Los fantasmas de la matanza de Atocha

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Monumento que homenaja a las víctimas de la matanza de la calle Atocha en la plaza de Antón Martín (Madrid).

Volveremos a escuchar sus nombres: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado de Antonio y Ángel Rodríguez Leal. Reconoceremos, quizá con más fuerza este año por eso de que han pasado cuarenta, que aquellos trabajadores del despacho de abogados laboralistas del número 55 de la calle Atocha de Madrid fueron unos mártires de una democracia que aún no se había estrenado. El próximo 24 de enero se cumplirán cuatro décadas de la matanza fascista. Se han escrito libros y rodado películas… Pero algo no va bien si siguen existiendo fantasmas. Y no hablo ni de zombis ni de conspiraciones. Estos fantasmas están vivos y coleando (o no). Saben cómo esconderse. Los espectros son los tres pistoleros ultraderechistas que llamaron a la puerta y abatieron sin compasión a los jóvenes letrados y trabajadores del despacho. Muy poco sabemos de lo que hacen Fernando Lerdo de Tejada, José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá, los autores materiales detenidos. Huyeron o se ocultan en el anonimato o a miles de kilómetros. Uno de estos fantasmas ni siquiera pudo ser juzgado. Los otros dos, por ahí andan.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

De izquierda a derecha, Luis Javier Benavides, Enrique Valdevira, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez y Serafín Holgado, asesinados el 24 de enero de 1977.

¿Seguirá García Juliá dando tumbos por Brasil, Paraguay o Bolivia? ¿Vivirá con miedo a que otro narcotraficante lo quite de en medio? ¿habrá vuelto a España? Me gustaría saber cómo es la cara de Lerdo de Tejada cuatro décadas después. Participó en la matanza con 23 años, ahora tendrá 63. También cuentan que está en Sudamérica, como aquellos nazis que huían de sus cazadores. ¿Y qué será del tercer fantasma, de Fernández Cerrá? Si no ha muerto, tendrá 71 años y seguro que todavía conserva su acento almeriense. Uno de ellos (Lerdo de Tejada) no fue sentenciado porque escapó antes del juicio y a otro (García Juliá) le quedan más de dosmil días de prisión para estar en paz con la Justicia. Ninguno de los condenados ha pagado un solo euro de indemnización. Legalmente me figuro que todo estará prescrito.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

De izquierda a derecha, José Fernández Cerrá, Fernando Lerdo de Tejada y Carlos García Juliá, los autores materiales del crimen.

Pensar en conspiraciones y complicidades no aporta tranquilidad. Pero tampoco sosiega el tufillo de dejadez en la persecución de un caso con tanto significado en la Transición española. La abogada Dolores González Ruiz, una de las supervivientes de la matanza, fallecida hace poco más de un año, me dijo en 1999, cuando descubrimos el paradero de García Juliá en Bolivia, que “después de los hechos no hubo interés en ningún grupo político por esclarecer lo sucedido”.

En 1990, un informe reservado del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad (CESIS), organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia, implicó en la matanza de Atocha al fascista italiano nacionalizado español Carlo Cicuttini, refugiado en nuestro país desde 1972 y relacionado con la red Gladio de la OTAN y la CIA. Las pruebas contenidas en el informe, desvelado por El País, no fueron tenidas en cuenta por la Audiencia Nacional durante el juicio celebrado en 1980 contra los tres ultras españoles. Seis años antes, el diario italiano Il Messagero ya habló de esta conexión italiana. Nadie quiso seguir la pista.

Cicuttini, miembro del neofascista Movimiento Social Italiano (MSI) y dirigente del grupo terrorista Ordine Nuovo, fue condenado a cadena perpetua por el atentado de Peteano, en mayo de 1972, en el que murieron tres policías. Italia pidió a España su extradición en 1983 y 1986 y las dos veces fue rechazada por la Audiencia Nacional. Otra vez el tufillo. Cicuttini murió en 2010.

¿Y qué se sabe de los tres ultras españoles que participaron en la matanza? Viajemos por un instante al 24 de enero de 1977: José Fernández Cerrá se ha juntado con sus compinches en la cafetería Nilo, situada cerca de la Plaza de España, para tomar cañas, alguna copa de coñac y preparar el escarmiento, tal y como relatan Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte en La matanza de Atocha (La Esfera). Hablan de Joaquín Navarro, el supuesto blanco de su acción. El sindicalista de CCOO es uno de los líderes de la huelga del transporte de ese mes de enero. Navarro es peleón, tiene quemados a los dirigentes del franquista Sindicato del Transporte, sobre todo al responsable en Madrid, Francisco Albadalejo. Éste decide que hay que darle un susto. Para llevarlo a cabo contacta con José Fernández Cerrá, un tipo fuerte y sin estudios natural de Almería. Tiene 31 años y le va la violencia, el rollo facha. Es vendedor de libros –aunque la cultura no le interesa mucho– y se excita cuando se pone la camisa azul para ir de machaca a algún acto de Fuerza Nueva o Falange. Fernández Cerrá fue condenado a 193 años por la matanza de la calle Atocha. Cumplió 15 años y en 1992 salió con la condicional. Se le ha vinculado con empresas de seguridad y construcción en la provincia de Alicante pero no hay fotos, ni un dato, no se sabe nada de él. Una imagen en blanco y negro de la época es el único testimonio para la historia.

En el bar Nilo, Fernández Cerrá está acompañado de un chaval de 23 años apellidado Lerdo de Tejada. Es un pijo madrileño con tierras en El Toboso (Toledo). Vive de las rentas familiares, lo de estudiar y trabajar no van con él. Eso sí, se le llena la boca con las palabras España y patria… y con las razias contra los rojos. El dirigente ultra Blas Piñar fue testigo en la boda de su hermano Luis Augusto. Estando en prisión a la espera de juicio, un juez le dio un permiso de fin de semana y sabiendo la que le iba a caer, aprovechó para huir a Sudamérica. Brasil parece su último destino. Actualmente tendrá 63 años, podría ser su vecino en La Manga del Mar menor o ser empresario en Salvador de Bahía. Su delito prescribió en 1997, 20 años después de la matanza. No se consideró acción terrorista, lo que hubiera cambiado el tiempo de prescripción.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

García Juliá, junto a Blas Piñar, en un acto de la ultraderechista Fuerza Nueva.

El tercer pistolero que se encuentra en la cafetería aquella noche de enero de 1977, con una pistola cargada y escondida, es Carlos García Julía, hijo de un comandante de Artillería. Trabaja en una bodega, afiliado primero a Fuerza Nueva y luego a Falange de las JONS, es de misa diaria  y “no se deja llevar por la lujuria”, tal y como destacó el párroco de una iglesia de Ópera cercana a su domicilio. En el despacho de los abogados sacó toda su cobardía para acribillar por la espalda a las víctimas.

A Carlos García Juliá lo tuve enfrente, a menos de diez metros, en abril de 1999. Ni se enteró. Fue dentro de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia). Gracias a la información de otro preso español, pudimos localizar y fotografiar al ultraderechista, condenado por narcotráfico en el país sudamericano. Allí estaba el falangista. Era el interno nº 8981, había engordado pero mantenía esa cara de niñato repelente. Se hacía acompañar de unos cuantos presos que servían de comparsa y protección, entre ellos algunos conocidos narcos de esa zona. Era un tipo de rutina diaria. La prisión boliviana es como un pueblo amurallado. En el interior las normas las ponen los internos. Hay clases dependiendo de la plata que tengas. En 1999 los soldados y policías se encargaban de la vigilancia exterior. Dentro había tiendas, boliches, campos de fútbol, callejuelas…

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Carlos García Juliá, con gafas, en la patio de la prisión boliviana de Palmasola. La foto se hizo en 1999 por el reportero de interviú Fernando Abizanda.

