría la perspectiva de género y criticaría esa institución sexológica que parte de mitos y prejuicios, que todavía se pregunta si existe el punto G”.

Les recomiendo sus reflexiones sobre la menstruación, ese tabú que constituye “uno de tantos mecanismos patriarcales para minar la confianza en sí mismas de aquellas personas que socialmente son tipificadas como ‘mujeres’”, según explica en su blog. Pero también habla de prostitución, de gestación subrogada…

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Doctora Glas y su tampón ensangrentado.

Anochece en Madrid. Loola me acompaña a hacer uno de mis #follage #collage y luego se irá a preparar su intervención en la Federación de Mujeres Jóvenes. Adiós Doctora, me quedo en este jardín tan extraño leyendo una des las notas al margen de su libro Suicida (no profesional) busca puente“No hay amor verdadero / Existe la afinidad / y el polvo de tu vida / La ternura con la que besas / mis rodillas / Las personas correctas /con pasados no pluscuamperfectos / Las piezas de puzzle / Los proyectos vitales / que tensan una misma cuerda.

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Los fantasmas de la matanza de Atocha

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Volveremos a escuchar sus nombres: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado de Antonio y Ángel Rodríguez Leal. Reconoceremos, quizá con más fuerza este año por eso de que han pasado cuarenta, que aquellos trabajadores del despacho de abogados laboralistas del número 55 de la calle Atocha de Madrid fueron unos mártires de una democracia que aún no se había estrenado. El próximo 24 de enero se cumplirán cuatro décadas de la matanza fascista. Se han escrito libros y rodado películas… Pero algo no va bien si siguen existiendo fantasmas. Y no hablo ni de zombis ni de conspiraciones. Estos fantasmas están vivos y coleando (o no). Saben cómo esconderse. Los espectros son los tres pistoleros ultraderechistas que llamaron a la puerta y abatieron sin compasión a los jóvenes letrados y trabajadores del despacho. Muy poco sabemos de lo que hacen Fernando Lerdo de Tejada, José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá, los autores materiales detenidos. Huyeron o se ocultan en el anonimato o a miles de kilómetros. Uno de estos fantasmas ni siquiera pudo ser juzgado. Los otros dos, por ahí andan.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

¿Seguirá García Juliá dando tumbos por Brasil, Paraguay o Bolivia? ¿Vivirá con miedo a que otro narcotraficante lo quite de en medio? ¿habrá vuelto a España? Me gustaría saber cómo es la cara de Lerdo de Tejada cuatro décadas después. Participó en la matanza con 23 años, ahora tendrá 63. También cuentan que está en Sudamérica, como aquellos nazis que huían de sus cazadores. ¿Y qué será del tercer fantasma, de Fernández Cerrá? Si no ha muerto, tendrá 71 años y seguro que todavía conserva su acento almeriense. Uno de ellos (Lerdo de Tejada) no fue sentenciado porque escapó antes del juicio y a otro (García Juliá) le quedan más de dosmil días de prisión para estar en paz con la Justicia. Ninguno de los condenados ha pagado un solo euro de indemnización. Legalmente me figuro que todo estará prescrito.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

Pensar en conspiraciones y complicidades no aporta tranquilidad. Pero tampoco sosiega el tufillo de dejadez en la persecución de un caso con tanto significado en la Transición española. La abogada Dolores González Ruiz, una de las supervivientes de la matanza, fallecida hace poco más de un año, me dijo en 1999, cuando descubrimos el paradero de García Juliá en Bolivia, que “después de los hechos no hubo interés en ningún grupo político por esclarecer lo sucedido”.

En 1990, un informe reservado del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad (CESIS), organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia, implicó en la matanza de Atocha al fascista italiano nacionalizado español Carlo Cicuttini, refugiado en nuestro país desde 1972 y relacionado con la red Gladio de la OTAN y la CIA. Las pruebas contenidas en el informe, desvelado por El País, no fueron tenidas en cuenta por la Audiencia Nacional durante el juicio celebrado en 1980 contra los tres ultras españoles. Seis años antes, el diario italiano Il Messagero ya habló de esta conexión italiana. Nadie quiso seguir la pista.

Cicuttini, miembro del neofascista Movimiento Social Italiano (MSI) y dirigente del grupo terrorista Ordine Nuovo, fue condenado a cadena perpetua por el atentado de Peteano, en mayo de 1972, en el que murieron tres policías. Italia pidió a España su extradición en 1983 y 1986 y las dos veces fue rechazada por la Audiencia Nacional. Otra vez el tufillo. Cicuttini murió en 2010.

