El renacimiento de Lita Cabellut

La Perla Negra. Frida 10. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 10. Lita Cabellut.

El día que Lita Cabellut nació por segunda vez tenía trece años y aún no sabía leer. A esa edad fue cuando gracias a sus nuevos padres la muchacha traspasó el umbral del Museo del Prado, al tiempo que un relámpago atravesaba su cabeza. Quizá tú y yo y cualquiera nos hayamos sobrecogido ante la magnificencia de esa colección, al recorrer como creyentes en el templo las solemnes galerías del Prado; tratemos de asomarnos entonces a la tormenta en el interior de esta jovencita. Una mujer que actuará en lo sucesivo como guiada por una brújula hacia un poderoso norte que la llevará a cumplir su vocación y destino de pintora.

Pero si este fue el momento en el que Cabellut afirma haber descubierto para sí un mundo nuevo –su renacimiento–, aquella misma chica era trece años antes una gitanilla recién parida en la ciudad de Barcelona y que berreaba por primera vez en el otoño de 1961. La imagino remorena y chiquita como era mi propia hija pequeña, como cantaba el difunto Antonio Flores a su niña mientras daba olés y palmas. Como cantaría su madre Juana al Camarón. Sin embargo, ay, ella no vino a la luz con guitarras y bailes sino entre miseria y desesperación. A los tres meses de vida, abandonada por su madre, una pobre prostituta, y sin padre conocido, la niña queda a cargo de su abuela. Una abuela que la lleva consigo por El Raval, por La Boquería, por Las Ramblas. Una abuela que vive pidiendo limosna con este bebé en el regazo y más tarde de su mano, a buen seguro la carita sucia de Lita y el brillo inocente de sus ojos negros ablandarían más fácilmente los corazones de quienes soltaban unos céntimos a la vieja gitana.

Pasaron nueve años. Se crió analfabeta. Lita Cabellut seguía una vida de niña mendiga sin pisar una escuela. Así fue hasta que falleció la abuela y tenemos obligación de imaginar por un segundo el desamparo de esta criatura, el miedo y el dolor por la pérdida de la anciana. Acaso errante como la pequeña cerillera de Andersen recorre descalza las calles heladas de la ciudad y nadie parece verla, la protagonista de un cuento cruel como el de aquélla, que muere en una esquina de hipotermia encendiendo fósforos para calentarse y sueña con reencontrarse con su abuela muerta. Pero no, no seamos exageradamente dramáticos: la niña fue recogida en un centro y años después, a la edad de doce, dada en adopción a una familia madrileña “acaudalada”, dicen sus biografías. Hasta entonces Lita Cabellut no sabía, porque no podía ni imaginarlo, que su destino temblaría para virar como un barquito de madera bajo el aguacero.

Lita Cabellut (litacabellut.com)

Lita Cabellut (litacabellut.com)

En arte y literatura abundan los retratos de niños pobres, claro está, y el talento de Dickens para dibujar la infancia de Oliver Twist arropado por su banda de críos hampones, con los pulmones y las cabecitas envenenenados en un Londres corrupto, asoma enseguida a la conciencia espantada de quienes hemos vivido todos nuestros inviernos con la calefacción encendida. La pobreza infantil es muy literaria, muy cinematográfica, muy plástica, muy fotogénica, si atendemos a la general admiración por los artistas que han sabido conmover nuestras almas de piedra. Y si de algo podemos presumir los españoles es de lo bien que se nos dan los pícaros y los mendigos de corta edad, en el viejo solar donde abundaron novelas picarescas y pinturas de género, como el célebre ‘Joven mendigo’ de Murillo que se quita al sol las pulgas y el infeliz ‘Patizambo’ de Ribera que habitan el elegante Louvre; o como todos los pobres que aprendió a ver Velázquez ya desde que fuera discípulo en el taller de Pacheco, mucho antes de habitar entre cortesanos divirtiéndose con pobres chiflados.

Lita Cabellut, entre sus cuadros Frida 33 y Frida 34, parte de la exposición ‘La Perla Negra’ en la Opera Gallery de Londres, en 2011. Foto Geoff Caddick/AFP/Getty.

Lita Cabellut, entre sus cuadros Frida 33 y Frida 34, parte de la exposición ‘La Perla Negra’ en la Opera Gallery de Londres, en 2011. Foto Geoff Caddick/AFP/Getty.

La singularidad en la trayectoria personal de esta pintora es que ella misma ha vivido sus primeros años, precisamente aquellos en los que se funde el metal de quienes en el futuro seremos, al otro lado de la barrera desde la que contemplamos a Los Miserables de Víctor Hugo: ya verás más abajo si esta circunstancia hace que atendamos a su trabajo demasiado condicionados por lo que de ella sabemos, sin embargo, cómo resistirnos a la construcción de un personaje alrededor de esta mujer de carne y hueso.