Por aquel entonces, cuando el fotógrafo de interviú Fernando Abizanda le cazó una mañana soleada en uno de los patios de la cárcel, García Juliá llevaba cinco años fuera de España. En 1979, antes del juicio por el asesinato de los abogados, intentó fugarse de la cárcel de Ciudad Real. No lo consiguió. En 1980 le cayeron 193 años de prisión por la matanza y en 1994 convenció a un juez español para que le dejase vivir en Paraguay “una vida honrada en libertad”, según rezaba el auto judicial. Se habían forzado los beneficios penitenciarios y pocos se enteraron de su libertad condicional: se dictó en 1991 y se mantuvo oculta casi un año. El periódico Diario16 fue quien finalmente informó de la resolución. Poco después se marchaba a Sudamérica.

El ferviente católico y falangista volvería a incumplir el octavo mandamiento de la ley de Dios. Se hizo pasar por psicólogo, por empleado de naviera. Dos años después de dejar España fue detenido como jefe de una red de narcotraficantes que introducía cocaína en Europa y EEUU vía Bolivía. Al ser apresado dijo: “Esto me lo ha preparado la Embajada española porque soy muy famoso en España, porque maté a comunistas, maté a cinco”. Un policía antinarcóticos explicó a un periódico de Santa Cruz que el ultra se dedicaba también a captar a menores de edad de familias pobres para prostituirlas.

Para Interpol, García Juliá estaba en ese momento en busca y captura, le faltaban por cumplir 3.855 días de cárcel por los asesinatos de la calle Atocha. En 1998 intentó fugarse de la cárcel boliviana por un túnel que había encargado construir. Su oronda figura truncó sus planes. No cupo por el conducto. Cuando interviú desveló su paradero y su situación procesal, el fiscal de la Audiencia Nacional Ignacio Gordillo dictó un auto de reingreso en prisión, lo que activó una petición de extradición. El Gobierno español tardó dos años, desde que interviú informó de su localización, en reclamar a Bolivia la entrega del ultra. El Gobierno de José María Aznar no actuó con diligencia y García Juliá aprovechó la libertad provisional que le concedió un juez boliviano para cruzar la frontera con Brasil. Se esfumó.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Ficha de la prisión de Palmasola (Santa Cruz, Bolivia) del ultra convertido en narcotraficante Carlos García Juliá.

Parece que a los autores materiales de la matanza de Atocha les ha resultado muy fácil fugarse, conseguir permisos y libertades condicionales, escapar a países lejanos, obtener beneficios…

A las 21,45 horas del 24 de enero de 1977, la joven letrada Manuela Carmena acabó su trabajo en el despacho del número 55 de la calle Atocha y se fue. En la calle se encontró a Javier Sauquillo y Lola González, tomaron un café y Carmena se fue al número 49 donde tenía una reunión. Allí estaba José María Mohedano. Se salvaron por poco. Al rato oyeron muchas sirenas. Se asomaron al balcón y vieron mucha policía en el portal. Al salir, algunos vecinos les dijeron: “Iros, iros corriendo, os van a matar a todos. Han matado a vuestros compañeros”. Subieron al despacho y allí vieron las colchonetas manchadas de sangre. A Carmena le tocó localizar al decano de los abogados madrileños, Antonio Pedrol Rius, para sondear la respuesta del Colegio ante la matanza: “Te prometo que los cadáveres de los compañeros saldrán del Colegio de Abogados, pase lo que pase”, le dijo Pedrol. Estamos en 1977, no habían pasado ni dos años desde la muerte del dictador. La despedida fue multitudinaria.

“Es importante recordar aquellas muertes, pero también la vida que llevábamos: Éramos extraordinariamente felices en aquel despacho (…) Esas personas habrían envejecido con nosotros, habrían vivido la democracia; y no están aquí porque alguien decidió quitarles la vida. Pero tuvimos la suerte de abrir un camino para que hoy haya otros que seguimos intentando hacer de este mundo un mundo más justo”. Eso lo dijo Manuela Carmena, la actual alcaldesa de Madrid.

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La única bandera son sus bragas negras

Puede ser que sea que estoy harto de ver / lo que quiera que sea lo que vea. / Puede ser que esté cansado de mirar / y no ver más que anuncios de mierda. / Yo, a mi manera, / alejado, a su lado, / de todas las reglas; / que en este tejado / la única bandera / son sus bragas negras“.

No sé por qué he acabado citando a Robe Iniesta para comenzar este texto. Imagino que la poesía del extremeño dispara al cerebro y no te convierte en zombi. Imagino un corazón en el que solo ondea esa prenda interior. Imagino unos pies descalzos y unas bragas de algodón semitransparentes alejándose por el pasillo mientras intento abrir los ojos… Aquí las únicas bragas negras que verán serán las de Chenoa.

Todavía hay algunos maleducados –muy pocos– que me sueltan frases del tipo “¡Qué suerte tienes, tío, todo el día viendo tetas y culos!”. Les lanzo un rayo láser con la mirada y sanseacabó. Hace décadas había lectores que pensaban que la redacción de interviú era una pasarela de mujeres en topless dando vueltas entre las mesas de los redactores. Qué le vamos a hacer.

Bueno, esta entrada es mi homenaje anual a esas personas que contribuyen a agrandar El Cuarto de las Maravillas de esta santa casa: LOS FOTÓGRAFOS. He elegido las mejores 20 fotos publicadas en 2016, según mis gusto personal, que no tiene que ver tanto (o no solo) con tetas y culos y sí con la actitud, el concepto, la calidad artística o la historia que cuenta la imagen. Más de quince profesionales de la fotografía erótica y de moda, con sus respectivos equipos de estilistas, maquilladores, peluqueros y creadores de vídeo, han colaborado este año con interviú. A todos les doy las gracias por su trabajo. En esta selección hay fotos de Joan Crisol, Sandra Torralba, Mai Oltra, Xenia Lau, Alberto Bernárdez, Jorge Ogalla, Isaac Morell, Fátima Sanz, Cindy Kape, Rai Robledo, Víctor Cucart, Luis Sens y Fernando Sánchez Alonso. No están todos los que son pero son ellos y ellas los que han dado en el clavo de lo que para mí debe ser un tesoro del erotismo, el morbo y la sensualidad. Es un lujazo tener cada vez más fotógrafas trabajando en interviú. Como en todo, las mujeres ven las cosas de otra manera. Felices fiestas y salud.

Natalia Ferrari.  Foto: Mai Oltra

Natalia Ferrari.
Foto: Mai Oltra

Mayka Álvarez.  Foto: Sandra Torralba

Mayka Álvarez.
Foto: Sandra Torralba

Paula González.  Foto: Joan Crisol.

Paula González.
Foto: Joan Crisol.

Caroli Dilli.  Foto: Sandra Torralba.

Caroli Dilli.
Foto: Sandra Torralba.

Patri Camgirl.  Foto: Rai Robledo.

Patri Camgirl.
Foto: Rai Robledo.

Samira.  Foto: Fátima Sanz.

Samira.
Foto: Fátima Sanz.

Venus O'Hara.  Foto: Sandra Torralba.

Venus O’Hara.
Foto: Sandra Torralba.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Chenoa. Foto: Joan Crisol.

Lluvia Rojo.  Foto: Víctor Cucart.

Lluvia Rojo.
Foto: Víctor Cucart.

Jennifer Lara.  Foto: Okinawa Producc.

Jennifer Lara.
Foto: Okinawa Producc.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Mar Montoro y Sara Gil. Foto: Joan Crisol.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Elettra Lamborghini. Foto: Alberto Bernárdez.

Raffaella Modugno. Foto: Cindy Kape.

Raffaella Modugno.
Foto: Cindy Kape.

Ana Anginas. Foto: Jorge Ogalla.

Ana Anginas.
Foto: Jorge Ogalla.

Lucía Rubio. Foto: Luis Sens.

Lucía Rubio.
Foto: Luis Sens.

Amarna Miller. Foto: Xenia Lau.

Amarna Miller.
Foto: Xenia Lau.

Ana María Dae. Foto: Sandra Torralba.

Ana María Dae.
Foto: Sandra Torralba.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Yanira. Foto: Jorge Ogalla.

Mireia Pairó. Foto: Fernando  Sánchez.

Mireia Pairó.
Foto: Fernando Sánchez.

Cristina Rodríguez. Foto: Isaac Morell.

Cristina Rodríguez.
Foto: Isaac Morell.