¿Y qué se sabe de los tres ultras españoles que participaron en la matanza? Viajemos por un instante al 24 de enero de 1977: José Fernández Cerrá se ha juntado con sus compinches en la cafetería Nilo, situada cerca de la Plaza de España, para tomar cañas, alguna copa de coñac y preparar el escarmiento, tal y como relatan Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte en La matanza de Atocha (La Esfera). Hablan de Joaquín Navarro, el supuesto blanco de su acción. El sindicalista de CCOO es uno de los líderes de la huelga del transporte de ese mes de enero. Navarro es peleón, tiene quemados a los dirigentes del franquista Sindicato del Transporte, sobre todo al responsable en Madrid, Francisco Albadalejo. Éste decide que hay que darle un susto. Para llevarlo a cabo contacta con José Fernández Cerrá, un tipo fuerte y sin estudios natural de Almería. Tiene 31 años y le va la violencia, el rollo facha. Es vendedor de libros –aunque la cultura no le interesa mucho– y se excita cuando se pone la camisa azul para ir de machaca a algún acto de Fuerza Nueva o Falange. Fernández Cerrá fue condenado a 193 años por la matanza de la calle Atocha. Cumplió 15 años y en 1992 salió con la condicional. Se le ha vinculado con empresas de seguridad y construcción en la provincia de Alicante pero no hay fotos, ni un dato, no se sabe nada de él. Una imagen en blanco y negro de la época es el único testimonio para la historia.

En el bar Nilo, Fernández Cerrá está acompañado de un chaval de 23 años apellidado Lerdo de Tejada. Es un pijo madrileño con tierras en El Toboso (Toledo). Vive de las rentas familiares, lo de estudiar y trabajar no van con él. Eso sí, se le llena la boca con las palabras España y patria… y con las razias contra los rojos. El dirigente ultra Blas Piñar fue testigo en la boda de su hermano Luis Augusto. Estando en prisión a la espera de juicio, un juez le dio un permiso de fin de semana y sabiendo la que le iba a caer, aprovechó para huir a Sudamérica. Brasil parece su último destino. Actualmente tendrá 63 años, podría ser su vecino en La Manga del Mar menor o ser empresario en Salvador de Bahía. Su delito prescribió en 1997, 20 años después de la matanza. No se consideró acción terrorista, lo que hubiera cambiado el tiempo de prescripción.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

El tercer pistolero que se encuentra en la cafetería aquella noche de enero de 1977, con una pistola cargada y escondida, es Carlos García Julía, hijo de un comandante de Artillería. Trabaja en una bodega, afiliado primero a Fuerza Nueva y luego a Falange de las JONS, es de misa diaria  y “no se deja llevar por la lujuria”, tal y como destacó el párroco de una iglesia de Ópera cercana a su domicilio. En el despacho de los abogados sacó toda su cobardía para acribillar por la espalda a las víctimas.

A Carlos García Juliá lo tuve enfrente, a menos de diez metros, en abril de 1999. Ni se enteró. Fue dentro de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia). Gracias a la información de otro preso español, pudimos localizar y fotografiar al ultraderechista, condenado por narcotráfico en el país sudamericano. Allí estaba el falangista. Era el interno nº 8981, había engordado pero mantenía esa cara de niñato repelente. Se hacía acompañar de unos cuantos presos que servían de comparsa y protección, entre ellos algunos conocidos narcos de esa zona. Era un tipo de rutina diaria. La prisión boliviana es como un pueblo amurallado. En el interior las normas las ponen los internos. Hay clases dependiendo de la plata que tengas. En 1999 los soldados y policías se encargaban de la vigilancia exterior. Dentro había tiendas, boliches, campos de fútbol, callejuelas…

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Por aquel entonces, cuando el fotógrafo de interviú Fernando Abizanda le cazó una mañana soleada en uno de los patios de la cárcel, García Juliá llevaba cinco años fuera de España. En 1979, antes del juicio por el asesinato de los abogados, intentó fugarse de la cárcel de Ciudad Real. No lo consiguió. En 1980 le cayeron 193 años de prisión por la matanza y en 1994 convenció a un juez español para que le dejase vivir en Paraguay “una vida honrada en libertad”, según rezaba el auto judicial. Se habían forzado los beneficios penitenciarios y pocos se enteraron de su libertad condicional: se dictó en 1991 y se mantuvo oculta casi un año. El periódico Diario16 fue quien finalmente informó de la resolución. Poco después se marchaba a Sudamérica.

