Xabi Alonso: gobernar con elegancia

Hay algo en Xabi Alonso que lo convierte en un elegido. Algo que se advertía desde su elegante irrupción en el centro del campo de la Real Sociedad y que mantiene en su carismática presencia en el eje del Bayern de Múnich. Alonso es distinguido y depara distinción allá donde juegue. Es hombre de buen gusto futbolístico y su trayectoria lo respalda. En el equipo txuri-urdin sentó las bases de su cátedra, en el Liverpool creció despertando admiración, en el Real Madrid fue un pilar y en el Bayern sigue dictando conferencias magistrales. En la selección española, en la mejor selección española de la historia, ha sido la argamasa y el nivel de la magna obra; su marcha ha dejado un cráter. La suma de ese bagaje está incluso repartida con cierta ponderación, casi un reflejo de la personalidad de este futbolista con mayúsculas: 123 partidos con la Real Sociedad, 209 con el Liverpool, 236 con el Real Madrid y 97, por ahora, con el Bayern de Múnich. Con la selección española, dejó el registro en 114, un número simbólico por centenario y porque contiene el 14, su dorsal.

Xabi Alonso, entrenando con el Bayern de Múnich. Foto: Jordi Cotrina

Xabi Alonso, en un entrenamiento del Bayern de Múnich. Foto: Jordi Cotrina

El anuncio de la retirada de Xabi Alonso desata la melancolía de cualquier buen aficionado. Porque Alonso es uno de los grandes. A su impresionante palmarés –17 títulos, entre ellos dos Ligas de Campeones, dos Eurocopas y un Mundial– hay que vincular ineludiblemente su categoría sobre el césped. Cómo no valorar su imponente jerarquía, su enjundioso trabajo en los grandes partidos, ciertos goles incluso (no es un goleador, claro, es un medio centro, pero llega al área rival con coraje). En su brillante rango de pases, también los ofrece de gol, en abundancia. Y quita al contrario balones con aspecto de decisivos. Cómo no rememorar su inmenso partido en la final de la Eurocopa 2012 en Kiev, probablemente su cima como jugador. Un jugador que a veces asombra con certeros envíos de 40 metros. O que se acerca para ejecutar un golpe franco: de pronto, tras escucharse un golpe seco, vemos en la red el balón que ha disparado. Siempre se desenvuelve en trote permanente o a grandes zancadas, con la cabeza alta. Siempre tira del equipo hacia adelante o traza su repliegue, impulsa el ataque o contiene la marea, siempre gobierna el campo desde el círculo central con el periscopio de su mirada concentrada.

Xabi Alonso, modelo de ropa. Por su cuenta, también viste bien. Foto: El Corte Inglés

Xabi Alonso, modelo de ropa. Por su cuenta, también viste bien. Foto: El Corte Inglés

Cabe, además, resaltar otra cualidad de Xabi Alonso. En un mundo, el del fútbol, tan poblado de incultura y zafiedad, él pone una nota de señorío y buenas formas. En un universo habitado por señores que juegan muy bien en bastantes casos pero visten de forma penosa y a veces inaceptable –abarcando un inquietante espectro que va desde lo vulgar hasta lo decididamente pintoresco– él deja un sello de calidad. Frente a los estrafalarios peinados y el indescriptible aliño indumentario de muchos de sus compañeros de profesión, Xabi Alonso compone la armónica imagen de un verdadero sportman. Y eso también merece un reconocimiento.

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