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Senderos de gloria en El Retiro

En El Retiro hay una montaña mágica. Artificial y mágica. Para amantes, pandilleros, curiosos, melancólicos… Para suicidas no vale. No tiene suficiente altura. Y desde hace años para nadie, solo para furtivos. Es conocida como la Montaña de los gatos (aquí explican su historia). En el parque más bonito del planeta hay un trozo de terreno vedado al disfrute público.

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Alberto Gayo)

Hacia la cima. Montaña Artificial, parque de El Retiro. (Foto: Alberto Gayo)

El otro día me colé al amanecer por sus estrechos senderos y la descubrí salvaje, con la hierba creciendo entre las traviesas redondas que hacen de peldaños. Hay pinos, bambúes, cedros y palmeras; ruscos, mahonias y bojs. Y me quedo corto porque no tengo ni idea de botánica. Dos leones de caliza esperan que la cascada de agua vuelva a ponerse en marcha. Y es mágica porque debajo se abre una cueva para el arte. También cerrada. Y en lo más alto, una estructura de hormigón con forma de búnker redondo. Desde allí se divisa la torre neomudéjar de la Casa Árabe. Y si te giras, la Torre de Valencia te clava su altura. Hace años que una valla metálica impide el paso y años que está cerrada su sala de exposiciones. Duele.

Búnker con tags de grafiteros. (Alberto Gayo)

Búnker con tags de grafiteros. (Foto: Alberto Gayo)

El Ayuntamiento de Madrid ha prometido rehabilitar la zona de exposiciones y parece que va para largo. Los que hemos crecido en el parque rechazamos que la Montaña de los gatos permanezca invisible al ciudadano. La valla metálica está puesta hace años, antes de que llegase Manuela Carmena. Tiene toda la pinta de que no es prioridad para las autoridades. Seguro que habrá argumentos para explicar por qué permanece cerrada. Yo no los sé.

Una valla recorre todo el perímetro. (Foto: Alberto Gayo)

Una valla recorre todo el perímetro.
(Foto: Alberto Gayo)

Los rincones casi secretos de los parques tendrían que ser patrimonio inmaterial contra la soledad, el estrés y también retiro para antisociales o enamorados. La llaman montaña pero es un montículo. Queda mejor ‘capricho’. Cuando el rey Fernando VII recuperó el trono y volvió a España tras la expulsión de los franceses decidió recuperar El Retiro, convertido entonces en fortificación y base militar.

El muy listo dedicó una zona solo para él y los suyos. Lo denominó ‘reservado’ y era una importante extensión que daba a las que hoy son la calle de Alcalá y la avenida de Menéndez Pelayo. Allí levantó ‘caprichos’, pequeñas edificaciones de divertimento y relax al estilo Versalles, como la Casita del Pescador, la cúpula de lo que hoy es Florida Park, la Casa de Vacas o la Montaña Artificial. Otros fueron demolidos. Donde hoy está el búnker de la ‘montaña de los gatos’ antes había un templete con unas vistas más que relajantes.

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua (Foto: Alberto Gayo)

Dos leones de caliza al pie de una cascada sin agua.
(Foto: Alberto Gayo)

Lo nuestro de adolescentes era menos poético. Aquella montaña era la colina inexpugnable de Senderos de gloria, la película de Stanley Kubrick sobre las miserias de cualquier guerra.

En mi infancia, al pie de la montaña había un bando controlando los caminos de acceso y con los bolsillos llenos de castañas pilongas. Arriba, en el búker y tras los arbustos, los últimos de Filipinas. Si te tocaba tomar la cima solo era cuestión de tener paciencia. Si te tocaba defenderla, solo valían la puntería y las piernas. Cuando se te acababa la munición solo valía correr, saltar, recibir algún castañazo y cubrirte la cara. En aquellos años, cuando se libraba una batalla, daba la impresión de que la montaña artificial era tuya, de que cualquier cuerpo en movimiento era el enemigo. No había runners y los visitantes se hacían invisibles. Los de abajo avanzaban poco a poco. En lo alto había que resistir pero no dejarse coger.

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Vista de la torre de la Casa Árabe desde el búnker de la montaña. (Foto: Alberto Gayo)

Guardabas un par de castañas para la huida y sálvese quien pueda. El corazón te golpeaba cada vez más rápido. Sabías que si te acorralaban arriba te caería una lluvia de castañas que te haría llorar. Si levantas las manos, castañazo; si pides una tregua, castañazo; si intentas negociar, castañazo. Solo queda correr. Entonces la montaña se agrandaba. En pocos minutos estarías abajo, maltrecho o a salvo, pensando en volver a pillar munición, en tomar otra vez la cima.

Un lugar casi secreto. (Alberto Gayo)

Un lugar casi secreto. (Foto: Alberto Gayo)

Después, con los años, la montaña se transformaba en lugar de seducción, de vacile, de litronas, de sexo sin cópula, del llanto y las explicaciones. Incluso del deporte. Por favor, abran ya al público los senderos de la Montaña Artificial. Y cuando inauguren de nuevo la sala de exposiciones, acuérdense de mí. Salud

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Alberto Gayo)

Sala de exposiciones de la Montaña Artificial. (Foto: Alberto Gayo)

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Cuando hicimos el canelo

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Del infierno al éxtasis (by Jong Ki Love).

Dieciséis años han pasado y todavía me jode en lo más jondo. En agosto del año 2.000 publiqué en interviú junto con el entonces compañero de andanzas Manuel Marlasca los detalles de una investigación pionera en el mundo: unos científicos españoles pensaban que la MDMA (la 3,4-metilendioximetanfetamina), el principio activo del éxtasis, podía ayudar a mujeres víctimas de una violación a superar el miedo, la angustia y la ansiedad, a minimizar ese estrés postraumático conocido como PTSD que sufren más del 60 por ciento de las personas víctimas de un asalto sexual. Los jóvenes investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid consiguieron todos los permisos necesarios para utilizar MDMA como herramienta terapeútica con 30 mujeres agredidas sexualmente que se habían prestado voluntariamente y que habían pasado un riguroso examen médico. La mayoría sufría parálisis emocional, baja autoestima y depresión. Revivían continuamente la trágica experiencia y la ansiedad les carcomía. La idea era administrar dosis de entre 50 y 150 miligramos de éxtasis (sustancia que fomenta la empatía) en un contexto terapéutico y seguro (un hospital) para saber qué dosis podía romper esa reexperimentación descontrolada y angustiosa del suceso y eliminar el miedo a tener vinculación con lugares o personas que le pudiesen recordar la agresión. “Hay que evitar que el paciente escape, tiene que aprender a afrontar ese trauma, a contarlo sin que le produzca ansiedad y en eso puedo ayudar la MDMA”, me explicó José Carlos Bouso, el responsable del ensayo.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

Reportaje interviú sobre ensayo pionero con éxtasis para paliar el desorden por estrés postraumático.

España tenía la oportunidad de adelantarse en el tratamiento del estrés postraumático, desorden que no solo afecta a víctimas de violencia sexual, también a personas que han sufrido un atentado terrorista, a supervivientes de catástrofes naturales, a militares que han vivido el infierno de un conflicto armado… Como siempre, los políticos no estuvieron a la altura e hicieron el canelo. Es hablarles de sustancias fiscalizadas, de drogas y la altura de miras baja hasta el semisótano. Voluntad política para hacerse fotos siempre hay. Voluntad para avanzar en el estado del bienestar, más bien poca. Pues bien, dos años después de iniciado el ensayo –que tenía el visto bueno del comité ético del Hospital La Paz (Madrid) y de la Agencia Española del Medicamento– todo se fue al traste. Hubo presiones al gerente del centro para que no cediese las instalaciones y se dijo que el investigador principal, el psiquiatra Pedro Sopelana, no supervisó bien el proyecto. La Agencia Antidroga de Madrid puso pegas a la MDMA usada y al perfil de las mujeres participantes. José Carlos Bouso se vino abajo. “Lo que me da pena es que a personas con un trastorno crónico se les niegue la posibilidad de encontrar un alivio a su sufrimiento. Es preocupante que los poderes sean incapaces de distinguir entre consumo lúdico y el potencial terapéutico de sustancias como la MDMA, el cannabis o la ketamina”, explicó a interviú. Los científicos españoles que tratan de averiguar la capacidad de los principios activos de drogas ilegales para aliviar dolencias son muy valorados por el resto de colegas a nivel mundial pero se encuentran con la cerrazón mental de algunas autoridades sanitarias, médicas y políticas.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

En 2003 las autoridades sanitarias y políticas frenaron el estudio.

