Ha pasado. Tenía que pasar. Armados de boli, cuaderno y a viva voz, los plumillas se han echado a la calle para protestar, cargados de razón. Cargados de razón y con las filas nada apretadas, clareadas por las bajas que han provocado los francotiradores empresariales. Parece ser que somos –con perdón– el segundo sector más vapuleado por la crisis, tras la construcción. Mira por dónde, con lo de la mano que hemos ido los asuntos del ladrillo y los de informar.
Y alguno dirá: “Estos periodistas, con tal de tener protagonismo…”. Pues mire, ese protagonismo que se lo queden otros, como por ejemplo (y sin ánimo de señalar), los diputados, los señores del Ibex o los directivos de los bancos. O –¡que me coooorten la cabeza!– los gerentes.
Los grandes jefes de la cosa dicen –por ejemplo uno con acento nasal en la radio la otra mañana, sin despeinarse el níveo tupé– que la culpa es de la crisis publicitaria y del papel. Pues vale. A ver quién les lleva la contraria. Pero alguien –no solo el del tupé– tendrá que dar explicaciones de cómo se ha dejado escapar la publicidad sin más reacción ni aportación que culpar a la crisis. O al cambio tecnológico. Que esa sí que es buena.
No se puede decir que los periodistas sean unos dinosaurios que no se hayan adaptado a las nuevas tecnologías. Aquí el más pintado twittea que da gusto. Vamos, incluso sé de alguna a la que podría llamar la reina del tweet, tweet, tweet. La cosa llega a tal nivel, que cada cual se monta su campaña por la red para difundir sus trabajos, mucho más pensadas y curradas que las que hacen nuestros propios medios. O sea, que si alguien no se ha adaptado a los nuevos tiempos, que no miren en las redacciones. Que ya nosotros nos miramos lo suficiente el ombligo.
Cosas de periodistas. Somos más chulos que un ocho, y además profundamente complacientes. Unos pobrecitos de espíritu, según decían los viejos catecismos. Se nos va la fuerza por la boca. Pero algo tendremos que ver en que lo que hacemos interese menos a la gente. Como no es tiempo, lugar, ni edad de hacer una tesis, ni se trata de abrumar la paciencia de quien se acerca a este garito, daremos unos cuantos ejemplos banales y frívolos, en la inconsistente línea habitual de este blog. Uno, haciendo amigos, como siempre.
No sé cuándo, por ejemplo, se nos olvidó informar de lo que le interesa a la gente. Las portadas y las cabeceras de las secciones están tomadas al asalto por “lo que vende”. Y se puede comprobar que es así, instantáneamente, gracias a los recursos on-line. Vale, pero entonces, ¿por qué interesa cada vez menos lo que hacemos? Una cosa es lo que más se ve, y otra lo más interesante. Vamos, Belén Esteban o Michelle Pfeiffer. La primera arrasa en ventas; la segunda… arrasa. .
En el ambiente de explotación que hay actualmente en la mayor parte de los medios al periodista apenas le da el día para cubrir unas cuantas ruedas de prensa/convocatorias. Alguno dirá, menudo trabajo. Pues sí. No es cosa de ir, de escuchar y anotar. Luego hay que volver. Y hay que extractar y hay que buscar un enfoque, y hay que escribir algo que tenga interés. Eso lleva su tiempo, incluso se lo llevaría a un genio del tipo Bob Woodward.
Esta es la que se llama en el oficio “la agenda”. Una agenda que cada vez está más pendiente de las convocatorias oficiales y que sale menos a la calle. Y dirá alguno: “Oiga, que a una rueda de prensa se va por la calle”. Cierto. Pero “la calle” para los periodistas es lo que dice la gente. No lo que dicen los señores importantes. Las historias que no están en las previsiones que diligentemente las agencias ofrecen cada tarde noche, para que nos organicemos el día siguiente.
Así, entre lo que “vende”, lo que “hay que contar” y otras cosas con que lastramos nuestros productos, la gente ve cada día menos motivos para sacar unos eurillos de bolsillo y comprar periódicos. Y de eso tenemos la culpa los periodistas.
Algunos dirán que nos quejamos de vicio. Alguien –un amigo, realmente– dice que este blog es corporativista. Qué le vamos a hacer. Esta profesión tan cascada y desprestigiada necesita cuidados intensivos.
Una vez, alguien que moraba por la redacción, pero que no tiene que ver con este oficio, escuchaba las amargas quejas de unos cuantos reporterillos. Tras oírnos, en el silencio que siguió a la cascada de quejas corporativistas, dijo.
–Hombre, no será para tanto. Al fin y al cabo, peor es trabajar.
Lo del señor Fabra es inaudito tantos años haciendo lo que quiere robando y haciendo aeropuertos sin aviones y no solo hace y desace en Castellon,pero el sigue de presidente de la diputación como si fuera la mejor persona del mundo.! No entiendo lo que pasa en la comunidad Valenciana.
Esta visto que la crisis solo es para los trabajadores de todos los ramos, los empresarios, los políticos, los banqueros etc etc para esos no hay crisis sino mas dinero que nadie.
Los periodistas,la enseñanza, los sanitarios,los mineros, los empleados públicos. En fin todos menos Empresarios banqueros políticos.
todos se hechas a la calle porque son los paganos de la crisis que nos esta volviendo locos a todos
.cuando va terminar esta pesadilla?