Trasiego digital

3. Las cifras se enredan y nos obligan a preguntarnos cuándo ocurrió aquello, porque todo tiene su momento, menos las lanzadas a moro muerto

El azar y la distracción provocan muchos errores que complican la vida de autores y escritores. La razón y la experiencia imponen verificar con cuidado especial los textos que llevan cifras, caracteres proclives a alterar el orden, sobre todo cuando expresan años. Sobran ejemplos.

Hace poco, un periodista especializado en historia y viajes vio publicada bajo su nombre esta afirmación:

Es el 7 de octubre de 1751, se libra frente a la costa griega, entre una “tormenta de arcabuces” y un “granizo de flechas”, la batalla de Lepanto.

Se trataba de una fecha muy conocida, por lo que cualquier lector pudo darse cuenta de la transposición de dígitos, y nadie pensó que ese periodista ignoraba el año de la famosa batalla. Esa errata fue corregida inmediatamente en la página web de su diario. El papel en que quedó impreso ese 1751 será sudario de un error que permanecerá oculto para siempre en las hemerotecas.

Otro ejemplo. El colofón de un manual:

Este libro
se terminó de imprimir
en los talleres gráficos
de Rógar, S.A.
Navalcarnero, Madrid, España
en el mes de julio de 1997

Se trata de una obra que trae citas de textos aparecidos en periódicos. Una de esas citas es esta:

“Tal vez ahora ese Estado que sólo existe en la fantasía de los cartógrafos encuentre la manera de unir los añicos en que le dejó la lucha implacable entre clanes” [El País, 3 de agosto de 1997…]

Es lógico preguntarse cómo puede ser que el libro se imprimiera antes de haberse publicado uno de los textos que vienen en él. Resulta evidente que en el colofón o en la cita hay una errata. Y quizá en sucesivas ediciones del libro se haya corregido.

Otro más. Busco una obra en la web de un librería. Pone lo siguiente:

Año de edición: 2044

Pero sé que no tendré que esperar más de treinta años para poder leerlo. En el apartado de «disponibilidad» aseguran que lo envían inmediatamente si se compra por la web (en la librería que esa cadena tiene en Madrid estaría disponible en 4-5 días).

Y me dirán: «Claro, en la red, ya se sabe…». Pues sigan leyendo. Un crítico recomienda un libro, y destaca entre sus virtudes que «la edición está cuidada en extremo». Se trata de una colección de ensayos que incluye una breve autobiografía del autor, en la que textualmente se lee:

En 1787 recibí del señor Conway una invitación para ser subsecretario.

Como el lector está siguiendo un relato cronológico, y previamente se le ha informado de que ese autor murió en 1776, no le es difícil deducir que la referida invitación se hizo unos años antes, en 1767.

Y un último ejemplo. Un conocido historiador escribe lo siguiente:

El cortejo a pie, con el ataúd a hombros de falangistas, que se relevaban cada diez kilómetros, partió de Alicante el 20 de noviembre de 1936, tardando diez días y diez noches en llegar al monasterio fundado por Felipe II.

Cualquier español sabe que la conducción de los restos del Ausente (lo del negro Lloma siempre fue una patraña, lo que ahora se llama una leyenda urbana) no se pudo hacer hasta el año 1939.

Todos esos errores, que nos han llevado de Lepanto a El Escorial, son salvables y no son intencionados. Incluso alguien con imaginación podría inventar historias sobre esas fechas equivocadas: la mayor ocasión que vieron los siglos librándose el mismo año en que se publica el primer tomo de la enciclopedia de Diderot y D’Alembert; el viaje al futuro de un autor para encontrar un ejemplo que le cuadre; saber ya el título de un libro que se editará dentro de 32 años…

Más que insinuada con estos ejemplos la naturaleza proterva de los números, ya sean modernos o elzevirianos, conviene hacer una de esas afirmaciones que por aquí siempre hemos llamado perogrulladas y que ahora el redichismo anglicado denomina truismos: hay una diferencia entre la errata y el yerro interesado. No es lo mismo crear historias a partir de errores en los años que elucubrar ignorando voluntariamente las fechas. Y es que algunos, quizá con la conciencia (falsa) de que los dígitos terminan liándose, deciden no darles importancia, como quien se convence de que contra los elementos no se puede luchar, o bien cree que para beneficiar sus intereses es más provechoso pasarlos por alto.

De esto último daré solo un ejemplo. El periódico La Razón publicó una pieza, de la que copio y pego, directamente de su página web, el antetítulo, el título, la data con la firma del autor –o autora– y los dos primeros párrafos:

Un manual editado por el Instituto Cervantes dirigido por Carmen Caffarel sirvió de referente de algunos de los trabajos criticados por la Real Academia Española
La guía no sexista que dejó el PSOE
12 Marzo 12 – - P. Rodríguez – Madrid
El instituto Cervantes,  entidad destinada a la difusión de la lengua y la cultura española en el mundo, se ha visto salpicado por la polémica del lenguaje no sexista. A finales del pasado año, la institución, bajo la dirección de Carmen Caffarel, editó la «Guía de Comunicación no sexista», un trabajo de 260 páginas que sirvió de inspiración para la elaboración de algunas de las nueve guías criticadas por la Real Academia Española en un informe elaborado por el prestigioso lingüista Ignacio Bosque que, según señaló,  si se siguieran al pie de la letra «no se podría hablar».
El documento del Cervantes, avalado por el Instituto de la Mujer, es otro ejemplo de las maniobras del Gobierno de Zapatero para intentar imponer un modelo ideológico de sociedad. Así, bajo el paraguas de la igualdad, Carmen Caffarel, primera mujer en dirigir el Cervantes –esta frase es machista según su manual–, en un momento de recortes en Educación y Cultura, decidió gastar una parte del presupuesto en editar una guía por la que se presupone que son las palabras las que tienen ideología y no las personas que deciden utilizarlas. Caffarel deja clara esta idea en el prólogo, en el que sostiene que «lengua e ideología son ámbitos estrechamente relacionados».

