Eva Nasarre, un corazón que sigue en pie

El pasado fin de semana vi a Eva Nasarre en las páginas de El Mundo. Sabíamos que sufría una artritis reumatoide grave, una enfermedad degenerativa que la había postrado en una silla de ruedas, pero además descubrí en ese reportaje algo desconocido y es que Eva se ha convertido en voz e imagen denunciante de la pérdida de derechos de los españoles dependientes, justo ahora cuando el gobierno anuncia nuevos recortes a la ya maltrecha ley de Dependencia.

En marzo de este mismo año asistió a una mesa redonda en Toledo invitada por la Plataforma de Personas Dependientes de Castilla la Mancha. Allí denunció varios casos de enfermos que se han quedado sin ayuda por los recortes de las administraciones. Habló de jóvenes, de mayores, de niños y abuelos que tienen que comer con 37 euros al mes. En España hay un millón cuatrocientas mil personas con diferentes grados de dependencia y Eva los defendió, expuso sus problemas y descubrimos tragedias tan graves como que algunas veces los dependientes deben escoger entre comer o pagar sus medicinas. Eva contó, por ejemplo, el caso de Carmen una madre que mantiene a sus dos hijos de 14 y 16 años, dependientes totales, con 312 euros al mes… Entre todo lo que dijo la ex presentadora me impactó una de sus frases que me he permitido usar para el título de este post: “Me enseñaron a vivir de pie y ahora estoy sentada, pero mi alma y mi corazón continúan en pie”.

Eva Nasarre fue la difusora del aerobic en la España de los 80 y puso de moda los calentadores entre los y las progres de entonces, una prenda hasta entonces desconocida para los españoles de la calle. Gracias a su programa “Puesta a punto” que se emitía en la segunda cadena de TVE (entonces la VHF) entre 1983 y 1985, su rostro se hizo popular.

Eva se mantuvo en la televisión hasta 1986 cuando el programa se denominó “En marcha”. Después la presentadora catalana se retiró de la vida pública, se casó y se separó alegando malos tratos por parte de su marido. Durante años ejerció como Trabajadora Social, su verdadera profesión, en un centro de Caldes de Montbui (Barcelona) hasta 1999 cuando se le diagnosticó la artritis reumatoide grave que le impide llevar una vida normal y provocó su incapacidad laboral permanente y total.

Durante este tiempo sólo realizó una aparición pública en 2004 en una programa de televisión para denunciar el acoso al que era sometida por su ex marido. José Calabuig lo contó en su columna semanal, De rosa palo, en el número 1490 de Interviú, un 15 de noviembre de 2004. También he de confesar que indagando en la carpeta “Nasarre” encontré una maravillosa columna que le dedicó Francisco Umbral en su sección semanal Los cuerpos gloriosos, que pongo por aquí debajo, con una magnífica foto de María España, y fue publicada en en el número 409, el 14 de marzo de 1984. Escribió Umbral, sin réplica ni añadido posible, que “el otoño nos la trajo a las siete de la tarde. Esperemos que todo este jaleo no se la lleve. La necesitamos, algunos, muchos, para hacer gimnasia mental, erótica, hundidos en el sillón frailero, mientras ella pega saltitos en la pantalla. Lo que adelgaza,mayormente, es el corazón, cada día más afinado para estas cosas. Más enamorado del sexo débil que, como dijo Jardiel, hace gimnasia”.

 

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