Han transcurrido dieciséis años y Bouso ahora es psicólogo y doctor en Farmacología, experto en psicofarmacología y en las propiedades terapéuticas de drogas entactógenas, psicodélicas y cannabis. Actualmente dirige los proyectos científicos de la Fundación ICEERS, donde analiza los efectos terapéuticos de la ayahuasca, las propiedades medicinales del cannabis y los potenciales beneficios anti-adictivos de la ibogaína. Él se quedó si su ensayo pero seguro que ayudó a otros a intentarlo. En 2011 conté en interviú que un grupo de soldados estadounidenses destinados en Iraq y Afganistán iban a iniciar una psicoterapia con éxtasis para aliviar el trastorno postraumático con el que regresaron del frente.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Reportaje de interviú en 2011 sobre el ensayo con soldados de Iraq.

Pues bien, el pasado lunes 5 de diciembre leí con alegría (y rabia) que el Gobierno estadounidense había aprobado un estudio de las terapias con éxtasis para veteranos de las guerras de Iraq y Afganistán. El soldado Jonathan Lubecky, de 40 años, le contó a un periodista de El País que había probado de todo para sacar de su cabeza todos los demonios del frente bélico, que tomaba 42 pastillas diarias pero que el estrés no desaparecía. Sirvió un año en Irak y tras probar de todo participó en un estudio con éxtasis: “Me cambió la vida. Si no hubiese seguido ese tratamiento, me habría matado a mí mismo. Antes, había tenido cinco intentos de suicidio”. Gracias a la MDMA vio las cosas de otra manera, salió adelante, pudo trabajar, se graduó en la universidad y se casó. A diferencia de lo que ocurrió en España, el Gobierno norteamericano ha aprobado un estudio final con éxtasis. Si todo va bien, la Agencia de Medicamentos de Estados Unidos podría autorizar en 2021 la MDMA como fármaco legal contra el estrés postraumático y aliviar así a miles de personas. Hace más de quince años en España hicimos el primo. Lo hacemos tantas veces que suele tener un nombre: Marca España.

 

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“La Movida fue el recreo del golpe del 23-F”

Portada de 'La Movida Modernosa' (La Felguera Editores)

Portada de ‘La Movida Modernosa’ (La Felguera Editores)

Están los anarquistas de salón, y los dinamiteros. Los que practicaban nudismo para llegar a la emancipación y los que salen en las películas de Ken Loach. Los anarcosindicalistas, los ilustrados y los primitivos, los Unabomber. Están los punkis y los que cabalgan en la cresta del fracaso… Y luego está José Luis Moreno-Ruiz, un tipo libérrimo y libertino (por atrevido e incrédulo) que se puso un guión entre sus dos apellidos para que no lo confundiesen con el empresario-productor televisivo al que unos albano-kosovares asaltaron en su casoplón.

El José Luis del que hablo aquí es una mezcla de todo lo anterior. También de ventrílocuo. Habla desde el estómago aunque le provoque indigestión. Periodista, traductor, músico, poeta y granada de mano con el seguro siempre a medio quitar, Moreno-Ruiz acaba de publicar ‘La Movida modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera Editores), una repasito sin compasión a aquella era que llevó a los altares a Felipe González y Pedro Almodóvar. También a Ouka Leele y a Bernardo Bonezzi. Entre otros.

Sus párrafos provocarán sarpullidos. Y a él lo acusarán de resentido, de querer joder la marrana, sobre todo a los que mandaban en la Radio Nacional de España (RNE), donde trabajó mucho durante años. La  Transición española siempre ha sido tabú, igual de intocable que la Movida madrileña. José Luis piensa que aquellos tiempos modernos fuerona pura farsa y teatrillo para beneficio de unos cuantos, de los de siempre.

Por si el PSOE no tuviese bastante con su presente zombificación, ahora llega este tipo de voz gruesa para poner a caer de un burro a los sociatas, término que se utilizaba despectivamente para referirse a los dirigentes socialistas que llegaron al poder en 1982. En más de 200 páginas, el autor relata episodios que apuntalan esa idea de que la modernidad surgida con la Movida en el Madrid de los 80 tuvo mucho de pantomima. Las historias que cuenta son delirantes (e hilarantes), hechos reales y de primera mano que entran de lleno en la desmitificación de ese fenómeno social y cultural.

A José Luis lo conocí en interviú. Entró en la sección de edición en el 92 y cuando coincidimos (finales de los 90) se dedicaba a escribir los relatos eróticos de la chica final, un clásico de la revista. Luego se marchó de emprendedor y no acabó bien la cosa. Ahora tiene 63 años y sigue siendo un provocador, lo necesita tanto como Hillary a Trump, o viceversa.

“El golpe de Estado de 1981 fue un reformatorio y la Movida fue la parte amable, el recreo de aquel reformatorio. Antes del golpe de Tejero había una efervescencia, la gente estaba entusiasmada. Ya en el 78-79 empieza el famoso desencanto tras la aprobación de la Constitución y los pactos de la Moncloa. La gente de la calle, la gente de izquierdas, y no solo en el País Vasco, Cataluña o Andalucía, también en los barrios de Madrid, tenía muchas expectativas, todo era creativo y lúdico, pero con la Constitución se empieza a refrenar todo, hay un vacío. En la izquierda de base la asunción por el PSOE y el PCE de la Monarquía y de la bandera bicolor tuvo un gran impacto. Con el golpe de Estado se acabó todo aquel ambiente. El levantamiento militar se hizo para acabar con ese entusiasmo y La Movida fue el recreo. Los del PSOE pensaron: ‘Ahora hay que darles a estos chicos más pan y más circo; el pan, más o menos lo tienen, y cuando entremos en la Comunidad Europea, habrá más pan, así que ahora vamos a darle a los chavales un poco de circo’”. Moreno-Ruiz dixit. Así, de carrerilla. Y hasta el café tiembla sobre la mesa.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

José Luis Moreno-Ruiz, el pasado viernes en un bar del centro de Madrid. Foto: Alberto Gayo.

Si al autor la Movida le pilló de lleno, a mí me cogió de quinceañero. Por suerte, conocí la sala Rock-ola en sus últimos años de vida. Como un rito iniciático-satánico. Allí vi a un cantante un poco macarra cantando boca abajo colgado de unos tubos. Se llamaba Stiv Bators (líder de The lords of the new church). Y aluciné contemplando por primera vez a dos mujeres con las tetas al aire en público. Estaban sentadas en un sofá. Tan panchas. Entre la humareda y los botellines, allí estábamos mi colega y yo disfrutando del visionado cuando alguien nos dijo a grito pelado: “¡son tíos operados!”.  Nos dio igual. Mirar no hace daño.

Con eso y con el concierto de The Smiths en el Paseo de Camoens (1985) se acabó para mí La Movida. Moreno-Ruiz lo ve de otra manera: “La Movida, en total, había sido una especie de casting, una selección de personal en la que al cabo solo cupieron para el reparto de beneficios los enchufados, niños de familia bien, hijos de la casta y de la oligarquía cultural dominantes”, asegura en el libro. Frente a esta élite hubo una tropa de desarrapados venidos de barrios de la periferia, de capitales de provincia y de pueblos de toda España que se sumaron al desfile glamouroso y que al cabo del tiempo “quedarían en las cunetas del sida, en los pozos negros del desempleo o subempleo, y hasta en la mendicidad y el vagabundeo yonki”.

José Luis Moreno-Ruiz admite que esos tiempos modernos tuvieron algo bueno: “lo más divertido es que en esa época había muchas fiestas y se follaba muchísimo. Ibas a un sarao en el Bellas Artes y acababas en la cama con una cantante y una modistilla. Llegué a ligar con una modelo española muy importante sin saber cuál era mi poder de seducción. Nunca me lo he visto. Si fuese tío, no me gustaría. Como decía Groucho, no pertenecería a un club donde aceptaran a gente como yo. Si fuese tía, no me gustaría”.