Al margen de la gran polémica generada por el asunto del lenguaje sexista, y la aparente intención del texto de dar más lanzadas que en Lepanto (1571), la primera pregunta que se puede hacer el lector es: ¿por qué Ignacio Bosque no incluyó a esa especie de madre de las guías en su informe? Para responder a esta cuestión, he ido al documento de la Real Academia y he copiado la lista de guías estudiadas. Es esta (no hace falta que se la lean):

AND: Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género. Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, ISBN-978-84-96776-78-4, sin fecha.
CCOO: Guía para un uso del lenguaje no sexista en las relaciones laborales y en el ámbito sindical. Guía para delegadas y delegados. Secretaría confederal de la mujer de CCOO y Ministerio de Igualdad, Madrid, 2010.
GRAN: Guía de lenguaje no sexista. Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada, Universidad de Granada, sin fecha.
MAL: Antonia M. Medina Guerra (coord.): Manual de lenguaje administrativo no sexista. Asociación de estudios históricos sobre la mujer de la Universidad de Málaga y Área de la mujer del Ayuntamiento de Málaga, 2002.
MUR: Guía de uso no sexista del lenguaje de la Universidad de Murcia. Unidad para la Igualdad entre mujeres y hombres, Universidad de Murcia, 2011.
UPM: Manual de lenguaje no sexista en la Universidad Politécnica de Madrid. Madrid, Unidad de Igualdad, Universidad Politécnica de Madrid, sin fecha.
UGT: Guía sindical del lenguaje no sexista. Madrid, Secretaría de Igualdad, Unión General de Trabajadores, 2008.
UNED: Guía de lenguaje no sexista. Oficina de Igualdad, UNED, sin fecha.
VAL: Igualdad, lenguaje y Administración: propuestas para un uso no sexista del lenguaje. Conselleria de Bienestar Social, Generalitat Valenciana, 2009.

Luego he buscado los años de edición de las cuatro que figuran como «sin fecha» en el documento académico (he dado con ellos fácilmente en internet) y he ordenado la lista de forma cronológica:

2002. MAL: Antonia M. Medina Guerra (coord.): Manual de lenguaje administrativo no sexista. Asociación de estudios históricos sobre la mujer de la Universidad de Málaga y Área de la mujer del Ayuntamiento de Málaga, 2002.
2008. UGT: Guía sindical del lenguaje no sexista. Madrid, Secretaría de Igualdad, Unión General de Trabajadores, 2008.
AND: Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género. Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, ISBN-978-84-96776-78-4, sin fecha. [Según la página web de la Junta de Andalucía, se publicó en 2008]
2009. VAL: Igualdad, lenguaje y Administración: propuestas para un uso no sexista del lenguaje. Conselleria de Bienestar Social, Generalitat Valenciana, 2009.
2010. CCOO: Guía para un uso del lenguaje no sexista en las relaciones laborales y en el ámbito sindical. Guía para delegadas y delegados. Secretaría confederal de la mujer de CCOO y Ministerio de Igualdad, Madrid, 2010.
GRAN: Guía de lenguaje no sexista. Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada, Universidad de Granada, sin fecha. [Según las propiedades del documento que está en la web, se creó el 15-3-2010].
UPM: Manual de lenguaje no sexista en la Universidad Politécnica de Madrid. Madrid, Unidad de Igualdad, Universidad Politécnica de Madrid, sin fecha. [Según la web de esta Universidad, es de fecha 24-9-2010].
2011. MUR: Guía de uso no sexista del lenguaje de la Universidad de Murcia. Unidad para la Igualdad entre mujeres y hombres, Universidad de Murcia, 2011.
2012. UNED: Guía de lenguaje no sexista. Oficina de Igualdad, UNED, sin fecha. [Según el documento que está en la web de la UNED, es de fecha 1-2-2012]

Así que ahora la pregunta es esta: ¿cómo una obra publicada «a finales del año pasado» [exactamente, el 14 de septiembre de 2011, según la editorial] pudo servir «de referente» o «de inspiración» a algunas guías publicadas en años anteriores o a principios de este? Probablemente, solo lo hizo en la mente de un –o una– periodista o de sus jefes –o jefas–, personas quizá prevenidas frente a las enfadosas prácticas aparentemente estocásticas o caprichosas de los dígitos, si descartamos la posibilidad de que estuvieran más interesados en dar la puntilla a determinadas personas que en informar a sus lectores. Caso en el que habría que lamentar que la verdad le estropee a ese –o esa– P. Rodríguez lo que él –o ella– creía que era una buena historia. Quizá encuentre orientación en este libro, que humildemente (bueno, con la escasa humildad con que me dotó mi creador) le recomiendo y del que extraigo la siguiente lista:

El propósito del periodismo consiste en proporcionar al ciudadano la información que necesita para ser libre y capaz de gobernarse a sí mismo.
Para cumplir esa tarea, el periodismo debe ser fiel a los siguientes elementos:
1. La primera obligación del periodismo es la verdad.
2. Debe lealtad ante todo a los ciudadanos.
3. Su esencia es la disciplina de verificación.
4. Debe mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informa.
5. Debe ejercer un control independiente del poder.
6. Debe ofrecer un foro público para la crítica y el comentario.
7. Debe esforzarse por que el significante sea sugerente y relevante.
8. Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas.
9. Debe respetar la conciencia individual de sus profesionales.
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