A España no la salva ni Cristo

Amigo Juanjo, ¡cuánto daño le hemos hecho a España! La construcción ha hecho mucho daño, hay que decirlo. Es que era un desmadre, joder. Pero pica anchoas, que están buenísimas. ¿Qué? ¿No están buenas?
¡Es que era la leche, la leche! Te hacías con un terreno edificable y te presentabas en la caja de ahorros. ¡No lo habré hecho veces, ya te digo! Te presentabas en la caja y decías: “Yo aquí voy a hacer 20 pisos y cinco locales comerciales”. Y te daban el préstamo para construir al cero por ciento, joder, al cero por ciento. Ponme vino. Te lo daban al cero por ciento con el terreno como garantía a cambio de que todas las hipotecas de los pisos se las pasaras a ellos, a la caja. Y si ya te conocían, pues con más razón. Solo por las hipotecas que les ibas a pasar te daban el préstamo. Y tú llegabas y decías: “Oyes, que el terreno vale ciento, y mi proyecto doscientos”, y tú tranquilo, que ellos te tasaban a lo que necesitaras. Está cojonudo el verdejo este ¿no? Hay que tomarlo fresquito. Tiene como un punto de gas ¿no?
¿No ves que los tasadores iban a comisión? A sueldo más comisión. Así que, ¿cómo iban a ser independientes, coño? Si una caja de ahorros grande, ponte la CAM, hace 10.000 hipotecas ese año, pues haz la cuenta de que suponía eso para una agencia de tasación: ¡El negocio de todo el ejercicio! ¡Milllones, joder, millones! Así que los tasadores hacían lo que la caja les dijera, ¿no te jode? ¿Que un terreno vale cien pero el constructor necesita 300 para edificar? Pues el terreno se valora en 300 y punto. ¡Si daba igual, coño! ¡Si es que se vendía todo! ¿Pedimos unas tellinas?
Mira, hay un procedimiento riguroso para tasar una propiedad inmobiliaria, que es el de la normativa ECO. Ese sello lo deben llevar todas las operaciones hipotecarias. Ahí, el tasador tiene que recoger referencias de otras fincas de la zona, averiguar los precios a los que se ha vendido, investigar cómo funcionan los negocios del barrio, estudiar la variación de población. Ahí no puedes inventarte historias. Y luego está el proceso más sencillo, que llamamos “de valor de mercado”, que ahí sí, ahí le puedes echar imaginación: “Pues yo creo que esta zona se va a animar y el año que viene esto va a valer tanto…” Y como se vendía todo, como la ventas eran espectaculares, pues la tasación a valor de mercado y punto. Y un terreno que valía a seis euros el metro, te lo valoraba la caja a 33. Y si una agencia de tasación se ponía tiquismiquis, la caja no la llamaba más y punto. Y si un tasador tocaba los cojones, a la puta calle y punto. ¡Que se vendía todo, ya te estoy contando! Y pincha, que no estás comiendo nada. Los espárragos aquí son espectaculares, hazme caso.
Entonces hacías el proyecto y al mes siguiente te presentabas al director de la caja con seis tíos, seis inversores, el farmacéutico, el primo del notario, el del cine… “Buenas tardes, buenas tardes. Mira, que estos señores quieren invertir, que están interesados en el terreno que hipotecamos el otro día y en mi proyecto”. Compraban sobre plano, los tíos. La burbuja. Hacían dinero sin mover un músculo. Si tú habías comprado el terreno en equis, y cada piso te iba a salir a 30.000, pues se lo vendías a ellos a 60.000. Tu margen, claro, para ti, que para eso eres el emprendedor. Tú te presentabas en la caja con ellos y decías: “Este señor se queda con el primero A y el segundo B. Y este quiere dos locales comerciales y dos pisos en la primera planta”. Y la caja se lo prestaba. Y tú le devolvías lo tuyo a la caja o usabas el dinero para otro terreno. Y se constituía una hipoteca sobre esos pisos. No habías puesto un ladrillo, y ya estaba hipotecado todo el edificio. Sobre plano, sobre plano. Daba igual, porque era imposible que no los vendieras, no había riesgo.
Luego esos señores vendían a otros, también sobre plano, que se iban subrogando a la hipoteca. Así que los que habían comprado a 60.000, ya vendían a 120.000. Ponían solo 6.000 de inversión por cada piso, y en dos meses recuperaban esos 6.000 y ganaban otros 6.000. En 60 días doblaban. La burbuja, tío. Y con la ganancia se iban a comprar sobre plano a otro constructor. La última anchoa, pincha, no te dé vergüenza.
