Las hijas de Frida (tercera parte)

El nacimiento de mi hija, 2005. Ana Álvarez-Errecalde.

El nacimiento de mi hija, 2005. Ana Álvarez-Errecalde.

Si no eres médico ni enfermero, seguramente nunca has visto bien esto. Menos aún si eres mujer, aunque hayas alumbrado varios hijos en el hospital. Qué es esa gran mancha roja, ahí, delante de la joven ensangrentada que sonríe y sostiene un bebé junto a su pecho: sí, es la placenta humana. Ella es Ana Álvarez-Errecalde, fotógrafa argentina establecida en Barcelona, y el doble autorretrato se titula “El nacimiento de mi hija” (2005).

Es de verdad. La madre, la hija, la placenta, el cordón umbilical, la sangre. Ella dio a luz en casa y lo preparó todo para poder fotografiarlo, así lo cuenta en un vídeo que está en su página web. El nacimiento, el parto: volvemos al principio para acabar esta serie sobre la maternidad, ya sabes cómo me gusta hacerte caminar en círculos.

El objetivo de Álvarez-Errecalde con este documento es, como también explica en su página, mostrar una maternidad primigenia, sin velo cultural. Para entendernos, no encarna a una Eva como la primera mujer, ya que ésta es una construcción social y religiosa, sino a una homínida Lucy, un ser natural que da a luz libre de prejuicios. Vale, ya sé que pretender albergar una mente absolutamente libre es un imposible ontológico, no se nos oculta tampoco que este autorretrato contiene un mensaje ético, como ocurre en cualquier forma de arte. Claro, hay una reivindicación, un manifiesto vivo sobre el parto de la mujeres en nuestro mundo.

Más allá de cualquier discurso, el valiente testimonio de esta fotógrafa es una imagen poderosa, un rompehielos capaz de abrir una ruta nueva en las cabezas ajenas. Sí, desde que vi esta foto, cuántas veces no habré estado mirando a las musarañas –como decía mi madre– pensando en las horas en las que nació mi hija pequeña, el recuerdo preciso del dolor y el confuso de voces y la luz del techo del paritorio, lo único que yo vi entonces. O cuántas veces no habré imaginado cómo sería mamá dando a luz, ella que tuvo tantos hijos y no quiso ni atada ir al hospital, en los ratos en los que aún acompaño a mi anciano padre, el viejo ginecólogo que era consorte y médico en aquellos partos en el dormitorio de ambos. El mismo que me explicaba, en nuestros largos paseos de hace años, la lógica funcional de mi esqueleto y mis músculos de jovencita bípeda; mucho, mucho antes de que comprobara por mí misma lo estrecha que es y lo fuertemente sujeta que está la abertura pélvica de quienes caminamos erguidas. Buena parte de la vida de ese viejo cansado que es papá ha estado dedicada a reparar, con sus manos de cirujano, los daños sobrevenidos en el cuerpo de las mujeres tras alumbrar a los cachorros de la especie. Y hoy, ni él ni yo diremos en voz alta cuánto seguimos llorando; ni siquiera lo haremos ahora, cuando se cumplen ya seis inviernos de otro febrero helado que se llevó a mamá.

Las Cuatro Estaciones: Anunciación, 2013. Ana Álvarez-Errecalde.

Las Cuatro Estaciones: Anunciación, 2013. Ana Álvarez-Errecalde.

Portada del n. 55 de la revista HipMama. Foto: Simbiosis, de Ana Álvarez-Errecalde, 2013.

Portada del n. 55 de la revista HipMama. Foto: Simbiosis, de Ana Álvarez-Errecalde, 2013.

En la “Egología” de Álvarez-Errecalde están sus padres y sus hijos, incluyendo este autorretrato exultante de recién parida. También la serie de “Las Cuatro Estaciones” (2013), donde vuelve a posar con los niños y esta vez sí que utiliza referencias sociales: así, en “Anunciación” se presenta con Neu –el mayor, tiene un problema neurológico, la foto expresa la entrega y el amor incondicional de su madre– en brazos al modo de una pietá; mientras que en “Simbiosis” se enmascara de superhéroe y da el pecho al niño. Esta última fotografía fue portada de una revista estadounidense, HipMama, y por el hecho de retratarse de esa forma, con un niño grande agarrado a la teta de su madre, algunos entendieron que la imagen era ¿incorrecta? y la edición en papel hubo de ser tapada con un círculo rojo sobre el pezón (con lo que resultado debió ser más inquietante, me temo).

Galaktotrophousa, 2009. Ana Álvarez-Errecalde.

Galaktotrophousa, 2009. Ana Álvarez-Errecalde.

Cesárea, más allá de la herida. Ana Álvarez-Errecalde.

Cesárea, más allá de la herida. Ana Álvarez-Errecalde.

Hay mucho más trabajo que no cabe aquí de Ana Álvarez-Errecalde acerca de la maternidad –singularmente, el proyecto sobre las madres cesareadas–, ya que esta experiencia es la fuente de la que bebe a menudo para alimentar su inspiración. Fue ella, con su metafórico álbum de familia “Egología”, quien me dio la idea de recoger para este blog una selección sobre la iconografía de la maternidad, con la que dialogar con lo primitivo, lo viejo y lo nuevo, lo personal y lo universal. Como si todo ello tomara la cadencia de una suave tormenta de nieve, como si andando por casa tropezara con viejas fotos, de mamá y papá, del pueblo, la abuela, los hermanos, la casa, la infancia perdida. Por eso sus imágenes son el cierre temporal en nuestro nuevo álbum simbólico, alumbrado en el paleolítico y cuyas páginas futuras tendremos que aprender a encontrar.

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