Entre las obsesiones del autor están Felipe González. En el libro recupera un retrato sin edulcorar del ex presidente del Gobierno, “un híbrido luminoso entre José Sazatornil Saza y Javier Bardem: pura transubstanciación de la eternidad y de la etnicidad española en el consciente diario de la involución de las especies patrias”. Tampoco deja bien parados a Pedro Almodóvar y a la fotógrafa Ouka Lele. “Almodóvar dijo de sí mismo que era el emperador de la Movida cuando fue invitado al baile de la rosa en el Principado de Mónaco. El director dio un cambio drástico, de ‘Laberinto de pasiones’, una comedia mal hecha pero muy divertida, a ‘La ley del deseo’,  película donde comienza con la mariconería en el peor plan, era la continuación de la mafia rosa –ya sé que está muy feo hablar de estas cosas– que se venía dando desde primeros de los 70″. Me cuenta Moreno que cuando regresó a España para hacer la mili –había vivido en Puerto Rico, Nueva York y México– hubo pintores “que me hablaron de la mafia gay en las galerías de arte y editoriales… y en la radio. En RNE había en esa epoca hasta tres mafias rosas diferentes que ademas estaban enfrentadas entre sí, y luego había homosexuales trabajadores de la radio, que solo se dedicaban a trabajar y eran buenos compañeros, y que como no pertenecían a ninguna mafia les tenían machacados”. No os cuento más pero de su época en la radio pública guarda los mejores y peores recuerdos. Disfruta citando a Fernando Poblet, Javier Rioyo, Matías Antolín o Manolo Ferreras, el jefe en aquellos Tiempos Modernos de Radio3 donde él era uno más. Por ese programa pasaba todo dios movidil pero también había importantes reflexiones sobre el artificio y la modernidad. En el bando enemigo solo destaca un nombre: F. G. D. Los que lean su Movida modernosa sabrán quién y por qué.

Memorable es el capítulo dedicado a los lavabos del Palace. Año 1983. La revista La luna de Madrid monta un sarao en los salones del Hotel Palace con casi 3.000 invitados. En el cartel Loquillo y los Trogloditas, el jazz de Canal Street, las Vainica Doble y Golpes Bajos. Además de todos los modernos de Madrid había políticos liberales y socialistas municipales. Y periodistas. Y camellos. En los baños del Palace vio felaciones, muchachas con las bragas por las rodillas fumando con el coño y jaleadas por “cierto poeta muy afeminado y muy ligado a la Revista Poesía”; parejas de chico y chica, chico y chico o chica y chica apretándose todo los que les daban tras los cortinones de los pasillos del hotel… “corría la cocaína más que el agua en los lavabos”. Una periodista de sucesos le fue contando quiénes eran el resto de personajes, entre los que había confidentes, sirleros, descuideros y todo tipo de atracador.

Para Moreno-Ruiz hubo una Movida oficial que fue controlada por el Ayuntamiento de Madrid y algunos ministerios del Gobierno del PSOE, que a través del pesebrismo y la subvención creó una casta moderna “de burgueses toscos y chulescos” que gobernó los negocios de la Movida con mano de hierro. Y duró hasta que se desinfló “el globo sonda hecho con un condón usado”, que es como definió la Movida el asturiano Fernando Poblet, otro de los compañeros de Moreno-Ruiz en RNE, fallecido en 2013. El mismo que dijo que “la posmodernidad es un cuento. Es más posmoderno, por ejemplo, Gómez de la Serna que todas las primas de Almodóvar juntas”.

En palabras de Moreno-Ruiz, cuando el globo empieza a pincharse hubo un trasvase de los movideros al mundo de los yuppies. Y sin disimulo. Habían descubierto el negocio de la posmodernidad. En el libro, el traductor asegura que el poder sociata “había convertido la Movida en una cuestión de Estado. Créase: eran tan difícil dar opiniones en contra, o medianamente sarcásticas, sobre todo aquello, como escribir un artículo pidiendo la República o la nacionalización de la Banca. La Movida era una imagen de marca, un marchamo como reclamo turístico”.

A ratos parece una vendetta con toques cómicos (y patéticos) –lo de los movideros pasándose todos al bando de la tauromaquia es antológico, tanto que hasta intentaron que los matadores saliesen vestidos de Agatha Ruiz de la Prada–, pero también da cierto repelús pensar que esos años, que se vendieron como la apoteosis de las ansias de libertad de los españoles, estuvieron siempre bajo control, que fue en realidad una lucha de clases entre la oligarquía cultural y lo que Moreno-Ruiz denomina “menesterosos”. “Fue una gran mascarada –explica– con intención política muy concreta y los ‘sociatas’ se lo montaron muy bien, el dinero entraba a espuertas y se lo hicieron muy bien. Al que sí valoro es a Narcís Serra, hizo una reforma militar total, fue implacable para quitarse a todo el facherío que había”.

Creo que voy a seguir soñando con que la Movida fue como La bola de cristal ¡Viva el mal! ¡Viva el capital! Si lo pienso de verdad, no fue tan bonito. En un mismo año, 1983, unos policías  mafiosos hicieron desaparecer a un delincuente común y una televisión pública cedió a las presiones de la caverna por la emisión de una canción punk que decía ‘Me gusta ser una zorra’. Barrionuevo ¿dónde está el Nani?

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“Hagan algo, nuestro dolor es ahora”

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

La plana mayor del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, ayer en Madrid. Foto: David Calle.

Todas las contraindicaciones, efectos secundarios y paradojas de esta nuestra realidad se me echaron ayer encima. Resulta que estuve escuchando a apasionados científicos –de aquí y de fuera– relatar sus años de investigación –algunos desde los 1964– para demostrar el potencial terapeútico del tetrahidrocannabinol (THC) y del cannabidiol (CBD), dos de los principios activos que se encuentran en una planta llamada cannabis sativa. Vamos, en la marihuana. Escuché también a médicos de atención primaria y urgencias destacar las mejorías de algunos de sus pacientes que combinaban fármacos convencionales con aceites de cannabis. Y me emocioné cuando salieron al estrado madres de niños con epilepsia refractaria que habían perdido la esperanza y la dignidad. Ellas contaron que aunque sus pequeños no se han curado, los extractos de cannabis han logrado disminuir la irritabilidad, que sean más empáticos y sufran menos convulsiones. Y no es una chorrada, estar un poco más sano, tener más calidad de vida y ser más persona no es una broma. Hasta me pareció conmovedor ver a todo un catedrático de Biología de una universidad pública confesar que la colitis ulcerosa que sufre no le dejaba vivir y que decidió probar con la marihuana, se automedicó y controló durante un año entero para acabar yendo muchas menos veces al baño, subiendo de peso y con menos dolor.

Después, cuando llegué a casa y me relajé de tanta charla, pensé en lo injusto que es todo. Investigadores de prestigio, facultativos de vocación, enfermos y familiares que sufren… todos juntos clamando para que se regule de una vez una sustancia que mejora la salud pública, para que haya más ensayos clínicos, para que haya un acceso universal, una información veraz y unos protocolos de dispensación… No piden el cielo. Si la planta no se llamase marihuana, no estaría escribiendo esto. La morfina y la codeina, por poner un ejemplo, se extraen de la amapola del opio, la misma adormidera con la que se produce la heroína, y nadie se queja. En otros países, empezando por EEUU, lo han entendido perfectamente pero aquí, en esta España en funciones, todavía no hay voluntad política. Para torcer esa cerrazón nació ayer el Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM). “Hagan algo, nuestro dolor es ahora”, insistían los pacientes presentes en el auditorio del CaixaForum Madrid. Y lo más curioso, la palabra porro apenas se citó un par de veces. No hacía falta. Claro que hay pacientes que fuman marihuana y que la compran en el mercado negro. No les queda otra. Del otro consumo, el de los adultos a los que le gustan los efectos de la marihuana, no se habló. Es otro debate aunque si el cannabis fuese legal, tampoco creo que estaría escribiendo esto. Paradojas, contraindicaciones, efectos secundarios.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo.

Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y uno de los mayores expertos en cannabis del mundo. Foto: David Calle.

No es el momento de explicar por qué el THC y el CBD se acoplan perfectamente a receptores cerebrales que tienen que ver con la actividad y la coordinación motora, el apetito, la memoria, los vómitos y la naúseas, el estrés o el dolor; ni cómo el organismo del ser humano y otros animales produce de forma natural sustancias similares a estas moléculas… cualquier duda la resuelven mejor los expertos de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC).

De la jornada de ayer me quedo con el testimonio del médico José Martínez Orgado, profesor en la Universidad Autónoma y responsable del Servicio de Neonatología del Hospital universitario San Carlos de Madrid. ¿Sabiáis que al año mueren en el mundo un millón de bebés por falta de oxígeno en el parto y otro millón tiene secuelas por el daño cerebral que provoca la asfixia neonatal? Pues bien, Martínez Orgado lleva casi un década investigando la eficacia del cannabidiol (CBD) –uno de los principios activos más conocidos de la marihuana por ser antioxidante, antiinflamatorio y con una toxicidad bajísima– en estos recién nacidos. Y le ha ido tan bien que en 2017 comenzará un ensayo clínico “de verdad”. Hasta el momento lo ha demostrado en ratones, ratas y cerdos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.

El doctor José Martínez Orgado, responsable de Neonatología del Hospital público San Carlos.
Foto: David Calle.

Martínez Orgado explicó que llegó al cannabis por azar, porque un compañero de la Complutense le dijo que los cannabinoides podrían valer para su investigación. La eficacia del CBD ya la ha probado el médico in vitro, donde ha visto cómo se reducía la muerte de células del cerebro de animales recién nacidos; también en vivo con roedores, donde disminuía el daño neurológico; y por último con cerdos neonatos, comprobando que el CBD aumentaba la actividad cerebral. “Hemos demostrado que el CBD influye muy positivamente en el cerebro, y también mejora la función arterial y respiratoria. No hay ninguna duda, este principio activo de la marihuana es uno de los más potentes antiinflamatorios y antioxidantes que existen y practicamente sin efectos secundarios. Los beneficios son muchos más que sus riesgos”.

La intención del doctor es que el CBD administrado de forma intravenosa pueda complementar el actual tratamiento para estos daños cerebrales. Ahora se usa la hipotermia, enfriar la temperatura del cuerpo, “pero sólo la hipotermia no está valiendo de mucho”, reconoce. Como los cannabinoides son sustancias grasas que no se disuelven en el agua, el responsable de Neonatología del Hospital San Carlos está colaborando con una empresa farmacéutica británica para producir un compuesto que se pueda administrar por vía intravenosa y que en breve estará listo para el ensayo clínico. Otra de las ventajas del principio activo de la marihuana es que se podría aplicar, “y funcionar”, dentro de las 18 horas después del nacimiento. Para intentar agilizar el ensayo, Martínez Orgado ha optado por negociar el comienzo del ensayo con la Food and Drugs Administration (FAD) de EEUU, que es más ágil que la European Medicines Agency (EMA). Habrá lesiones cerebrales que sean imposibles de mejorar pero el optimismo que mostró ayer en Madrid Martínez Orgado se contagió a todo el auditorio.

Por estos recién nacidos y otros enfermos, que ven que los tratamiento farmacológicos más extendidos no terminan de funcionar, afectan negativamente a su calidad de vida o no son compatibles, no estaría mal que la clase política se pusiese cuanto antes manos a la obra para crear una regulación sobre el cannabis medicinal. Por si se les olvida, responsables del Observatorio ya han empezado reuniones con grupos parlamentarios (PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos), alcaldes de grandes ciudades y el Defensor del Pueblo. En breve presentarán también un anteproyecto de ley que haga del cannabis medicinal un principio activo “de acceso universal y que elimine el estigma social de estos pacientes”, explicó Cristina Sánchez, profesora de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense y miembro de la junta directiva del OECM.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Carola Pérez, paciente y presidenta del OECM, y Manuel Guzmán, uno de los investigadores españoles más reputados. Foto: David Calle.

Muchos enfermos con cáncer, dolor crónico o neuropático, esclerosis múltiple, epilepsia infantil, enfermedades digestivas inflamatorias como Crohn o la colitis ulcerosa, esquizofrenia, shock post traumático o daño cerebral por asfixia en el parto agradecerán a la clase política esa voluntad de cambiar las cosas que podría mejorar su salud. Pues eso, salud.

 

 

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Ecoporno vintage y poesía

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

Fotocopia de una de las imágenes de la colección Rotenberg (Alberto Gayo).

El viento me ha dado unos más que sugerentes azotes este mes de agosto. El levante ha sido un niño mal criado y cansino, sobre todo en el sureste andaluz. No ha dejado de dar la brasa y a mí me ha vuelto loco. Menos mal que uno es previsor: llené la maleta con entretenimientos varios que tornasen la locura en un poco de sexo y poesía.

Antes de las vacaciones, Karmele y Juan me regalaron un ejemplar de Forbidden erotica. The Rotenberg Collection, uno de esos increíbles tochos de la editoral Taschen que tratan sobre tetas, coños, culos o pollas. El libro era un espectáculo: cientos de fotografías realizadas entre 1860 y 1960 de hombres y mujeres retratados haciendo felaciones, cunnilingus, tríos, orgías, fusiones en vertical y horizontal, la cuchara o la tijera, vestidos o disfrazados, mirando a cámara o no… Hay mujeres acariciándose y chupándose, tipos con rabo en alto y a la espera, muchas mamadas, algún que otro negro y alguna que otra escena entre hombres homosexuales. Mucho estilismo y atrezzo de la época.

Todas pertenecen al coleccionista Mark Rotenberg, que atesora más de 95.000 fotografías sicalípticas. Se nota que en la mayoría manda la mirada masculina y la fantasía del hombre heterosexual. Muchas de las modelos eran prostitutas, las mismas que luego posaban para los pintores y escultores de renombre. En aquel último tercio del siglo XIX se popularizó la tarjeta postal erótica. El porno ya no era solo para la aristocracia.

Pues bien, me quedé tan sorprendido con algunas de esas instantáneas que se me ocurrió fotocopiar medio centenar, pillar tijera y cúter, y siluetearlas sin saber que el viento, el bendito levante, iba a dotar de movimiento aquellas estampas . El resultado son estos collage-ecoporno-vintage que he venido en llamar follage. He subido a Twitter uno por cada día de agosto (en Facebook e Instagram no me atreví, por esos lares se esconden vigilantes malos). Para que nadie se los pierda, los he subido a una plataforma de vídeos. Aquí tenéis unos cuantos. Feliz follage.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El maestro, la memoria, el verano

Santos Ruano con sus alumnos, en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Santos Ruano con sus alumnos en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).

Los recuerdos de verano (de los veranos) pesan un quintal. Quedan adosados a uno para siempre. Sobre todo los de la adolescencia y juventud, los que tienen que ver con excitarse, sufrir, descubrir, sentir… También hay olores y sabores del estío imborrables. Besos mal dados (por ansiedad, vergüenza o ignorancia) y bailes malditos que se arrinconan en la lista de imágenes inconfesables. Al pasar los años solo quedarán algunas cartas y fotos, y la nostalgia de cuando no se vivía el presente, sino el instante.

Durante muchos años mis recuerdos estuvieron vinculados a Marchena, un pueblo del sureste sevillano. Cada verano, mi madre –andaluza de Jaén– nos llevaba allí, a casa de su hermana gemela (mi tía), para pasar de julio a septiembre. Lo siento pero ahora toca la retahíla de recuerdos: piscina municipal, sandwich de nata, caseta de feria, discos de Genesis, fútbol-chapa, Vespino, molletes, tomate Apis, calor (mucho calor), olor a aceite de almazara, cigarros aliñaos, el Madriles, las catalanas y el vasco, las tortas de manteca y el orazú (regaliz), la Manoli y la Vilches, el rock de Silvio, cine de verano, la manguera, el Sofá Club, los reservados del disco-pub Ratos Agradables, las resacas de Fino, las Zapico, la Merry… Y mis primos.