El ferviente católico y falangista volvería a incumplir el octavo mandamiento de la ley de Dios. Se hizo pasar por psicólogo, por empleado de naviera. Dos años después de dejar España fue detenido como jefe de una red de narcotraficantes que introducía cocaína en Europa y EEUU vía Bolivía. Al ser apresado dijo: “Esto me lo ha preparado la Embajada española porque soy muy famoso en España, porque maté a comunistas, maté a cinco”. Un policía antinarcóticos explicó a un periódico de Santa Cruz que el ultra se dedicaba también a captar a menores de edad de familias pobres para prostituirlas.

Para Interpol, García Juliá estaba en ese momento en busca y captura, le faltaban por cumplir 3.855 días de cárcel por los asesinatos de la calle Atocha. En 1998 intentó fugarse de la cárcel boliviana por un túnel que había encargado construir. Su oronda figura truncó sus planes. No cupo por el conducto. Cuando interviú desveló su paradero y su situación procesal, el fiscal de la Audiencia Nacional Ignacio Gordillo dictó un auto de reingreso en prisión, lo que activó una petición de extradición. El Gobierno español tardó dos años, desde que interviú informó de su localización, en reclamar a Bolivia la entrega del ultra. El Gobierno de José María Aznar no actuó con diligencia y García Juliá aprovechó la libertad provisional que le concedió un juez boliviano para cruzar la frontera con Brasil. Se esfumó.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Parece que a los autores materiales de la matanza de Atocha les ha resultado muy fácil fugarse, conseguir permisos y libertades condicionales, escapar a países lejanos, obtener beneficios…

A las 21,45 horas del 24 de enero de 1977, la joven letrada Manuela Carmena acabó su trabajo en el despacho del número 55 de la calle Atocha y se fue. En la calle se encontró a Javier Sauquillo y Lola González, tomaron un café y Carmena se fue al número 49 donde tenía una reunión. Allí estaba José María Mohedano. Se salvaron por poco. Al rato oyeron muchas sirenas. Se asomaron al balcón y vieron mucha policía en el portal. Al salir, algunos vecinos les dijeron: “Iros, iros corriendo, os van a matar a todos. Han matado a vuestros compañeros”. Subieron al despacho y allí vieron las colchonetas manchadas de sangre. A Carmena le tocó localizar al decano de los abogados madrileños, Antonio Pedrol Rius, para sondear la respuesta del Colegio ante la matanza: “Te prometo que los cadáveres de los compañeros saldrán del Colegio de Abogados, pase lo que pase”, le dijo Pedrol. Estamos en 1977, no habían pasado ni dos años desde la muerte del dictador. La despedida fue multitudinaria.

“Es importante recordar aquellas muertes, pero también la vida que llevábamos: Éramos extraordinariamente felices en aquel despacho (…) Esas personas habrían envejecido con nosotros, habrían vivido la democracia; y no están aquí porque alguien decidió quitarles la vida. Pero tuvimos la suerte de abrir un camino para que hoy haya otros que seguimos intentando hacer de este mundo un mundo más justo”. Eso lo dijo Manuela Carmena, la actual alcaldesa de Madrid.

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La única bandera son sus bragas negras

Puede ser que sea que estoy harto de ver / lo que quiera que sea lo que vea. / Puede ser que esté cansado de mirar / y no ver más que anuncios de mierda. / Yo, a mi manera, / alejado, a su lado, / de todas las reglas; / que en este tejado / la única bandera / son sus bragas negras“.

No sé por qué he acabado citando a Robe Iniesta para comenzar este texto. Imagino que la poesía del extremeño dispara al cerebro y no te convierte en zombi. Imagino un corazón en el que solo ondea esa prenda interior. Imagino unos pies descalzos y unas bragas de algodón semitransparentes alejándose por el pasillo mientras intento abrir los ojos… Aquí las únicas bragas negras que verán serán las de Chenoa.

Todavía hay algunos maleducados –muy pocos– que me sueltan frases del tipo “¡Qué suerte tienes, tío, todo el día viendo tetas y culos!”. Les lanzo un rayo láser con la mirada y sanseacabó. Hace décadas había lectores que pensaban que la redacción de interviú era una pasarela de mujeres en topless dando vueltas entre las mesas de los redactores. Qué le vamos a hacer.