El caso es que a los diecinueve años Lita Cabellut era ya una estudiante española en la Gerrit Rietveld Academie de Ámsterdam, prestigiosa escuela de artes y diseño donde su enérgico duende y su exótica cabellera negra debían llamar poderosamente la atención de maestros y compañeros. En la actualidad vive y trabaja en Holanda y su obra – series de retratos gigantescos, aunque también fotografías, vídeos y poemas– se expone en todo el mundo: Londres, París, Singapur, Hong Kong o Dubai, donde está anunciada su próxima muestra, para marzo de este año. Para verla en España tendremos que esperar hasta 2017, para cuando la Fundación Vila Casas de Barcelona prepara una retrospectiva de la artista.

After the show 4. Lita Cabellut.

After the show 4. Lita Cabellut.

Coco 47. Lita Cabellut.

Coco 47. Lita Cabellut.

Disturbance 1. Lita Cabellut.

Disturbance 1. Lita Cabellut.

Disturbare. White silence. Lita Cabellut.

Disturbare. White silence. Lita Cabellut.

La biografía de Cabellut no es una compasiva ficción literaria, no es un retrato en una pared. Esta es una historia real. Y también es una realidad que hoy, a sus 54 años, Lita Cabellut es la artista española más cotizada del mercado mundial del arte contemporáneo y sin embargo poca gente la conoce en su propio país. Así es: en el último ‘Top 500’ de Artprice –el informe de referencia, recientemente publicado–, con los datos de cotización en las subastas de arte hasta julio de 2015, Lita Cabellut aparece en el puesto 333 de la lista. Un ranking en el que de nacionalidad española no encontrarás a nadie más que a Miquel Barceló (en el 135) y al escultor Juan Muñoz (este último, fallecido repentinamente en 2001, en el puesto 58). Sí, solo tres españoles en una lista de 500 creadores y en esa terna Lita Cabellut es la única mujer: desde luego tiene mérito. Más si tenemos en cuenta que poco más de una treintena de mujeres la supera en este mercado mundial, con un escaso ramillete de figuras veteranas como Cindy Sherman (la primera mujer de la lista, en el puesto 13), Barbara Kruger, Marina Abramovic o Sherrie Levine; además de algunas más jóvenes “Young British Artist” como Jenny Saville o Sarah Lucas; contadísimas artistas chinas, estadounidenses o brasileñas; más un par de destacadas escultoras europeas como Berlinde de Bruyckere o Isa Genzken, y pocas más. No es nuestro país, ni de lejos, una potencia en el arte contemporáneo, aunque más me duele comprobar una vez más la exigua representación de la mitad femenina del mundo en este tinglado del negocio y la influencia.

Trilogy of the doubt 5. Lita Cabellut.

Trilogy of the doubt 5. Lita Cabellut.

Trilogy of the doubt 7. Lita Cabellut.

Trilogy of the doubt 7. Lita Cabellut.

Trilogy of the doubt 9. Lita Cabellut.

Trilogy of the doubt 9. Lita Cabellut.

Puede ser hora de que tú y yo, mi desocupado y acaso único lector, contribuyamos, en la medida de nuestras pequeñas fuerzas, a compartir su obra, pero solo si entendemos que lo merece, porque no seremos nosotros quienes nos dejemos deslumbrar únicamente por los intereses de los coleccionistas. No nos impresiona el dinero entonces, o al menos no tanto. Quizá sí nos impresione su trabajo, sin más. El gran espectáculo de unos retratos de tres por dos metros, el colosalismo de escala en los violentos encuadres de Lita Cabellut, el buscado expresionismo que bebe en fuentes cercanas –en Lucian Freud, en Francis Bacon, pero también en las texturas y capas del informalismo de Tàpies– o más allá, en el recuerdo de esas visitas al Prado y a los viejos maestros de la escuela española hasta las sombras de Goya o el influjo de la luz y los tipos de su segunda patria holandesa. Puedo incluso pensar en Cabellut como si fuera un pequeño eslabón perdido entre lo español y lo flamenco –al que añadiremos notas orientales–, como si pintara bajo un mágico hechizo que los fantasmas de la colección de los Austrias españoles, la que alberga el Prado, obraran sobre ella a sus trece años.

Dried tear 52. Lita Cabellut.

Dried tear 52. Lita Cabellut.

The Black Tulip. Berta Troost.

The Black Tulip. Berta Troost.

Singularmente, Lita Cabellut habla del acto de su pintura como si naciera de una raíz violenta, y resulta que el dominio de negros, rojos y blancos tratados con fuertes brochazos como golpes de furia contrastan con la delicadeza de muchas de sus composiciones, como si buscara una dulce melodía rota en un mar de porrazos. Tal vez esto sí nos atraiga, mezclado todo en nuestra mente con las tragedias de la infancia de esa niña que ahora es una mujer grande y lucha contra sus creaciones y aún busca ser oída, ser querida, como tú, mi amado hermano, o como yo.