Hace muchos años que no paso por allí. Un día de estos tendré que enfrentarme a mis recuerdos. No sé cuántos quedarán. Mientras, he regresado mentalmente a Marchena por una historia real (y cercana) sobre memoria y verano. Mucho más importante, triste y cruel que los miles de recuerdos de un chico de finales de los años 70 y principios de los 80.

El 24 de agosto de 1936 –hoy hace justo 80 años– fue asesinado en Marchena el maestro Santos Ruano Mediavilla, un hombre de 39 años, “de conducta honrada que siempre trabajó por la enseñanza de los niños” (así constó en su expediente de depuración) y afiliado al PSOE. Aquel fue un verano de terror. No habían pasado muchas semanas desde el 18 de julio, día de la sublevación militar contra el gobierno legal republicano. Todo empezó en África pero Sevilla y otras zonas de Andalucía fueron las primeras en recibir la llegada de los nacionales. La represión inicial golpeó en todos los pueblos: desapariciones, asesinatos, humillaciones, vejaciones, depuraciones… En aquel negro verano del 36 fueron fusilados o asesinados más de 200 marcheneros. Los golpistas robaron los recuerdos veraniegos de muchísimas familias de Marchena para instaurar la desmemoria.

 

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).

Marchena tenía por entonces cerca de 20.000 habitantes. Santos Ruano (1897-1936) fue uno de los 60 maestros y maestras fusilados en la provincia de Sevilla tras el golpe militar. Según el historiador José María García Márquez, “la sangría que se produjo entre los maestros, con asesinatos en treinta y dos pueblos, tuvo un marcado cariz político. La persecución buscó su militancia política y sindical y, además, el carácter laico que, conforme a la ley, imprimieron muchos de ellos a la enseñanza en sus clases”. En mayo de 2016 se presentó Primaveras de Memoria. Marchena, 1936-2016 (Ed. Aconcagua), libro coral coordinado por Javier Gaviria Gil y que sirve de homenaje a las víctimas del fascismo en la localidad sevillana. El capítulo sobre el maestro Santos Ruano lo escribe su nieto Raúl Ruano Bellido, profesor de Historia en un instituto de Secundaria de Córdoba, doctor en Sociología y estudioso del anarquismo en nuestro país.

Raúl recuerda a su abuelo con una hermosa epístola dirigida al propio maestro asesinado. Ha hablado con quienes fueron alumnos, con sus amigos, ha recorrido las calles para imaginar su aula, ha recopilado documentación para que las puntadas sean certeras. Así sabemos que la clase de Santos Ruano estaba presidida por un esqueleto de gran tamaño, era luminosa y de grandes ventanales, y además de biblioteca y mapas había una radio, un proyector y un busto que le hizo su amigo el escultor José Montes, también asesinado el 24 de agosto de 1936. Al maestro le gustaba hacer salidas con sus alumnos todas las semanas, tenía una caligrafía pulcra (la misma que heredó su hijo Francisco), le gustaba el violín y las partituras… En 1931 formó parte de la lista del PSOE por el distrito primero de Marchena. Le votaron 255 vecinos. El maestro municipal pasó a ser síndico del primer ayuntamiento tricolor y miembro de Instrucción Pública. A Santos le importaba más el pulso del lenguaje que la ortografía. Era un defensor de los adjetivos porque llenaban de cualidades el mundo y con ellos podía concretarse una ética y una política. Los problemas sociales era sin duda lo que más le preocupaba. Estamos en tierra de jornaleros explotados, de oligarcas…

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).

El nieto –”antes de haber nacido ya perdí a mi abuelo”– sostiene en el libro que debería existir una oficina de objetos perdidos reservada al verano de 1936. Allí estarían la máquina de escribir del maestro Ruano, su proyector y su violín. Su radio fue utilizada por un rojo perseguido por el franquismo que tuvo que esconderse en su propia casa. Usó el aparato como único vínculo con el mundo. Esa radio todavía funciona 80 años después gracias a las manos de Óscar, otro de sus nietos. Recuerdos de verano. De los que pesan un quintal durante generaciones.

Lo curioso es que el maestro Santos Ruano no nació en Marchena, sino en el pueblo vallisoletano al que desde hace quince años acudo, al menos, una vez al mes por cuestiones familiares. Está en esa tierra de campos, de horizontes lejanos, donde se generan recuerdos veraniegos que también se adosan. Se llama Medina de Rioseco y allí también cundió la desmemoria tras el golpe franquista, en una zona donde no hubo frentes militares pero sí barbarie, vendetas, rencillas, odios, miseria. Los Montes Torozos, pertenecientes al municipio, sirvieron de lugar de ejecución y enterramiento ilegal. Las víctimas formaban parte de sacas que los sublevados fascistas iban haciendo por los pueblos de la comarca. El lugar se convirtió en una gran fosa común.

Historias como estas las hay por toda España. He escogido la del maestro porque lo asesinaron en verano, hace ahora 80 años, porque los recuerdos de esta estación siempre se adosan más de lo normal y porque los nietos de Santos Ruano son mis primos. Salud.

 

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Brigitte, Pamela, Lluvia… y los animales

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Meat is murder. Foto: Víctor Cucart.

Hay algunos aficionados taurinos que deberían comer menos carne roja y aprender a respirar. A mí no me ha ido mal. Lo dice el hijo de un carnicero –jubilado cuando llegó el euro– que todavía guarda aquel delantal de raya fina verdinegra como homenaje al tajo de madera y a las hachuelas de acero que fileteaban las piezas con una suavidad inigualable. Y lo digo por la reacción de unos pocos defensores de la llamada Fiesta Nacional ante la portada protagonizada por la actriz Lluvia Rojo en interviú. Le han dicho de todo, incluso puta, por afirmar que “en España seguimos a la cola en cuanto a derechos de los animales. Es el país donde más animales se abandonan, donde se ahorcan perros cuando ya no sirven para la caza, donde hay corridas de toros, un espectáculo terrible que pertenece a otra época y a otra mentalidad. Los toros tienen sus días contados, las nuevas mentalidades no aceptan la tortura de un animal hasta su muerte para la diversión de unos pocos”. ¿Y si fuera verdad?

No he abierto el gestor de este blog para montar el pollo. Lo más recomendable es ignorar la mala educación. Vengo para hablar de tres animalistas, tres mujeres que separadas por edad, lugar de procedencia y pensamiento, libran una batalla diaria en defensa de los derechos de los animales y en contra de la crueldad: Brigitte Bardot, Pamela Anderson y Lluvia Rojo. Las tres son actrices y las tres han sido portada de esta revista, que ahora cumple 40 años. La francesa pronto hará 82 y sigue con su fundación contra el maltrato. La norteamericana –a punto de los 50– participa en campañas de PETA y está muy preocupada por el Medio Ambiente. Y la Pili de Cuéntame, que este año cumplirá los 40, colabora con la Asociación para la Liberación y Bienestar Animal (ALBA), además de protagonizar campañas animalistas.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Brigitte Bardot, interviú 1984.

Nadie puede negar el amor que siente BB, uno de los mayores símbolos sexuales de la década de los 60, por los animales. Desde su fundación, creada a mediados de los 80, lo mismo se preocupa por una tétrica perrera del sur de España que pide que se prohiba por ley el sacrificio de caballos con objetivos alimenticios o exige la sedación de los corderos que sacrifican los musulmanes. Hasta Sea Sheperd, una de las organizaciones ecologistas más importantes del mundo, tiene un barco con su nombre. Es con el Islam con quien Bardot no termina de congeniar. Conocidas son sus declaraciones islamófobas y su apoyo al ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen. De hecho, ha sido condenada más de una vez por comentarios xenófobos.

interviú 1976.

interviú 1976.

De Pamela Anderson qué puede decirse. Desde siempre, la vigilante de la playa más famosa apoya activamente a PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales), el mayor grupo por los derechos de los animales en el mundo, con más de dos millones de miembros y que centra su activismo en protestar contra la cría intensiva de animales de granja, los experimentos con animales o el maltrato (las peleas de gallos o las corridas de toros).