Bueno, esta entrada es mi homenaje anual a esas personas que contribuyen a agrandar El Cuarto de las Maravillas de esta santa casa: LOS FOTÓGRAFOS. He elegido las mejores 20 fotos publicadas en 2016, según mis gusto personal, que no tiene que ver tanto (o no solo) con tetas y culos y sí con la actitud, el concepto, la calidad artística o la historia que cuenta la imagen. Más de quince profesionales de la fotografía erótica y de moda, con sus respectivos equipos de estilistas, maquilladores, peluqueros y creadores de vídeo, han colaborado este año con interviú. A todos les doy las gracias por su trabajo. En esta selección hay fotos de Joan Crisol, Sandra Torralba, Mai Oltra, Xenia Lau, Alberto Bernárdez, Jorge Ogalla, Isaac Morell, Fátima Sanz, Cindy Kape, Rai Robledo, Víctor Cucart, Luis Sens y Fernando Sánchez Alonso. No están todos los que son pero son ellos y ellas los que han dado en el clavo de lo que para mí debe ser un tesoro del erotismo, el morbo y la sensualidad. Es un lujazo tener cada vez más fotógrafas trabajando en interviú. Como en todo, las mujeres ven las cosas de otra manera. Felices fiestas y salud.

Natalia Ferrari.  Foto: Mai Oltra

Natalia Ferrari.
Foto: Mai Oltra

Mayka Álvarez.  Foto: Sandra Torralba

Mayka Álvarez.
Foto: Sandra Torralba

Paula González.  Foto: Joan Crisol.

Paula González.
Foto: Joan Crisol.

Caroli Dilli.  Foto: Sandra Torralba.

Caroli Dilli.
Foto: Sandra Torralba.

Patri Camgirl.  Foto: Rai Robledo.

Patri Camgirl.
Foto: Rai Robledo.

Samira.  Foto: Fátima Sanz.

Samira.
Foto: Fátima Sanz.

Venus O'Hara.  Foto: Sandra Torralba.

Venus O’Hara.
Foto: Sandra Torralba.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Lluvia Rojo.  Foto: Víctor Cucart.

Lluvia Rojo.
Foto: Víctor Cucart.

Jennifer Lara.  Foto: Okinawa Producc.

Jennifer Lara.
Foto: Okinawa Producc.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Raffaella Modugno. Foto: Cindy Kape.

Raffaella Modugno.
Foto: Cindy Kape.

Ana Anginas. Foto: Jorge Ogalla.

Ana Anginas.
Foto: Jorge Ogalla.

Lucía Rubio. Foto: Luis Sens.

Lucía Rubio.
Foto: Luis Sens.

Amarna Miller. Foto: Xenia Lau.

Amarna Miller.
Foto: Xenia Lau.

Ana María Dae. Foto: Sandra Torralba.

Ana María Dae.
Foto: Sandra Torralba.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Mireia Pairó. Foto: Fernando  Sánchez.

Mireia Pairó.
Foto: Fernando Sánchez.

Cristina Rodríguez. Foto: Isaac Morell.

Cristina Rodríguez.
Foto: Isaac Morell.

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Senderos de gloria en El Retiro

En El Retiro hay una montaña mágica. Artificial y mágica. Para amantes, pandilleros, curiosos, melancólicos… Para suicidas no vale. No tiene suficiente altura. Y desde hace años para nadie, solo para furtivos. Es conocida como la Montaña de los gatos (aquí explican su historia). En el parque más bonito del planeta hay un trozo de terreno vedado al disfrute público.

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Alberto Gayo)

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Foto: Alberto Gayo)

El otro día me colé al amanecer por sus estrechos senderos y la descubrí salvaje, con la hierba creciendo entre las traviesas redondas que hacen de peldaños. Hay pinos, bambúes, cedros y palmeras; ruscos, mahonias y bojs. Y me quedo corto porque no tengo ni idea de botánica. Dos leones de caliza esperan que la cascada de agua vuelva a ponerse en marcha. Y es mágica porque debajo se abre una cueva para el arte. También cerrada. Y en lo más alto, una estructura de hormigón con forma de búnker redondo. Desde allí se divisa la torre neomudéjar de la Casa Árabe. Y si te giras, la Torre de Valencia te clava su altura. Hace años que una valla metálica impide el paso y años que está cerrada su sala de exposiciones. Duele.