Bien podremos acercarnos a la obra de nuestra pintora asomándonos al tiempo a su biografía, en un modestísimo método biográfico de estudio del arte, si tenemos desde hace siglos la autoridad del viejo Vasari, quien escribió de vidas de artistas mucho antes de tantas teorías historicistas, formalistas, iconológicas o sociológicas que fructifican en las bibliotecas. La antigua metodología es valiosa si sirve para alimentarnos y calmar nuestra sed por entender las obras de arte, esos artefactos culturales cargados de significado. Si en definitiva abundan hoy los ensayos que no dejan de explicarnos detalles de la vida del artista para que apreciemos mejor su producción, cuánto más será conveniente y hasta necesario en el asombroso caso de Lita Cabellut.

Catastrophe of heaven. Lita Cabellut.

Catastrophe of heaven. Lita Cabellut.

Verás que no es complicado asomarse a los ecos fantasmales de la infancia perdida en las series de grandes trípticos fotográficos como ‘Catástrofes del cielo’, con niñas que duermen bajo extraños nidos o chiquillos que galopan sobre un caballito blanco en una total oscuridad. O en vídeos–ella los llama poemas visuales– como el que compone con ‘The white silence’, en el que la niña del maillot blanco es embardunada de pintura negra…quién fuera un poco Federico para hacerle a la cosmopolita Lita tan solo un verso de romancero gitano.

La Perla Negra. Frida 8. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 8. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 11. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 11. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 12. Lita Cabellut.

La Perla Negra. Frida 12. Lita Cabellut.

Como explica con maestría Robert Morgan –comisario, escritor y doctor en estética e historia del arte– en sus comentarios al lenguaje plástico de Cabellut, toda creación es finalmente autorretrato. Lo es en ella, más que meramente una investigación psicológica de una mujer concreta, en la medida en que sus retratos son “momentos de vulnerabilidad cuando los seres humanos son más susceptibles˝. Lita Cabellut se aferra a la metáfora de ‘La Perla Negra’ en la serie de 2010 sobre Frida Kahlo, a la que utiliza como tema de un conjunto de enormes retratos que dialogan entre sí, y con nosotros como espectadores. En ellos, el cuerpo doliente y quebrado de la pintora mexicana representa, con los brochazos de Lita, una composición atormentada en la que ambas parecen identificarse, al modo en que un autor literario compone sus personajes con los materiales de su propia alma. “La luz retenida dentro de la oscuridad de la perla negra˝, escribe el doctor Morgan, cuando desvela la paradoja retórica de un negro tan intenso y tan pulido que actúa como un espejo del corazón humano. Frida y Lita son perlas negras, ejemplares raros que acaban manejando las catástrofes de la vida como regalos, como dones, convirtiendo el desasosiego de la propia biografía en fuerza creativa.

 

Hace Cabellut muchas más investigaciones que tendrás que buscar tú solo, series de pinturas que forman una especie de poesía visual y antropológica, ya que no deja de retratar afanosamente, en particular muchísimas figuras femeninas. Encontramos en ella un repertorio de opuestos con lo bello frente a lo macabro, entre la opulencia y la desnudez, entre el velo y la carne. Disfruta cuanto quieras de tu paseo por las obras de Lita Cabellut, estimado mirón, que yo dejaré por fin que ella misma nos hable con sus propias palabras: “La belleza y la violencia son lo que inquieta la pasión y el intelecto del ser humano. Intento crear un encuentro entre esas gigantes, la belleza y la violencia, las cuales constantemente están balanceando entre la razón y el impulso. Y siempre está mi identidad presente. Un artista solo puede dar forma a aquello que conoce profundamente”.

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3 respuestas a El renacimiento de Lita Cabellut

  1. chicasole dijo:

    Me ha impactado bastante las imágenes y sobre todo la historía, es de agradecer aprender sobre estas historias que desconocía totalmente. La verdad que Lita Cabellut tuvo una vida bastante dura, siendo abandonada por su madre y mendigando para poder sobrevivir, no me gustaría estar en esa situación, luego la gente se queja por simples tonterías. Es de admirar este artículo, gracias por el aporte. Saludos.

  2. azu dijo:

    me impresionan los personajes de los cuadros, como si vinieran a decirnos desde su fragilidad de porcelana lo mucho que necesitamos esta humanidad de cuidados para ser quien somos, una potencia arrolladora.
    nunca vi la pintura como escultura, dan una presencia inquietante que funde tiempos y nos aboca a una fuente inagotable en devenir…

  3. mar dijo:

    Conmocionante, energetica y el valor por sobre todo de mantener la pasion para trascender…unica e irrepetible…PRECIOSISIMA SABIDURIA PARA RECONOCER LAS DIFERENCIAS Y ENTENDER AUN ASI EL TODO… TE SEGUIRE ALWAYS!!!!!

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