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

Pamela en interviú. Sesión año 2003.

La explosiva Anderson, que también preside una fundación, subastó el año pasado un baile con ella en Rusia para recaudar fondos destinados a proyectos ecologistas en aquel país. No hace mucho revolucionó la Asamblea Nacional francesa cuando fue invitada por una diputada gala para apoyar la prohibición de cebar a las ocas usadas en la producción de fuagrás. Su última iniciativa ha sido pedir menús veganos para las cárceles de varios estados de EEUU. La actriz, nacida en Canadá y vegana convencida, asegura que con esta medida se ahorrarían millones de dólares y mejoraría la salud de los reclusos.

Cuando nació Lluvia, jarreaba en Madrid. Fue en noviembre de 1976. Así eligieron sus padres el nombre. A los quince años, estudiando en Nueva York, se hizo vegetariana y ahí empezó su conciencia animalista y ecologista. En la entrevista que acompaña las fotos de interviú no pude incluir que Lluvia y Kevin (su chico) se dedican a llevar perros abandonados desde España a Alemania porque allí les tratan mejor. Tampoco os conté que fue una de los personajes conocidos que propuso al alcalde de Tordesillas (Valladolid) montar un festival de música para promocionar el pueblo y sustituir el lamentable espectáculo del Toro de la Vega. De la Asociación para la Libertad y el Bienestar Animal (ALBA), la actriz de Cuéntame se ha llevado a su casa, de acogida, una cerda vietnamita, Lucy. “La gente los abandona cuando no pueden con ellos. Su pulsión máxima es comer. Como son omnívoros y muy resistentes, sobreviven. Y cuando son abandonados se reproducen muy fácilmente”, me explicó.

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Quizá Lluvia sea la más comprometida políticamente de las tres. Desde hace años apoya publicamente al partido ecologista Equo, ahora en coalición con Unidos Podemos. “Si, soy ecologista total y me flipa la política pero la mediocridad de muchos políticos me da hasta grimilla, como a la mayoría de españoles. Estamos cansados y decepcionados. Eso no significa que no vaya a votar, porque siempre he votado. Quiero que esto cambie, apoyo a Equo porque me gusta, pero Podemos no”.

Pues ya está. A Brigitte, Pamela y Lluvia, los animales más bellos del mundo… con permiso de Ava Gardner, las tendrán siempre en interviú. Feliz semana. Si antes escuchásteis a la actriz con su grupo No band for Lluvia, aquí os dejo a Morrisey con Pamela en Earth is the loneliest planet.

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A propósito de El olivo (y la Memoria Histórica)

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

Bajo el olivo (by Jong Ki Love).

“La abuela también habla muchas veces de los olivos ¿verdad?”. En la pregunta subyace una duda razonable, sobre todo si se formula nada más acabar El olivo, la última y emotiva película de la directora Iciar Bollaín. Hija y padre hemos asistido a un bonito cuento sobre el amor a la tierra en época de becerros de oro pero me ha quedado la sensación –y tiene pinta de que a la niña también– de que los olivos que salen en el largometraje no son los mismos árboles de lo que habla la abuela.

El olivo reivindica la lucha y la obstinación por cuidar el suelo que nos ha visto crecer, por salvaguardar un patrimonio paisajístico frente a la apisonadora de la especulación. Ayuda a entender que el dinero no siempre lo es todo, que la naturaleza es terapéutica o que el entorno también es cultura. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad entenderá las razones del abuelo para evitar que arranquen su viejo olivo, ese que esconde siglos –dicen que estos árboles llevan con nosotros más de 3.000 años–, heladas, tiempos de sequía, juegos de niños y besos sombríos. Y muchos harían como Alma, su nieta. Viendo que su familia malvende el olivo y que su abuelo empieza a morir en vida, decide buscar el árbol allá donde esté, donde fue llevado a la fuerza. Piensa que solo el olivo puede curar a su abuelo. Al viejo le han arrancado de raíz su alma y Alma se arranca mechones de pelo porque no está conforme con su vida, necesita una reacción, algo que le haga sentir viva.

Hasta aquí la película de Bollaín. Ahora viajemos a los olivos de María, mi madre. Su visión del olivo no es tan bucólica. Sí tan expresiva como la de la película recién estrenada. María Bellido nació en 1936, el año de la guerra, en un pueblo de Jaén subido a una loma y rodeado hasta donde alcanza la vista por miles y miles de olivos. Su nombre, Porcuna, la Obulco romana, la Bulkuna de Al-Andalus.

El año que nació mi madre, el pueblo sufrió lo que otros muchos: bombardeos, destrucción y muerte. El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano quería tomar el pueblo y le debió costar. Allí lucharon brigadas internacionales, milicianos y tropas republicanas venidas de muchos puntos de España. Según las últimas investigaciones hubo 684 víctimas del franquismo en Porcuna entre asesinatos, represión política o muerte en combate.

La posguerra no fue mejor. Mi abuelo trabajaba en una fábrica de aceite y mi abuela cuidaba de la prole. A María le cuesta recordar cuántos hermanos eran porque algunos murieron antes de ella ser consciente. “Cuando murió Juan con 20 años, de meningitis, quedamos vivos cinco. ¡Ay mi Juan, cómo tocaba la trompeta! Era una delicia escucharle”. Ella nunca ha perdido el humor. Eso y que tenía una hermana gemela le impide recordar aquella mierda de vida como algo horrible. “Muchos días solo teníamos para comer la monda de las patatas de otros. Las cogía mi madre y las freía”. Con más o menos 14 años, allá por el comienzo de la década de los 50, todos tenían que apañárselas para traer alguna perra gorda a casa. Entonces apareció el olivo. Los potentados de la zona contrataban a cuadrillas en enero y febrero para la primera recogida. Ella, sus hermanos y muchos otros vecinos pobres del pueblo se deslomaron en los olivares para echarse un bocado al estómago. Los olivos no eran suyos, la tierra no era de quien la trabajaba. Semanas después, cuando acaba la cosecha, les dejaban ir a la rebusca para encontrar aquellas aceitunas que se habían despistado. Esas se las quedaban para ellos o las vendían.

“Nos llevaban a un cortijo, donde vivíamos durante la recogida. Allí había camastros, una mesa y un fuego. Al amanecer nos atábamos un refajo a la falda y con la helada salíamos hacia los olivos. Los hombres vareaban el árbol y las mujeres, de rodillas y sin guantes, separábamos las ramas de las aceitunas. Metíamos las olivas en un gran cesto de mimbre con dos asas y las llevábamos al carro. A la hora de comer, un trozo de pan con aceite y bacalao crudo, y por la tarde toda la cuadrilla se iba al cortijo”. María recuerda que serían unas seis personas por árbol. Con 79 años todavía se pone de gatas para enseñarme la posición en la que se pasaban horas y horas bajo el olivo.

Para ella, para cientos de miles de andaluces, el olivo era supervivencia, la única forma de sobrevivir si no eras de familia terrateniente y no tenías estudios. O eras de los perdedores. En aquel tiempo y para aquellas gentes el apego a la tierra no existía. El futuro estaba en marcharse del sitio que les vio nacer. El olivo, entonces, ya no es reivindicación cultural, ecológica, emocional. Es Memoria Histórica.

Me he animado a escribir este episodio porque el otro día compartí un precioso rato con Nieves Concostrina, Jesús Pozo, Tamara Crespo y Fidel Raso en Urueña, la villa de los libros, un pequeño pueblo vallisoletano salpicado de cultura y librerías. Allí, Nieves, la periodista que conocí en Diario 16, presentó su novela Antonia (La esfera de los libros), un viaje catártico al pasado de su madre, una analfabeta funcional como la mía (y a mucha honra) que supo sacar como nadie a sus hijos adelante entre la miseria de la posguerra española. Concostrina dijo que la historia de su madre es como la de miles de mujeres de aquel momento de la historia de España, todas igual de importantes y merecedoras de no ser olvidadas. Pues eso ¡a vivir! Os dejo el trailer de la película de Bollaín.

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