Total, que cuando llegaba el pobre pringao, el que compra la vivienda para vivir en ella, cuando venían los chavalillos recién casados a comprarse el piso, este ya valía 180.000, ¿me entiendes? Y para esos también había facilidades, claro. Que yo me acuerdo de Antonio, el de la Paquica. A ese le conseguí yo para el viaje de novios, fíjate, que soy como un padre para él. Vino con la novia, una chiqueta majísima, vieron el piso, lo querían comprar, la parejita, y no se atrevían, porque él es maquinista, y ya sabes, dos pajarillos, acojonaditos con el precio, y yo les dije: “Ché, os venís conmigo a la caja de ahorros. ¡Pero si está comprando todo el mundo! ¿Os vais a quedar vosotros con un alquiler guarro? De eso nada, vosotros vuestra propiedad, qué cojones, hacedme caso”. Así que les llevo a la caja y le digo al director: “A ver, Marcial, que estos chavales son muy formales. Es el hijo de la Paquica. Para mí, como si fueran mis hijos”. Y les tasaron tan bien el piso que la hipoteca les daba también para el Ford Fiesta. A 30 años, porque él es maquinista y ella es dependienta, ya te he dicho. En eso también ha hecho mucho daño la construcción. Él iba a estudiar diseño industrial, creo, pero se metió a manejar excavadoras un verano y vio color, 2.500 euros un mes bueno. Así que dejó los estudios. Y ahora, ya ves, más colgado que una paraguaya. A ver. Ponme vino. A lo que iba: voy y le digo al de la caja: “Marcial, joder, que se van a casar. Mira a ver el viaje de novios, nano, 4.000 eurillos, a ver si se animan y nos traen un sobrino”. Y se los prestaron también con cargo a la hipoteca. Se fueron a Cancún más contentos que Dios. Échame vino, que estoy seco. Yo voy a pedir pescao, porque me tengo que cuidar.
Lo de la tasación es el centro del todo, créeme. Ahora las cajas tienen terreno para aburrir. Millones de metros. Activos de mierda, en realidad. Cuando yo ya empecé a no vender un trastero y a no poder pagar las letras, les dije a los de la caja: “Oyes, quedaos con el terreno”. Y así, miles de constructores, que estamos todos igual. Así que, si se quedan con el terreno, se lo quedan tasado como lo tasaron, a 33 el metro, cuando ya no vale ni seis. Mare meua, el día que las cajas y los bancos digan lo que de verdad valen sus terrenos… Entonces sí que se hunde España.
¿Me alcanzas el pan? Así que ahora no se quedan ni un solar. Prefieren no ejecutar los créditos, ¿entiendes? Negocian y negocian. Así que tranquilos. Yo, ya les digo: “Oyes, yo no tengo un duro para pagar, así que embargadme los terrenos, joder”. Y no tienen huevos. No pueden, porque no recuperan un euro, ya ves. Además, tendrían que apuntar el crédito como fallido, y eso sí que no: no pueden apuntar tantos fallidos en su contabilidad porque entonces en Europa no les presta ni el tato ¿entiendes?
Así que ahora prefieren refinanciar. Y la bola se sigue haciendo más gorda y más gorda. Mira el Miquel: tenía dos millones de metros hipotecados el 75 por ciento de su valor de tasación. Así que la caja le ha refinanciado por otro 10 por ciento, a ver si va tirando hasta 2013. Pero te digo yo que ese no vende un piso ni este año ni el que viene, joder, y no va a poder pagar tampoco el préstamo nuevo.
Pero vete haciendo la cuenta: el terreno de seis euros el metro, hipotecado a 33, rehipotecado a 40, y la pasta ya gastada, y ni un duro en ventas. Y aparece Hacienda, que eso es lo más cojonudo. Viene Hacienda y te dice: “Oiga, que usted debe equis millones en IVA“. A ver qué haces entonces, ¿eh? Yo no voy a querer postre, pero te aconsejo la tarta de calabaza, que es magnífica.
Lo que te digo: ¿sabes la solución? Los de Hacienda no te pueden dar por insolvente, porque entonces es deuda perdida. Y ellos tampoco pueden anotar fallidos, ¿me entiendes? Para ellos mejor es cobrar cuatro perdiendo diez, que perder catorce ¿lo coges?Así que a negociar, como el Miquel, que coge a los de Hacienda y les dice: “Miren, yo tengo hipotecado el 75 por ciento de este terreno, y luego he rehipotecado el 10 por ciento, pero todavía me queda el 15 por ciento. Así que eso les doy como pago”. Y eso se queda Hacienda, el 15 por ciento de un terreno que dicen que vale 40, pero que en realidad no vale ni seis euros el metro. Auténtica mierda, nano, con perdón de la mesa. Y además, como te han tasado a valor de mercado, pues no tienes responsabilidad ante el juez: “Oiga, señoría, que a mí me tasaron el terreno a tanto el metro”.
¿Sabes lo que te digo? Que a este país no lo salva ni Cristo. ¿Vas a querer café?

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