Nunca he entendido por qué se dice eso de un espectáculo de sexo en vivo. Este fin de semana he asistido a uno. ¿Por qué no se dice sólo ‘un espectáculo de sexo’? ¿Acaso si se omite el apellido ‘en vivo’ alguien pensaría que el espectaculo es en diferido? Eso ya está inventado y se llama peli porno. ¿Acaso si se omite el apellido ‘en vivo’ alguien pensaría que es con muertos? Eso también está inventado, se llama necrofilia. Y está penado.
Mientras admirábamos la capacidad de trabajo de la pareja sobre el escenario me preguntaron si yo haría sexo en vivo. Yo, ni muerto.
Tengo que reconocer que no soy demasiado fan de los ‘espectáculos de sexo’ entre actores porque creo el guión ya está escrito. Es más de lo mismo, como pasó el sábado: Ella se arrodilla cual beata ante el altísimo (y grandísimo). Cambio. Ella se tumba. Cunnilingus. Cambio. Cuatro patas. Pim-pam-pim-pam. Cambio. Eyeculación. Aplausos. Siguiente pase, en una hora. Lo de siempre.
Me sorprenden mucho más las recciones del público. Lo que más, esa obsesión que tiene ahora todo el mundo con grabarlo todo con el móvil. Aquello parecía una rueda de prensa, cientos de cámaras, flashes, “baja la mano que no veo”… ¡Qué horror! ¿Para qué lo querrán si internet está cuajado de porno gratis? ¿Necesitarán tener algo de material en el celular para alguna emergencia sexual? Al vivir ese momento recordé el único espectáculo de sexo que me ha dejado con la boca abierta. Fue una orgía en alta mar.
Agosto de 2005. Puerto de Benalmádena, Málaga. Doscientos ingleses de entre 18 y 20 años embarcan en un barco pirata de nombre ‘Bucanero’. Han pagado 15 euros –copa incluida– por una noche única en este barco fiesta. Aseguran que la que se monta a bordo es lo nunca visto, así que allá que me voy con mi inseparable fotógrafo Alberto Bernárdez. Al zarpar, los chicos están sentados en un lado de la cubierta y las chicas enfrente, como si fuera un baile de pueblo en la posguerra y ellas esperaran a que los mozos se animaran a sacarlas a bailar un pasodoble español. Aquello no promete desmasiado desmadre, la verdad, pero mi instinto de juerguista profesional me dice que la cosa puede cambiar. En el momento que salimos del puerto, comienza la fiesta.
Un animador pide que se hagan parejas porque empiezan los juegos. Primer juego: los chicos –sólo ellos– se reparten en seis filas indias. El primero de cada fila agarra una botella de cava, da un gran sorbo y la pasa al siguiente. El primer grupo que la acabe gana. El premio, otra botella de cava que deben beberse lo más rápido posible. El ambiente empieza a caldearse.
Con el segundo juego arden los cuerpos. Solo chicos con chicas o chicas con chicas. “No boys with boys”, grita el animador. En el barco del amor no hay sitio para la homosexualidad. Ellos de pie con un plátano a la altura de su banana y ellas de rodillas. La primera que se lo coma todo gana. Para complicarlo un poco más, cuando se han tragado la mitad, adornan la fruta con nata montada. Churretes de textura blanca corren por sus caras. La más glotona se gana la botella de cava. Nada es casual en la noche de los guiris: todos saben a lo que van, nadie sabe cómo volverán.
Con los siguientes juegos llega el striptease: el que pierde, paga prenda. Ellos en bolas, ellas en tanga… y litros de alcohol. Al final, la cubierta del barco queda descubierta de pudor y comienzas las escenas calientes: chicas que lamen a otras chicas, felaciones, sexo en grupo y dos parejas haciendo el 69 mientras el resto les anima y vitorea como los hooligans que son. Y hacen fotos, todos quieren guardar recuerdo de la noche más caliente de sus vaciones en España. Al final, sujetadores y calzoncillos colgados del palo mayor. Regreso a puerto, todo el mundo se viste y se vuelven a sentar. Los chicos en un lado y las chicas en otro, como si no hubiera pasado nada, pero ¡vaya si ha pasado!
Nada en ese barco estaba escrito, por eso parece increíble, incluso habiéndolo vivido. Alberto, el fotógrafo, y yo caminamos por todo el muelle sin dirigirnos la palabra, al llegar al coche sólo pudimos decir: “¿Ha sido real, verdad?”
Es mucho más divertido ser voyeur de un espectaculo de sexo de amateurs que de profesionales. La única vez que he alucinado de uno de estos fue en un club gay. Un tío salió al escenario en bolas para comunicar que su compañero de show había tenido una emergencia y se había marchado, así que hizo lo que hacemos todos cuando no tenemos con quién: se masturbó y se fue. Digo yo que sería para no perder el caché.


Lo estamos leyendo en el ave camino a la feria y no podría ser también el ave del amor!!!!!!!jesus!!!!!Nos estas preparando para lo q nos pueda suceder!!!!!???? Jejjejej ya te contaremos las experiencias de unas madrileñas en la feria!!!! Eso será en el siguiente capítulo. Besos
Ese día el mar estaba de marejada, marejadilla o todos muy marajas… a bordo de o al borde de perder la vergüenza… jejeje…
http://www.youtube.com/watch?v=PDauHfltBmM
¿Qué quereis qué os diga? llamarme carca pero ¡que ascazo!.
Cómo puede ser que un tío que se las da de tener mucha vida no le gusten los espectaculos de sexo en vivo. Hay alguien que no se excite viendo a otros hacerlo? Yo me pongo como una moto, aunque tengo que reconocer que con lo de el sexo en diferido ya está inventado y se llama peli porno y lo de los muertos me he descojonado.
Este tio no para. Alguien sabe que hay que hacer para currar en interviu?
Que alguien me diga dónde esta ese barco que me largo este puente… He estado buscando en internet y no lo encuentro. Me pueden dar más datos por favor?
¿Y este tio de que va? ¿quiere que nos creamos que todo esto que cuenta es verdad? Yo no me lo creo…