Búnker con tags de grafiteros. (Alberto Gayo)

Búnker con tags de grafiteros. (Foto: Alberto Gayo)

El Ayuntamiento de Madrid ha prometido rehabilitar la zona de exposiciones y parece que va para largo. Los que hemos crecido en el parque rechazamos que la Montaña de los gatos permanezca invisible al ciudadano. La valla metálica está puesta hace años, antes de que llegase Manuela Carmena. Tiene toda la pinta de que no es prioridad para las autoridades. Seguro que habrá argumentos para explicar por qué permanece cerrada. Yo no los sé.

Una valla recorre todo el perímetro. (Foto: Alberto Gayo)

Una valla recorre todo el perímetro.
(Foto: Alberto Gayo)

Los rincones casi secretos de los parques tendrían que ser patrimonio inmaterial contra la soledad, el estrés y también retiro para antisociales o enamorados. La llaman montaña pero es un montículo. Queda mejor ‘capricho’. Cuando el rey Fernando VII recuperó el trono y volvió a España tras la expulsión de los franceses decidió recuperar El Retiro, convertido entonces en fortificación y base militar.

El muy listo dedicó una zona solo para él y los suyos. Lo denominó ‘reservado’ y era una importante extensión que daba a las que hoy son la calle de Alcalá y la avenida de Menéndez Pelayo. Allí levantó ‘caprichos’, pequeñas edificaciones de divertimento y relax al estilo Versalles, como la Casita del Pescador, la cúpula de lo que hoy es Florida Park, la Casa de Vacas o la Montaña Artificial. Otros fueron demolidos. Donde hoy está el búnker de la ‘montaña de los gatos’ antes había un templete con unas vistas más que relajantes.

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua (Foto: Alberto Gayo)

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua.
(Foto: Alberto Gayo)

Lo nuestro de adolescentes era menos poético. Aquella montaña era la colina inexpugnable de Senderos de gloria, la película de Stanley Kubrick sobre las miserias de cualquier guerra.

En mi infancia, al pie de la montaña había un bando controlando los caminos de acceso y con los bolsillos llenos de castañas pilongas. Arriba, en el búker y tras los arbustos, los últimos de Filipinas. Si te tocaba tomar la cima solo era cuestión de tener paciencia. Si te tocaba defenderla, solo valían la puntería y las piernas. Cuando se te acababa la munición solo valía correr, saltar, recibir algún castañazo y cubrirte la cara. En aquellos años, cuando se libraba una batalla, daba la impresión de que la montaña artificial era tuya, de que cualquier cuerpo en movimiento era el enemigo. No había runners y los visitantes se hacían invisibles. Los de abajo avanzaban poco a poco. En lo alto había que resistir pero no dejarse coger.

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Guardabas un par de castañas para la huida y sálvese quien pueda. El corazón te golpeaba cada vez más rápido. Sabías que si te acorralaban arriba te caería una lluvia de castañas que te haría llorar. Si levantas las manos, castañazo; si pides una tregua, castañazo; si intentas negociar, castañazo. Solo queda correr. Entonces la montaña se agrandaba. En pocos minutos estarías abajo, maltrecho o a salvo, pensando en volver a pillar munición, en tomar otra vez la cima.

Un lugar casi secreto. (Alberto Gayo)

Un lugar casi secreto. (Foto: Alberto Gayo)

Después, con los años, la montaña se transformaba en lugar de seducción, de vacile, de litronas, de sexo sin cópula, del llanto y las explicaciones. Incluso del deporte. Por favor, abran ya al público los senderos de la Montaña Artificial. Y cuando inauguren de nuevo la sala de exposiciones, acuérdense de mí. Salud

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Alberto Gayo)

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Foto: Alberto Gayo)

