¿Quién hace las cuentas?

Convencer a 82.691 personas de que hagan algo todos los días parece muy difícil. Son más de los que caben en un campo de fútbol y ni siquiera es posible convencerles de si ha sido fuera de fuego o no. Imagínese para que vayan con 1,20 en el bolsillo a un quiosco y se lleven un periódico en el sobaquillo. Bueno, pues eso es lo que han conseguido Jesús Maraña y el equipo de periodistas que hacen Público. Pues no ha valido para nada. Están en quiebra.

A uno, que lleva leyendo periódicos desde la más tierna infancia (a la fuerza ahorcan, amigo, se trataba de un asunto familiar), y que lleva más de 20 años en el oficio, no le cabe en la cabeza que un periódico deba en cuatro años de presencia en los quioscos 59 millones de euros. ¿En qué se gasta esa pastizarra? Pongo la mano en el fuego de que en el sueldo de los periodistas, no.

Los periodistas son esas criaturas que cada mañana tienen por delante la obligación de contar lo que pasa. Entiéndase, cada uno en lo suyo: En el caso de Público, Mª Jesús Guemes las cosas del PP; Yolanda González, los asuntos de la Defensa, y así todos, redactores, editores, fotógrafos, maquetadotes y staff. El periodista no vende periódicos, ni busca publicidad, ni tiene la más remota idea de a cuánto hay que cobrar un periódico. El trabajo es ser veraz y contar cosas interesantes y novedosas. Y no es poca cosa.

Público optó por el periodismo de trinchera. No engañó a nadie nunca, y ha tenido la dignidad de mantenerse en el blocao de ZP hasta cuando Custer estaba despanzurrado boca arriba con la flecha de Rajoy “Caballo loco” ensartada en los higadillos. Ningún pero, por lo tanto.

Pero el periódico, con unas ventas y audiencia aceptable (mayor que alguno de la competencia), se va al garete, aunque desde aquí votamos a bríos porque no pase. Y tenemos un ejemplo igual en otra orilla: El País. El que más vende, el más prestigioso, asociado a la radio más oída, con una tele bastante potable y una editorial (Santillana, Aguilar, Alfaguara, etc) de primer orden. Y está en manos de un extraño fondo americano, boqueando asfixiado por restricciones presupuestarias que dejan a Cospedal como un alma bendita. Y parece de mal gusto hablar de la casa de uno, pero vamos…

Entonces, ¿qué pasa? ¿Quién hace las cuentas? Y, ¿cómo las hace? Uno, de becario, veía al director como un semidios. Ojo, se le trataba de tú (hasta el becario de ahí al fondo) y se le tosía si hacía falta. Pero era el jefe supremo. Pasado el tiempo las empresas decidieron que tanto poder en manos de un periodista no era sano. Y empezaron a meter mano los gerentes. Y mire usted dónde nos vemos: por más que se venda, por mejores que sean los temas, por más exclusivas que se lleva uno al coleto, por más que vayas y vuelvas a Ponferrada en el día para ahorrar, nadie te garantiza que vaya un abogado de la empresa con su traje gris a un juzgado de Barcelona y presente el concurso de acreedores. Una ruina.

Yo creo que Jesús Maraña (uno de los mejores directores que han pasado por esta casa) y su gente se salvarán de la quema. Ellos no compraron los derechos de la Fórmula 1, ni de la Liga, ni contrataron a las estrellas de la tele. Ellos no tienen sueldos ni maneras de estrella. Estos días están sacando el diario de manera ejemplar, sin rechistar, aunque vean jodido llevar los garbanzos a casa el mes que viene.

Ellos nunca se dejaron una página sin hacer, ni una información sin cubrir. ¿Ha hecho todo el mundo los deberes igual? Un periódico en peligro es diversidad cultural y hasta política en peligro. Ya lo pone ahí arriba: “Salve a un periodista; compre un periódico”. Se ve que ni por esas. El día que los periodistas empecemos a echar las cuentas…

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