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Cuando hicimos el canelo

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Dieciséis años han pasado y todavía me jode en lo más jondo. En agosto del año 2.000 publiqué en interviú junto con el entonces compañero de andanzas Manuel Marlasca los detalles de una investigación pionera en el mundo: unos científicos españoles pensaban que la MDMA (la 3,4-metilendioximetanfetamina), el principio activo del éxtasis, podía ayudar a mujeres víctimas de una violación a superar el miedo, la angustia y la ansiedad, a minimizar ese estrés postraumático conocido como PTSD que sufren más del 60 por ciento de las personas víctimas de un asalto sexual. Los jóvenes investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid consiguieron todos los permisos necesarios para utilizar MDMA como herramienta terapeútica con 30 mujeres agredidas sexualmente que se habían prestado voluntariamente y que habían pasado un riguroso examen médico. La mayoría sufría parálisis emocional, baja autoestima y depresión. Revivían continuamente la trágica experiencia y la ansiedad les carcomía. La idea era administrar dosis de entre 50 y 150 miligramos de éxtasis (sustancia que fomenta la empatía) en un contexto terapéutico y seguro (un hospital) para saber qué dosis podía romper esa reexperimentación descontrolada y angustiosa del suceso y eliminar el miedo a tener vinculación con lugares o personas que le pudiesen recordar la agresión. “Hay que evitar que el paciente escape, tiene que aprender a afrontar ese trauma, a contarlo sin que le produzca ansiedad y en eso puedo ayudar la MDMA”, me explicó José Carlos Bouso, el responsable del ensayo.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

España tenía la oportunidad de adelantarse en el tratamiento del estrés postraumático, desorden que no solo afecta a víctimas de violencia sexual, también a personas que han sufrido un atentado terrorista, a supervivientes de catástrofes naturales, a militares que han vivido el infierno de un conflicto armado… Como siempre, los políticos no estuvieron a la altura e hicieron el canelo. Es hablarles de sustancias fiscalizadas, de drogas y la altura de miras baja hasta el semisótano. Voluntad política para hacerse fotos siempre hay. Voluntad para avanzar en el estado del bienestar, más bien poca. Pues bien, dos años después de iniciado el ensayo –que tenía el visto bueno del comité ético del Hospital La Paz (Madrid) y de la Agencia Española del Medicamento– todo se fue al traste. Hubo presiones al gerente del centro para que no cediese las instalaciones y se dijo que el investigador principal, el psiquiatra Pedro Sopelana, no supervisó bien el proyecto. La Agencia Antidroga de Madrid puso pegas a la MDMA usada y al perfil de las mujeres participantes. José Carlos Bouso se vino abajo. “Lo que me da pena es que a personas con un trastorno crónico se les niegue la posibilidad de encontrar un alivio a su sufrimiento. Es preocupante que los poderes sean incapaces de distinguir entre consumo lúdico y el potencial terapéutico de sustancias como la MDMA, el cannabis o la ketamina”, explicó a interviú. Los científicos españoles que tratan de averiguar la capacidad de los principios activos de drogas ilegales para aliviar dolencias son muy valorados por el resto de colegas a nivel mundial pero se encuentran con la cerrazón mental de algunas autoridades sanitarias, médicas y políticas.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

Han transcurrido dieciséis años y Bouso ahora es psicólogo y doctor en Farmacología, experto en psicofarmacología y en las propiedades terapéuticas de drogas entactógenas, psicodélicas y cannabis. Actualmente dirige los proyectos científicos de la Fundación ICEERS, donde analiza los efectos terapéuticos de la ayahuasca, las propiedades medicinales del cannabis y los potenciales beneficios anti-adictivos de la ibogaína. Él se quedó si su ensayo pero seguro que ayudó a otros a intentarlo. En 2011 conté en interviú que un grupo de soldados estadounidenses destinados en Iraq y Afganistán iban a iniciar una psicoterapia con éxtasis para aliviar el trastorno postraumático con el que regresaron del frente.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Pues bien, el pasado lunes 5 de diciembre leí con alegría (y rabia) que el Gobierno estadounidense había aprobado un estudio de las terapias con éxtasis para veteranos de las guerras de Iraq y Afganistán. El soldado Jonathan Lubecky, de 40 años, le contó a un periodista de El País que había probado de todo para sacar de su cabeza todos los demonios del frente bélico, que tomaba 42 pastillas diarias pero que el estrés no desaparecía. Sirvió un año en Irak y tras probar de todo participó en un estudio con éxtasis: “Me cambió la vida. Si no hubiese seguido ese tratamiento, me habría matado a mí mismo. Antes, había tenido cinco intentos de suicidio”. Gracias a la MDMA vio las cosas de otra manera, salió adelante, pudo trabajar, se graduó en la universidad y se casó. A diferencia de lo que ocurrió en España, el Gobierno norteamericano ha aprobado un estudio final con éxtasis. Si todo va bien, la Agencia de Medicamentos de Estados Unidos podría autorizar en 2021 la MDMA como fármaco legal contra el estrés postraumático y aliviar así a miles de personas. Hace más de quince años en España hicimos el primo. Lo hacemos tantas veces que suele tener un nombre: Marca España.

 

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